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La mujer del cartógrafo, de Robert Whitaker

La mujer del cartógrafo
Robert Whitaker
Barcelona, Océano, 2004

En la Biblioteca Campus Sur tuvo lugar entre los meses de noviembre-diciembre de 2012 la exposición titulada “Europa en mapas”. Con este motivo se seleccionaron una serie de obras relacionadas con el mundo de la cartografía, tanto técnicas como literarias. Entre estas últimas se incluyó ”La mujer del cartógrafo”, una obra literaria que además tiene un buen nivel científico.

 

 

Whitaker nos sitúa a principios del siglo XVIII en una Europa inmersa en el espíritu de la Ilustración donde se “discutía” sobre la forma de la Tierra; podemos decir que era el tema de actualidad entre los científicos, enfrentando a newtonianos y cartesianos. Ya se sabía que la Tierra era un elipsoide pero todavía no estaba claro si estaba achatada en los polos (postura inglesa defendida por Newton) o en el ecuador (postura francesa defendida por Cassini). En este ambiente la Academia de Ciencias de París decidió enviar dos expediciones para que llevasen a cabo la medición de un arco de meridiano. Una iría al Círculo Polar y otra, dirigida por Charles-Marie de la Condomine, Pierre Bourguer y Louis Goudin y en la que participan los españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa, al ecuador (cerca de Quito). Estamos en el año 1735.

“La mujer del cartógrafo” nos introduce en este ambiente científico y nos lleva también de expedición a América como un miembro más. Entre los expedicionarios se encuentra Jean Godin quien casará con Isabel Gramesón y es ella la que protagonizará la hazaña de atravesar el alto Amazonas, partiendo de Perú, al encuentro de su marido que se encontraba en la Guayana francesa. Isabel comienza su viaje en el año 1769 y no se reencontrará con su marido hasta el año siguiente tras incontables penalidades y muerte de sus acompañantes. Jean Godin e Isabel Gramesón llegaron a Francia en 1773.

El libro no es solo el relato de este viaje y de la relación entre Isabel y Jean sino también el relato del trabajo científico y las penurias que pasaron los componentes de la expedición para lograr el objetivo marcado.

 

Robert Whitaker en la Biblioteca UPM

 

Pilar Díaz Asensio

 

Descripción del Egipto otomano. Pablo Martín Asuero.

Cubierta de Descripción del Egipto otomano según las crónicas de viajeros españoles, hispanoamericanos y otros textos (1806-1924). Pablo Martín AsueroDescripción del Egipto otomano según las crónicas de viajeros españoles, hispanoamericanos y otros textos (1806-1924)

Pablo Martín Asuero

Miraguano

2006

El primer contacto visual directo de mi vida con el arte egipcio fue en el Museo del Louvre, no lo puedo olvidar. Allí un verano pretérito me topé, por sorpresa, con una esfinge de granito rosa en una salita privada y semioscura. La impresión fue tan tremenda que no pude evitar dar un grito. Aquella cosa irradiaba una fuerza, una solemnidad  y una Esfinge de granito de Tanis (Museo del Louvre)emoción imponentes que no tenia nada de lo que había visto hasta entonces.

Esa fascinación  y mucha más  sorpresa la sintieron sin duda   los viajeros españoles que descubrieron Egipto en el siglo XIX y principios del XX.

Hay que tener en cuenta, para entender muchos de los comentarios que recoge este libro, que ellos no llevaban información previa sobre lo que les esperaba en Egipto, eran los inicios de la fotografía.

  Bienvenidos sean estos testimonios curiosos de viajes, no de extrajeros por España -la perspectiva más común- sino lo contrario, de españoles e hispanoamericanos por Egipto, un mundo entonces muy lejano y que fue el gran destino de moda.

La apertura del Canal de Suez -en la suntuosa ceremonia de innauguración estuvo Eugenia de Montijo- puso de actualidad Egipto. Este acontecimiento unido a los descubrimientos arqueológicos, las exposiciones de piezas encontradas y El industrial catalán Antoni Amatller y su hija.las múltiples publicaciones sobre el país que se editaron entonces animaron a muchos europeos a visitar la tierra de los faraones.

Los españoles que cuentan sus impresiones en este libro son cónsules, embajadores, espias, burgueses con dinero, escritores como Blasco Ibañez y diversos profesionales que visitaron la zona por motivos de trabajo.

