Archivos del Autor: Pedro Peinado

El país donde florece el limonero. Helena Attlee

El país donde florece el limonero : la historia de Italia y sus cítricos
Helena Attlee
Traducción del inglés: María Belmonte
Barcelona : Acantilado, 2017

 

El primer viaje de Helena Attlee a Italia (treinta y cinco años antes de la publicación de este libro) la dejó marcada. Viajaba en el Palatino, un coche cama nocturno con destino Roma cuando, pasando por la Riviera italiana, se maravilló ante un paisaje de limones frente al mar. Ahí precisamente, en ese momento en que la belleza se reflejó sin previo aviso en sus retinas, germinó en ella una larga pasión por los saberes y sabores de los cítricos.

Años más tarde, ya ligada laboralmente al mundo de los jardines italianos, Helena asume que su pasión no merece quedar relegada al ámbito ornamental en el que transcurren sus días, y toma la importante decisión de viajar allí donde sea necesario, a lo largo y ancho de la geografía italiana, para explorar y conocer en toda su dimensión la historia de los limones, de la cidra, de las naranjas dulces, las amargas, las sanguinas, de las mandarinas, y, también, de sus cultivadores.

Bartolomeo BimbiCada uno de los capítulos que componen el libro es un viaje, una forma de mirar el mundo. Son cofres del tesoro donde caben maravillas tales como la colección de cítricos de los Médicis de Florencia (incluidas sus bizzarries o rarezas, que se encargara de pintar Bartolomeo Bimbi); el uso de la naranja amarga en la cocina de los siglos XVI y XVII; el sabor a verano de los limones de Amalfi (menos sabrosos que su nombre: Limone femminello sfusato amalfitano); el modo en que los árabes introdujeron y cultivaron cítricos en Sicilia; la mermelada del sur de Catania, capaz de superar a la británica; los chinotti de Savona macerados en marrasquino… y tantas cosas más.

 

La belleza de los jardines fue celebrada en un género de poesía llamado rawdiya ("poemas de jardines"), en los que naranjas y limones eran frecuentemente protagonistas. […] Ab dar-Rahman, otro poeta arábigo-siciliano, escribió:

     Entre ramas de esmeralda
     las naranjas de la isla son un fuego abrasador.
     Pálidos rostros de amantes los limones son,
     sumidos toda la noche en llanto.

 

Un libro con fragancias de azahar y bergamota, que nos lleva de paseo por hileras de árboles de hojas verde oscuro y frutos dorados por el sol del atardecer, por la historia de Italia, de su tierra, de su gente. Por el color y el sabor de la vida.

 

Lady Macbeth de Mtsensk, Nikolái S. Leskov

Lady Macbeth de Mtsensk y otros relatos
Nikolái S. Leskov
Barcelona : Alba, 2003
Traducción: Fernando Otero Macías
Primera edición en 1865

 

Lady Macbeth de Mtsensk es uno de los relatos más conocidos de Nikolái S. Leskov (junto a La pulga de acero, incluido en este volumen bajo el título: El zurdo), un autor ruso del siglo XIX que pasa injustamente desapercibido entre otros grandes autores de la época como Dostoievski, Tolstói, Chéjov o Nikolai Gógol.

 

A veces aparecen en nuestra tierra tales caracteres que, por muchos años que hayan transcurrido desde que los vimos por primera vez, no es posible evocar algunos de ellos sin experimentar cierto temblor en el alma.

A la joven Katerina Lvovna (apodada la lady Macbeth de Mtsensk pues está inspirada en el personaje shakesperiano) la casan con un comerciante mucho mayor y bien establecido, pero por el que, en términos sentimentales, siente una completa indiferencia. Eso, y la obligación de tomar residencia en la anodina hacienda de su esposo, en la que también vive el anciano padre de éste, convierten su existencia en una tediosa sucesión de días grises sin esperanza. Así hasta que conoce al joven Sergéi, uno de los sirvientes y conocido donjuán. Y es entonces cuando toda la fuerza, la pasión, el arrebato y la locura de la sangre se revelan en Katerina y toman posesión de su voluntad, desencadenando la bestia cruel e iracunda que lleva dentro y que no dejará de luchar, con algo más que uñas y dientes, por lograr el objeto de su deseo.

Este relato sin concesiones, duro, tajante, ferozmente erótico, fue convertido en ópera en 1934 por Dmitri Shostakóvich (obra que sufrió censura durante treinta años dado su contenido incandescente) y también fue llevado al cine en 1962 por Andrzej Wajda con el título Lady Macbeth en Siberia. Hace unos días se ha estrenado una nueva versión dirigida por el británico William Oldroyd en la que la acción se traslada a la Inglaterra victoriana.

 

Vale la pena mencionar la delicada edición ilustrada por Ignasi Blanch que Nórdica Libros publicó en 2015.

 

 

Nikolái S. Leskov en la Biblioteca UPM

 

Terceto, Pablo Montoya

tercTerceto
Pablo Montoya
Barcelona : Literatura Random House, 2016

 

Terceto reúne tres obras del autor colombiano Pablo Montoya (galardonado con el XIX Premio Rómulo Gallegos por la novela Tríptico de la infamia): Viajeros, Trazos y Programa de mano. Cada una es una colección de textos breves -poemas en prosa o minificciones- que tienen como protagonista casi siempre a un personaje real, histórico, y otras a uno literario, imaginario o simplemente anónimo (viajero, pintor, músico) que desgrana en primera persona, enfrascado en un momento clave de su biografía (desde el lecho de muerte, a punto de iniciar una travesía de incierto destino, en el instante de soñar una partitura), su visión de la realidad, del sentido de la propia vida, del paso del tiempo, de la identidad. Estos personajes, de algún modo atrapados por nuestro imaginario, que no pueden dejar de vivir la vida que les ha tocado y que conocemos contada por otros, que miran a través de unos ojos y un sistema de creencias empañados por el espíritu de una época, trasladan al lector de manera inevitable a otro mundo; le desplazan, le aventuran, raptan su imaginación como sólo la buena literatura es capaz de hacer.

ROBINSON CRUSOE

El mar o la tierra. La desierta isla o el Londres populoso. Escuchar mi voz o la distinta voz de Viernes. Haberme quedado en la casa de York, con mis padres, o esta insensata aventura. Los años de soledad aquí, o un minuto, uno solo, de amor compartido allá. En este momento en que los hombres se acercan para rescatarme, tiemblo, tengo miedo y no sé nada.

De Icaro a un astronauta, de los signos de Lascaux a Fabián Rendón, de Venantius Fortunatus a Leo Brouwer, van desfilando semblanzas resueltas en un estilo poético de fraseo corto con gran impacto emocional, sencillas y a la vez hondas y evocativas. Ya lo advierte la cita de Roland Barthes en la primera página: estamos ante un pequeño universo de seres que se cuentan a sí mismos, "Tout mon petit univers en miettes."

 

Mendel el de los libros. Stefan Zweig

mendelMendel el de los libros
Stefan Zweig
Trad.: Berta Vias Mahou
Barcelona: Acantilado, 2009
Título original: Buchmendel

 

Esta es la trágica historia de Jakob Mendel, Mendel el de los libros, un librero de viejo, extraño y genial, que se sentó en el café Gluck durante treinta años y asombró con sus habilidades a cuantos estudiosos requirieron sus servicios.

La historia está contada en retrospectiva, surge de la memoria de un narrador que lo conoció años antes, al entrar a un café vienés un día de lluvia. Allí, inspirado por el mobiliario del local, desgrana los recuerdos que se habían escondido en algún rincón remoto de su memoria. Mendel el de los libros, aquel portento conocido por todos:

Él lo sabe todo y lo consigue todo. Él te trae el libro más singular del más olvidado de los anticuarios alemanes. Es el hombre más capaz en toda Viena y además auténtico, un ejemplar de una raza en extinción, un saurio antediluviano de los libros.

En su memoria estaban todos los libros, sus títulos, su precio, dónde conseguirlos. Podía enlazar un tema con otro y con otro y rastrear mentalmente su ubicación. El secreto, tal vez, era la fuerza de su concentración:

Aquella memoria sólo había podido ejercitarse y formarse de aquella manera diabólicamente infalible por medio del eterno secreto de cualquier perfección: la concentración.

Habría sido de provecho para las ciencias, una adquisición sin igual para esas cámaras del tesoro público que llamamos bibliotecas.

Se le tenía en gran consideración, no le interesaba el dinero, gozaba de modestos privilegios en el café, sus habilidades eran requeridas por miembros eminentes de la cultura. Pero la guerra lo estropea todo. La estupidez, el miedo, la irracionalidad de los hombres en guerra acaban por arruinar tan bella criatura. Los acontecimientos ocurren durante la Primera Guerra Mundial y Jakob (que no lee los periódicos, no sabe que su país está en guerra pues su mundo es el de los libros, el único en que pude confiar) comete el error de escribir una postal reclamando unos títulos a un anticuario de un país enemigo. A partir de ahí el desastre.

Bellísimo retrato de un personaje delicioso, no importa si real o ficticio, que Stefan Zweig hace inolvidable usando como es habitual en él sólo unas pocas páginas.

Yo, en cambio, me había olvidado de Mendel el de los libros durante años. Precisamente yo, que debía saber que los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido.

 

Stefan Zweig en la Biblioteca UPM

Stefan Zweig en NST: Carta de una desconocida y Novela de ajedrez

Las ramas del azar, Constantino Molina Monteagudo

ramas

 

Las ramas del azar
Constantino Molina Monteagudo
Madrid: Rialp, 2015

 

 

 

 

 

 

Si alguna vez callásemos
como callan los árboles, las nubes
y las piedras, podrían escucharse
los árboles, las nubes y las piedras.

 

Dejar hablar a los árboles, a las nubes, a las piedras. Para ello aprender a escuchar. Y para escuchar deshacerse de lo superfluo, del ritmo frenético, de los ruidos, de lo que brilla y no tiene mucho dentro. En Las ramas del azar, el poeta se desliga de todo esto para encontrar acomodo en un territorio en que la sencillez, las cosas esenciales dicen con apenas nada las importantes, aquello que es hondamente humano. Ese lugar y ese lenguaje es el de la naturaleza.

Por la serenidad de sus versos, entre la respiración calma con que alientan, surgen como desde siempre hojas y alas, montes y aguas, pájaros, fuego y sarmiento. Un fluir de palabras que dicen lo suyo, lo de todos, con humildad de arroyo entre piedras. Dicen la vida, lo irremplazable, lo preciso.

Poco a poco cercando el misterio de lo que está ahí de forma cotidiana y dejando que las palabras tracen caminos entre sí, no queriendo saber más que ellas, guiado por el canto del ruiseñor, Constantino Molina ha ido completando esta imprescindible colección de poemas.

 

MONEDA AL AIRE

Mientras se lanza y gira
al aire la moneda,
de mis manos, la suerte
cargada de palabras,
ya ha partido al humilde
encuentro con las cosas:
Si pronuncio la lluvia, lloverá.
Si digo sur, vendrá la calidez.
Y, si mantengo oculta
la palabra final entre mis labios,
es para que te acerques
a recogerla entre los tuyos.
Créeme cuando digo que en tus ojos
aúlla la belleza de este mundo,
que el afán que sostiene
nuestra simple existencia
brillará más sincero
si obedece a un lenguaje
hecho de voluntad.
Porque, antes de caer,
las dos caras que giran en el aire
serán ya nuestras.

 

Con Las ramas del azar, que ya obtuvo en 2014 el premio Adonáis, Constantino Molina (Albacete, 1985), ha sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Poesía Joven "Miguel Hernández" correspondiente a 2016.

 

Mi maravillosa librería, Petra Hartlieb

maravillosa_libreriaMi maravillosa librería
Petra Hartlieb
Cáceres: Periférica, 2015

 

Petra Hartlieb y su marido viven, junto a sus dos hijos, en Hamburgo y gozan de una envidiable estabilidad laboral (ella es crítica literaria y él trabaja como directivo de marketing en una editorial) cuando un sueño se interpone en su camino. En un viaje de vacaciones a Viena, donde Petra nació, unos conocidos les plantean la posibilidad de comprar una librería. Una librería algo apartada del centro, pero de la que tienen buenas referencias en cuanto al funcionamiento con el anterior propietario. De modo que el matrimonio se empieza a plantear la posibilidad de comprarla, lo piensan no demasiado y finalmente deciden hacerlo. Abandonan sus empleos, su vida en el norte de Alemania, su estabilidad y se lanzan a la aventura de cumplir el sueño de todo lector y amante de los libros: montar una librería propia.

Pero no será nada fácil. De hecho la novela trata sobre todas las dificultades y la inmensa cantidad de trabajo que requiere mantener un negocio así, nada que ver, en realidad, con la visión idealizada que uno puede tener sobre el asunto. Tienen que compartir el piso de unos amigos mientras terminan las obras de la vivienda que hay sobre la librería, lidiar con una niña muy pequeña y un adolescente poco dispuesto a cambiar de vida, atender distribuidores, hacer clientes, ordenar cajas y cajas de libros, contratar personal, instalar un sistema informático que no se colapse cada poco, ir a presentaciones, sobrevivir a la Navidad… y, cómo no, luchar, con tesón y toneladas de imaginación, contra el gran rival, el monstruo devorador: Amazon.

Uno acaba agotado solo de leer, pero al mismo tiempo feliz de que la librería prospere (en Viena debe de haber más compradores de libros que aquí) y hoy en día sea una de las librerías más populares de Viena (sí, es una historia real y aquí se puede visitar la web de Hartliebs Bücher).

 


 

El caminante, Jiro Taniguchi

El caminante : edición definitiva
Jiro Taniguchi
[Rasquera (Tarragona)] : Ponent Mon, cop. 2015

 

El caminante, de Jiro Taniguchi, uno de los maestros del manga, invita a meterse en los zapatos de su protagonista y a salir con él por los barrios y jardines de una pequeña ciudad japonesa, ver lo que él ve, respirar los mismos perfumes, acariciar las cosas que él toca y a disfrutar de la belleza que se desprende de ciertos momentos, sin prisa ni la cabeza llena de problemas. Librándose de cargas y equipajes para poder plantarse leve ante lo cotidiano con serenidad, sosegadamente, y poder disfrutar de ello, y poder soñar. Él camina en silencio, sólo a veces acompañado de su perro, sintiendo un enorme respeto por cuanto le rodea. Seguir los pasos del protagonista a lo largo de sus relatos, en los que aparentemente no pasa nada, conlleva un aprendizaje: el de saber vivir.

El personaje observa, escucha, interviene, busca complicidades, se deja llevar. Es como si estuviera en armonía con lo que le rodea, como si hubiera conectado con el ritmo del oleaje, con el ritmo del viento, con el transcurso de la vida. Mira con atención los pájaros, como si hubiera mucho que aprender de su sostenerse en el aire. Devuelve al mar una caracola encontrada en su jardín porque es lo natural y cada cosa ha de estar en su sitio. Trepa a un árbol para rescatar el avión de una pandilla de niños y, una vez arriba, se queda a contemplar la tarde. Hunde la mano entre la hojarasca de un cerezo cuya sombra, acaba de descubrir, está llena de significados para otra persona.

Instantes poéticos, placidez, intensidad emocional, unos dibujos felices (cuando feliz significa hermoso) que lo ocupan todo y el texto apenas tiene cabida ni es necesario. Unas historias por cuyo sendero se camina en silencio.

 

Jiro Taniguchi nace en la prefectura de Tottori, Japón, en 1947. Con el primer volumen de "Barrio lejano" obtuvo en 2003 el premio Alph´Art en el Salón de Angoulême. Otras obras suyas son "El gourmet solitario" y "El almanaque de mi padre".

 

Haciendo planes. Karmelo C. Iribarren

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Haciendo planes
Karmelo C. Iribarren
Sevilla: Renacimiento, 2016

 

No hay que dejarse engañar por las palmeras de la portada ni por el título del reciente libro de Karmelo C. Iribarren, pues no hay en él islas paradisíacas, ni viajes, ni paquetes de vacaciones. La poesía de Karmelo sigue siendo la misma a la que nos tiene acostumbrados, y los temas por los que transita también. Aunque me da la impresión de que algo más de luz se ha colado esta vez por debajo de la puerta.

Los poemas de Karmelo C. Iribarren son breves, limpios, fulgurantes. Parece que van a ras de suelo y de pronto te saltan a la garganta. Dicen a las claras, entran fácil como un licor dulce; cuando uno quiere darse cuenta ya está atrapado.

La lluvia abre la colección. Una lluvia, omnipresente en el imaginario del autor, que aporta el tono adecuado de melancolía. Personificada muchas veces, acompañando, del mismo modo que otros elementos del paisaje que aparecen más adelante: acacias y árboles que murmuran como cualquiera en la cafetería, el mar que conversa pero a su manera, un rayo de sol tumbado como un perro debajo de la mesa, el horizonte que se ruboriza al atardecer porque ha dicho mentiras durante el día…

La inclemencia del tiempo, de la vida, persigue o es perseguida por este poeta del abrigo y la cara de frío. ¿Se sentirá cómodo así porque es más fácil soñar bajo el influjo del invierno?

