“‘El perro que paseaba a su amo”por John Zeaman
También podría titularse "el libro que pasea por la vida a su lector". Es un paseo sin grandes pretensiones, cotidiano, relajado… o no, según el día. Refleja la experiencia que vivimos muchos de los que tenemos la suerte de compartir nuestra vida con un perro "que nos saca a pasear" todos los días. Es un regalo cotidiano de tiempo vivido a otro ritmo, de contacto con el frío, el calor, la lluvia o el viento; con el rumor de la M30 y el canto de los pájaros o los niños; de saludos y encuentros con personas que no se darían si no fueran porque "no están paseando" los perros.
Lo encontré de casualidad, como a mi perro (en adelante P), al libro en una librería de Gerona, a P en una carretera comarcal de Zamora. Cuando los acogí a ambos, pensaba más en mi pareja que en mí. Mi relación con él también fue como mis paseos con P, un poco por la mañana, otro poco por la noche. No ha sido "el libro de mi vida", al igual que P no es "la persona de mi vida", pero dejó en mí algo especial, como P, de contacto con algo básico, primario, vital, de unidad con la naturaleza, con lo esencial, sencillo… y hay sabios que afirman que en lo sencillo está la sabiduría.
Comentario realizado por: Rafael Miñano Rubio.

En “El testamento de María” Colm Tóibín (1955), escritor y periodista irlandés, nos presenta a la Virgen María como ser humano, como mujer y como madre, lejos del personaje mitificado y sumiso del Nuevo Testamento en el que el texto de Tóibín tiene una fuerte base. No habla una virgen ni una diosa, habla una madre desgarrada por los violentos acontecimientos vividos, por la muerte de su hijo a manos de violentos. Y nos lo cuenta como ella lo vivió y lo sintió, lejos de cualquier connotación religiosa cristiana: nos cuenta la verdad, su verdad, la verdad que vivió.
Hermann Hesse nos relata la vida de un joven alemán con grandes dotes intelectuales cuyo objetivo es entrar en una prestigiosa institución académica. Tras su ingreso, se verá sometido a un sistema muy rígido, anclado en valores anacrónicos así como a unas autoridades en exceso severas y nada comprensivas con trágicas consecuencias para el protagonista. El mérito del autor es saber conjugar por un lado la crítica al sistema educativo de su momento (finales del XIX y principios del XX) y por otro plasmar con gran delicadeza los sentimientos, emociones y debilidades del adolescente durante ese periodo crucial de su existencia.
Nunca he tenido pueblo. Mis padres y mis abuelos nacieron en Madrid, y frente a las supuestas ventajas de “ser gata” siempre he envidiado las historias de los compañeros que se iban al pueblo en vacaciones y contaban sus aventuras, vivencias, amoríos, peleas, descubrimientos… con su pandilla de toda la vida. Este libro habla de eso, de un grupo de amigos de la infancia de un pequeño pueblo de Estados Unidos, y cuenta cómo ese sentimiento de pertenecer a tu pueblo y ese vínculo indeleble con los que compartes la infancia, más allá de por dónde te lleve el destino, es universal, eterno y muy intenso.