Ciencia Explicada: Winter is coming II – El espejismo del Estado emprendedor: cómo la intervención política erosiona nuestra libertad

En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por los miembros del Grupo de Innovación Educativa Economía para Ingenieros /oikonomos/. En este artículo se resumen las contribuciones del artículo:

Morales-Alonso, G. (2024). Winter is Coming: A Tale of Two Futures – Entrepreneurial State
or Creative Destruction? Innovation Economics Frontiers, 27(2), 86-97.
doi.org/10.36923/ief.v2712.256

Este es el segundo apartado de la serie, el primero se ha publicado aquí.

Desde el shock de Nixon en 1971, cuando se abandonó la convertibilidad del dólar en oro, el mundo ha entrado en una era de inflación constante y creciente intervencionismo estatal. Tras analizar en la primera parte de este ensayo las causas monetarias de la crisis que se avecina, en esta segunda entrega exploramos las consecuencias de un Estado que ha asumido un protagonismo económico desmedido, debilitando la responsabilidad fiscal y socavando las libertades individuales.

La irresponsabilidad fiscal: una tragedia de los comunes

El endeudamiento público ha alcanzado niveles históricos. En 2007, la deuda del gobierno federal de Estados Unidos representaba el 62,2% del PIB. En 2024, esta cifra ha ascendido al 122,3%. Este aumento se vio amortiguado por un largo periodo de tipos de interés muy bajos, que llegó a su fin en 2022 con la subida de los tipos por parte de la Reserva Federal, marcando un punto de inflexión tras la crisis financiera de 2008 y la pandemia de COVID-19.

En este contexto de dinero barato, endeudarse no solo era posible, sino prácticamente inevitable. Incluso grandes corporaciones como Coca-Cola o PepsiCo multiplicaron su deuda por más de siete entre 2005 y 2020, ante la presión de competir en un mercado impulsado por el crédito fácil. Este comportamiento, generalizado y racional desde el punto de vista individual, se convierte en una tragedia colectiva. Así como en la “tragedia de los comunes” descrita por Garrett Hardin, cada actor busca su beneficio inmediato sobreexplotando un recurso compartido (en este caso, la capacidad de endeudamiento), hasta agotar su sostenibilidad.

El caso del euro, analizado por Philipp Bagus en La tragedia del euro, muestra cómo esta lógica también opera a nivel supranacional. Los países que comparten moneda tienen incentivos a gastar más y endeudarse, confiando en que otros pagarán la cuenta. Pero esta fuga hacia adelante también tiene límites: los rescates, la pérdida de confianza en la moneda y la aparición de tensiones sociales y políticas son algunas de sus consecuencias.

Durante la pandemia, algunos defendieron incluso la cancelación de la deuda emitida por los bancos centrales para afrontar la crisis sanitaria. Aunque el BCE rechazó esta posibilidad, el solo hecho de que se propusiera revela hasta qué punto se ha normalizado la idea de que el endeudamiento público no tiene consecuencias reales. El resultado ha sido un sistema en el que los ciudadanos disfrutan de niveles de vida financiados con deuda futura, es decir, con los impuestos de sus hijos y nietos.

El Estado salvador: entre la eficiencia burocrática y la servidumbre

El discurso dominante en muchas universidades, organismos internacionales y medios de comunicación sostiene que el Estado debe intervenir para corregir los fallos del mercado, reducir las desigualdades y planificar el futuro. Esta narrativa se ha visto reforzada por obras como El Estado emprendedor de Mariana Mazzucato o El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty. Ambos autores promueven una visión del Estado como actor indispensable para impulsar la innovación y garantizar la justicia social. Frente a ellos, Daniel Lacalle ha acuñado la idea de El Estado depredador.

Sin embargo, esta fe en la intervención estatal ignora una verdad fundamental: el conocimiento está disperso y ningún actor central puede conocer todas las circunstancias de tiempo y lugar necesarias para coordinar la economía de forma eficiente. Como advirtió Friedrich Hayek, confiar en que un grupo de burócratas, por bien intencionados que sean, pueda sustituir al mercado es caer en la “fatal arrogancia“. El Estado, como monopolista coercitivo en la legislación, la justicia o la emisión de dinero, tiende a generar ineficiencias, rigideces y pérdida de libertad.

La pandemia puso a prueba los límites de esta concepción. Las restricciones de derechos, el control centralizado de la información y las decisiones unilaterales de figuras como Anthony Fauci en EE. UU. demostraron que, bajo la excusa de la emergencia, es fácil caer en el pánico colectivo y justificar recortes de libertades fundamentales. Como han advertido autores como Bagus, Delanty o Koehler, este tipo de estatismo anti-libertad socava la base de una sociedad abierta.

Innovación, destrucción creativa y acción humana: el verdadero motor del progreso

Frente al espejismo del Estado emprendedor, la verdadera salida a la crisis reside en los individuos: los emprendedores que, con información contextual y capital propio, detectan oportunidades, innovan y generan empleo. La función empresarial descrita por Mises y desarrollada por autores como Kirzner y Schumpeter, es el motor de la destrucción creativa: un proceso por el cual lo viejo y obsoleto es reemplazado por lo nuevo y más eficiente.

Para que este proceso ocurra, es imprescindible eliminar las trabas que lo frenan. Eso implica liberalizar los mercados laborales, reducir la carga fiscal sobre el capital, y simplificar la regulación que asfixia la actividad económica. Cuando se permite a los emprendedores actuar libremente, se impulsa el crecimiento, la creación de empleo y la adaptación constante a las necesidades cambiantes de los consumidores.

La evidencia empírica respalda esta visión. Estudios como los de Aghion et al. (2013) muestran que la apertura comercial y la libertad económica se asocian con mayor crecimiento, especialmente en países pequeños. Asimismo, investigaciones recientes (Morales-Alonso et al. 2024) han vinculado la libertad económica con una mayor inclinación emprendedora.

Ahora bien, ¿qué relación existe entre desigualdad e innovación? Algunos, como Aghion, ven en la innovación una fuente de desigualdad. Pero esto confunde causa y efecto. Lo que genera desigualdad no es la innovación en sí, sino el sistema de patentes que otorga monopolios temporales, es decir, la intervención estatal. Además, la verdadera brecha entre ricos y pobres no está tanto en los ingresos salariales como en la capacidad de ahorrar, invertir y generar rentas del capital (Schäfer, 1999).

Por tanto, la solución no pasa por limitar el emprendimiento, sino por fomentar una economía donde el acceso al capital no esté condicionado por los privilegios estatales. El individuo libre, no el planificador central, es el protagonista del desarrollo.

Epílogo: volver a los fundamentos

En conclusión, el verdadero peligro no radica en la inestabilidad del mercado, sino en la arrogancia de creer que el Estado puede sustituirlo. La libertad económica, el respeto a la acción humana y la promoción de la destrucción creativa son los pilares de una sociedad próspera. Cederlos en nombre de la seguridad o la equidad no solo empobrece a las futuras generaciones, sino que amenaza las bases mismas de la civilización occidental.

La alternativa al desastre no es más regulación, sino más libertad. Frente al invierno que se avecina, necesitamos una primavera de responsabilidad individual, libertad emprendedora y disciplina fiscal. El reloj corre. Y la historia nos está observando. No es debido a la mala suerte que cada vez vivas peor, sino debido a las malas políticas.

Encontramos muchas de estas ideas en este vídeo de DAX sobre la increíble canción de Oliver Anthony:

Nobel Economía 2025 – Mokyr, Aghion y Howitt

La cultura del crecimiento y los dilemas del progreso

El Nobel de Economía 2025 ha reconocido a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt por sus contribuciones al entendimiento de cómo la innovación impulsa el crecimiento económico. Con este galardón, el Comité ha querido premiar una visión amplia y humanista del progreso: la que combina historia económica, teoría formal y reflexión sobre las condiciones culturales que hacen posible el avance.

Representación IA de los tres ganadores del Premio Nobel de Economía 2025, sentados con las obras de Joseph A. Schumpeter.

Tras el reconocimiento del año 2024 a Acemoglu y Robinson por su trabajo sobre las instituciones inclusivas, este nuevo Nobel parece continuar esa línea, pero desplazando el foco: de las estructuras políticas que favorecen el desarrollo a la energía creativa que las sociedades libres son capaces de liberar cuando el conocimiento circula y la experimentación no se castiga.

Joel Mokyr y la cultura del crecimiento

El historiador económico Joel Mokyr ha dedicado su obra a responder una pregunta fundamental: ¿por qué Europa experimentó la Revolución Industrial antes que otras civilizaciones igualmente avanzadas? Su respuesta no se basa en la acumulación de capital o en las instituciones políticas, sino en algo más sutil: una “cultura del crecimiento”.

Según Mokyr, el progreso moderno surgió cuando las sociedades europeas desarrollaron un entorno intelectual donde la razón, la curiosidad y la discusión crítica reemplazaron al dogma. Distingue entre dos tipos de conocimiento: el proposicional, propio de la ciencia —saber por qué las cosas funcionan—, y el prescriptivo, propio de la técnica —saber cómo hacerlas funcionar—. La revolución industrial fue el resultado de la sinergia entre ambos, facilitada por la existencia de una clase de técnicos, ingenieros y empresarios capaces de traducir la teoría en práctica.

Pero todo esto solo fue posible dentro de una sociedad abierta, donde los innovadores podían actuar con autonomía y los errores no se castigaban con represión. En ese sentido, Mokyr ve la revolución científica y la burguesa como dos caras de una misma moneda: ambas liberaron la mente y la acción humana. Sin libertad intelectual, concluye, no hay progreso duradero.

“A society that has ceased to concern itself with the progress of the past will soon lose belief in its capacity to progress in the future”

Joel Mokyr

Aghion y Howitt: la economía de la destrucción creativa

Los economistas Philippe Aghion y Peter Howitt llevaron al terreno formal lo que Schumpeter había intuido hace un siglo: el crecimiento económico no es un proceso acumulativo, sino una sucesión de innovaciones que destruyen lo viejo para dar paso a lo nuevo.

En su modelo de destrucción creativa, cada avance tecnológico impulsa la productividad, pero también deja obsoletas industrias y ocupaciones. El progreso, por tanto, genera ganadores y perdedores. Y precisamente ahí aparece el problema político: los perdedores del cambio tienden a organizarse para frenarlo, presionando por regulaciones, subsidios o privilegios que protejan lo establecido.

Aghion y Howitt sostienen que, para que la innovación sea sostenible, las sociedades necesitan un equilibrio entre dinamismo y protección: permitir la disrupción, pero ofrecer redes de seguridad que amortigüen sus costes. De ese modo, los desplazados por el cambio no se convierten en enemigos del progreso.

Su posición se sitúa entre dos polos: lejos del “Estado emprendedor” que promueve Mariana Mazzucato, pero también distante del laissez-faire absoluto. Defienden un Estado que no dirija la innovación, sino que la sostenga indirectamente al garantizar estabilidad, competencia y movilidad.

“My dream capitalism is a capitalism that would be as innovative as America’s and as inclusive as the Danish system. And I think it’s possible”

Philippe Aghion

“New technologies are brought in by disruptive outsiders who are interested in shaking up the status quo. But if they succeed in doing that, they become the status quo. And they are very resistant to people who want to do that instead of them”

Peter Howitt

Un Nobel en continuidad (y contraste) con el de 2024

El premio de 2024, otorgado a Acemoglu y Robinson, destacó el papel de las instituciones inclusivas para generar prosperidad. En ese sentido, el Nobel de 2025 mantiene una línea de continuidad: el progreso económico depende del marco institucional y cultural en que se desarrolla.

Sin embargo, introduce un matiz importante. Mientras Acemoglu y Robinson explicaban por qué unas naciones prosperan y otras no, Mokyr, Aghion y Howitt explican cómo se produce el progreso una vez existen condiciones institucionales adecuadas. El foco pasa del diseño institucional a la dinámica interna del cambio tecnológico y cultural.

En cierto modo, el Comité ha querido subrayar que sin innovación las instituciones inclusivas se estancan, pero sin instituciones libres la innovación se apaga. Es una forma de recordar que la libertad no solo protege los derechos, sino que alimenta la creatividad que los sostiene.

Las objeciones desde la Escuela Austriaca

Desde la óptica de la Escuela Austriaca de Economía, algunos economistas, como el profesor Miguel Ángel Alonso Neira, han planteado matices relevantes al entusiasmo general.
En primer lugar, señalan que la innovación no ocurre en un vacío: necesita propiedad privada, estabilidad jurídica y cooperación voluntaria. Sin esos pilares, el riesgo se distorsiona y el espíritu emprendedor se debilita.

En segundo lugar, advierten del excesivo formalismo matemático de los modelos de Aghion y Howitt, que corren el riesgo de abstraerse de la acción humana concreta. Para los austríacos, el conocimiento relevante es disperso, subjetivo y no puede agregarse en ecuaciones sin perder su esencia.

Y, por último, subrayan la falta de atención al crédito y a los ciclos económicos: los grandes booms tecnológicos, si se financian artificialmente con expansión monetaria, pueden degenerar en crisis.

Estas objeciones no buscan restar mérito al Nobel, sino recordar que el progreso genuino no se planifica ni se modeliza por decreto, sino que surge del libre descubrimiento empresarial en un entorno institucional sano.

Conclusión: el progreso como equilibrio frágil

El Nobel de 2025 celebra la capacidad humana para innovar, pero también recuerda que cada avance implica destrucción y conflicto. La historia del crecimiento económico no es una línea ascendente, sino una serie de rupturas y adaptaciones que exigen sociedades abiertas, resilientes y dispuestas a tolerar el cambio.

Mokyr, Aghion y Howitt ofrecen así una lección profundamente actual: el progreso no es automático ni gratuito, sino un equilibrio frágil entre libertad, conocimiento y cohesión social.

En una época marcada por la automatización, la inteligencia artificial y las tensiones entre innovación y protección, su mensaje resuena con fuerza:

“El futuro no se planifica: se descubre, se debate y, a veces, se construye sobre las ruinas del pasado.”

La máquina del dinero y el mito de la inflación inevitable – la visión de Friedman


«La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario». Esta es quizá la frase más citada de Milton Friedman, y condensa la tesis central del capítulo noveno de Libertad de elegir. Para los Friedman, la inflación no es un resultado inevitable del crecimiento económico, ni una fatalidad ligada a los mercados, ni una consecuencia de la avaricia de los empresarios o los sindicatos: es, sin rodeos, responsabilidad de los gobiernos y de los bancos centrales que permiten —y a menudo fomentan— un aumento descontrolado de la cantidad de dinero en circulación.

Alcoholismo e inflación: la lógica de la adicción

Una de las analogías más célebres de Friedman aparece en este capítulo:

La inflación es como el alcoholismo. Al principio hay un buen rato, luego vienen los problemas.

