La verdad sobre el caso Harry Quebert. Joël Dicker

Portada de La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joel DickerBarcelona: Circulo de Lectores, 2014
Título original: La Verité sur l’Affaire Harry Quebert
Trad. Juan Carlos Durán Romero
La verdad sobre el caso Harry Quebert en la Biblioteca UPM

 

Treinta años atrás en la ciudad de Aurora, New Hampshire, desapareció una quinceañera, Nola Kellergan. Nunca más se supo algo de ella. Pero el pasado vuelve y de forma accidental, su cuerpo es hallado en el jardín del escritor Harry Quebert. Junto al cuerpo, el manuscrito de la novela que le lanzo a la fama. Harry Quebert es detenido. Es el principal sospechoso. En realidad, siempre lo fue. Marcus Goldman, un escritor en crisis creativa, amigo de Harry trata de averiguar la verdad. Una verdad confusa, llena de secretos, de historias olvidadas que quizás es mejor no desenterrar. En Aurora alguien no quiere que Goldman busque esa verdad.

Eran aproximadamente las once de la noche cuando volví a Goose Cove. Al enfilar el pequeño sendero de grava que llevaba a la casa vi aparecer, a la luz de mis faros, una silueta enmascarada que se dio a la fuga por el bosque. Frené bruscamente y salté fuera del coche gritando, disponiéndome a perseguir al intruso. Pero en ese momento mi mirada se desvió, atraída por inmenso resplandor: algo estaba ardiendo cerca de la casa. Corrí a ver lo que pasaba: era el Corvette de Harry lo que ardía…No podía hacer nada. Todo iba a arder.

 

Solo en Berlín. Hans Fallada

Solo en Berlin. Hans Fallada Solo en Berlín

Hans Fallada

Trad. Rosa Pilar Blanco

Maeva

– Todos tiene miedo- decidió, despectivo, el de la camisa parda. ¿Por qué, en realidad? Si para ellos es la mar de sencillo, les basta con hacer lo que les decimos.

– Eso es porque la gente no puede dejar de pensar. Siempre creen que pensando avanzan.

– Pues solo tienen que obedecer. De pensar ya se encarga el Führer

El miedo lo invade todo, la desconfianza en todos y en todo está siempre presente. Una palabra equivocada, un gesto inadecuado puede llevarte a la cárcel o quizás a la muerte. Es el Berlín de principios de la guerra.  ¿Quién puede luchar contra esa maquinaria totalitaria?, todos son cómplices de una manera u otra. Colaborando activamente o mirando para otro lado, callando. Anna y Otto, hasta hace poco unos ciudadanos ejemplares en esa Alemania nazi, gente corriente sin grandes pretensiones deciden resistir, luchar. ¿Cómo?

La primera frase de nuestra primera postal dirá: ”Madre: El Führer ha matado a mi hijo…” Anna volvió a estremecerse. Había algo tan infausto, tan tétrico, tan decidido en esas palabras que Otto acababa de pronunciar…En ese instante comprendió que con esa primera frase él había declarado una guerra eterna y comprendió también de manera confusa lo que eso significaba: guerra entre ellos dos, unos pobres, pequeños, insignificantes trabajadores que con una palabra podían ser borrador para siempre, y al otro lado el Führer, el Partido con su enorme aparato de poder y su esplendor y tres cuartas, incluso cuatro quintas partes del pueblo alemán detrás.

Y ante ellos la maquinaria del Estado con todo su poder, sin piedad, friamente. Es la Gestapo, es el comisario Escherich.

Escherich cazaba…ese viejo criminalista era un verdadero cazador. Lo llevaba en la sangre. Cazaba personas igual que otros cazan jabalíes. Que los jabalíes y las personas tuvieran que morir al finalizar la cacería no lo conmovía. El jabalí estaba destinado a morir de ese modo, igual que las personas que escribían esas postales.

Extraños en un tren de Patricia Highsmith

Extraños en un tren. Patricia Highsmith

Anagrama: Barcelona

Traductor: Jordi Beltrán

Un tren avanza por las inmensas praderas en busca de un destino cualquiera. Es el escenario del primer acto. En él, dos pasajeros que no se conocen. Dos pasajeros como otros tantos. No se han visto antes, tienen distintas preocupaciones, ideas, gustos. Accidentalmente empiezan a hablar, a conocerse, a desvelar su vida al otro. Unas copas de whisky y las lenguas se desatan. Sus objetivos, sus incertidumbres, sus penas, sus preocupaciones, sus secretos.

Uno de ellos es Guy , es un tipo ordenado, con una vida convencional. Y con mucha ambición. Tiene un problema llamado Miriam. Es su mujer y no quiere divorciarse.

El otro se llama Bruno. Está en las antípodas de Guy y está enfermo. De maldad. El problema de Guy es su propio padre. Tiene una teoría, “una persona debería hacer todo cuanto sea posible hacer antes de morirse, y tal vez morir tratando de hacer algo que sea realmente imposible”, como  “cometer unos cuantos asesinatos perfectos”. Y quiere llevarla a cabo.

La red se está tejiendo. Los secretos se desvelan, el alma de cada uno se desnuda. Todo queda al conocimiento del otro. Y surge el plan.

¡oiga! ¡menuda idea se me ha ocurrido! Un asesinato por delegación, ¿comprende? ¡Yo mato a su esposa y usted se encarga de mi padre! Nos encontramos en el tren, ¿comprende?, y nadie sabe que nos conocemos. ¡nadie! ¡una coartada perfecta! ¿Qué le parece?

Ya no puede haber marcha atrás. Una palabra empieza a rondar por sus cabezas y no se marchará.
“Asesinato”
En 1951, Alfred Hitchcock llevo a la pantalla una adaptación de Estraños en un tren con un  guión en el que participó el mismísimo Raymond Chandler. Música del genial Dimitri Tiomkin y con Robert Walker y Farley Granger como protagonistas.

Centrada en obras de suspense y policiacas, Patricia Highsmith comenzó a escribir desde muy joven colaborando en revistas como Harper Bazar donde publicó su primer cuento. Fue la publicación de su primera novela, Extraños en un tren, la que le dio la fama. También consiguió gran éxito con las novelas de la serie sobre su personaje Tom Ripley.
Patricia Highsmith nació en la ciudad de Fort Worth, Texas, en 1921 y falleció en Suiza en 1995.

Cualquier persona es capaz de asesinar. Es puramente cuestión de circunstancias, sin que tenga absolutamente nada que ver con el temperamento. La gente llega hasta un límite determinado…y sólo hace falta algo, cualquier insignificancia, que les empuje a dar el salto. Cualquier persona.

Patricia Highsmith en la Biblioteca UPM