Elogio de la madrastra, Mario Vargas Llosa

portada_elogio_d_l_madrastra2

Elogio de la madrastra
Mario Vargas Llosa
Tusquets, 1988

 

Siento debilidad por la literatura de Vargas Llosa y cuando me recomendaron esta novela de apenas 200 páginas calificándola de "muy erótica", no me lo pensé dos veces, a pesar de mi inclinación natural hacia las narraciones largas y duraderas. Esta que os comento no es larga, pero sí perdura en mi recuerdo, como seguro lo hará en el de todo aquel que la lea.

"Elogio de la madrastra" es un elogio (valga la redundancia) del erotismo, de la perversidad de la inocencia y de la felicidad y el efecto liberador del sexo. Todo ello aderezado magistralmente con un estimulante paseo por la particular y sugerente pinacoteca del protagonista (Jordaens, Boucher, Tiziano, Bacon…) que revela las fantasías eróticas de los personajes.

Don Rigoberto, su esposa Doña Lucrecia y Fonchito, hijo de él e hijastro de ella, forman un triángulo amoroso unido y separado por sus pasiones cruzadas y cuyo hilo argumental es la progresiva seducción de Lucrecia por parte de su angelical hijastro.

Don Rigoberto es un cincuentón con una realidad anodina que trata de superar con una rica vida mental. Cree que la felicidad existe donde es posible: en el cuerpo propio y en el de la amada, en sus solitarios rituales higiénicos por partes que le conducen hacia la perfección

"... tuvo la ocurrencia de ir transformando lo que para el común de los mortales era una rutina que ejecutaban con inconsciencia de máquinas – cepillarse los dientes, enjuagarse, etc.- en un quehacer refinado que, aunque fuera por un tiempo fugaz, hacía de él un ser perfecto… Tenía la semana distribuida en órganos y miembros: lunes, manos, martes, pies, miércoles, orejas, jueves, nariz, viernes, cabellos, sábado, ojos y domingo, piel"

y en el amor de su hermosa y apetecible mujer ("de formas blancas, ubérrimas, duras todavía") que también ha conseguido la felicidad casándose con Rigoberto y con el que cada noche practica el sexo de forma desinhibida y procaz. A la dicha de ella se suma el haber conseguido la adoración de su hijastro, Fonchito, amalgama de vicio y virtud, de santidad y pecado, cuya actitud hacia ella, inocente y perversa a la vez, exalta y corrompe a Lucrecia y desgarra la inicial armonía familiar.

"… porque cuando lo veía pequeñín, arrodillado en el suelo, contemplándola como si su madrastra acabara de bajar del Paraíso, o cuando sus bracitos y su cuerpo frágil se soldaban a ella… doña Lucrecia no podía impedir que le sobresaltara a veces un ramalazo de excitación, una vaharada de deseo…"

portada_elogio_d_l_madrastraErógena, pictórica, transgresora, picantona, lasciva, filosófica, carnal, abundante en perversiones… son características que se funden en "Elogio de la madrastra" y hacen que su lectura se convierta en una experiencia estimulante, deliciosa y altamente recomendable. Y si esta obra es de tu gusto, puedes seguir disfrutando con su continuación en el tiempo: "Los cuadernos de Don Rigoberto" (1997) en la que Vargas Llosa retoma la narración donde la dejó. Pero esa ya es otra historia…

 

Chiruca Casado

 

Mario Vargas Llosa en la Biblioteca UPM

 

3 comentarios

  • Yo, como me sucede muchas veces, empecé la historia por el final y me dejé seducir hace años por “Los cuadernos de don Rigoberto”, ahora empujada por la reseña retomo la historia empezando por el principio.

  • José Alejandro Martínez
    José Alejandro Martínez

    Vaya, me alegro mucho de que por fin NoSóloTécnica haya reseñado a Vargas Llosa. Yo me bauticé en él hace ya bastantes años con Los cachorros, que sin duda os recomiendo. Saludos.

  • Esta historia es muy encantadora en el sentido que te deja esa intriga ese pensamiento de que sucedera al final de la historia, una amor fragil y lleno de cosas ambivalentes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *