Estrella del alba / Wu Ming 4

Wu Ming 4: Estrella del alba.

Traducción de Nadie Enparticular. Acuarela & A. Machado, 2012.

Título original: Stella del mattino. Einaudi, 2008-.

 

Ronald amaba las palabras, pero de una manera peculiar y personal. Eran arcanos, enigmas a resolver, contenían historias, abarcaban siglos y continentes. Cada palabra sugería otras, quizá nunca pronunciadas, pero del todo plausibles, aún más ricas de significados y alusiones, por tanto más reales. Pero entre esas paredes no se podía ir mucho más allá, regía un límite insuperable. En la óptica de los fundadores, el Oxford English Dictionary tenía que ser la piedra miliar de la cultura británica, la summa de lo que se había dicho en inglés y el modo en que se lo había dicho desde el inicio de los tiempos hasta la edad moderna. La fantasía quedaba detrás de la puerta. (p. 43-44)

Y el imperialismo destruyó el mundo, aunque no sería la última vez.  Hasta reyes y emperadores, que en realidad eran primos y familiares entre sí, convertidos en naipes de la baraja del azar y del gran capital, se enfrentaron, se abandonaron mutuamente, renegaron de apellidos. En la víspera de la tempestad de acero nos habíamos despedido de Hans Castorp bajando de su montaña mágica, quizás Miyazaki os dé alguna noticia suya… Como Pierre Lemaitre la da de tantos y tantos desfigurados, por fuera y por dentro. O Philippe Claudel de la grisalla de la retaguardia. Aún así, quedó una generación de supervivientes fecundos, como estos fabulados con amor e inteligencia por Wu Ming 4.

Esta es pues una historia de hace cien años, construida en torno al mito: como material de trabajo literario en manos de unos jóvenes envejecidos por la guerra; como héroe divino amanecido de las arenas de Oriente, El Orens. Graves, Lewis y Tolkien, cada uno arrastrando sus propios traumas, andan a la búsqueda de su destino de exquisitos cocineros literarios, reelaboradores de poesía y narración, columpiándose sobre un filo de alternativas vitales que incluyen la erudición y el mero proletariado intelectual. Rondan las revoluciones irlandesa y rusa, el presidente americano Wilson se inmiscuye en Europa, el Imperio británico empieza ya a no ser lo que era y su sólido parlamentarismo podría agrietarse. Incertidumbres.

Pienso que el latido de una buena novela histórica -además de la calidad de redacción- se cifra en la articulación entre un escenario bien documentado y recreado, y la intriga sobre la probabilidad de su desarrollo argumental: en suma de su buen juego dentro del espíritu de época. Estrella del alba lo consigue sirviéndose de un planteamiento coral y de combinaciones de perspectiva personal y temporal. Hace disfrutar, homenajea escenarios sugestivos como la ciudad de Oxford e incluso permite identificar los orígenes de los conflictos actuales de Oriente Medio en las políticas francobritánicas perpetradas sobre los despojos del Imperio otomano. Entre todas aquellas conmociones, animaos a acompañar a unos protagonistas enteramente humanos que no se imaginaban ni por asomo como futuros iconos literarios. 

Dicen que un caballero avanza raudo en la cresta de las montañas. Está vestido de blanco y nadie puede mirarlo a la cara, porque los ojos deslumbran hasta cegar. Tiene el poder de destruir lo que toca y del don de estar por doquier. A veces está solo, a veces guía columnas de jinetes Nadie sabe dónde se esconde. Aparece y desaparece. El desierto es su casa, las rocas su comida. Es como el aire, como el viento que sopla. Un día cruza el gran Nefud, al día siguente se baña en el Mar Muerto. Su nombre vuela de un oasis al otro. Los peregrinos en viaje a La Meca lo avistan en las tormentas de arena y lo llaman Iblis, el Diablo. Todos le temen. También tú. (p. 220)    

 

Para saber más sobre Wu Ming: http://www.wumingfoundation.com/giap/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *