La edad del desconsuelo. Jane Smiley

Cubierta de La edad del desconsuelo. Jane SmileyLa edad del desconsuelo
Jane Smiley
Madrid : Sexto Piso, 2019
Traductor: Francisco González López
Título original: The age of grief (1987)

 

A Dana y Dave les ha sonreído la vida. Tienen un matrimonio ideal, tres hijas que iluminan su existencia, una clínica dental en la que trabajan juntos, coche familiar, casa en el campo… un matrimonio ideal. Pero un día, como de la nada, sin pensar que puede ser oída, Dana murmura la frase que lo amenaza todo: “Nunca más volveré a ser feliz”.

Dave no sabe por qué lo dice. El lector no sabe por qué lo dice ni lo que ha pasado, lo que está pasando en esa zona de la vida de Dana que queda al otro lado de las páginas escritas. Porque la autora no nos lo cuenta. La narración solo deja ver a través de los ojos de Dave. Los quehaceres de su día a día, lo pequeño cotidiano, los ritmos del trabajo, el crecimiento de las niñas. Sus pensamientos, su tristeza, el miedo. También los gestos de su mujer que ayer no estaban ahí, los silencios nuevos, las emociones que no encajan.

Dave no sabe por qué ella no volverá a ser feliz y no pregunta. Elige boicotear las ocasiones propicias a una confesión. Porque si pregunta, o por descuido permite que ella diga lo que pasa, lo que Dave sospecha que pasa, que no es otra cosa que la existencia de otro hombre amenazando su proyecto de vida, entonces será real, tendrá la fuerza del rayo que asola la estructura que les da cobijo y habrá que afrontar el derrumbe. Si afrontar el derrumbe es posible.

Con lo que no se dice, con lo que no se quiere oír, Jane Smiley ha creado una novela cargada de tensión y sensibilidad. Una reflexión sobre la paternidad, el matrimonio y el miedo a la pérdida de lo que hasta ayer creías seguro y pleno de sentido.

Las uvas de la ira, John Steinbeck

Las uvas de la ira

John Steinbeck

La pequeña casa sin pintar estaba chafada en una esquina, y de tal modo había sido arrancada de sus cimientos, que se hundía en un ángulo, con sus ventanas cerradas apuntando al cielo, en un punto más alto que el horizonte. Habían desaparecido las cercas y el algodón crecía en el patio y contra la casa, y el algodón rodeaba el pajar. A su lado yacía la dependencia accesoria y el algodón crecía muy cerca de ella. El patio, donde los niños habían caminado con sus pies descalzos y los caballos habían resonado sus cascos, y las anchas ruedas de los vagones habían dejado su huella, estaba cultivado ahora, y allí crecía el algodón polvoriento, de un verde oscuro.

A esa casa llega Tom Joad en busca de su familia. Ha salido de la prisión de McAlester. Cumplió cuatro años por matar a un hombre en una pelea. Vuelve a su casa para empezar de nuevo pero no encuentra nada ni a nadie. ¿Qué ha sucedido? se pregunta Tom. Los echaron cuando el Banco decidió cultivar por su cuenta el campo con un tractor” es la respuesta que recibe. Al igual que muchos, las malas cosechas han llevado a la familia de Tom a no poder pagar sus deudas y perder sus tierras, sus casas, su vida.

A dónde ir, qué hacer. Surge la esperanza, Quizá podamos comenzar de nuevo…, en la nueva tierra de promisión, en California, donde crece la fruta. Y al igual que sus antepasados cuando emigraron desde el este hacia esas tierras vírgenes que ahora tienen que abandonar, ellos harán lo mismo llevándose lo que pueden y malvendiendo el resto.

En sus pequeñas casas los inquilinos comenzaron a recoger sus cosas y las cosas que habían heredado de sus padres y de sus abuelos. Recogieron todo lo que poseían para el viaje al Oeste. Los hombres eran implacables, porque el pasado había sufrido un terrible golpe, pero las mujeres sabían que el pasado volvería a gritarles en lo futuro.

Una de las primeras reseñas de Nosolotecnica, hace ya casi once años, se dedicó a John Steinbeck con su libro Los vagabundos de la cosecha. De aquellas crónicas para el San Francisco News extrajo material  Steinbeck para escribir Las uvas de la ira.  Escribir la historia de aquellos que en un tiempo de crisis económica, malas cosechas y clima adverso se vieron forzados a dejar aquellas tierras que habían trabajado desde hacía tiempo. Forzados a dejar de trabajar para si mismos a trabajar para otros por salarios de hambre.

Escribir la historia de personas, hombres y mujeres, que lucharon por conservar la dignidad y no dejarse llevar por la desesperación. Por mantener una llama de esperanza. No caer en el abismo. No perder la propia estima y cruzar esa línea imaginaria en la que ya no eres nada, no te consideras nada, no te consideran nada.

Como “Ma” Joad, verdadera protagonista de la historia.

