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Viaje a la Alcarria / Camilo José Cela

Viaje a la Alcarria

Camilo José Cela

Austral, 2010

 

Este es un libro muy original, completamente diferente a todos los libros de viajes. Sorprende desde el principio la técnica narrativa. Cela no cuenta lo que recuerda, lo que piensa, ni lo que opina sobre la Alcarria, cuenta lo que ve. No es un cuento ni una historia, es un documental etnológico de la Alcarria filmado con palabras.

Su gozosa origininalidad tiene también que ver el concepto que hoy tenemos del viaje. Los lugares son mas  interesantes cuanto mas lejos estén. ¿Sabemos mirar lo próximo?.

Este documental  se rodó en 1947 y  tiene el ritmo que marca el paso del escritor porque el viaje lo hizo andando.

Veinte o veinticinco kilómetros al día. Una legua andando y otra de descanso, otra legua y otra ahora de descanso.

Contar lo que uno ve andando por los caminos y  hablando con la gente que te vas encontrando no es lo mismo que conocer el paisaje através de la ventanilla de un coche o la terraza de un hotel. Cela entra en el paisaje.

Muchas veces su mirada es poética describiendo el campo de la Alcarria : lomas, cerros, cielos, entonces era un campo habitado. Comparte su vino con pastores  y le llevan en carro desde Torija a Trijueque. Todo lo que sucede es de una naturalidad, de una realidad que descoloca y sobre todo muy ilustrativo sobre como eran las cosas y las personas entonces,  un  hermoso documento sobre una España que ya no existe.

A Pastrana llega el viajero con las últimas luces de la tarde. Es mala hora para entrar en el pueblo y el viajero decide buscarse un alojamiento, cenar, echarse a dormir y dejarlo todo para el día siguiente. La luz de la mañana es mejor, más propicia para esto de andar vagando por los pueblos, hablando con la gente, mirando para las cosas, apuntando de cuando en cuando alguna impresión en un cuadernito.

 

La España que dibuja Cela es la que pintaron Benjamín Palencia, y Rafael Zabaleta. La de Ignacio Aldecoa y Rafael Sánchez Ferlosio.

 

Camino del matadero pasan unas ovejas calvas, mugrientas, que llevan una B pintada en rojo sobre el lomo.

 

Obras de Camilo J. Cela en las Bibliotecas UPM

 

 María José Rodulfo

El sueño de África, de Javier Reverte

El sueño de África. Javier Reverte

Barcelona: DeBOLSILLO, 2009

“Mire al otro lado, hacia el Ngorongoro, quieto allí desde los lejanos días de la Creación, el  único tesoro que nos resta de lo que pudo ser el Jardín del Edén”

El sueño de África no es un libro de aventuras. Tampoco es un libro de viajes. En realidad, El sueño de África es un libro sobre los sueños.

Los sueños de aquellos que sintieron la llamada de ese continente en sus corazones, en su espíritu.  De aquellos que buscaron fortuna, riqueza, reconocimiento, prestigio, descubrimientos de nuevas    tierras y gentes. O simplemente, los sueños de aquellos que buscaron una razón, un propósito para  su existencia.

Javier Reverte hilvana historias del pasado y del presente. A la par que nos narra su viaje por Tanzania, Uganda y Kenia, nos cuenta historias pretéritas, los grandes descubrimientos, los pioneros en la exploración del continente, las luchas por la independencia, las historias de la esclavitud.

Pero también narra con destreza, las pequeñas historias que han hecho de África un continente vivo, mágico, hechizante. Un continente que llora y rie.

El sueño de África es el sueño del Coronel Patterson que cazaba leones devoradores de hombres mientras se construía el tren lunático.

El sueño de Ridder Haggard que plasmó en Las minas del Rey Salomón o de Edgar Rice Burroughs en sus novelas de Tarzán o  el de Hemingway de Las verdes colinas de África o Las Nieves del Kilimanjaro. O el de Karen Blixen y sus Memorias de África.

