Tiempo de canallas, de Lillian Hellman

 

"No tengo claro el año en que yo, que siempre había sido una especie de rebelde sin causa -no sólo en el sentido en que lo fue gran parte de mi generación, sino por haber visto a la familia de mi madre enriquecerse y solidificar su fortuna a costa de los negros pobres- me di cuenta de que en mi rebeldía había algunas tiernas raíces políticas. Creo que todo comenzó con mi descubrimiento del nacional-socialismo, durante mi estadía en Bonn, Alemania, tratando de inscribirme en la universidad. Necesité meses para comprender lo que estaba escuchando. Entonces, por primera vez en mi vida, reflexioné sobre el hecho de ser judía. Pero no era únicamente el anti-semitismo lo que me impresionaba. Era escuchar, en boca de gente de mi propia edad, los alardes de conquistadores confiados, los redobles de la guerra."

 

Lillian Hellman:

Scoundrel Time. Boston : Little, Brown and Co., 2000.

Tiempo de canallas. Buenos Aires : Razón y Revolución, 2011.

Lillian Hellman es conocida por sus méritos propios tanto como por sus relaciones personales: durante largos años mantuvo una relación sentimental con el famoso escritor de novela negra Dashiell Hammett, y conoció directamente a muchos de los grandes personajes emblemáticos de la época dorada de Hollywood. Lillian escribió obras teatrales y también guiones de cine, aunque esta última actividad suya se vio seriamente mermada a raíz de las dificultades políticas a las que se tuvo que enfrentar a comienzos de la Guerra Fría.

También fue autora de una serie de relatos de inspiración autobiográfica entre los cuales quizás el más conocido sea Pentimento, que sirvió a su vez de inspiración a la película Julia, dirigida por Fred Zinnemann. Por su parte Scoundrel Time, titulo original de Tiempo de canallas, apareció por primera vez en inglés en los años 70 y fue traducido y publicado poco después en español dentro de la Colección Popular de Fondo de Cultura Económica. Se presenta como una crónica personal de las vicisitudes atravesadas por la autora durante la fase de acoso a artistas e intelectuales, ejercido por el macartismo. Sigue discutiéndose sobre el grado de veracidad y sinceridad en el relato de Hellman. Sea como fuere y a pesar de cierto carácter inconexo en la línea argumental, Tiempo de canallas rezuma franqueza y desparpajo, y concede poca indulgencia a sus variados personajes, empezando por la propia autora con sus manías, debilidades y complejos. No hay duda: el lector se encuentra ante una escritora y guionista de raza.

Con mayor o menor exactitud de datos, el libro nos introduce en un capítulo de esa historia política norteamericana que tan tediosa e ideológicamente confusa nos parece a veces a los europeos, pero que encierra tantas enseñanzas sobre la naturaleza y la sociedad humanas. La histeria anticomunista desatada en los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial hace derivar a un sistema formalmente democrático hacia la quiebra general del derecho de las personas, con la sistemática presunción de no-inocencia y mediante la aplicación de mecanismos sociales envilecedores y cainitas. En fin, como todo tiempo y lugar vienen teniendo sus canallas particulares, seguro que en cierto modo disfrutareis de esta historia con sabor a peli de cine clásico.

"Innumerables vidas estaban siendo arruinadas, y pocas voces se levantaron en su defensa. ¿Desde cuándo era necesario estar de acuerdo con alguien para defenderlo de la injusticia? Nadie en su sano juicio hubiese pensado que los sinólogos, por ejemplo, acusados y despedidos de sus puestos en el Departamento de Estado, hicieron algo más que darse cuenta de que Chiang Kai-shek estaba perdiendo la guerra. La verdad lo convertía a uno en traidor, como a menudo sucede en tiempos de canallas."

 

 

Lillian Hellman en la Biblioteca de la UPM

 

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