Van dos pinceladas de las muchas que ofrece este libro de viajes diferente y lleno de interés.

Sobre las sorprendentes vestimentas:

Cuando van por la calle visten un manto negro, a la manera de fantasma, que les cubre la cabeza y les llega hasta los piés: debajo del manto  llevan una toca semejante a la que llevan las monjas.

Tampoco faltan los consejos prácticos sobre los trayectos cortos.  Este sobre las travesias por el Nilo :

En cada vapor hay un saloncito angosto para las señoras y otro para los hombres con sofás corridos. Cada uno duerme en el asiento que le toca, si no se descuida en ocuparlo y tomar posesión de él cuando llega al vapor.

Viajes por Europa, de Emilia Pardo Bazán

Tarjeta postal de la exposición Universal de 1889Viajes por Europa

Emilia Pardo Bazán

Bercimuel

2003

Nunca había leído a Emilia Pardo Bazán.

Quizás prejuicios. Tanto los datos que sabía de ella -introductora del naturalismo, retrato de ambientes rurales de la Galicia del siglo XIX-  como  las  fotos que había visto,  en las que resultaba muy antigua y siempre una mujer muy mayor… nada animaba a leerla.

Por razones de trabajo, preparando una exposición, me tuve que leer un libro suyo titulado Al pie de la Torre Eiffel en el que se recopilan las crónicas que mandaba a varios periódicos (era tambien periodista) desde el París de la Exposición Universal de 1889. Desde  aquella magna exposición  en la que se erigió la Torre Eiffel y la gran Galería de Máquinas.

En el libro Doña Emilia  lo cuenta todo. Cómo era el recinto, cómo moverse por los  pabellones, los espectáculos nocturnos, la moda que lucían de las francesas, el desarrollo industrial…, todo con una prosa de calidad y una frescura que me sorprendieron.

Galería de Máquinas. Exposicion Universal de París 1889

Solo de entrar en la Galería de Máquinas y ver el incesante y periódico vaivén de tanto artilugio, me entra un malestar, un desasosiego, un azoramiento físico que se convierte pronto en sufrimiento y en alteración nerviosa. Las máquinas sudan, gimen, trabajan con una tenacidad sombría e implacable.

Aquella exposición tuvo ingredientes verdaderamente extraordinarios y una gran carga política, ya que coincidió, en una desacertada casualidad, con el aniversario de la Revolución Francesa y varios paises europeos, Alemania, Italia, Austria-Hungría… no quisieron participar celebrando nada en semejante fecha y en París.

Escalera para subir a la Torre Eiffel. Exposición universal de 1889.Y gracias a la Torre Eiffel fue la ocasión de subir tan alto como nunca se había podido subir, andando o en ascensor. Doña Emilia, mujer valiente y amante del progreso, probó el ascensor y nos lo describe en una crónica altamente recomendable.

Al empezar la temible ascensión,  cuenta cómo miraba asombrada el alejarse de los coches de tiro, pero a los pocos segundos ya no veía ni al cochero ni al caballo, así es que habia que mirar al frente y  -¡estupor!- lo que se veía perfectamente era  ¡Versalles!.

La edición de Bercimuel recoge varios de los muchísmos viajes que hizo por Europa Cubierta de Viajes por Europa. Emilia Pardo Bazánesta mujer interesada por todo, que escribió novelas, ensayo literario, poesía, que se ocupó de la educación de las mujeres, que disfrutó de todo lo que se le puso por delante y que conquistó entre otros al mismísimo Pérez Galdós.

Emila Pardo Bazán en la Biblioteca UPM

Viaje a la Alcarria / Camilo José Cela

Cubierta de Viaje a la Alcarria, Camilo José CelaViaje a la Alcarria

Camilo José Cela

Austral, 2010

 

Este es un libro muy original, completamente diferente a todos los libros de viajes. Sorprende desde el principio la técnica narrativa. Cela no cuenta lo que recuerda, lo que piensa, ni lo que opina sobre la Alcarria, cuenta lo que ve. No es un cuento ni una historia, es un documental etnológico de la Alcarria filmado conCubierta de Viaje a la Alcarria, Camilo José Cela palabras.

Su gozosa origininalidad tiene también que ver el concepto que hoy tenemos del viaje. Los lugares son mas  interesantes cuanto mas lejos estén. ¿Sabemos mirar lo próximo?.