“Los acontecimientos que yo presencié no pueden ser revividos. Nadie verá otra vez las grandes manadas de elefantes conducidas por enorme machos de colmillos que pesaban ciento cincuenta libras cada uno. Nadie escuchará los gritos de guerra de los masai mientras sus lanceros avanzan en la espesura buscando a los leones que han devorados sus vacas. Muy pocos podrán decir que entraron en un territorio que ningún hombre blanco había visto antes que ellos. La vieja África se ha ido y yo la he visto irse.“ (John Hunter)

El sueño de África es el sueño del Dr. Livingstone, el de Richard Burton y John Speke en su búsqueda de las fuentes del Nilo, el de Henry Morton Stanley y el de otros tantos exploradores que se adentraron en aquellas inhóspitas tierras tratando de descubrir sus secretos.

Es el sueño de William Cornwallis Harris, el de William Cotton Oswell que fue el primer hombre que cazó elefantes a pie, el de Frederik Selous que siendo niño ya quería ser cazador y consideraba que “no hay nada como disparar a pie contra un elefante para tener tu sangre en buen estado”. Es el sueño de Phil Percival que era el mejor cazando leones a caballo, el de Denys Finch-Hatton, John Hunter y otros legendarios cazadores que buscaron en esas tierras tan lejanas su camino, su destino, su lugar en el mundo.

“Recordé otra vez las palabras que Joseph Thomson dijo poco antes de morir: Estoy condenado a ser un vagabundo. No soy un constructor de imperios, no soy un misionero, en realidad ni siquiera soy un científico. Lo que verdaderamente quiero es volver a África y seguir vagando de un lado a otro”

Javier Reverte en la Biblioteca de la UPM.

 

 

Leviatán o la ballena, Philip Hoare

Leviatán o la ballena, de Philip HoareLeviatán o la ballena, Philip Hoare
Barcelona: Ático de los libros, 2010

Traducción: Joan Eloi Roca

Leviathan or the whale (2008)

Este es un libro de esos que no se pueden dejar de leer una vez se empiezan, porque la fascinación y el entusiasmo que demuestra Philip Hoare por el universo de las ballenas, sus diferentes especies, sus costumbres y su fatídica relación con la curiosidad y la codicia humanas, se transmiten pronto al lector. “Quizás es porque casi nací bajo el agua”, confiesa al comienzo del primer capítulo de una obra en la que, al tiempo que recorre la geografía tanto real como imaginaria de las ballenas, el autor está explorando los motivos de su propia obsesión por ellas.

Cuando cierro los ojos, veo a esos enormes animales que entran y salen nadando de mi campo de visión hacia el azul oscuro de abajo; las mismas criaturas que acabaron convirtiéndose en la obsesión del ambiguo narrador de Melville, “y entre las insensatas vanidades que me impulsaron hacia mi propósito, flotaban, allá en lo más recóndito de mi alma, de dos en dos, interminables procesiones de ballenas”. En mi propio e incierto viaje, mi objetivo era descubrir por qué yo también estaba obsesionado por la ballena, con la expresión de desamparo en el rostro de la beluga, con la imponente aleta de la orca, con las insistentes imágenes que aparecían en mi cabeza. Como Ismael, me veía arrastrado de vuelta al mar, temeroso de lo que albergaban sus profundidades pero también eternamente intrigado.

Lámina de la “Historia animalium” de Konrad Gessner

Lámina de la “Historia animalium” del naturalista suizo Konrad Gessner, editada en 4 volúmenes entre 1551 y 1558