Milton Friedman

La frase no es solo retórica brillante, sino una herramienta pedagógica. La expansión monetaria excesiva —es decir, imprimir dinero sin respaldo real— produce al comienzo una sensación de prosperidad: el consumo aumenta, las inversiones se multiplican, el empleo sube. Pero todo esto es ilusorio, porque no responde a una creación real de riqueza, sino a un espejismo monetario.

Cuando los precios empiezan a subir, se intenta contener la inflación con controles, regulaciones o culpando a factores externos. Pero el problema persiste y se agrava. Como en el caso del alcohólico, la única forma de curar la inflación es deteniendo la causa profunda: el exceso de dinero. Y aquí llega otra de las frases memorables del capítulo: “La cura para la inflación no es agradable ni indolora, pero es eficaz: hay que dejar de emitir dinero”.

Tres lecciones de historia: la teoría cuantitativa del dinero en acción

El capítulo está lleno de ejemplos históricos que ilustran la teoría cuantitativa del dinero: una idea clásica que relaciona directamente la cantidad de dinero en circulación con el nivel de precios. Según esta teoría, si la cantidad de dinero crece más rápido que la producción de bienes y servicios, los precios subirán. No se trata de una conjetura, sino de un patrón verificable en distintas épocas y lugares.

1. El tabaco como dinero en las colonias americanas

En el siglo XVII, en las colonias del sur de lo que hoy es Estados Unidos —específicamente en Virginia y no en Louisiana, como a veces se cree— el tabaco se utilizaba como medio de cambio. Era aceptado para pagar deudas, impuestos y transacciones comerciales. Se trataba, en definitiva, de un “dinero mercancía”. En ese contexto, cuando las cosechas eran abundantes y el tabaco se producía en exceso, su “valor monetario” disminuía. Los precios de los bienes medidos en tabaco subían. Cuando las autoridades coloniales intentaron limitar la cantidad de tabaco que podía usarse como pago, o bien cuando las cosechas eran malas y escaseaba el producto, los precios bajaban.

Este caso, tan alejado de los billetes y los bancos centrales modernos, confirma la validez universal de la teoría cuantitativa del dinero: cuando la “oferta monetaria” (en este caso, el tabaco) aumenta en relación con la producción real, los precios tienden a subir.

2. La Confederación y la guerra civil

Durante la Guerra de Secesión (1861–1865), los Estados del Sur (la Confederación) financiaron el esfuerzo bélico imprimiendo papel moneda sin respaldo. La inflación fue descontrolada. Lo más revelador es que, en un momento determinado, cuando las tropas enemigas ocuparon parte del territorio y destruyeron las imprentas, la inflación se detuvo bruscamente. Los precios dejaron de subir, no por un cambio en la estructura económica, ni por una caída súbita de la demanda, sino simplemente porque ya no se podía imprimir más dinero. Cuando los confederados consiguieron reanudar la impresión en otra localidad, la inflación regresó con toda su fuerza.

Para los Friedman, este episodio es una prueba irrefutable: allí donde se detiene el crecimiento de la masa monetaria, también se detiene la inflación.

3. Japón tras la Segunda Guerra Mundial

El caso de Japón tras su derrota en 1945 también es instructivo. El país sufrió una inflación devastadora. La causa: el gobierno nipón había recurrido a la emisión monetaria masiva para sostener el esfuerzo bélico y, luego, para sobrevivir a la destrucción de la posguerra. Al principio, ni siquiera las autoridades aliadas que ocupaban el país fueron capaces de frenar la inflación, porque el gasto estatal seguía siendo financiado con dinero recién impreso.

La estabilización monetaria llegó tarde, y solo después de profundas reformas estructurales. Pero cuando finalmente se controló la cantidad de dinero, la inflación cedió. Este ejemplo demuestra que la inflación puede perdurar incluso en ausencia de guerra, si no se ataca su raíz: el crecimiento desmedido de la oferta monetaria.

La tentación del atajo: controles de precios y salarios

Ante la inflación, muchos gobiernos recurren a atajos. Uno de los más habituales —y también de los más dañinos— son los controles de precios y salarios. La lógica superficial parece impecable: si los precios suben demasiado, basta con prohibir que suban. Pero esta solución es puramente cosmética. Lo que realmente ocurre es que se ocultan las señales del mercado, se generan escaseces, se fomenta el mercado negro y se penaliza a los productores. En lugar de resolver el problema, se lo disfraza.

Los Friedman insisten en que ningún control de precios ha conseguido jamás detener una inflación de origen monetario. Solo cuando se controla la cantidad de dinero en circulación, la inflación puede detenerse de manera duradera.

El ejemplo alemán: Ludwig Erhard y el fin de los controles

El capítulo concluye con uno de los ejemplos favoritos de los Friedman: la reforma económica de Alemania Occidental tras la Segunda Guerra Mundial, liderada por Ludwig Erhard. En 1948, en plena ocupación aliada, la economía alemana estaba estrangulada por la escasez, el racionamiento y una red asfixiante de controles de precios. La inflación era contenida artificialmente, pero el país apenas producía y el mercado negro dominaba la vida cotidiana.

Erhard, entonces director de economía del gobierno militar, tomó una decisión audaz: eliminó de un plumazo casi todos los controles de precios y liberalizó los mercados. Lo hizo, además, sin el consentimiento explícito de los ocupantes. El resultado fue espectacular. En pocas semanas, las estanterías volvieron a llenarse, la producción se reactivó y el mercado negro desapareció.

Para los Friedman, este episodio confirma una verdad fundamental: “cuando se libera al mercado y se permite que los precios reflejen la realidad económica, la producción y la prosperidad florecen”. La estabilidad monetaria que siguió a esa reforma fue clave para el llamado “milagro alemán”.

Conclusión: responsabilidad y disciplina

La lección del capítulo es clara. La inflación no es un castigo divino ni una consecuencia inevitable del progreso. Es una decisión humana, una política. Y como tal, puede evitarse. Pero para ello es necesario que los gobiernos renuncien a la tentación de financiar sus gastos mediante la máquina de imprimir billetes. La disciplina monetaria, aunque impopular y dolorosa a corto plazo, es la única vía segura hacia la estabilidad y el crecimiento sostenido.

Los Friedman no niegan que la transición pueda ser dura. Como con el alcohólico, dejar de beber tiene efectos desagradables. Pero si se persiste, los beneficios son duraderos. No hay soluciones mágicas ni atajos eficaces. Solo el respeto a las reglas básicas del dinero y el mercado puede evitar que la inflación erosione la libertad de elegir.

La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario: es un fenómeno monetario que ocurre cuando el Estado gasta de más y recurre a la emisión para cubrir el déficit fiscal.

Javier Milei


Javier Milei, economista y presidente de Argentina, retoma la célebre frase de Milton Friedman —«la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario»— y la completa con una precisión adicional: es un fenómeno monetario que ocurre cuando el Estado gasta de más y recurre a la emisión para cubrir el déficit fiscal. De este modo, Milei no solo reafirma que la inflación se origina en el exceso de dinero en circulación, sino que señala directamente la causa política detrás de ese exceso: el descontrol del gasto público. En su visión, la maquinita de imprimir billetes no se enciende por accidente, sino como consecuencia de un Estado que vive por encima de sus posibilidades y traslada el coste a los ciudadanos mediante el impuesto inflacionario. Así, completa y actualiza la advertencia de Friedman con un diagnóstico fiscal que apunta al corazón del problema.

Ciencia Explicada: Winter is coming I – Jugando con fuego: cómo la manipulación monetaria nos ha llevado al borde del abismo

En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por los miembros del Grupo de Innovación Educativa Economía para Ingenieros /oikonomos/. En este artículo se resumen las contribuciones del artículo:

Morales-Alonso, G. (2024). Winter is Coming: A Tale of Two Futures – Entrepreneurial State
or Creative Destruction? Innovation Economics Frontiers, 27(2), 86-97.
doi.org/10.36923/ief.v2712.256

Este es el primer apartado de la serie, el segundo se publicará próximamente.

El 15 de agosto de 1971, el presidente Richard Nixon anunció al mundo que Estados Unidos suspendía la convertibilidad del dólar en oro. Ese día, conocido como el Nixon Shock, marcó un antes y un después en la historia económica moderna: el patrón oro quedaba definitivamente atrás y comenzaba una nueva era, que el economista Philipp Bagus ha bautizado como la Era de la Inflación. Desde entonces, los gobiernos y los bancos centrales han tenido libertad absoluta para emitir dinero sin el respaldo de un bien tangible, lo que ha abierto la puerta a una creciente manipulación del sistema monetario.

Durante décadas, las consecuencias de este cambio estructural se han ido acumulando de forma silenciosa. Pero en los últimos años, especialmente tras la crisis del COVID-19, el problema ha estallado a la vista de todos: una inflación descontrolada, un endeudamiento público masivo y una economía mundial que se tambalea. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Y más importante aún: ¿hay salida?

El regreso de la inflación: cuando el dinero se vuelve humo

En verano de 2024, cuando se redacta el artículo que resumimos aquí, los principales bancos centrales del mundo llevan más de dos años tratando de frenar la inflación con medidas de endurecimiento monetario sin precedentes recientes. La Reserva Federal, por ejemplo, subió los tipos de interés en junio de 2022 en 75 puntos básicos, la mayor subida desde 1994. El objetivo era claro: lograr un “aterrizaje suave” que controlara los precios sin provocar una recesión.

En los mercados, el optimismo ha regresado. El S&P 500, que cayó un 20% en 2022, recuperó terreno con subidas superiores al 24% en 2023 y un 12% adicional hasta mediados de 2024. Pero debajo de esta apariencia de estabilidad se esconde una pregunta inquietante: ¿y si los culpables de esta inflación fueran precisamente quienes ahora intentan combatirla?

Las raíces del problema: imprimir dinero como solución universal

Aunque la inflación tiene múltiples causas —desde cuellos de botella en las cadenas de suministro hasta políticas fiscales expansivas o la transición energética—, conviene aplicar el principio de Pareto y centrarse en los factores que explican la mayor parte del fenómeno. En este sentido, conviene recuperar la famosa sentencia del Premio Nobel Milton Friedman: “La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”.

No es una idea nueva. Ya en 1556, el teólogo y economista navarro Martín de Azpilcueta observó cómo la llegada masiva de oro y plata desde América hacía subir los precios de los bienes en España. Lo mismo ocurre hoy: si aumenta la cantidad de dinero en circulación más rápido que la producción de bienes y servicios, los precios inevitablemente suben.

Para entender este proceso, es útil observar los principales agregados monetarios que utiliza la Reserva Federal:

  • Base Monetaria (Monetary Base): incluye el dinero físico (billetes y monedas) más las reservas que los bancos comerciales mantienen en el banco central. Es la base sobre la que se construye todo el sistema monetario.
  • M2: es un agregado más amplio que incluye la base monetaria más los depósitos a corto plazo, las cuentas de ahorro y otros instrumentos financieros líquidos.

Desde la crisis financiera de 2008, ambos agregados han crecido a un ritmo vertiginoso. La base monetaria, que en 2008 rondaba el billón de dólares, supera los 6 billones en 2024. Y el M2 ha pasado de 7,5 billones a más de 20,7 billones en ese mismo periodo. En otras palabras, el 80% de los dólares existentes hoy se han creado en los últimos 15 años.

Expansión monetaria del dólar americano (Morales-Alonso, 2024).

Los triángulos de la expansión monetaria

Este fenómeno se puede representar gráficamente mediante dos “triángulos de expansión monetaria”, que ilustran el ritmo creciente al que se ha creado dinero:

  1. El primer triángulo cubre el periodo entre 2008 y 2013, en el que la base monetaria creció 3 billones de dólares.
  2. El segundo, aún más empinado, corresponde al periodo 2020-2022, durante el cual se inyectaron otros 2,5 billones en apenas dos años, como respuesta a los confinamientos y los planes de estímulo por la pandemia.
Triángulos de expansión monetaria (Morales-Alonso, 2024).

Estas cifras no son simples datos técnicos. Tienen consecuencias reales: distorsionan los precios, incentivan el endeudamiento irresponsable, crean burbujas en los mercados de activos (como la vivienda o la bolsa) y erosionan el poder adquisitivo de los ciudadanos. En última instancia, generan una ilusión de prosperidad que es insostenible.

Podemos preguntarnos, ¿cómo han cambiado las cosas desde el 2024? Como se puede ver en la siguiente figura, la base monetaria se ha estabilizado desde 2024, debido a la preocupación de la Reserva Federal por el control de la inflación.

Base monetaria 2008-2025 (Federal Reserve, 2025).

El espejo roto de los bancos centrales

Ante el repunte inflacionario de 2021-2022, los bancos centrales han reaccionado con un endurecimiento monetario que recuerda al aplicado por Paul Volcker en los años 80. Sin embargo, existe una diferencia fundamental: entonces se partía de un sistema mucho más sólido. Hoy, en cambio, la economía mundial está montada sobre una montaña de deuda pública y privada que necesita tipos bajos para no derrumbarse.

Por eso, muchos economistas advierten que estamos atrapados en una especie de callejón sin salida: subir tipos puede controlar la inflación, pero amenaza con provocar una recesión o una crisis de deuda; mantenerlos bajos alimenta nuevas burbujas y castiga el ahorro.

El propio sistema monetario se ha convertido en una trampa que dificulta cualquier salida ordenada. Como decía Friedrich Hayek, los errores del pasado imponen los límites del presente.

¿Y ahora qué?

La tesis de este artículo es clara: la inflación que hoy sufrimos es, en buena parte, el resultado directo de las políticas monetarias aplicadas en las últimas décadas. La expansión descontrolada del dinero ha erosionado la estabilidad del sistema, y ahora los mismos actores que lo causaron intentan contener sus efectos sin afrontar las causas.

Pero esto es solo una parte del problema. Una crisis monetaria de gran escala requiere no solo malas decisiones desde los bancos centrales, sino también una fiscalidad irresponsable, algo que abordaremos en la segunda parte de este análisis.

De momento, conviene recuperar una idea esencial: la estabilidad del dinero no es solo un asunto técnico, sino también moral y político. El dinero sano no solo preserva el valor de nuestros ahorros; también limita el poder del Estado, al obligarlo a financiarse de forma transparente, mediante impuestos visibles y aprobados democráticamente, y no a través de la inflación oculta.

Conclusión: volver a un dinero sano es volver a la libertad

El dinero sano —el que no puede ser manipulado a voluntad por gobiernos o bancos centrales— es uno de los pilares de la civilización occidental. Permite la cooperación entre personas con fines distintos, facilita el ahorro, el cálculo económico y el emprendimiento. Y sobre todo, protege al ciudadano frente a los excesos del poder político.

El camino hacia una nueva estabilidad exige repensar desde la raíz el sistema monetario actual. Eso implica reconocer los errores, reducir drásticamente la creación artificial de dinero y recuperar principios fundamentales como la responsabilidad fiscal, la transparencia y el respeto a la propiedad privada. Solo así podremos evitar una crisis de proporciones históricas y construir una economía más sólida y libre.

El trabajador frente al Estado: una lectura libertaria de Friedman hoy

En el capítulo 8 de Libertad de elegir, Milton y Rose Friedman dedican su atención al trabajador. Pero no lo hacen desde la óptica habitual de quienes reclaman más protección estatal o derechos colectivos. Por el contrario, defienden que lo que realmente empodera al trabajador no son las leyes bienintencionadas ni los decretos del gobierno, sino la libertad individual y el dinamismo del mercado. Es una tesis que, décadas después, sigue siendo provocadora y profundamente vigente.

La promesa de la libertad individual

Los Friedman parten de una convicción esencial: el trabajo es una manifestación de la libertad personal. La posibilidad de elegir dónde trabajar, qué aprender, con quién asociarse y qué riesgos asumir es parte de lo que nos hace seres libres y responsables. En una economía abierta, los trabajadores no están atrapados en estructuras fijas, sino que pueden moverse, adaptarse y prosperar.

Frente a esto, muchas políticas públicas bienintencionadas han ido limitando esa libertad. Bajo la excusa de proteger al trabajador, el Estado ha terminado imponiendo normas que en la práctica lo excluyen o lo infantilizan. Esta contradicción es central en el análisis de los Friedman.

El salario mínimo: una trampa para los más débiles

Uno de los ejemplos más claros es el del salario mínimo. A primera vista, establecer un sueldo mínimo obligatorio parece una medida solidaria. ¿Quién podría oponerse a que los trabajadores ganen más? Pero como tantas veces sucede en economía, las consecuencias no intencionadas superan a las buenas intenciones.

Friedman lo explica con claridad: imponer un salario mínimo por encima del nivel que ciertos empleadores están dispuestos a pagar no elimina la pobreza, sino que elimina empleos. Y no cualquier empleo, sino precisamente aquellos que podrían ocupar los trabajadores con menos cualificación, los más jóvenes, los inmigrantes o quienes dan sus primeros pasos en el mercado laboral.

Lo que hace el salario mínimo es expulsar del sistema a quienes más necesitan una oportunidad. En vez de ganar experiencia, establecer relaciones laborales y progresar poco a poco, se les impide trabajar directamente. Así, una política diseñada para protegerlos acaba condenándolos al paro estructural o a la economía sumergida.

Desde esta perspectiva, la verdadera justicia social no consiste en fijar precios desde un despacho, sino en permitir que el mercado genere oportunidades reales para todos. No se trata de resignarse a que algunos ganen poco, sino de abrir caminos para que puedan mejorar. Como bien decían los Friedman, “el salario mínimo es una ley que dice: si no tienes la productividad suficiente, no tienes derecho a trabajar”.

Licencias profesionales: ¿garantía de calidad o barrera gremial?

Otro de los aspectos más discutidos del capítulo es la crítica a las licencias profesionales. En muchos países, incluido España, ciertas actividades están reservadas exclusivamente a quienes poseen un título oficial o están colegiados. Se dice que esto protege al consumidor, pero ¿es siempre así?

Los Friedman cuestionan esta lógica. En muchos casos, estas licencias no responden a una necesidad real de seguridad o calidad, sino a la presión de los grupos profesionales organizados para limitar la competencia. Es decir, no están pensadas para proteger al consumidor, sino para proteger al productor.

Impedir que alguien ejerza como arquitecto, economista o terapeuta por no tener una licencia específica es una forma de cerrar el mercado y excluir a potenciales innovadores. Los efectos son conocidos: servicios más caros, menor diversidad de enfoques y un freno al dinamismo social.

Una solución liberal: libertad de elección y certificación voluntaria

Ahora bien, no se trata de rechazar toda forma de control o estándar profesional. Desde una perspectiva liberal, la clave está en la opcionalidad. ¿Por qué no permitir que existan certificaciones privadas y que el cliente elija si quiere contratar a alguien certificado o no? ¿Por qué obligar a todos a pagar por licencias estatales cuando podrían convivir múltiples sistemas de garantía?

La propuesta es sencilla: el que quiera una licencia, que la obtenga voluntariamente, como señal de calidad frente al mercado. Pero no se debe impedir que quien no la tenga, pero cuente con la confianza de sus clientes, pueda ejercer también.

Así, en lugar de un sistema cerrado y coercitivo, tendríamos un entorno de libertad informada, donde los estándares se ganan su prestigio por méritos, no por decreto. Esto estimularía la innovación, la competencia y la verdadera responsabilidad profesional.

Reservas de actividad: una forma moderna de extractivismo institucional

Aunque Friedman no utilizaba estos términos, su crítica a las licencias profesionales puede leerse hoy a la luz del marco teórico de Acemoglu, Robinson y Johnson, autores de referencia en economía institucional. Para ellos, el desarrollo económico depende en gran medida del tipo de instituciones que rigen una sociedad: inclusivas, que abren oportunidades a todos, o extractivas, que concentran el poder y limitan la competencia para beneficiar a unos pocos.

Las reservas de actividad que blindan ciertos sectores profesionales son un caso claro de institución extractiva. No permiten competir en igualdad de condiciones, sino que preservan privilegios de casta bajo la apariencia de estándares técnicos. Y como toda institución extractiva, acaban empobreciendo al conjunto de la sociedad, aunque beneficien temporalmente a un grupo reducido.

Friedman lo intuía claramente cuando denunciaba que muchos colegios profesionales actuaban como gremios medievales disfrazados de organismos técnicos. El lenguaje cambia, pero la lógica es la misma: limitar quién puede trabajar, con qué condiciones y a qué precio.

Un mensaje que sigue vigente

En tiempos donde se vuelve a hablar de controles de precios, de reforzar las licencias estatales o de subir el salario mínimo como solución mágica, conviene recuperar el mensaje de los Friedman: no hay libertad económica sin libertad laboral, y no hay progreso para el trabajador sin un mercado abierto, competitivo y libre de coerciones estatales innecesarias.

Proteger al trabajador no significa decirle lo que puede o no puede hacer. Significa darle poder para decidir, para elegir, para probar, para aprender y para crecer. Y ese poder, en última instancia, sólo se garantiza en un entorno de libertad.


Bitcoin como dinero fuerte

Por Joel Serrano

Doctor en Ciencias Sociales y Jurídicas por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC)

Este artículo es una síntesis de la tesis doctoral “Bitcoin como dinero fuerte: una interpretación de Bitcoin a la luz de la Escuela Austriaca de Economía”, defendida y aprobada con evaluación sobresaliente cum laude el 11 de noviembre de 2025 en la Universidad Rey Juan Carlos, estando formado el Tribunal por el Dr. Jesús Huerta de Soto, la Dra. Estrella Trincado y el Dr. Miguel Anxo Bastos.

Introducción

La tesis doctoral que da pie a este artículo nace de una inquietud muy concreta: Bitcoin ha sido recibido con entusiasmo por amplios sectores libertarios, pero no siempre ha encontrado una aceptación equivalente dentro de la Escuela Austriaca de Economía. A primera vista, esa distancia puede parecer incomprensible: si tantos economistas austriacos son libertarios, ¿por qué no han acogido a Bitcoin con el mismo entusiasmo que otros defensores de la libertad individual? Sin embargo, tras una reflexión más pausada, la aparente paradoja resulta perfectamente coherente. Una afinidad política o filosófica puede advertirse de forma inmediata; una integración rigurosa dentro de una teoría económica exige más tiempo, más prudencia y más precisión conceptual.

