Esta semana en “Lecturas para compartir” os recomendamos la novela del escritor italiano Erri De Luca, “Las Reglas del Mikado”.
A través de un encuentro fortuito, un relojero y una joven gitana entrelazan sus vidas en el paso fronterizo entre Italia y Eslovenia. Ella está huyendo de su familia para evitar un matrimonio concertado; y él se encuentra, en ese momento, acampando en la frontera, y decide acogerla en su tienda.
Este será el inicio de la amistad entre ambos, forjada en diálogos nocturnos y en un intercambio de saberes y visiones. Ella entiende su historia en términos de destino, señales y la existencia de un dios de las cosas; él, en cambio, se siente parte del engranaje de la máquina del mundo; un mundo, que, en su mente, es interpretado según las reglas del juego del Mikado. Estas mismas reglas son las que ponen orden al caos de la vida.
Esta amistad durará toda una vida; puesto que el anciano retirado terminará por dejar su herencia a la joven, y dedicará parte de su fortuna para que ella pueda estudiar y reintegrarse en la sociedad. Ambos tomarán decisiones inevitables que cambiarán el destino del otro.
Erri De Luca es considerado uno de los autores italianos más importantes de todos los tiempos; sus libros se han traducido a treinta idiomas, y ha sido galardonado con varios premios de prestigio.
—¿Quién eres?
—Tengo frío, déjame quedarme dentro de la tienda.
—¿Quién eres?
—¿Y a ti qué más te da? Soy una que se está muriendo de frío. He visto la tienda y he entrado.
—¿Qué hora es?
Las dos, caramba, ¿qué diablos hace alguien por el bosque a estas horas? Solo tengo un saco de dormir, lo abro y nos tapamos, la colchoneta es ancha.
Enciendo la linterna frontal.
—No. No la enciendas, me da vergüenza que se me vea. Date prisa, ¿no oyes cómo me castañetean los dientes por el frío?
—Ya está, tápate. Eh, no, no me pongas los pies encima.
—Tengo que calentarme, estoy temblando.
—Ponte esta chaqueta, hay guantes en el bolsillo lateral de la tienda, a tu lado.
También puedes encontrar un termo con té.
Los pies encima, no.