Este documental  se rodó en 1947 y  tiene el ritmo que marca el paso del escritor porque el viaje lo hizo andando.

Veinte o veinticinco kilómetros al día. Una legua andando y otra de descanso, otra legua y otra ahora de descanso.

Contar lo que uno ve andando por los caminos y  hablando con la gente que te vas encontrando no es lo mismo que conocer el paisaje através de la ventanilla de un coche o la terraza de un hotel. Cela entra en el paisaje.Tendilla

Muchas veces su mirada es poética describiendo el campo de la Alcarria : lomas, cerros, cielos, entonces era un campo habitado. Comparte su vino con pastores  y le llevan en carro desde Torija a Trijueque. Todo lo que sucede es de una naturalidad, de una realidad que descoloca y sobre todo muy ilustrativo sobre como eran las cosas y las personas entonces,  un  hermoso documento sobre una España que ya no existe.

A Pastrana llega el viajero con las últimas luces de la tarde. Es mala hora para entrar en el pueblo y el viajero decide buscarse un alojamiento, cenar, echarse a dormir y dejarlo todo para el día siguiente. La luz de la mañana es mejor, más propicia para esto de andar vagando por los pueblos, hablando con la gente, mirando para las cosas, apuntando de cuando en cuando alguna impresión en un cuadernito.

La España que dibuja Cela es la que pintaron Benjamín Palencia, y Rafael Zabaleta. La de Ignacio Aldecoa y Rafael Sánchez Ferlosio.Benjamín Palencia

Camino del matadero pasan unas ovejas calvas, mugrientas, que llevan una B pintada en rojo sobre el lomo.

Camilo José Cela en la Biblioteca UPM

El sueño de África, de Javier Reverte

El sueño de África. Javier Reverte

Barcelona: DeBOLSILLO, 2009

“Mire al otro lado, hacia el Ngorongoro, quieto allí desde los lejanos días de la Creación, el  único tesoro que nos resta de lo que pudo ser el Jardín del Edén”

El sueño de África no es un libro de aventuras. Tampoco es un libro de viajes. En realidad, El sueño de África es un libro sobre los sueños.

Los sueños de aquellos que sintieron la llamada de ese continente en sus corazones, en su espíritu.  De aquellos que buscaron fortuna, riqueza, reconocimiento, prestigio, descubrimientos de nuevas    tierras y gentes. O simplemente, los sueños de aquellos que buscaron una razón, un propósito para  su existencia.

Javier Reverte hilvana historias del pasado y del presente. A la par que nos narra su viaje por Tanzania, Uganda y Kenia, nos cuenta historias pretéritas, los grandes descubrimientos, los pioneros en la exploración del continente, las luchas por la independencia, las historias de la esclavitud.

Pero también narra con destreza, las pequeñas historias que han hecho de África un continente vivo, mágico, hechizante. Un continente que llora y rie.

El sueño de África es el sueño del Coronel Patterson que cazaba leones devoradores de hombres mientras se construía el tren lunático.

El sueño de Ridder Haggard que plasmó en Las minas del Rey Salomón o de Edgar Rice Burroughs en sus novelas de Tarzán o  el de Hemingway de Las verdes colinas de África o Las Nieves del Kilimanjaro. O el de Karen Blixen y sus Memorias de África.

“Los acontecimientos que yo presencié no pueden ser revividos. Nadie verá otra vez las grandes manadas de elefantes conducidas por enorme machos de colmillos que pesaban ciento cincuenta libras cada uno. Nadie escuchará los gritos de guerra de los masai mientras sus lanceros avanzan en la espesura buscando a los leones que han devorados sus vacas. Muy pocos podrán decir que entraron en un territorio que ningún hombre blanco había visto antes que ellos. La vieja África se ha ido y yo la he visto irse.“ (John Hunter)

El sueño de África es el sueño del Dr. Livingstone, el de Richard Burton y John Speke en su búsqueda de las fuentes del Nilo, el de Henry Morton Stanley y el de otros tantos exploradores que se adentraron en aquellas inhóspitas tierras tratando de descubrir sus secretos.

Es el sueño de William Cornwallis Harris, el de William Cotton Oswell que fue el primer hombre que cazó elefantes a pie, el de Frederik Selous que siendo niño ya quería ser cazador y consideraba que “no hay nada como disparar a pie contra un elefante para tener tu sangre en buen estado”. Es el sueño de Phil Percival que era el mejor cazando leones a caballo, el de Denys Finch-Hatton, John Hunter y otros legendarios cazadores que buscaron en esas tierras tan lejanas su camino, su destino, su lugar en el mundo.