A bordo de su lectura navegaremos por los puertos balleneros de Nueva Inglaterra, desde New Bedford hasta Nantucket; veremos cómo se configuraron las ciudades que los albergaban y de qué modo evolucionó el negocio del aceite de ballena (el esperma era el petróleo de la época), desde sus orígenes heroicos hasta los recientes métodos de caza masiva. Visitaremos museos, exposiciones, mansiones cuyos antiguos señores no renunciaron a la moda de exhibir en el salón el esqueleto de uno de estos increíbles cetáceos. Siguiendo los pasos de Ismael en la novela Moby Dick y los de su autor, Herman Melville, Philip Hoare nos acerca a la aventura de la caza de ballenas; a las técnicas de procesamiento del aceite a bordo de los balleneros en alta mar; a los mitos sobre gente tragada y escupida por el animal; a los avistamientos de otros vecinos fabulosos de las ballenas como los calamares gigantes o las interminables serpientes marinas; a la inmensa tragedia de los varamientos de ballenas; a los insólitos usos que se le han dado a las entrañas de estos monstruos antiguos, como suelas de zapato, margarina o cosméticos; a la caza feroz e indiscriminada que ha empujado a las ballenas al borde de la extinción en el siglo XX.

Moby Dick, con Gregory Peck

Este trabajo (a medio camino entre el ensayo y la literatura) se acompaña de numerosas ilustraciones, grabados y fotografías que, además de amenizar su lectura, le ponen un escenario incomparable al recorrido histórico por la industria ballenera.

Leviatán o la ballena obtuvo el premio BBC Samuel Johnson al mejor libro de no ficción en 2009.

Herman Melville en las Bibliotecas de la UPM

De techo y olla : alojamiento y cocina en los libros de viaje por España de Ángel Martínez Salazar

De techo y olla : alojamiento y cocina en los libros de viaje por España

Ángel Martínez Salazar

Miraguano

2002

Muchas veces leyendo, siempre asombrada, las impresiones que  España causaba en los viajeros de otros paises que nos visitaron durante el siglo XIX  me he sentido mas interesada por los detalles del viaje en sí que por las descripciones de las ciudades o de los monumentos. Las diligencias, los arrieros, los peligrosos  caminos  y desde luego el mundo de las ventas y posadas.

 

Este libro viene a ilustrar esa jugosa perspectiva del viaje  con multiples pinceladas y testimonios correspondientes a viajeros desde el siglo XVI al XX. Discurren por nuestros caminos, y se alojan en las posadas y ventas,  alemanes, rusos, americanos, polacos, ingleses y desde luego franceses que serán los críticos mas implacables.

 

La comida servida en las posadas es como los dueños, de salir por piernas y tomar las de Villadiego.

 

Entre los viajeros que narran en este libro sus experiencias de cuchara y cama  en España aparecen nombres muy conocidos como la marquesa D'Aulnoy, Prosper Mérimée, Alejandro Dumas, Théophile Gautier, George Borrow……….

La mayor parte de ellos considera la comida mala y escasa y casi todos coinciden en que lo peor de las mesas españolas era el olor rancio del aceite que se utilzaba para guisar.

Robert Southey (1774-1843) comenta lo siguiente:

En este pais de olivos le envenenan a uno con el aceite más infame, la razón es que dejan que el fruto se vuelva rancio antes de prensarlo y sacarle el jugo.

Algunos datos :  muchos  propietarios de viejas posadas eran extranjeros, se servía chocolate para desayunar  y  la mayoria de las veces son los viajeros los que deben llevar la comida  ya que en las ventas solo les prestan los utensilios para poderlos guisar. Cada uno debía llevar su cuchillo y su cuchara si quería comer, los españoles los llevaban en la faja…. . muchos lo llevaban, Humboldt,  Gautier, Alejandro Dumas ….

 

Dumas que vino a España como cronista oficial de la boda de su amigo el duque de Montpensier con la infanta Luisa Fernanda y la de Isabel II con Francisco de Asís de Borbón, relata su experiencia con el plato nacional, el puchero. Se queja de la falta de imaginación que supone el encontrar en todos los lugares el  mismo guiso aunque con distinto nombre: olla, puchero, cocido…

 

El puchero es el alimento nacional. Se compone de vaca, un trozo de cordero, una gallina y trozos de un salchichón que llaman chorizo, todo ello acompañado de tocino, jamón, tomates, azafrán y col

 

Pero no todos los franceses son críticos con nuestras  mesas, figones y posadas. Théophile Gautier nos deja este tranqulizador párrafo:

 

Hasta ahora nosotros no hemos podido justificar los reproches de suciedad y desaliño que suelen hacer los viajeros a las posadas españolas, aún no hemos encontado escorpiones en nuestra cama, y los insectos anunciados no aparecen.