Su rostro, visto en conjunto, no era tierno, sino sereno, iluminado por cierta bondad consciente. Sus ojos, avellanados, parecían haber experimentado toda suerte de tragedias, y haber pasado por el dolor y el sufrimiento antes de llegar a la calma y comprensión sobrehumanas que poseían. Parecían conocer, aceptar, desear su posición, la ciudadela de la familia, la plaza fuerte que nada podría rendir…Parecía saber que si ella vacilaba, la familia sufriría un rudo golpe, y que si alguna vez se desesperaba la familia se hundiría, desapareciendo el lazo que los unía.

En 1940 John Ford llevó a la pantalla la historia de la familia Joad con Henry Fonda como Tom Joad.

Steinbeck en la Biblioteca Universitaria UPM

La mirada del adiós, Ross Macdonald

La mirada del adiós.
Ross Macdonald
Alianza Editorial

Un hombre alto, metido en los cincuenta, apareció en el vano de la puerta. De anchos hombros y elegantemente vestido, era de muy buena presencia y parecía saberlo. Su espesa cabellera blanca estaba arreglada con cuidado, con tanto cuidado como su expresión.

– ¿El señor Archer? Soy John Truttwell. – Me estrechó la mano con contenido entusiasmo y me condujo hasta su despacho.

Lew Archer es contratado por John Truttwell para investigar el robo de una caja de oro antigua en casa de los Chalmers, una familia adinerada de California. Lo que en un principio es un simple robo fácil de resolver, se va complicando con el asesinato. El hijo de los Chalmers, Nick, es el principal sospechoso, sin embargo, no todo está claro en este asunto. El pasado, la culpa permanente, las motivaciones ocultas, las conciencias atormentadas por hechos pretéritos salen a la luz. Archer tiene que encontrar la verdad. No le será fácil.

– Soy Lackland, capitán de inspectores. Me dicen que les ha hecho pasar un mal rato a mis muchachos.

– Creí que era el revés

Sus ojos examinaron mi cara

– No veo que tenga marca alguna

Tengo derecho de llamar a un abogado

– Y nosotros tenemos derecho de contar con su cooperación. Intente resistirse y verá cómo se queda sin su licencia

– Eso me recuerda que quiero que me la devuelvan.

Un clásico de la novela policiaca llega de nuevo a las páginas de NoSoloTécnica. Al igual que en ocasiones anteriores, el crimen es el hilo conductor de la narración. Sin embargo son las pasiones humanas las verdaderas razones de la historia. La ambición desmedida, la envidia, el ansia de poder, los deseos reprimidos, el pasado que sobrevuela sobre todos los protagonistas y que enturbia sus actos, los presentes y quizás los futuros.

En realidad, cuando leemos una novela policiaca, ya se encuentre ambientada en ambientes refinados o en turbios tugurios, el hecho delictivo que se cuente ya sea un robo, un secuestro o cualquier otra variante del crimen solo es la excusa para indagar en el alma humana, en la razón, en el motivo que lleva a un ser humano a cruzar la línea del bien al mal.

Y en casi todas ellas una figura, el detective, que desde su posición ajena a los acontecimientos intenta resolver los problemas que se les presentan intentando no dejarse arrastrar por ellos.

Lew Archer al igual que otros detectives clásicos como Sam Spade o Philip Marlow intentan actuar como meros observadores, duros, fríos, metódicos, como una manera de protegerse de esa crueldad moral que les rodea aunque no siempre lo consiguen. Son también humanos.

Tengo que resolver algunos problemas y mi ordenador es un modelo pre-binario bastante anticuado. No dice sí y no. La mayoría de las veces dice “puede ser “

– ¿Acerca de mí?

– Acerca de todo

Ross Macdonald nació en Los Gatos, California en 1915. Falleció en Santa Barbara, California en 1983-

Macdonald en la Biblioteca Universitaria UPM

A corazón abierto, Elvira Lindo

A Corazón Abierto

Elvira Lindo

Seix Barral 2020

Este es un relato autobiográfico sin edulcorar. La figura del padre es central en él, y al hilo de sus últimos achaques, se revisa retrospectivamente su vida y sus traumas, entre ellos su llegada a Madrid con nueve años, sólo. Corre el año 1939, en pleno racionamiento de posguerra, y la vida con su amargada tía (que no sale precisamente bien parada) es oscura.

El hilo conductor del relato no es lineal, porque tampoco lo son los recuerdos que afloran en una persona, y eso le aporta dinamismo. El poso es agridulce porque no se suaviza el devenir y los contrapuntos de una relación conyugal paternal (apasionada) en un claro plano de desigualdad.

Hay varios escenarios en la vida itinerante de la familia que se traslada según los requerimientos laborales del padre. Entre ellos, es especialmente llamativo aquél que refiere a la construcción de la presa del Atazar a finales de los sesenta, hasta su inauguración en 1972. Allí la vida transcurre en un poblado aislado, hervidero de actividad, construido expresamente para la obra descrita con tintes faraónicos en una España franquista.

Carátula de El otro barrio

También se hacen palpables en el libro los cambios de vida en el país, en esa época en pleno inicio de transición postfranquista, con sus aires frescos y desmadrados; un legado costumbrista, cercano para muchos, y marciano para las nuevas generaciones.

