Atrapados en el hielo, de Caroline Alexander

 

Atrapados en el hielo, Caroline Alexander.

Barcelona: Planeta, 2004

El 8 de agosto de 1914 veintisiete hombres capitaneados por Ernest Shackleton partieron del puerto de Plymouth. Su destino, quince mil kilómetros más al sur, la Antártida.

La Expedición Imperial Trans-antártica tenía como objetivo cruzar desde la bahía de Vahsel hasta el mar de Ross en el extremo opuesto del continente cruzando el polo. Tres mil kilómetros de una peligrosa travesía que sin embargo no pudieron ni siquiera iniciar.

Cuando se encontraban cerca del punto de partida en la bahía Vahsel, el océano helado, como si fuese un animal furioso, atrapó entre sus fauces al Endurance y no le permitió seguir. Atrapados en el hielo nos cuenta su epopeya. Veintisiete hombres iniciaron una nueva aventura, la más importante de sus vidas, sobrevivir.

Caroline Alexander nos describe de forma apasionada la lucha diaria de esos hombres por la vida, por no perecer en un mundo inhóspito, salvaje  pero también hermoso, de una hermosura hipnótica que puede llevar a quien osa adentrarse por él, al abismo.

Refugiados en el barco, Shackleton lucha no solo contra las condiciones ambientales adversas sino también contra la desesperanza, el abatimiento de sus hombres.

Transcurridos días refugiados en el barco, el océano implacable reclama su trofeo. El hielo oprime el casco del buque y termina hundiéndolo. Se inicia entonces un viaje épico en trineo y posteriormente en bote con el objetivo de llegar a la isla del Elefante en las Shetland del Sur. Una vez llegados allí, Shackleton en compañía de cinco hombres iniciará un arriesgadísimo viaje en un pequeño bote hasta la isla de San Pedro en las Georgias del Sur donde al fin encontrarán  ayuda.

Atrapados en el hielo nos atrapa a nosotros también, con sus palabras, que nos lleva a mundos inhóspitos donde solo una fe inquebrantable en uno mismo puede hacer sobrevivir a una persona. Pero no solo nos atrapan sus letras sino también sus imágenes. Atrapados en el hielo está lleno de imágenes tomadas por Frank Hurley, fotógrafo australiano integrante de la expedición, rebosantes de magia, de vida y de muerte, la que se puede atisbar por ejemplo en ese barco varado, inmóvil, a la espera de la liberación o del fin.

 

 

 

 

 

 

 

Atrapados en el hielo en la Biblioteca de la UPM.

 

10 comentarios

  • El fracaso convertido en éxito como en el APOLLO 13 : houston tenemos un problema (http://www.imdb.com/title/tt0112384/), uno de mis favoritos 🙂

  • Morris Villarroel
    morrisvillarroel

    Hola
    Muy interesante el libro. Hace unos años (bueno, vale, hace muchos años) en el instituto tuvimos que leer un libro muy similar, pero más literario, aunque suena tan similar que tuve que mirar la fecha de publicación de esta (1998 verdad?). Hombres en el hielo cerca de Terranova, supervivencia, incluido canibalismo. Me acuerdo que me tocó mucho, aunque era lectura obligada, el tema de la desesperación y también valentia. Hace poco leyendo un libro de Margaret Atwood, decía que la literatura Canadiense va de “survival” (como este), la literatura americana se centra en “the frontier” y la ingles en “the island” (mundos inventados, cómodos). Como se podría definir la literatura española?
    saludos

  • José Alejandro Martínez
    José Alejandro Martínez

    Bueno, yo creo que los clichés nacionales a veces funcionan pero en principio no son un buen punto de partida y hay que desconfiar de ellos. Por ejemplo, yo guiado por determinadas preferencias e inquietudes personales podría insistir en que para mí la literatura española es reflexión existencial (Cervantes, Calderón, Unamuno, etc.), pero sin duda otras personas tendrán una imagen completamente distinta. Muchos se quejan, por ejemplo, de que las literaturas ibéricas carecen de tradición fantástica, pero ahí están Bécquer y Cunqueiro. El pasado medieval pre-español en el que germina la literatura española también es “frontera” cultural conflictiva a la vez que fecunda. En cuanto al concepto “isla” asociado con comodidad o utopía, parecer ser que algunos escritores andalusíes nombraban a la península como “al-yazira”, que significa “la isla” en árabe ya que en aquella época no había tanta precisión a la hora de discriminar desde un punto de vista geográfico entre isla propiamente dicha y península. Por cierto que esta enunciación solía estar asociada con una visión idealizada y edénica del país. Por contraste una isla “inglesa” nada cómoda es la de El señor de las moscas, de William Golding, cuya lectura recomiendo encarecidamente a todo el mundo, sobre todo si tienen niños. Concluyendo prefiero pensar en una literatura humana como un multiverso y no tan dividida en compartimentos estancos nacionales.
    Por otra parte, el comentario de Morris me ha recordado mucho aquella historia llevada a libro con el título “Viven”, sobre el accidente de un avión uruguayo en los Andes en 1972 cuyos supervivientes consiguieron ser rescatados después de una temporada en condiciones extremas. Conozco algunas personas a las que les influyó mucho como ejemplo de superación ante la adversidad.
    Saludos cordiales y la bandera nunca arriada, que creo que es lo que decía el tenaz Shackleton.

  • Breve pero intensa e interesante es la reflexión de Borges (véase Borges oral), en la línea de la expresada por Morris; Borges se sorprende al constatar cómo cada país parece elegir como autor emblemático a figuras en las antípodas de su particular idiosincrasia: por ejemplo el liberal y tolerante Goethe como representante de un pueblo de sensibilidad a flor de piel a veces casi fanática, los argentinos con Martin Fierro, los Españoles con Cervantes en vez de con Calderón, o los ingleses con Shakespeare en vez de con Jonson. No sé si Margaret Atwood es representativa del carácter canadiense pero a mí me resulta de una rara imperfección, que como digo en casa es mucho más interesante que lo contrario. En esta noche con vistas a la Acrópolis, reniego de Andreiev y su crítica del Egeo.

  • José Alejandro Martínez
    José Alejandro Martínez

    Hola otra vez. No debemos olvidar que el rol de “autor emblemático” es al fin y al cabo una construcción cultural reciente, a menudo con un fuerte componente institucional. De esto saben mucho los argentinos, desde luego, ciudadanos de aquel “imperio imaginario” en ingeniosa expresión de Malraux. Existen incluso casos de intentos alternativos. Así por ejemplo la extinta República Democrática Alemana nombró a su red de establecimientos culturales en el extranjero “Herder Institut” con el fin de contraponerla al “Goethe Institut” de la República Federal. En cualquier caso desconfío de estas santidades laicas consagradas antes de que la mayoría social leyera. Por cierto ¿recordais alguna “autora emblemática”? Ojalá Atwood lo consiga en plan pionera de la frontera helada. A Andreiev sigo sin haberlo leído pero afirmo rotundamente y con conocimiento de causa que un atardecer tibio desde la colina de Filopapo no tiene tasación posible. A la salud de los héroes de la expedición transantártica.

  • morrisvillarroel

    Me quedo con reflexión existencial como buen cliché español, si me permitis, muy bueno. The Lord of the Flies, otro librito que tuvimos que leer de joven y me daba hasta miedo verlo encima de mi mesa, una primera introducción a la psicología infantil y angustias, por otro lado muy adultas. Pero nos alejamos del hielo de Canadá y acabamos en grecia.. Más representativo de Canadá es Robertson Davies, un encanto, y también mucha nieve. Y el pobre Andreiev, otro que elige morir en el hielo (que perdió en Finlandia?). Yo con 30º a las 22h30 en mayo, me quedó con Madrid

  • Morris Villarroel
    morrisvillarroel

    Atwood si que podría ser autora emblemática, aunque sigue escribiendo y montando polémica. Muy polifacética, en su libro “Payback: Debt and the Shadow Side of Wealth”, muy lejos de ser una novela, publicado en 2008, predice el derrumbe de los mercados mundiales. Para autor emblemático canadiense, Robertson Davies y sus trilogías, muy recomendable, pero mucho frio. Supongo que le habrá gustado a Andreiev que elegió morir en Finlandia, en vez del Mediterraneo. Acabo de leer Delibes, La sombra del ciprés es alargada, y aunque bonito, me invade una sensación de pena y castigo a la española. A ver si releo a un canadiense.

  • José Alejandro Martínez
    José Alejandro Martínez

    Incisivo lo de “pena y castigo”, en el país que en Pascua destaca el suplicio y la muerte y apenas celebra la Resurrección. No caigamos en la autoflagelación -que sería más de lo mismo- pero tomemos nota. Gracias.

  • YO, no puedo cantar ni quiero a ese Jesús del madero sino al que anduvo en la mar… Quizás Morris a tí no te diga esto nada pero es una saeta de Machado a la que puso música Serrat (http://www.youtube.com/watch?v=t7yViVqjQxs), ya nos ofrecerás poesía canadiense cantada 🙂

  • Alejandro Martínez
    José Alejandro Martínez

    ¡Caray: de Shackleton a las saetas! Efectivamente: ellos anduvieron sobre el mar, benditos sean… Maravillosa metáfora de la salvación.
    En cuanto a cantos canadienses barrunto que deben existir muchos y muy variados, a juzgar por la extensión y diversidad cultural del país.

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