Objetivo

El objetivo general de la investigación es evaluar si Bitcoin puede considerarse un dinero fuerte en potencia desde la perspectiva de la Escuela Austriaca. En la tesis no se sostiene que Bitcoin sea ya dinero, porque todavía no actúa como medio de intercambio común y generalmente aceptado. Lo que se defiende es algo más preciso: Bitcoin se utiliza como medio de intercambio en determinados ámbitos y se encuentra inmerso en un proceso de monetización. Y se concluye que, si este proceso llegara a culminar en una aceptación generalizada, Bitcoin reuniría condiciones extraordinarias para convertirse en dinero fuerte.

La tesis no parte directamente de Bitcoin. Sigue una progresión argumental deliberada. Primero se exponen los fundamentos de la Escuela Austriaca de Economía: la acción humana, la praxeología, el individualismo metodológico, la subjetividad del valor y la utilidad marginal. Solo después se entra en la teoría monetaria. Este orden resulta imprescindible porque no es posible comprender Bitcoin correctamente si antes no se aclara qué es el dinero, cuál es su función esencial y por qué surge.

El dinero y el teorema de la regresión

Desde la tradición de Menger y Mises, el dinero no nace de un decreto estatal ni de un diseño centralizado, sino de un proceso social evolutivo y espontáneo. En ese marco, Bitcoin puede entenderse como la evolución natural del dinero ante la intervención estatal en el ámbito monetario.

Uno de los puntos centrales del trabajo es el encaje de Bitcoin con el teorema de la regresión de Mises. Buena parte de la discusión sobre Bitcoin en el ámbito austriaco ha girado alrededor de esta cuestión. Si Bitcoin no tuvo inicialmente un valor de uso no monetario, ¿cómo pudo adquirir valor de cambio y convertirse en medio de intercambio sin contradecir la teoría misesiana? La tesis sostiene que la premisa es incorrecta. Antes de funcionar como medio de intercambio, Bitcoin fue valorado subjetivamente por ciertos usuarios por razones distintas a su uso monetario. Entre ellas cabe citar su diseño descentralizado, su resistencia a la censura, su potencial como sistema de transmisión de valor sin autoridad central y su carácter ideológico cercano al anarcocapitalismo. Esa valoración previa permitió que surgiera un precio de mercado. Solo después, una vez adquirido valor de cambio, pudo empezar a utilizarse como medio de intercambio.

Este punto resulta especialmente importante porque evita dos errores opuestos. El primero sería rechazar a Bitcoin desde la teoría austriaca por no encajar en una lectura demasiado estrecha del teorema de la regresión, aquella que requiere un uso industrial o material previo del bien. El segundo sería defender que Bitcoin obliga a abandonar o corregir los fundamentos de la teoría monetaria austriaca. La tesis sostiene justamente lo contrario: este novedoso fenómeno monetario puede ser comprendido mejor si se analiza desde los postulados austriacos. Bitcoin no refuta la teoría austriaca del dinero, sino que ofrece un caso nuevo, propio de la era digital, en el que esa teoría muestra, una vez más, su gran capacidad explicativa.

Medio de intercambio, dinero y dinero fuerte

La tesis también se ocupa de distinguir cuidadosamente entre medio de intercambio, dinero y dinero fuerte. Esta distinción es necesaria porque muchas discusiones sobre Bitcoin se vuelven confusas al utilizar esos términos de forma indistinta. Bitcoin es un medio de intercambio. Sin embargo, su uso en el intercambio indirecto no lo convierte todavía en dinero —por definición, un medio de intercambio común y generalmente aceptado—. Aun así, puede afirmarse, siguiendo a Mises, que en cuanto medio de intercambio le es aplicable la teoría del dinero y, por tanto, puede considerarse dinero en potencia. A partir de ahí, se estudia su naturaleza y se plantea si, en caso de convertirse en dinero, podría catalogarse como dinero fuerte; es decir, como un dinero escaso, surgido espontáneamente en el mercado y resistente a la manipulación y a la censura.

En la tesis se compara a Bitcoin con el oro. El oro es señalado como el mejor dinero fuerte conocido hasta la fecha. No se trata al oro como un rival menor ni como una reliquia que deba despreciarse. Al contrario, el oro permite comprender qué cualidades ha valorado históricamente el mercado en un bien monetario: escasez, durabilidad, divisibilidad, homogeneidad, transportabilidad y dificultad de falsificación. Pero el oro también mostró debilidades prácticas que facilitaron su captura política: su materialidad, la necesidad de sustitutos monetarios, la expansión de medios fiduciarios, la custodia centralizada y la posibilidad de confiscación o control estatal. Bitcoin, en cambio, introduce propiedades nuevas y relevantes: escasez digital verificable, emisión programada e inmutable, descentralización, resistencia a la censura, posibilidad de autocustodia, irreversibilidad de las transacciones e imposibilidad práctica de que se altere arbitrariamente su política monetaria.

El dinero, un proceso evolutivo. Fuente: Oikonomos, interpretación libre a partir de la tesis de Joel Serrano.

Por eso se sostiene que Bitcoin puede entenderse como una forma de dinero fuerte adaptada a la era digital. No porque sea perfecto ni porque ya haya vencido, sino porque sus características responden de manera notable a los problemas que la Escuela Austriaca ha señalado históricamente en el dinero fíat y en la intervención monetaria estatal. El dinero fíat permite una inflación directa de la oferta monetaria, redistribuye riqueza de forma opaca, distorsiona precios relativos, altera el cálculo económico y facilita políticas inflacionistas, además de una inflación indirecta vía expansión crediticia que genera ciclos económicos.

CaracterísticaOroBitcoin
Escasez
Durabilidad
DivisibilidadAltaMuy alta
TransportabilidadMediaMuy alta
Homogeneidad
Resistencia a la falsificaciónAltaMuy alta
AutocustodiaPosible, pero costosaMuy sencilla (con claves privadas)
Resistencia a la censuraLimitadaMuy alta
Oferta monetariaAumenta con la extracciónFijada en 21 millones

Objeciones contra Bitcoin

El trabajo aborda varias objeciones frecuentes, que se responden desde la praxeología y el marco de la Escuela Austriaca. Frente a la objeción de que Bitcoin sería únicamente un método de transmitir dinero, se sostiene que no puede reducirse a un simple instrumento de transmisión, porque los bitcoins no se canjean inmediatamente por dinero fíat: también se atesoran y se emplean directamente para pagar bienes y servicios. Frente a la objeción de que Bitcoin no podría llegar a ser dinero por su falta de estabilidad, se distingue entre la estabilidad de precios pretendida por las políticas intervencionistas y la estabilidad estructural de un dinero fuerte. Frente a la idea de que Bitcoin es un activo financiero, se sostiene que se trata de un bien presente y un activo real. Frente a la idea de que Bitcoin podría funcionar como depósito de valor pero no como dinero, se señala que esa dicotomía es engañosa, porque el uso de Bitcoin como reserva de valor presupone precisamente su comerciabilidad y su utilidad como medio de intercambio, aunque ese intercambio se reserve para el futuro. Y frente a la supuesta ausencia de respaldo, se distingue entre un sentido estrecho, en el que Bitcoin no tiene respaldo —como tampoco lo tiene el oro—, y un sentido amplio, en el que sus propiedades institucionales lo respaldan extraordinariamente.