“Recordé otra vez las palabras que Joseph Thomson dijo poco antes de morir: Estoy condenado a ser un vagabundo. No soy un constructor de imperios, no soy un misionero, en realidad ni siquiera soy un científico. Lo que verdaderamente quiero es volver a África y seguir vagando de un lado a otro”

Javier Reverte en la Biblioteca de la UPM.

 

Leviatán o la ballena, Philip Hoare

Cubierta de Leviatán o la ballena, de Philip HoareLeviatán o la ballena, Philip Hoare
Barcelona: Ático de los libros, 2010

Traducción: Joan Eloi Roca

Leviathan or the whale (2008)

Este es un libro de esos que no se pueden dejar de leer una vez se empiezan, porque la fascinación y el entusiasmo que demuestra Philip Hoare por el universo de las ballenas, sus diferentes especies, sus costumbres y su fatídica relación con la curiosidad y la codicia humanas, se transmiten pronto al lector. “Quizás es porque casi nací bajo el agua”, confiesa al comienzo del primer capítulo de una obra en la que, al tiempo que recorre la geografía tanto real como imaginaria de las ballenas, el autor está explorando los motivos de su propia obsesión por ellas.

Cuando cierro los ojos, veo a esos enormes animales que entran y salen nadando de mi campo de visión hacia el azul oscuro de abajo; las mismas criaturas que acabaron convirtiéndose en la obsesión del ambiguo narrador de Melville, “y entre las insensatas vanidades que me impulsaron hacia mi propósito, flotaban, allá en lo más recóndito de mi alma, de dos en dos, interminables procesiones de ballenas”. En mi propio e incierto viaje, mi objetivo era descubrir por qué yo también estaba obsesionado por la ballena, con la expresión de desamparo en el rostro de la beluga, con la imponente aleta de la orca, con las insistentes imágenes que aparecían en mi cabeza. Como Ismael, me veía arrastrado de vuelta al mar, temeroso de lo que albergaban sus profundidades pero también eternamente intrigado.

Lámina de la “Historia animalium” de Konrad Gessner

Lámina de la “Historia animalium” del naturalista suizo Konrad Gessner, editada en 4 volúmenes entre 1551 y 1558

A bordo de su lectura navegaremos por los puertos balleneros de Nueva Inglaterra, desde New Bedford hasta Nantucket; veremos cómo se configuraron las ciudades que los albergaban y de qué modo evolucionó el negocio del aceite de ballena (el esperma era el petróleo de la época), desde sus orígenes heroicos hasta los recientes métodos de caza masiva. Visitaremos museos, exposiciones, mansiones cuyos antiguos señores no renunciaron a la moda de exhibir en el salón el esqueleto de uno de estos increíbles cetáceos. Siguiendo los pasos de Ismael en la novela Moby Dick y los de su autor, Herman Melville, Philip Hoare nos acerca a la aventura de la caza de ballenas; a las técnicas de procesamiento del aceite a bordo de los balleneros en alta mar; a los mitos sobre gente tragada y escupida por el animal; a los avistamientos de otros vecinos fabulosos de las ballenas como los calamares gigantes o las interminables serpientes marinas; a la inmensa tragedia de los varamientos de ballenas; a los insólitos usos que se le han dado a las entrañas de estos monstruos antiguos, como suelas de zapato, margarina o cosméticos; a la caza feroz e indiscriminada que ha empujado a las ballenas al borde de la extinción en el siglo XX.

Cartel película Moby Dick, con Gregory Peck

Este trabajo (a medio camino entre el ensayo y la literatura) se acompaña de numerosas ilustraciones, grabados y fotografías que, además de amenizar su lectura, le ponen un escenario incomparable al recorrido histórico por la industria ballenera.

Leviatán o la ballena obtuvo el premio BBC Samuel Johnson al mejor libro de no ficción en 2009.

