Ingres. Exposición.

La gran odalisca (1814). IngresIngres
Museo del Prado

Exposición

del 24 de noviembre de 2015 al 27 de marzo de 2016

Por fin puede verse en Madrid una exposición de Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867) uno de los pintores más importantes de la historia del arte. Cuesta trabajo creer que está en España La gran odalisca que ha salido muy pocas veces del Museo del Louvre. Pocos cuadros han influido tanto en la pintura moderna.

Con ella llegan cuadros de tema histórico, religioso, dibujos perfectos y delicadísimos, y otros desnudos femeninos como El baño turco, tantas veces imaginadoDeslumbra la colección de retratos de caballeros y damas franceses de la alta sociedad que aunque resultan ajenos a nuestro  mundo admiran por su maestria, su elegancia y su fuerza. Ingres influyó de manera determinante en un grupo de pintores españoles, caso de Federico de Madrazo, pero más allá de influencias directas sus obras forman parte del imaginario colectivo. Se utiliza como referente en publicidad e inspira a multitud de creadores contemporáneos.

Florence Vignier-Dutheil directora del Museo Ingres de Montauban, la ciudad donde nació el pintor,  dice que: ” Ingres es inactual”. Es ciertamente atemporal y por eso sigue aquí, sin haberse podido marchar ni pasar de moda.  Miguel Zugaza, director del Museo del Prado, afirma en este sentido que: ” no es que sea un artista moderno, es que es extraordinariamente moderno“.

Mademoiselle Riviere (Ingres)- Fernando Botero-Lady Gaga.

El rey del dibujo y uno de los pintores más importantes de Francia, para muchos el más importante, nació en 1780, nueve años antes de la Revolución Francesa y murió en 1867. Fue contemporáneo de Delacroix, de Gericault y discípulo de David. Retrató a Napoleón y dos de esos retratos también pueden verse en esta exposición.

Le gustaba atender a todos los detalles del cuadro, como a los pintores flamencos; los pliegues y las calidades de las telas. Su maestría se recreaba en las joyas y los peinados pero  sus retratos son de enorme penetración psicológica.Louis Francois Bertin (1832)

Citar a los artistas que han estado influenciados por Ingres es imposible. Picasso, Saura, Bacon y Hockney entre los pintores pero son muchos los  músicos, fotógrafos y escultores que han bebido de la fuente inagotable de Ingres.

Una suerte enorme, y una gran oportunidad, poder ver al maestro ahora en el Museo del Prado.

Más información

Los cuatro jinetes de la Apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez

Los cuatro jinetes de la Apocalipsis.

Vicente Blasco Ibáñez

Alianza Editorial

Cerca de Europa, una oleada de noticias salió al encuentro del buque. Los empleados del telégrafo sin hilos trabajaban incesantemente. Una noche, al entrar Desnoyers en el fumadero, vio a los notables germánicos manoteando y con los rostros animados. No bebían cerveza; habían hecho destapar botellas de champaña alemán, y la frau consejera impresionada, sin duda, por los acontecimientos, se abstenía de bajar a su camarote. El capitán Erckmann, al ver al joven argentino, le ofreció una copa.

-Es la guerra

-dijo con entusiasmo-

-la guerra que llega… ¡Ya era hora!

Una vez más el mundo se ve abocado al desastre. La guerra deseada por unos, como los Hartrott que ven en ella un modo de imponer su superioridad de pueblo elegido, el alemán, a todos aquellos pueblos decadentes, inferiores. “la guerra es un hecho necesario para la salud de la humanidad” pero también temida, incomprendida por otros como Julio Desnoyers… nuestro protagonista, un joven bohemio y vividor que ve como su mundo se derrumba, que se mantiene al principio al margen de esa pesadilla, no la entiende, no la comprende “el hombre refinado y de complicaciones espirituales se ha hundido, quién sabe por cuántos años…. ya no estamos de moda”, pero que al final le servirá de redención.

Es la guerra. Ya viene, ya se acerca. El jinete está preparado para cabalgar sobre las tierras de Europa. Pero no vendrá solo.

Y cuando dentro de unas horas salga el sol, el mundo verá correr por sus campos los cuatro jinetes enemigos de los hombres…Ya piafan sus caballos malignos por la impaciencia de la carrera; ya sus jinetes de desgracia se conciertan y cruzan las últimas palabras antes de saltar sobre la silla.

– ¿qué jinetes son esos? Preguntó Argensola.

– Los que proceden a la Bestia

Los cuatro jinetes de la Apocalipsis fué un encargo del presidente Poincaré a Blasco Ibáñez.

Quiero que vaya usted al frente, me dijo, pero no para escribir en los periódicos. Eso pueden hacerlo muchos. Vaya como novelista. Observe y tal vez de su viaje nazca un libro que sirva a nuestra causa.

Y así lo hizo, siendo testigo privilegiado de esos momentos históricos.. La incertidumbre de los primeros momentos, el ansia por conseguir las noticias más recientes, la alegría y el anímo exaltado. Pero también el pesimismo y la desolación  ante la realidad que se abre camino poco a poco, la esperanza por el triunfo. Es la guerra.

Los cuatro jinetes de la Apocalipsis se convirtió en un éxito de ventas en Estados Unidos y llevó a su autor a alcanzar la fama y la riqueza.

Hollywood compró los derechos para el cine y Rex Ingram la llevó a la pantalla por primera vez con Rodolfo Valentino y Wallace Beary entre otros como protagonistas.

En 1962 el gran Vincent Minelli adaptó de nuevo la novela de Blasco para el cine. Glenn Ford, Charles Boyer, Paul Henried, Ingrid Tullin encarnaron a sus protagonistas trasladando la acción a la segunda guerra mundial.

Vicente Blasco Ibáñez nació en Valencia en 1867. Murió en la ciudad de Menton, Francia, en 1928. Su temprana vocación literaría le hace colaborar desde su época de estudiante en diversas publicaciones algunas de las cuales dirige el mismo como La Revolución.  Su activismo político le lleva desde muy temprano a participar en la arena pública defendiendo el republicanismo federal. Ese activismo le llevará a la cárcel y el destierro.

Otras obras del autor, La araña negra, Sangre y arena,  Cañas y barro, Entre naranjos…

Blasco Ibañez en la Biblioteca UPM

Le pareció que resonaba a lo lejos el galope de los cuatro jinetes apocalípticos atropellando a los humanos. Vio un mocetón brutal membrudo con la espada de la guerra; el arquero de sonrisa repugnante con las flechas de la peste; al avaro calvo con las balanzas del hambre; al cadáver galopante con la hoz de la muerte.

Los reconoció como las únicas divinidades familiares y terribles que hacían sentir su presencia al hombre. Todo lo demás resultaba un ensueño. Los cuatro jinetes eran la realidad

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