Los postigos verdes, de Georges Simenon

los-postigos-verdes1Georges Simenon .Los postigos verdes.

Barcelona: Tusquets Editores, 2005

"Hasta los cincuenta años, había vivido exclusivamente del teatro. Hasta los cuarenta, había tenido deudas. Hasta los treinta, se había muerto de hambre."

Y qué ha conseguido Émile Maugin, dinero, prosperidad, reconocimiento, felicidad.  Émile Maugin frente al espejo de su vida, intenta responder a esas preguntas. Tiene todo lo que un hombre pudiera entender como necesario para ser feliz pero quizá en realidad no tiene nada.

Siempre rodeado de gente que le adula y le admira pero en realidad siempre solo. Como una especie de Canio moderno, como un payaso con la cara embadurnada, Émile Maugin se desmaquilla frente al espejo no solamente de afeites y cosméticos si no también de su vida, del significado de la misma.

Quién es ese Émile Maugin que se ve en ese espejo, un actor, un triunfador lleno de éxito o simplemente un hombre corriente que no ha podido alcanzar aquello que se propuso en su juventud.

"Le gustaban los batines de seda, y el público que al verlo sonreía en el teatro no podía imaginar que había llevado su primer batín a los treinta y dos años, en una escena cómica, que hasta los veintiocho años no había tenido ni pijama ni camisón, que dormía con la camisa de diario y que, a falta de zapatillas, para irse a asearse, deslizaba los pies desnudos en los zapatos."

Emile Maugin es un actor de éxito que tras un reconocimiento médico recibe la noticia que padece  problemas de corazón y que su vida de excesos debe terminar. Llega la hora de reflexionar y recordar sus orígenes, su lucha por abrirse camino escapando de la miseria, del hambre. Recuerda como inició en los lejanos años de su juventud una huida continua, sin fin, una huida hacía algún lugar, dejando atrás un pasado que no quiere recordar pero que se mantiene perenne en su alma.

"Durante bastante tiempo había vivido allí, en la Boule d´Or, una pensión que carecía de agua corriente y sumidero, que todavía tenía luz de gas y donde había que pagar un suplemento de unos céntimos para que a uno le pusieran sábanas."

Georges Simenon (Lieja 1903, Lausana 1989) fue un autor prolífico que escribió decenas de novelas muchas de ellas bajo seudónimo. Se inicia en la escritura como periodista y con la redacción de cuentos y relatos cortos.

Al igual que en muchas de sus novelas y relatos Simenon se centra Los postigos verdes en personajes sencillos formando una trama simple pero que encierra un universo de sentimientos, de formas que absorbe al lector desde la primera pagina.

Los postigos verdes es considerada por el autor como una obra capital en su producción.

Otras novelas de Simenon en la UPM.

"He buscado algo que no existe."

"¿Que había perseguido con tanta pasión, con tanta furia?"

Helene Hanff – 84, Charing Cross Road

 

"A mí me encantan las inscripciones en las guardas y las notas en los márgenes: me gusta el sentimiento de camaradería que suscita el volver páginas que algún otro ha pasado antes, así como leer los pasajes acerca de los que otro, fallecido tal vez hace mucho, llama mi atención."

 

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La amable sugerencia de una compañera enredada en temas de librería y bibliofilia me llevó a esta obrita. Ahora confieso experimentar un curiosa sensación al encontrarme a mí mismo reseñando un libro de cuya calidad literaria no tengo absoluta seguridad, pero de cuyo gran interés tampoco tengo ninguna duda. La erótica del documento, será. Y es que "84, Charing Cross Road" es un fenómeno literario de una cierta notoriedad, de reedición sostenida desde su primera aparición en 1970 y que tal vez haya que poner en relación con la corriente de anglofilia que ha prosperado en algunos sectores de la cultura norteamericana durante los últimos años.  En este sentido es sorprendente que un epistolario escrito por gente corriente a ritmo pausado, y tocante a temas en general triviales, haya dado lugar incluso a una  versión cinematográfica protagonizada por Ann Bancroft y Anthony Hopkins a mediados de los 80. Dicho todo lo anterior, no es de extrañar que su edición española haya sido llevada a cabo bajo el Anagrama del sagaz Herralde.

El libro cubre veinte años de correspondencia bastante regular entre una escritora y bibliófila neoyorquina y un empleado de librería de Londres, más las incursiones de algunos otros personajes a los que aquélla accederá a través de éste con el paso del tiempo. Penetrando en su vida cotidiana y en sus inquietudes vemos los claroscuros de las relaciones británico-norteamericanas en la inmediata postguerra mundial, la precariedad de una Inglaterra devastada por el conflicto y los condicionamientos de la Guerra Fría. El epistolario da testimonio de los cambios sociales que paulatinamente se van produciendo a medida que se despliega el desarrollismo económico tras esa segunda postguerra. Síntomas que toman carrerilla al entrar en el decenio de 1960 y que son perceptibles en las alusiones a la politica, la música o el turismo.

