Todos recordamos a Miguel Gila, ese madrileño criado en Chamberí, que regó de buen humor nuestro ocio, ya fuera de forma gráfica o en programas de televisión.
Perteneció a una generación que, a pesar de los sinsabores circundantes, sabía entresacar luz hasta de los rincones más oscuros.
A partir de los trece años se inició en los oficios más diversos, llegando a trabajar como empaquetador de café y chocolate. Pero era un alma inquieta: realizó estudios de dibujo lineal en la escuela nocturna de artes y oficios. A partir de ese momento, comenzó su compromiso con el humor, lo que le llevó a escribir más de 100 tiras cómicas para revistas como La Codorniz y Hermano Lobo
Desde la más profunda admiración, Jorge de Cascante, en El libro de Gila: Antología tragicómica de obra y vida, crea un monumento en el que recopila la esencia de su trabajo: un ensayo inédito sobre su oficio, extractos de sus autobiografías, cuentos, monólogos, chistes, fotografías personales, diálogos, recortes de periódicos…
En fin, El libro de Gila es un auténtico tributo y un excepcional compendio de la vida y obra de este Maestro del Humor.
El libro de Gila
Edición y textos de Jorge de Cascante
Vida de Gila: de cómo atravesó Gila el siglo XX procurando llorar poco y reír mucho
Miguel Gila nace en el distrito de Tetuán, en Madrid, el 12 de marzo de 1919. Su padre, que era ebanista había muerto pocos meses antes tras sufrir un accidente en Barcelona. Su madre, Jesusa, una estuchadora de azúcar convertida en viuda casi adolescente (diecinueve años recién cumplidos), se traslada a Madrid embarazada para buscar el apoyo de la familia de su marido. Desde su nacimiento, Gila vive con sus abuelos paternos en una buhardilla minúscula que comparten con sus tres tíos solteros.
Estudia en el colegio religioso Raimundo Lulio, en la plaza de Chamberí, en donde se dedica a no prestar atención en clase, dibujar en los libros de texto y pasárselo lo mejor posible a pesar de sobrevivir en un contexto de pobreza acuciante…