80 Feria del Libro de Madrid. País invitado Colombia (2)

Aún sigue abierta la Feria del Libro de Madrid. Este año el país invitado es Colombia y desde NST queremos recomendar, aunque sea, una mínima muestra de la rica literatura que se hace allí. Ya le hemos dedicado una entrada y vamos a dedicarle esta también. La semana pasada comenzamos con una reflexión de Caballero Bonald acerca de las letras colombianas, hoy seguimos con otro puñado de obras y autores que vale la pena conocer y disfrutar.
Quizás la verdad oculta que ahora pretende asomar ante la catarata de nuestra ceguera sea ésta: los siete pecados mortales son en realidad ocho. No ver el horror, o verlo y ahí sí, pasar de agache. Dejarse llevar por lo más liviano, ¿puede ser ése el octavo pecado, el que no tiene nombre?
Laura Restrepo (2016): Pecado. Barcelona : Alfaguara
No se sabe quién va más extraviado, si el que persigue bosques rojos de canela o el que busca desnudas amazonas de guerra, si el que sueña ciudades de oro o el que rastrea la fuente de la eterna juventud: nacimos, capitán, en una edad extraña en la que sólo nos es dado creer en lo imposible, pero buscando esas riquezas fantásticas, todos terminamos convertidos en pobres fantasmas.
William Ospina (2020): El país de la canela. Barcelona : Random House
A ti te parecerá extraño que yo pueda contarte en detalle y con tanta precisión los acontecimientos de esa época tan lejana. Yo pienso como tú, que un niño de cinco años que lleva una vida normal no podría reproducir con esa fidelidad su infancia. Nosotras, tanto Helena como yo, la recordamos como si fuera hoy y la razón no te la puedo explicar. Nada se nos escapaba, ni los gestos, ni las palabras, ni los ruidos, ni los colores, todo era ya claro para nosotras.
Emma Reyes (2015): Memoria por correspondencia. Barcelona : Libros del Asteroide
ROBINSON CRUSOE
El mar o la tierra. La desierta isla o el Londres populoso. Escuchar mi voz o la distinta voz de Viernes. Haberme quedado en la casa de York, con mis padres, o esta insensata aventura. Los años de soledad aquí, o un minuto, uno solo, de amor compartido allá. En este momento en que los hombres se acercan para rescatarme, tiemblo, tengo miedo y no sé nada.
Pablo Montoya (2016): Terceto. Barcelona: Literatura Random House
Día libre
Yalila, Moraima, Zulema.
Sus nombres suenan como agua derramada en aldeas ardientes
de extrañas geografías. Van frescas y ruidosas
alumbrando el domingo bogotano
como soles inversos. Son las muchachas negras, en bandada,
que han dejado sus cuartos, sus cocinas,
y van a un baile, al cine,
parloteando alegres mientras fuman Pielroja.
Los viandantes las miran
brevemente curiosos,
como a extraños satélites de su blanco planeta,
sin comprender la música sagrada
y montaraz y antigua de sus risas.Piedad Bonnett (2003): Lo demás es silencio: antología poética. Madrid: Hiperión
Quizás la verdad oculta que ahora pretende asomar ante la catarata de nuestra ceguera sea ésta: los siete pecados mortales son en realidad ocho. No ver el horror, o verlo y ahí sí, pasar de agache. Dejarse llevar por lo más liviano, ¿puede ser ése el octavo pecado, el que no tiene nombre?
No se sabe quién va más extraviado, si el que persigue bosques rojos de canela o el que busca desnudas amazonas de guerra, si el que sueña ciudades de oro o el que rastrea la fuente de la eterna juventud: nacimos, capitán, en una edad extraña en la que sólo nos es dado creer en lo imposible, pero buscando esas riquezas fantásticas, todos terminamos convertidos en pobres fantasmas.
A ti te parecerá extraño que yo pueda contarte en detalle y con tanta precisión los acontecimientos de esa época tan lejana. Yo pienso como tú, que un niño de cinco años que lleva una vida normal no podría reproducir con esa fidelidad su infancia. Nosotras, tanto Helena como yo, la recordamos como si fuera hoy y la razón no te la puedo explicar. Nada se nos escapaba, ni los gestos, ni las palabras, ni los ruidos, ni los colores, todo era ya claro para nosotras.
ROBINSON CRUSOE
Día libre
Uno de los más llamativos aspectos del habla colombiana –o de la diversificación del español en Colombia- es el de su impecable prestigio genealógico. El despliegue del caudal léxico, la vitalidad expresiva, la calidad sintáctica, el uso de voces que a nosotros, los peninsulares, pueden parecernos arcaísmos y no son sino activas persistencias del fondo genital del idioma, constituyen a no dudarlo un acabado ejemplo de preservación y a la vez de readaptación de las herencias lingüísticas comunes, una operación natural donde los respetos no excluyen las desobediencias. Lo mismo podría aplicarse al temple de no pocos prosistas colombianos, dotados con elocuente frecuencia de unas calidades léxicas y sintácticas especialmente brillantes.
Estados de la materia.
¿Qué hace alguien que crece sin madre? ¿Lo cuida el viento, una profesora, la señora de la tienda de la esquina? ¿Quién le enseña a rezar, a temer, a dejar de crear? ¿Quién le dice: “¡Niño, eso no se hace!” ¿Quién le corta las alas y quién se las cose? ¿Quién le pone los pies en la tierra? No tenerla, a veces, es lo mismo que tenerla. Una madre es algo que duele. Es herida y cicatriz. Para un niño, una mamá es la persona que pregunta si quiere leche en el chocolate, la que regaña cuando camina descalzo por la casa, la que prueba la sopa primero, se quema la lengua y espera a que enfríe un poco. Una mamá es la persona que está.
Mi papá siempre pensó, y yo le creo y lo imito, que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo. En un cuaderno de apuntes (que yo recogí después de su muerte bajo el título de Manual de tolerancia) escribió lo siguiente: “Si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad”. Es posible que nadie, ni los padres, puedan hacer completamente felices a sus hijos. Lo que sí es cierto y seguro es que los pueden hacer muy infelices.