Herman Melville en las Bibliotecas de la UPM

De techo y olla : alojamiento y cocina en los libros de viaje por España de Ángel Martínez Salazar

Cubierta de De techo y olla, alojamiento y cocina en los libros de viaje por EspañaDe techo y olla : alojamiento y cocina en los libros de viaje por España

Ángel Martínez Salazar

Miraguano

2002

Muchas veces leyendo, siempre asombrada, las impresiones que  España causaba en los viajeros de otros paises que nos visitaron durante el siglo XIX  me he sentido mas interesada por los detalles del viaje en sí que por las descripciones de las ciudades o de los monumentos. Las diligencias, los arrieros, los peligrosos  caminos  y desde luego el mundo de las ventas y posadas.

Este libro viene a ilustrar esa jugosa perspectiva del viaje  con multiples pinceladas y testimonios correspondientes a viajeros desde el siglo XVI al XX. Discurren por nuestros caminos, y se alojan en las posadas y ventas,  alemanes, rusos, americanos, polacos, ingleses y desde luego franceses que serán los críticos mas implacables.

La comida servida en las posadas es como los dueños, de salir por piernas y tomar las de Villadiego.

Pintura: Alejandro de Loarte. Cocina. Rijksmuseum

Entre los viajeros que narran en este libro sus experiencias de cuchara y cama  en España aparecen nombres muy conocidos como la marquesa D’Aulnoy, Prosper Mérimée, Alejandro Dumas, Théophile Gautier, George Borrow……….

La mayor parte de ellos considera la comida mala y escasa y casi todos coinciden en que lo peor de las mesas españolas era el olor rancio del aceite que se utilzaba para guisar.

Robert Southey (1774-1843) comenta lo siguiente:

En este pais de olivos le envenenan a uno con el aceite más infame, la razón es que dejan que el fruto se vuelva rancio antes de prensarlo y sacarle el jugo.

Algunos datos :  muchos  propietarios de viejas posadas eran extranjeros, se servía chocolate para desayunar  y  la mayoria de las veces son los viajeros los que deben llevar la comida  ya que en las ventas solo les prestan los utensilios para poderlos guisar. Cada uno debía llevar su cuchillo y su cuchara si quería comer, los españoles los llevaban en la faja…. . muchos lo llevaban, Humboldt,  Pintura: Velazquez. El almuerzo. Museo del HermitageGautier, Alejandro Dumas ….

Dumas que vino a España como cronista oficial de la boda de su amigo el duque de Montpensier con la infanta Luisa Fernanda y la de Isabel II con Francisco de Asís de Borbón, relata su experiencia con el plato nacional, el puchero. Se queja de la falta de imaginación que supone el encontrar en todos los lugares el  mismo guiso aunque con distinto nombre: olla, puchero, cocido…

El puchero es el alimento nacional. Se compone de vaca, un trozo de cordero, una gallina y trozos de un salchichón que llaman chorizo, todo ello acompañado de tocino, jamón, tomates, azafrán y col

Pero no todos los franceses son críticos con nuestras  mesas, figones y posadas. Théophile Gautier nos deja este tranqulizador párrafo:

Hasta ahora nosotros no hemos podido justificar los reproches de suciedad y desaliño que suelen hacer los viajeros a las posadas españolas, aún no hemos encontado escorpiones en nuestra cama, y los insectos anunciados no aparecen.

Atrapados en el hielo, de Caroline Alexander

Atrapados en el hielo, Caroline Alexander.

Barcelona: Planeta, 2004

El 8 de agosto de 1914 veintisiete hombres capitaneados por Ernest Shackleton partieron del puerto de Plymouth. Su destino, quince mil kilómetros más al sur, la Antártida.

La Expedición Imperial Trans-antártica tenía como objetivo cruzar desde la bahía de Vahsel hasta el mar de Ross en el extremo opuesto del continente cruzando el polo. Tres mil kilómetros de una peligrosa travesía que sin embargo no pudieron ni siquiera iniciar.

Cuando se encontraban cerca del punto de partida en la bahía Vahsel, el océano helado, como si fuese un animal furioso, atrapó entre sus fauces al Endurance y no le permitió seguir. Atrapados en el hielo nos cuenta su epopeya. Veintisiete hombres iniciaron una nueva aventura, la más importante de sus vidas, sobrevivir.

Caroline Alexander nos describe de forma apasionada la lucha diaria de esos hombres por la vida, por no perecer en un mundo inhóspito, salvaje  pero también hermoso, de una hermosura hipnótica que puede llevar a quien osa adentrarse por él, al abismo.

Refugiados en el barco, Shackleton lucha no solo contra las condiciones ambientales adversas sino también contra la desesperanza, el abatimiento de sus hombres.

Transcurridos días refugiados en el barco, el océano implacable reclama su trofeo. El hielo oprime el casco del buque y termina hundiéndolo. Se inicia entonces un viaje épico en trineo y posteriormente en bote con el objetivo de llegar a la isla del Elefante en las Shetland del Sur. Una vez llegados allí, Shackleton en compañía de cinco hombres iniciará un arriesgadísimo viaje en un pequeño bote hasta la isla de San Pedro en las Georgias del Sur donde al fin encontrarán  ayuda.

Atrapados en el hielo nos atrapa a nosotros también, con sus palabras, que nos lleva a mundos inhóspitos donde solo una fe inquebrantable en uno mismo puede hacer sobrevivir a una persona. Pero no solo nos atrapan sus letras sino también sus imágenes. Atrapados en el hielo está lleno de imágenes tomadas por Frank Hurley, fotógrafo australiano integrante de la expedición, rebosantes de magia, de vida y de muerte, la que se puede atisbar por ejemplo en ese barco varado, inmóvil, a la espera de la liberación o del fin.

 

 

 

 

 

 

 

Atrapados en el hielo en la Biblioteca de la UPM.

Jordi Esteva – Los árabes del mar : tras la estela de Simbad…

los-árabes-del-mar--cubierta

"África, Asia y Arabia se mezclaban en mil y una combinaciones posibles. Los porteadores con los objetos más inverosímiles a sus espaldas y las carretas tiradas por asnos trataban de abrirse paso entre la variopinta muchedumbre. En aquel mundo sin ruido de motores, uno tenía la ilusión de estar fuera del tiempo" (p. 432).

 

 

 

Jordi Esteva:

Los árabes del mar : tras la estela de Simbad : de los puertos de Arabia a la isla de Zanzíbar.

Barcelona: Península, 2006.

He dado con él siguiendo las recomendaciones procedentes de algún apasionado por África, algún cooperante, algún viajero incansable de preferencias asiáticas… En fin, si os atreveis con este medio tocho podríamos concluir si esas indicaciones, junto con la presente, tuvieron fundamento.

El caso es que el libro da mucho más de lo que su título inicial daría que pensar. Cuando oímos hablar del Océano Índico solemos imaginar destinos paradisíacos de un exotismo chocante. Más recientemente este gran mar ha venido a evocar realidades muy negativas, como la contaminación de sus aguas, el esquilme de sus recursos pesqueros y la cruda violencia de la piratería contemporánea. Luego está la India, el país central que le da al Océano su propio nombre y que tantas filias -de diverso pelaje y calidad- despierta en el mundo llamado occidental.

Sin embargo es raro encontar obras de nivel divulgativo y no demasiado académico que introduzcan en este ámbito poniendo en relación los diversos países ribereños y explicando sus mutuos e interesantes contactos culturales. Jordi Esteva tiene una gran experiencia previa en el mundo árabe en general, materializada en reportajes, artículos y trabajos fotográficos. Este libro suyo cubre una suerte de triángulo comprendido entre Sudán y el Mar Rojo en un vértice, el Golfo Pérsico en otro, y finalmente las ciudades e islas costeras de África oriental que fueron colonizadas por los marinos de Yemen y Omán en el pasado. Estas relaciones fueron en cierta medida sepultadas después por el tsunami del colonialismo y los intereses geopolíticos europeos; y además este proceso vino a coincidir con el declive y cuasi desaparición de la gran navegación preindustrial a vela. A tenor de la experiencia relatada por Esteva, esto ha dado lugar a la aparición de un fenómeno de nostalgia cultural que une ambas orillas -la árabe y la africana mestizada-, y que recuerda en algunos aspectos  y en otro contexto la ambivalente y agridulce relación entre los países ibéricos y América Latina.

En su contra "Los árabes del mar" adolece de una óptica quizás excesivamente arabocéntrica: etíopes, indios y persas como comparsas; portugueses y británicos poco favorecidos; más un gran agujero neutro para la desdichada Somalia. En algunos pasajes se puede llegar a sospechar si el autor no está poniendo en boca de los personajes retratados sus propias reflexiones y conocimientos. Pero en su haber se cuenta una gran minuciosidad y una gran calidad de escritura, que captura en seguida el interés y la atención del lector. No olvidemos que se trata de un simple, pero gran libro de viajes.

Obras de Jordi Esteva en: Bibliotecas de la UPM

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