Atrapados en el hielo, de Caroline Alexander

 

Atrapados en el hielo, Caroline Alexander.

Barcelona: Planeta, 2004

El 8 de agosto de 1914 veintisiete hombres capitaneados por Ernest Shackleton partieron del puerto de Plymouth. Su destino, quince mil kilómetros más al sur, la Antártida.

La Expedición Imperial Trans-antártica tenía como objetivo cruzar desde la bahía de Vahsel hasta el mar de Ross en el extremo opuesto del continente cruzando el polo. Tres mil kilómetros de una peligrosa travesía que sin embargo no pudieron ni siquiera iniciar.

Cuando se encontraban cerca del punto de partida en la bahía Vahsel, el océano helado, como si fuese un animal furioso, atrapó entre sus fauces al Endurance y no le permitió seguir. Atrapados en el hielo nos cuenta su epopeya. Veintisiete hombres iniciaron una nueva aventura, la más importante de sus vidas, sobrevivir.

Caroline Alexander nos describe de forma apasionada la lucha diaria de esos hombres por la vida, por no perecer en un mundo inhóspito, salvaje  pero también hermoso, de una hermosura hipnótica que puede llevar a quien osa adentrarse por él, al abismo.

Refugiados en el barco, Shackleton lucha no solo contra las condiciones ambientales adversas sino también contra la desesperanza, el abatimiento de sus hombres.

Transcurridos días refugiados en el barco, el océano implacable reclama su trofeo. El hielo oprime el casco del buque y termina hundiéndolo. Se inicia entonces un viaje épico en trineo y posteriormente en bote con el objetivo de llegar a la isla del Elefante en las Shetland del Sur. Una vez llegados allí, Shackleton en compañía de cinco hombres iniciará un arriesgadísimo viaje en un pequeño bote hasta la isla de San Pedro en las Georgias del Sur donde al fin encontrarán  ayuda.

Atrapados en el hielo nos atrapa a nosotros también, con sus palabras, que nos lleva a mundos inhóspitos donde solo una fe inquebrantable en uno mismo puede hacer sobrevivir a una persona. Pero no solo nos atrapan sus letras sino también sus imágenes. Atrapados en el hielo está lleno de imágenes tomadas por Frank Hurley, fotógrafo australiano integrante de la expedición, rebosantes de magia, de vida y de muerte, la que se puede atisbar por ejemplo en ese barco varado, inmóvil, a la espera de la liberación o del fin.

 

 

 

 

 

 

 

Atrapados en el hielo en la Biblioteca de la UPM.

 

Jordi Esteva – Los árabes del mar : tras la estela de Simbad…

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"África, Asia y Arabia se mezclaban en mil y una combinaciones posibles. Los porteadores con los objetos más inverosímiles a sus espaldas y las carretas tiradas por asnos trataban de abrirse paso entre la variopinta muchedumbre. En aquel mundo sin ruido de motores, uno tenía la ilusión de estar fuera del tiempo" (p. 432).

 

 

 

Jordi Esteva:

Los árabes del mar : tras la estela de Simbad : de los puertos de Arabia a la isla de Zanzíbar.

Barcelona: Península, 2006.

He dado con él siguiendo las recomendaciones procedentes de algún apasionado por África, algún cooperante, algún viajero incansable de preferencias asiáticas… En fin, si os atreveis con este medio tocho podríamos concluir si esas indicaciones, junto con la presente, tuvieron fundamento.

El caso es que el libro da mucho más de lo que su título inicial daría que pensar. Cuando oímos hablar del Océano Índico solemos imaginar destinos paradisíacos de un exotismo chocante. Más recientemente este gran mar ha venido a evocar realidades muy negativas, como la contaminación de sus aguas, el esquilme de sus recursos pesqueros y la cruda violencia de la piratería contemporánea. Luego está la India, el país central que le da al Océano su propio nombre y que tantas filias -de diverso pelaje y calidad- despierta en el mundo llamado occidental.