Elvira Lindo es una autora prolífica que se hizo famosa con la saga de Manolito Gafotas, aunque a mí el libro que me viene inmediatamente a la cabeza es El otro barrio, su primera novela para adultos. En él entreteje un suspense, entorno a un aciago suceso que atrapa a un chaval de quince años en un proceso judicial, con aspectos ignotos de su infancia que van descubriéndose paulatinamente.

Elvira Lindo vuelve una y otra vez en libros a la vida en barrios de extrarradio; los revive en las páginas de sus textos con agria maestría. Personalmente me alineo más con su perfil como escritora que como columnista, que quizás otros quieran comentar.

“La escritura siempre ha de ser valiente, aunque a costa de eso una se muestre desnuda.“

Elvira Lindo en la Biblioteca UPM

Santiago Lorenzo. Los asquerosos.

Santiago Lorenzo. Los asquerosos. Barcelona: Blackie Books, 2018.

La novela arranca con Manuel, un joven de 25 años, que tiene un encontronazo casual en el portal de su casa con un policía antidisturbios al que hiere con su destornillador en defensa propia. Para su desgracia, todo queda grabado en la cámara de seguridad del portal. Asustado por lo que le pueda pasar decide huir de Madrid y ocultarse en un pueblo abandonado de Castilla para evitar una posible pena de cárcel. Su único contacto con el mundo y su fuente de suministros será su tío y narrador de la historia.

Manuel llevaba encima 23 euros, el carné de identidad, el de conducir, la tarjeta sanitaria, la del banco, unos kleenex y su destornillador. Que lavamos con agua y alcohol porque tenía la punta marrón.

Sobrino y tío se ponen a planear su fuga y a preparar la logística:

Pasadas las doce, preparamos un petate con objetos y complementos que supusimos útiles para la fuga: un saco de dormir, una navaja, las cerillas, el cepillo de dientes. Parecíamos scouts planeando una noche al raso…A las tres de la mañana, Manuel y yo nos abrazamos ante su cochecito de ocasión… La suerte estaba echada y no había otra que salir arreando: ARREA jacta est.

Y llega a un pueblo abandonado: 

uno más de los cientos y cientos de ellos que hoy permanecen abandonados en España. No daré su nombre verdadero, como siempre quiso Manuel. Lo llamaré Zarzahuriel, figuradamente, según denominación inventada y arbitraria. Aún faltaba mucho para que yo lo visitara.

A partir de ese momento Manuel tiene que sobrevivir con lo que va encontrando en el bosque y con lo poco y más fundamental que le va enviando su tío. Con el tiempo, se dará cuenta de que vivir en la carencia le fascina.

Y así sigue su vida en Zarzahuriel, cada vez más encantado con la austeridad con la que vive. Como siempre fue un manitas no le cuesta ir sacando provecho de lo que encuentra en la casa que “ocupa” y en el pueblo. Una colección de libros Austral, abandonada en el sobrado, le va a mantener entretenidas las noches cuando ya no se puede hacer nada fuera.

Pero Manuel tiene que hacer frente a un tremendo revés en sus planes: unos de la ciudad han comprado la casa al lado de la suya. Una familia a la que pronto se unirán primos, amigos y los amigos de los amigos 

A este conglomerado humano global y uniforme, Manuel pronto empezó a llamarlo La Mochufa… Llevaban la marca de la ropa tan a la vista que Manuel podía leer las letras desde el sobrado. Había varios que tenían que sujetarse las barrigas a pulso con las manos, y vestían camisetas de gimnasios. Una que no salía sin las joyas llevaba en la camisa el circulito de los hipies. Otro muy asnal se presentaba con la leyenda Oxford University, desprestigiando a un claustro que no le habría admitido en la casa sabia ni como cadáver donado.

Tendrá que sufrir a “La Mochufa”, a estos “asquerosos” , pijos de ciudad que gritan, presumen de lo que no son, malcrían a sus hijos y le amargan la vida todos los fines de semana. Y, por supuesto, Manuel debe vivir como si no estuviera allí, pared con pared, oyendo sus conversaciones y hasta la vida sexual de La Mochufa.

¿Qué ocurrirá entre Manuel y La Mochufa? ¿Conseguirá Manuel volver a su ansiada soledad?

Es un libro muy divertido aunque con un humor corrosivo y grandes dosis de crítica social.

Santiago Lorenzo (Portugalete, 1964) vive en una aldea de Segovia. Allí busca leña, se hace café y churros, construye maquetas y, sobre todo, escribe. Persona inquieta ha hecho cine, creó un taller dedicado al diseño y realización de escenografía y decorados y en 2010 publicó su primera novela Los millones (Mondo Brutto): a uno del GRAPO le toca la lotería primitiva; no puede cobrar el premio porque carece de DNI. Le siguió Los Huerfanitos (2012), Las ganas (2015) y Los asquerosos en 2018, el libro que nos ocupa y que como detalle con el lector incluye una postal manuscrita con un mensaje de agradecimiento del autor (imagen de la izquierda).

Pinchando aquí tenéis un enlace  a la entrevista que el programa Página 2 le hizo a Santiago Lorenzo sobre “Los asquerosos” en diciembre de 2018. 

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