Un puente entre austriacos y bitcoiners

Adicionalmente, la tesis trata de tender un puente entre austriacos y bitcoiners. Se entiende que ambos grupos comparten una preocupación esencial: la defensa del dinero fuerte frente al deterioro producido por el dinero fíat, la banca central y el inflacionismo. Sin embargo, no siempre dialogan con suficiente profundidad. La tesis intenta mostrar que la Escuela Austriaca puede aportar a Bitcoin un marco muy valioso, y que Bitcoin puede tomar el testigo del oro como un ideal de dinero fuerte alcanzable en el futuro.

Método lógico-deductivo

El método de la tesis es lógico-deductivo. No pretende ser un estudio econométrico ni un análisis cuantitativo sobre el precio, la volatilidad o el grado de adopción de Bitcoin. Su aportación principal está en el terreno conceptual. Esto marca tanto su alcance como sus límites. No busca predecir si Bitcoin será finalmente dinero ni en qué plazo. Lo que busca es analizar si Bitcoin posee cualidades compatibles con la teoría austriaca del dinero y si, de generalizarse su aceptación, podría considerarse un dinero fuerte.

La banca y los medios fiduciarios

En relación con la idea de dinero fuerte, se dedica un apartado a explicar la banca central, la banca libre y la creación de medios fiduciarios. Este apartado resulta muy relevante porque la defensa del dinero fuerte no puede separarse del tipo de sistema bancario y crediticio que se construye sobre él. Además, este asunto ha merecido un extenso anexo final que amplía el debate entre la banca de reserva cien por cien y la banca de reserva fraccionaria y se plantea como una defensa de la primera.

Bitcoin como alternativa a las políticas inflacionistas

En la parte final de la tesis se postula a Bitcoin como una alternativa a las políticas inflacionistas y al monopolio estatal del dinero. Allí se tratan cuestiones vinculadas a la escalabilidad, las diferentes capas que surgen sobre Bitcoin, la importancia de correr un nodo, la autocustodia y la diferencia esencial entre Bitcoin y las criptomonedas. Esta distinción es necesaria porque Bitcoin suele integrarse en el conglomerado de las criptomonedas, cuando su naturaleza económica y monetaria es totalmente distinta.

Conclusión

La conclusión de la tesis es prudente, pero optimista. No se afirma que Bitcoin sea hoy lo que todavía no es. Pero se sostiene que, si el mercado llegara a convertirlo en dinero, Bitcoin tendría condiciones excepcionales para ser dinero fuerte en sentido austriaco. Esa es, en síntesis, la idea central.

En último término, esta tesis es una invitación al estudio. A los austriacos, para que no ignoren el fenómeno monetario más importante de nuestro tiempo. A los bitcoiners, para que no se conformen con intuiciones acertadas pero insuficientemente fundamentadas. Y a todos los interesados en la libertad, para que comprendan que la cuestión del dinero sigue siendo central en nuestro tiempo.

Friedman frente a la hiperregulación: ¿quién protege realmente al consumidor?

1. La tesis de Friedman sobre la regulación

En el capítulo 7 de Libertad de Elegir, titulado “¿Quién protege al consumidor?”, Milton y Rose Friedman plantean una tesis provocadora: la regulación estatal, lejos de proteger al consumidor, a menudo lo perjudica, frenando la innovación, elevando los costes y restringiendo la libertad de elección. En su lugar, los Friedman proponen un sistema basado en la competencia, la transparencia y la responsabilidad individual.

El punto de partida es simple pero poderoso: cuando el Estado asume la tarea de proteger al consumidor, lo hace sustituyendo su juicio por el de burócratas, que no enfrentan ni los incentivos ni las consecuencias de sus decisiones. Peor aún, al concentrar poder regulador, se abre la puerta a la captura del regulador por intereses privados, generando una ilusión de protección que beneficia a unos pocos y perjudica al resto.

Los Friedman no defienden la ausencia de reglas, sino la existencia de reglas generales que garanticen la información veraz y el cumplimiento de contratos, pero sin caer en el paternalismo ni en el intervencionismo detallista.

Friedman y la regulación

2. ¿Qué pasa con los “free riders” cercanos al poder?

Uno de los argumentos habituales a favor de la regulación es que hay empresas que, sin supervisión, podrían aprovecharse de los consumidores. Pero Friedman advierte que el verdadero problema surge cuando esos aprovechados no actúan en el mercado, sino en los pasillos del poder.

Cuando el Estado se convierte en el árbitro de qué productos se pueden vender, cómo deben producirse o qué licencias son necesarias, crea incentivos para que ciertos grupos empresariales busquen capturar al regulador, obteniendo favores, subvenciones, barreras de entrada o información privilegiada. Es el fenómeno conocido como rent-seeking o “búsqueda de rentas”, que convierte al empresario innovador en empresario político.

En este contexto, los “free riders” ya no son pequeños oportunistas del mercado, sino grandes corporaciones con acceso al poder, que utilizan la regulación para bloquear la competencia, manipular precios o garantizarse beneficios a costa del consumidor.

La solución que proponen los Friedman no es más regulación, sino menos poder discrecional en manos del Estado. En un entorno de libertad económica, las empresas compiten por ofrecer mejores productos al mejor precio, no por influir en las reglas del juego. Así, el consumidor se convierte en el verdadero árbitro, no el burócrata ni el político de turno.


3. ¿Cómo se protege al consumidor en un mercado sin exceso de regulación?

Una de las preguntas clave que plantea el capítulo es: ¿cómo garantizar la seguridad o la calidad de los productos sin una maraña de normas? Los Friedman responden con una combinación de libertad, transparencia y responsabilidad legal.

Por ejemplo, en el caso de las medicinas, critican con fuerza el papel de la FDA en Estados Unidos. Aunque reconocen la necesidad de ciertas garantías básicas, denuncian que los procesos largos y costosos para aprobar medicamentos retrasan tratamientos que podrían salvar vidas. Además, estas exigencias favorecen a grandes farmacéuticas con recursos suficientes para navegar la burocracia, mientras marginan a pequeños innovadores.

Friedman sugiere un modelo donde las agencias como la FDA puedan certificar productos, pero sin prohibir su venta. Así, médicos y pacientes podrían elegir, con información clara, y asumir los riesgos de manera consciente. La competencia entre certificadoras privadas, los seguros, los tribunales y la reputación actuarían como mecanismos de control más eficaces que la regulación centralizada.

Algo similar ocurre en otros ámbitos, como la seguridad vial o la alimentación: si los consumidores tienen acceso a información fiable y pueden elegir entre opciones, las empresas tienen incentivos a ofrecer calidad y seguridad, so pena de perder clientes o ser demandadas por daños.

Marzo de 2025 – Diego Sánchez de la Cruz frente al Parlamento de los Diputados con la legislación aprobada en tan solo dos meses.

4. La lucha contra la hiperregulación: de Madrid a Buenos Aires

En la actualidad, el debate sobre la hiperregulación está más vivo que nunca. Dos ejemplos recientes lo ilustran con claridad: la Comunidad de Madrid y el gobierno de Javier Milei en Argentina.

En Madrid, el equipo del Director General de Economía Juan Manuel López Zafra ha promovido iniciativas para reducir trabas burocráticas y simplificar normativas, bajo la idea de que menos regulación significa más dinamismo, más empleo y más competencia. De hecho, está en preparación una Ley contra la Hiperregulación, que se presentará en la Asamblea de Madrid en los próximos meses. Desde la liberalización de horarios comerciales hasta la reducción de licencias, el gobierno de la Comunidad de Madrid lleva apostando por una agenda de libertad económica que, aunque criticada por sectores intervencionistas, ha tenido resultados económicos notables.