Sin embargo es raro encontar obras de nivel divulgativo y no demasiado académico que introduzcan en este ámbito poniendo en relación los diversos países ribereños y explicando sus mutuos e interesantes contactos culturales. Jordi Esteva tiene una gran experiencia previa en el mundo árabe en general, materializada en reportajes, artículos y trabajos fotográficos. Este libro suyo cubre una suerte de triángulo comprendido entre Sudán y el Mar Rojo en un vértice, el Golfo Pérsico en otro, y finalmente las ciudades e islas costeras de África oriental que fueron colonizadas por los marinos de Yemen y Omán en el pasado. Estas relaciones fueron en cierta medida sepultadas después por el tsunami del colonialismo y los intereses geopolíticos europeos; y además este proceso vino a coincidir con el declive y cuasi desaparición de la gran navegación preindustrial a vela. A tenor de la experiencia relatada por Esteva, esto ha dado lugar a la aparición de un fenómeno de nostalgia cultural que une ambas orillas -la árabe y la africana mestizada-, y que recuerda en algunos aspectos  y en otro contexto la ambivalente y agridulce relación entre los países ibéricos y América Latina.

En su contra "Los árabes del mar" adolece de una óptica quizás excesivamente arabocéntrica: etíopes, indios y persas como comparsas; portugueses y británicos poco favorecidos; más un gran agujero neutro para la desdichada Somalia. En algunos pasajes se puede llegar a sospechar si el autor no está poniendo en boca de los personajes retratados sus propias reflexiones y conocimientos. Pero en su haber se cuenta una gran minuciosidad y una gran calidad de escritura, que captura en seguida el interés y la atención del lector. No olvidemos que se trata de un simple, pero gran libro de viajes.

Obras de Jordi Esteva en: Bibliotecas de la UPM

Cuentos de La Alhambra, Washington Irving

Cuentos de La Alhambra

Washington Irving

 

 

"En mayo de 1829, acompañado por un amigo, miembro de la Embajada rusa en Madrid, capital de España, inicio el viaje que había de llevarme a conocer las hermosas regiones de Andalucía.

Las amenas incidencias que matizaron el camino se pierden ante el espectáculo que  ofrece la región más montañosa de España, y que comprende el antiguo reino de Granada, último baluarte de los creyentes de Mahoma."

 

Así empieza el escritor americano Washington Irving este libro famoso del que todos hemos oido hablar pero que pocos han leido. Es una obra fascinante y muy entretenida desde distintos puntos de vista.

La primera sorpresa es que bajo este título se agrupan contenidos diversos, los cuentos son sólo una parte de la obra.

Es un libro de viajes porque la primera parte la dedica Washington Irving a narrar su viaje por España y lo hace con un encanto y viveza extraordinarias. 

 

 

Es también un diario que recoge sus reflexiones personales ante el descubrimiento de la realidad española y es, en su última parte, un libro de cuentos  maravillosos inspirados en leyendas hispano musulmanas. Los cuentos le han convertido en un escritor mundialmente famoso y proyectaron a España y a la Alhambra hacia el extrajero más que ninguna otra obra del siglo XIX.

 

Irving conoció una Alhambra habitada por personajes curiosos, se alojó en una pensión dentro de su recinto y trasmitió una fascinación por aquellos  escenarios que hizo que vinieran a España en el siglo XIX intelectuales y artistas de toda Europa. Pintores, escritores, científicos, filósofos, botánicos…todos soñaban con ver los escenarios de los cuentos  nazaríes de  Washington Irving.

Quizas no se ha reconocido oficialmente como se debe la trascendencia de esta obra. Con Washington Irving  tenemos los españoles una deuda de eterna gratitud porque después de su visita a Granada, La Alhambra, también para nosotros, nunca volvió a ser la misma.

Éste y otros títulos de Washington Irving en la Biblioteca UPM.

 

 

 

El botánico H.M. Willkomm (1821-1895)

El botánico H.M. Willkomm (1821-1895) : la aventura de la biodiversidad por los caminos y paisajes de España.