84-charing-cross-road-penguin1Por otro lado, una buenísima motivación para leer este libro es lingüística más que estrictamente literaria: el retorno peculiar al lenguaje escrito que nos ha impuesto el desarrollo de la tecnología de la información. Hasta los 90  -uff, hace cuánto tiempo…- la banda ancha era el papel en blanco. Prueba de su eficacia es que las personas podían mantener así relaciones provechosas y duraderas, aún sin llegar a encontrarse físicamente.  De hecho "84" es un libro especialmente recomendable para quienes necesiten o deseen cultivar el arte de escribir cartas o mensajes de cualquier tipo. No digamos si se trata de escribirlas en inglés y si se tiene la oportunidad de leer la obra original sin traducir: el lector goloso podrá saborear un material rico en giros, modismos, verbos preposicionales y demás rasgos respectivos del inglés británico y norteamericano, en permanente diálogo hasta el final del libro.

Bien empleada estará también la lectura si os lleva a explorar in situ las infinitas librerías de Londres. Charing Cross es unos de sus santuarios, aunque yo por manía particular me inclino más por el Bloomsbury universitario y juvenil.

ISBN 9788433969828 (castellano/español), 9780140143508 (English).

Disponible en Bibliotecas de la UPM

Velocidad de los jardines, Eloy Tizón

Cubierta de Velocidad de los jardinesVelocidad de los jardines
Eloy Tizón
Barcelona: Anagrama, 1992

En este libro vive uno de los más hermosos cuentos que haya leído nunca. Uno de esos cuyas palabras memorizas a fuerza de relecturas. De esos que dan en el clavo porque todos los personajes, todos los hechos, toda la luz, el perfume que lo impregna están alojados para siempre en algún jardín privilegiado dentro de ti mismo.

Muchos dijeron que cuando pasamos el tercer curso terminó la diversión. Cumplimos dieciséis, diecisiete años y todo adquirió una velocidad inquietante.

Hasta entonces el tiempo había estado comprimido. Fuimos eternos desde Preescolar. Yo conservo aún en la memoria los nombres y apellidos de muchos de ellos. Parecía que iban a estar ahí toda la vida. Enseguida estuvimos a distancias insalvables.

No he vuelto a ver a ninguno. Tercero de letras no existe. He oído decir que las gemelas Estévez trabajan de recepcionistas en una empresa de microordenadores. ¿Por qué la vida es tan chapucera?

A cada paso un guiño, una contraseña reconocible. Aquí mismo, en el siguiente párrafo, mi colegio, el que yo recuerdo.

Entrábamos a la escuela atravesando un gran patio de cemento rojo con las áreas de baloncesto delimitadas en blanco, un árbol escuchimizado nos bendecía, trotábamos por la doble escalinata apremiados por el jefe de estudio.

Las carpetas forradas con estrellas del pop. Platón entre los apuntes pasados a máquina; los desertores a Ciencias y la Revolución Industrial; las peleas a golpes y una hilera amenazante de verbos irregulares; el test psicológico y la revisión médica; las tutorías. Todo ese mundo.

Pero volvamos al aire y la luz de la primavera, que deberían ser los únicos protagonistas.

Esa luz. Debajo de los voladizos había nidos de golondrinas. En mayor medida construidos con flecos de nuestras ensoñaciones que con barro del campo de futbito. Pero había algo que atraía más poderosamente nuestra atención. Era la luz de Olivia Reyes entrando media hora tarde en clase por ejemplo de latín.

Fue una especie de hecatombe. Media clase se enamoró de Olivia Reyes, todos a la vez o por turnos, cuando entraba cada mañana aseada, apenas empolvada, era una visión crujiente y vulnerable que llegaba a hacerte daño si se te ocurría pensar en ello a media noche.

Y así, tejido con aroma a final, se va produciendo el cuento, con la luz de la primavera inundándolo todo, con la inolvidable desdicha de amar a Olivia Reyes.

Velocidad de los jardines (que se compone de otros diez cuentos además del que da título al volumen) se publicó en 1992 y fue elegido por los críticos de El País como uno de los cien libros españoles más interesantes de los últimos veinticinco años.

El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger.

Cubierta del Guardian entre el centenoJ.D. Salinger
El guardián entre el centeno
Alianza Editorial

Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es donde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso.

Así empieza El guardián entre el centeno, la primera novela corta de J.D. Salinger que se convirtió en un clásico de la literatura moderna estadounidense casi desde el mismo momento de su publicación, en 1951.

Mucho se ha escrito sobre este libro y sobre la peculiar personalidad de su autor. Yo lo leí hace 20 años y lo he vuelto a leer ahora y me ha gustado tanto como recordaba. Salinger murió el pasado 27 de enero a los 91 años de edad.