 

37º A LA SOMBRA

Ahora mismo
me gustaría estar
en alguna gélida ciudad del norte,

                                   concretamente,
en uno de esos bares
que suele haber siempre
en las plazas
de esas ciudades,
viendo ir y venir a la gente
aterida bajo los paraguas,

contigo, haciendo planes
para irnos en verano a algún lugar
al sol.

 

Y qué bella la mirada que indaga en lo que pasa desapercibido, lo que no tiene entidad suficiente para despertar a los que van deprisa. Karmelo pone su poesía al servicio de una triste bolsa de plástico que no remonta el vuelo, de una llovizna que no merece que alguien abra su paraguas, de un fulano que entra en un bar y habla del tiempo. Porque hay quien piensa, como él, que hay cosas pequeñas que salvan un instante -o incluso una mañana entera, o casi- de nuestra vida: la mirada de una mujer en el autobús, un olor que te recuerda un trozo de la infancia, la poesía cuando llega.

El recuerdo de la infancia, el amor con dolor y relámpago, el paso del tiempo, lo poco que se puede esperar del futuro son algunos temas de esta poesía. Tratados con humor tragicómico y con melancolía, pero también con gran belleza y algo, un intento al menos, de esperanza. Tal vez no haya escapatoria, es verdad, la vida tiene esas cosas, pero ¿quién lo sabe a ciencia cierta?

 

Esto no puede ser la vida,
este montón de días tristes, grises,
que sumados forman semanas, luego meses,
después años, no puede ser la vida.

 

Cervantes: Rinconete y Cortadillo (III)

Portada de Rinconete y Cortadillo de la primera edición de Novelas ejemplares, Madrid, 1613.Diéronselas luego, y la Escalanta, quitándose un chapín, comenzó a tañer en él como en un pandero; la Gananciosa tomó una escoba de palma nueva, que allí se halló acaso, y, rascándola, hizo un son que, aunque ronco y áspero, se concertaba con el del chapín.

Monipodio rompió un plato y hizo dos tejoletas, que, puestas entre los dedos y repicadas con gran ligereza, llevaba el contrapunto al chapín y a la escoba.

Espantáronse Rinconete y Cortadillo de la nueva invención de la escoba, porque hasta entonces nunca la habían visto. Conociólo Maniferro y díjoles:

 -¿Admíranse de la escoba? Pues bien hacen, pues música más presta y más sin pesadumbre, ni más barata, no se ha inventado en el mundo; y en verdad que oí decir el otro día a un estudiante que ni el Negrofeo, que sacó a la Arauz del infierno; ni el Marión, que subió sobre el delfín y salió del mar como si viniera caballero sobre una mula de alquiler; ni el otro gran músico que hizo una ciudad que tenía cien puertas y otros tantos postigos, nunca inventaron mejor género de música, tan fácil de deprender, tan mañera de tocar, tan sin trastes, clavijas ni cuerdas, y tan sin necesidad de templarse; y aun voto a tal, que dicen que la inventó un galán desta ciudad, que se pica de ser un Héctor en la música.

 

Rinconete y Cortadillo en la Biblioteca UPM

 

Cervantes. Rinconete y Cortadillo (II)

Portada de Rinconete y Cortadillo de la primera edición de Novelas ejemplares, Madrid, 1613.

Ida la vieja, se sentaron todos alrededor de la estera, y la Gananciosa tendió la sábana por manteles; y lo primero que sacó de la cesta fue un grande haz de rábanos y hasta dos docenas de naranjas y limones, y luego una cazuela grande llena de tajadas de bacallao frito. Manifestó luego medio queso de Flandes, y una olla de famosas aceitunas, y un plato de camarones, y gran cantidad de cangrejos, con su llamativo de alcaparrones ahogados en pimientos, y tres hogazas blanquísimas de Gandul. Serían los del almuerzo hasta catorce, y ninguno dellos dejó de sacar su cuchillo de cachas amarillas, si no fue Rinconete, que sacó su media espada. A los dos viejos de bayeta y a la guía tocó el escanciar con el corcho de colmena.

 

Rinconete y Cortadillo en la Biblioteca UPM

 

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