Exposición bibliográfica

 

Rectorado Universidad Politécnica de Madrid

Calle Ramiro de Maeztu, 7

Madrid 28040

Del 10 al 30 de noviembre de 2010

De lunes a viernes de 9:00 a 20.00 h.

 

 

La lista de los intelectuales europeos que nos visitaron durante el siglo XIX es muy larga y en ella encontramos figuras muy conocidas  como Hans Christian Andersen, Theophile Gautier, Prosper Merimée, Alejandro Dumas, Richard Ford, o Washington Irving pero no solo nos visitaron  escritores.

También vinieron científicos como Alexander Humboldt, Edmond Boissier y H.M. Willkomm.

Este último, el eminente botánico alemán H. M. Willkom, (1821-1895),  es el protagonista de la exposición que hasta el día 30 de noviembre de 2010 estará montada en el hall del Rectorado de la Universidad Politécnica de Madrid.

En el se unieron el científico riguroso y el viajero romántico.

Llegó a España con 23 años y había leído entre otros libros los Cuentos de la Alhambra de Washington Irving. Tras visitar Barcelona, Valencia y Madrid organizó el viaje a la ciudad con la que soñaba desde niño  : Granada.

Recorrió las sierras en un caballo cargado de pliegos de papel con un criado andaluz que le cantaba romances. Y empezó a considerar la posibilidad de hacer un estudio general sobre la flora de la Península Ibérica.

 

inauguracion-botanica4-1Para poder estudiar nuestras plantas en su totalidad viajó tres veces a España (1844, 1850 y 1873) y el resultado de su esfuerzo es la mas importante obra  que ningún botánico extrajero ha hecho jamás sobre la flora española y una de las obras maestras de la ciencia botánica europea.

 

Su título es Prodromus Florae Hispanicae (1861-1880). Las ilustraciones que complementan esta obra, realizadas por el propio Willkomm que era además un gran dibujante, se pueden ver en la exposición y al tiempo descubrir a un personaje que aunque es reconocido como un maestro por los botánicos españoles es un desconocido para todos los demás.

 

 

Podeis ver imágenes aquí

María José Rodulfo

Los Viajes por Marruecos de Alí Bey

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Alí Bey: Viajes por Marruecos.

Barcelona : Zeta, 2009.

"En Marruecos se hacía antiguamente mucho uso del café; a todas horas del día lo tomaban como en Levante, pero habiendo los ingleses hecho regalos de té a los sultanes, ofrecieron éstos a sus cortesanos y pronto el uso de la bebida se extendió de unos a otros hasta las últimas clases de la sociedad…"

 

Desde una perspectiva española Marruecos siempre merece una lectura. Paradigma de la alteridad cuando no de la enemistad latente, conviene recordar los largos y decisivos períodos antiguos y medievales en que compartió unidad política y familiaridad cultural con vastos territorios ibéricos. Os propongo un viaje a comienzos del siglo XIX cristiano. Entonces la palabra castellana "Marruecos" designaba la ciudad de Marrakech, pero al ser ésta residencia frecuente del sultán, se extendió a la totalidad del Estado de Al-Magrib. A la sazón el país apenas se había mantenido independiente del dominio otomano para permanecer sumido en un aislamiento decadente que fue preludio de la penetración colonial europea. Como consecuencia de este aislamiento muchos de sus territorios eran paradójicamente menos conocidos en España que otras zonas más lejanas en América o en Asia.

En cuanto al explorador e intrigante Domingo Badía y Leblich, metamorfoseado en la ocasión como el príncipe Alí Bey, hay infinidad de controversias y conjeturas: desde sus supuestas simpatías criptomoriscas hasta las sospechas de que padeció esquizofrenia, pasando por lo discutible de su conducta familiar y política. No se pueden ignorar su arrojo y audacia tremendos, su espíritu inquieto y un saber multidisciplinar que le sirvió para rentabilizar sus observaciones viajeras. Fue digno hijo de una época-bisagra a caballo entre la Ilustración y el Romanticismo, caracterizada por una mezcla de cientifismo y de tendencias a la fantasía geopolítica  (de la cual fue buena muestra el propio proyecto imperialista napoleónico).

Estos "Viajes por Marruecos" reúnen la parte correspondiente de una obra más extensa que comprende el periplo de Badía por el resto del Norte de África,  por el entonces llamado "Levante" y por Arabia. Quien pretenda leerlos como una novela convencional fracasará y probablemente abandonará. Es mucho más recomendable enfocarlos como memorias de trabajo y compendio de curiosidades, sin bajar la guardia ante las inexactitudes, errores o posibles apaños del propio Badía. Éste siempre intentó fascinar a los potenciales mecenas de sus andanzas. También recomiendo tener a mano un mapa físico de Marruecos, que multiplicará el disfrute de un itinerario muy pormenorizado. Espero que el relato os motive a conocer al menos algunos de sus escenarios in situ.

Sirva finalmente esta reseña como homenaje al editor literario del libro: Salvador Barberá Fraguas. Un prometedor diplomático y arabista prematuramente fallecido que demostró con este trabajo unos conocimientos y un rigor metodológico excepcionales, y sin cuya  aportación esta lectura sería mucho menos amena y aprovechable.

 

Viaje a España, Theophile Gautier

viaje-por-espanaViaje a España

Théophile Gautier

Cátedra, 1998

 

Theophile Gautier estuvo de viaje por España entre mayo y octubre del año 1840. Vino con su amigo Eugene Piot que tenía intención de comprar obras de arte aprovechando la desamortización de los bienes de la Iglesia. Ambos eran apasionados del arte, Gautier había intentado ser pintor y tenia verdadera devoción por Zurbarán, Ribera y Valdés Leal.

Este libro maravilloso reune los artículos periodísticos enviados por Gautier a París durante el viaje. Y hay que decir que aquellos ricos seis meses vividos en España  inspiraron también un importante libro de poemas.

España estaba de moda en Europa y en América, ya han aparecido publicadas las obras de Victor Hugo, de Musset y  de Merimée fascinados por nuestros monumentos y nuestras costumbres. En París se ha empapado de pintura española en los museos y ha asistido a representaciones de danza española. No venía a de nuevas, venía convencido.

Su Viaje a España, con ese espíritu, fue un éxito en toda la exrtensión de la palabra. Le encantó lo que veía y narró con deliciosos detalles su periplo español en un libro, ese que hoy recomendamos, que leyeron en todos los paises europeos y multiplicó el numero de visitantes. Y no sólo se trata de un recorrido artístico, se muestra fascinado por los paisajes y el modo de vivir, a Gauthier le interesa todo; los tipos humanos, la forma de vestir,  los oficios : vendedores de agua, limpiabotas, y las mujeres españolas le parecen guapísimas.

Mujer con abanico.Una mujer sin abanico es algo que no he visto todavía en este bendito país. Los abanicos, al abrirse y cerrarse, producen un débil silbido que, repetido varias veces por minuto, da una nota que  resulta extraña para un oido francés.

Hace una curiosa selección de palabras intraducibles al francés que aparecen en el libro en cursiva y en el original en francés en castellano. Entre otras estas: pundonor, pura sangre, horchata de chufas, mayoral, encierro…

No faltan, claro, la reflexiones sobre a cocina española:

Después trajeron el puchero, plato eminentemente español, o a decir verdad, el único plato español, pues todos los días se come de Irún a Cádiz, y viceversa.

Este viaje delicioso y emocionante nos permite aterrizar en el siglo XIX y que el chispeante Gautier nos acompañe por Burgos, el animado Paseo del Prado de Madrid, Sevilla, o la Mezquita de Córdoba. Su visión es casi siempre positiva, sin prejuicios,  y tiene un encanto y una mirada limpia que les faltó a otros viajeros que le siguieron.

Gran escritor, hombre muy culto  y simpático, nos regaló este libro y a su regreso a París confesó:

Me sentía allí como en mi verdadero suelo y como en una patria vuelta a encontrar.

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