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Hasta arriba. W.E. Bowman

hasta arriba

W.E. Bowman
Hasta arriba
(The Ascent of Rum Doodle, primera edicion: 1956)
Barcelona: Blackie Books, 2016

 

Recomiendo leer a los grandes maestros del alpinismo: Walter Bonatti, Lionel Terray, Gastón RébuffatMaurice Herzog, Reinhold Messner… antes de abrir este libro, así al principio, parecerá que es otro relato de increíbles aventuras pero pronto deberéis cambiar el chip y entender la parodia de esas epopeyas que W. E. Bowman nos ofrece.

El quijotesco protagonista vive en su mundo idílico y nos cuenta la histórica ascensión con un tronchante humor inglés que te va descolocando a cada momento.

La historia sigue las fases típicas de toda aventura montañera, desde la difícil llegada al campamento base, el paso por glaciares, las grietas, la pared norte, los amenazantes seracs, los corredores de nieve, los campamentos de altura y la conquista final de la cima.

Pero todo desde el prisma absurdo y loco que ofrece el autor, algo así como una primera ascensión al Annapurna que fuera representada por los Monty Python.

A veces parecería que el autor es andaluz, teniendo en cuenta el uso que hace de la hipérbole con gracia y los continuos juegos de palabras:

 

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…El material para dicho campamento habría de transportarse desde la terminal ferroviaria de Tekhonmiel, a 500 millas de distancia. Harían falta 5 porteadores. Serían necesarios dos más para acarrear la comida de los cinco primeros y otro para llevar la de los dos segundos. La comida de este último la llevaría un niño. El niño llevaría su propia comida. Esta primera avanzadilla se instalaría a 38.000 pies y estaría igualmente abastecida con provisiones para dos semanas, lo que haría necesarios 8 porteadores más y otro niño. En total, para el transporte de tiendas, material, comida, radios, instrumental científico y fotográfico, efectos personales y todo lo demás, se requerirían 3.000 porteadores y 375 niños.

En resumen, es un libro muy recomendable que se devora en dos sentadas y que todo montañero debe leer para relativizar el alpinismo y echarse unas risas. Como dice el autor, Hasta arriba (get high) de champán…

 

Juan Fco. Ramírez Rodríguez

 

Tesoros para el buen observador

Existe un lugar al sureste de Madrid donde el tiempo ha quedado congelado. A los pocos minutos caminando entre los arenales que dejó el entonces gran río Manzanares, y que contienen restos de algún dinosaurio aún por salir a la luz, podemos sentir que estamos en febrero de 1937. No hay más que fijarse con algo de detalle en el suelo que pisamos y comenzamos a ver vainas republicanas, puntas de bala, fragmentos de obuses, restos de metralla, tapas de cajas de munición soviética… que nos meten de lleno en el combate.

A continuación subimos un pequeño cerro y ya sintiendo que estamos a las órdenes del general Lister cruzamos su interior a través de los túneles de escapatoria procedentes de las trincheras que controlan la importante posición. En él encontramos vidrios que una vez sirvieron para contener el vino que ayudaba a pasar las horas sin pensar en la muerte que les acechaba, encontramos pequeños frascos enterrados como perfumes para mantener la dignidad o tinteros de la época que parece que hablan por sí mismos.

Esta zona tienes la sensación que no ha sido pisada por ser humano en 70 años y que los restos están en la misma posición en que un día cayeron, aunque no sea del todo cierto. Por sorpresa aparece un pico cavador de trincheras y vivacs, como todo lo demás, castigado por la humedad del suelo. Y si uno se fija más a fondo, descubre que las esquirlas de cerámica que parecían vulgares, en realidad te pueden llevar siglos atrás y pertenecer a antiguos asentamientos árabes, romanos, o incluso carpetanos.

Después de vivir la historia en tus propias carnes, poder tocarla y disfrutarla en un sitio tan especial vas descubriendo que seguramente todo quede bajo metros cúbicos de hormigón próximamente y tú no podrás hacer nada. En fin, é un mondo difficile

 

Este vídeo, realizado por mí, ilustra un poco el texto

 

Juan Fco. Ramírez Rodríguez