La primera traducción al castellano de The Catcher in the Rye se publicó en Argentina en 1961 y se tituló El cazador oculto. En 1978 una traducción española tituló la obra como El guardián entre el centeno. A Salinger le pareció mejor este segundo título y desautorizó la primera traducción al castellano que nunca más pudo usarse.

Escrito en primera persona, El guardián entre el centeno relata las experiencias de Holden Caulfield, un adolescente de 16 años en la ciudad de Nueva York, después de que le echen del Pencey Prep, su escuela secundaria.

Holden es un estudiante desastroso, malhablado, fumador empedernido, un mentiroso compulsivo e irónico y a ratos una persona amable y carismática. Demuestra su lado tierno siempre que habla de su hermana pequeña Phoebe y de su hermano Allie, que murió de leucemia cuando tenía solo 13. Le preocupan mucho el tema de las chicas, no entiende el sexo y se acuerda mucho de Jane, un antiguo amorque pasaba con él los veranos jugando a las damas.

Se pregunta muchas cosas entre otras a dónde van los patos cuando el agua del lago del Central Park esta helada y así explica a su hermana lo que le gustaría ser si pudiera elegir:

Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándoles. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él…..Yo sería el guardián entre el centeno.

Salinger es el prototipo de escritor excéntrico. Después de haber obtenido la fama con su primera novela se apartó del mundo exterior y protegió al máximo su privacidad. Se mudó de Nueva York a Cornish (New Hampshire), donde continuó escribiendo historias que nunca publicó.

Es el segundo libro más estudiado como lectura obligatoria en los institutos estadounidenses. En los 90 fue el nº 13 en la lista de libros más leídos en su país según la Asociación de Bibliotecas Americanas y en el año 2005 se mantuvo entre los diez primeros.

J. D. Salinger en las Bibliotecas de la UPM

Viaje a España, Theophile Gautier

Cubierta de Viaje a España, Theophile GautierViaje a España

Théophile Gautier

Cátedra, 1998

 

Theophile Gautier estuvo de viaje por España entre mayo y octubre del año 1840. Vino con su amigo Eugene Piot que tenía intención de comprar obras de arte aprovechando la desamortización de los bienes de la Iglesia. Ambos eran apasionados del arte, Gautier había intentado ser pintor y tenia verdadera devoción por Zurbarán, Ribera y Valdés Leal.

Este libro maravilloso reune los artículos periodísticos enviados por Gautier a París durante el viaje. Y hay que decir que aquellos ricos seis meses vividos en España  inspiraron también un importante libro de poemas.

España estaba de moda en Europa y en América, ya han aparecido publicadas las obras de Victor Hugo, de Musset y  de Merimée fascinados por nuestros monumentos y nuestras costumbres. En París se ha empapado de pintura española en los museos y ha asistido a representaciones de danza española. No venía a de nuevas, venía convencido.

Su Viaje a España, con ese espíritu, fue un éxito en toda la exrtensión de la palabra. Le encantó lo que veía y narró con deliciosos detalles su periplo español en un libro, ese que hoy recomendamos, que leyeron en todos los paises europeos y multiplicó el numero de visitantes. Y no sólo se trata de un recorrido artístico, se muestra fascinado por los paisajes y el modo de vivir, a Gauthier le interesa todo; los tipos humanos, la forma de vestir,  los oficios : vendedores de agua, limpiabotas, y las mujeres españolas le parecen guapísimas.

Mujer con abanico, Edoardo Tofano (1838-1920)Una mujer sin abanico es algo que no he visto todavía en este bendito país. Los abanicos, al abrirse y cerrarse, producen un débil silbido que, repetido varias veces por minuto, da una nota que  resulta extraña para un oido francés.

Hace una curiosa selección de palabras intraducibles al francés que aparecen en el libro en cursiva y en el original en francés en castellano. Entre otras estas: pundonor, pura sangre, horchata de chufas, mayoral, encierro…

No faltan, claro, la reflexiones sobre a cocina española:

Después trajeron el puchero, plato eminentemente español, o a decir verdad, el único plato español, pues todos los días se come de Irún a Cádiz, y viceversa.

Este viaje delicioso y emocionante nos permite aterrizar en el siglo XIX y que el chispeante Gautier nos acompañe por Burgos, el animado Paseo del Prado de Madrid, Sevilla, o la Mezquita de Córdoba. Su visión es casi siempre positiva, sin prejuicios,  y tiene un encanto y una mirada limpia que les faltó a otros viajeros que le siguieron.

Gran escritor, hombre muy culto  y simpático, nos regaló este libro y a su regreso a París confesó:

Me sentía allí como en mi verdadero suelo y como en una patria vuelta a encontrar.

Théophile Gautier en la Biblioteca UPM

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