En Argentina, Milei ha llevado esta lógica al extremo con su “motosierra” regulatoria. Su enfoque, directamente inspirado por las ideas de Friedman y Hayek, busca desmantelar el entramado de privilegios, licencias, controles de precios y regulaciones que asfixian al sector productivo argentino. Aunque enfrenta enormes resistencias, su mensaje cala en una ciudadanía harta de un Estado ineficaz que regula mucho y soluciona poco.

Ambos casos comparten una premisa: el exceso de regulación no protege al ciudadano, sino que lo empobrece y lo hace dependiente del poder político. Friedman, sin duda, aplaudiría estos intentos por devolver protagonismo al mercado y a la libertad individual.


5. ¿Y si el Estado decide protegernos de nosotros mismos? Del airbag al coche autónomo

Una cuestión más profunda que plantea el capítulo es: ¿debe el Estado protegernos incluso de nuestras propias decisiones? Friedman responde con un claro no.

Un ejemplo clásico es el del airbag obligatorio. Aunque su intención es aumentar la seguridad, Friedman sostiene que obligar a todos a pagar por ese dispositivo elimina la libertad de elección. Si el airbag solo protege al conductor, ¿por qué imponerlo por ley? ¿No bastaría con que se informe al comprador de su existencia y eficacia, y que decida si quiere asumir el coste?

El problema de fondo es que, si se acepta el principio de que el Estado puede protegerte de ti mismo, no hay límite a lo que puede regular: podría prohibirse el alcohol, las comidas grasas, el alpinismo o incluso conducir por cuenta propia.

Este debate se actualiza hoy con la conducción autónoma. ¿Debe el Estado obligarnos a usar solo coches autónomos si estos son más seguros? Desde la lógica friedmaniana, la respuesta sería no: lo correcto es permitir su desarrollo y competencia, pero no imponerlos ni prohibir la conducción humana, salvo que haya externalidades claras sobre terceros.

En todo caso, el rol del Estado sería el de establecer reglas claras de responsabilidad en caso de accidentes, y garantizar la veracidad de la información. El resto debe dejarse al juicio de los individuos y a la evolución del mercado.


Conclusión

El capítulo 7 de Libertad de Elegir no solo es una crítica lúcida a la regulación excesiva; es una defensa firme de la libertad como mejor garantía de protección al consumidor. Friedman nos invita a desconfiar del paternalismo estatal, a identificar los intereses ocultos tras la regulación, y a confiar más en los mecanismos descentralizados del mercado.

En un mundo donde la hiperregulación amenaza con sofocar la innovación y la responsabilidad individual, la voz de Friedman resuena con más fuerza que nunca. Desde Madrid hasta Buenos Aires, la batalla por la libertad económica sigue vigente. La pregunta sigue siendo la misma: ¿quién protege realmente al consumidor?

Premio Juan de Mariana 2025 – Juan Ramón Rallo Julián

El Premio que concede el Instituto Juan de Mariana a una trayectoria profesional en defensa de los valores de la libertad ha recaído en 2025 en el economista Juan Ramón Rallo Julián.

Natural de Benicarló (1984), Rallo es un destacado divulgador en el ámbito de la economía. Con más de 800.000 suscriptores en YouTube, es además autor de destacados libros como “Una revolución liberal para España” (2014), “Los 10 principios básicos del orden liberal” (2019) o “Anti-Marx” (2022).

Juan Ramón Rallo, Premio Juan de Mariana 2025.

La entrega se produjo en el tradicional salón del Casino de Madrid el pasado 30 de mayo. Una vez más, con gran éxito de organización por parte del Instituto, vendiéndose todas las entradas. Se contó con la presencia de algunos de los ganadores anteriores, como Federico Jiménez Losantos, Carlos Rodríguez Braun y Jesús Huerta de Soto, además de poder verse a buena parte del liberalismo de habla castellana.

La presentación del Premio corrió a cargo de Manuel Llamas, el director del Instituto, que resaltó que se cumplen 20 años de trayectoria de la institución en los que Juan Ramón Rallo ha estado siempre unido desde su fundación. Gabriel Calzada se encargó del primer encomio, destacando la larga trayectoria de Rallo en el liberalismo, estando vinculado al movimiento libertario desde que tenía 17 años, cuando ya sorprendía a sus interlocutores con su capacidad de trabajo y habilidad para poner los problemas del presente bajo la óptica de las teorías económicas clásicas. El premio lo entregó Carlos Rodríguez Braun, quien bromeó sobre que su más importante contribución a la economía es haber escrito dos libros con Rallo.

En su discurso de recepción del premio, Rallo hizo una alocución sobre la importancia de la filosofía moral. Con ello, parece querer ahondar en su separación de los postulados de Escuela Austriaca de Economía, estudios que siguió bajo la dirección de Huerta de Soto, y de los que parece estar distanciándose. Así, optó por un discurso más cercano al liberalismo clásico, huyendo de toda discusión de ámbito monetario. Comenzó su discurso resaltando cómo, posicionamientos morales que han sido aceptados en distintos lugares y momentos de la historia resultarían incomprensibles hoy. Esto le lleva a concluir que una sociedad libre debe estar compuesta por personas que tengan la capacidad de respetar los posicionamientos morales de los demás. Esa es, precisamente la definición de liberalismo a la que suele acudir Rallo, “la capacidad de respetar los proyectos de vida de los demás”. Se trata de “una propuesta de mínimos” en la que existe escepticismo sobre la posibilidad de definir un “código moral común”, en su lugar considera que los códigos morales son heterogéneos y competitivos entre sí. Para Rallo “cada persona importa” y por tanto “cada persona debe ser respetada”.

Tras sentar estas bases teóricas, exhortó a los presentes a ser conscientes de que cada generación toma la antorcha de la libertad de la generación anterior. Pero siendo conscientes de que también tiene la responsabilidad de seguir avivando las llamas para iluminar sus propias problemáticas, para conseguirlo: “el avance y consolidación de los principios liberales depende de desafiar a los principios opuestos” pues se trata del único modelo que “solo puede vencer convenciendo”. Es decir, hay que particularizar las propuestas del liberalismo a los problemas de su tiempo. De esta forma, no se trata de ganar el presente, sino de ganar el futuro.

El premiado durante su discurso de recepción del Premio.

La era Milei, de Philipp Bagus: el liberalismo argentino en la batalla de las ideas

Philipp Bagus, uno de los economistas más destacados de la Escuela Austriaca contemporánea y discípulo directo de Jesús Huerta de Soto, acaba de publicar La era Milei, una obra llamada a convertirse en referencia obligada para comprender el renacimiento liberal que atraviesa Argentina y su proyección internacional. Publicado por Publicaciones del Orden Espontáneo, este libro no es una mera biografía política del actual presidente argentino, sino una exposición intelectual de fondo: un alegato riguroso y didáctico a favor de las ideas que, según Bagus, están llamadas a cambiar el rumbo del mundo hispano y más allá.

Portada de La era Milei.

Bagus y el contexto de la obra

Philipp Bagus no es ajeno al debate sobre el intervencionismo estatal ni al colapso de los sistemas monetarios contemporáneos. Autor de libros como La tragedia del euro, En defensa de la deflación y Estados pequeños, grandes posibilidades, se ha consolidado como una de las voces más sólidas de la tradición austriaca, especialmente en el ámbito de la política monetaria y las finanzas públicas. Su estrecha relación intelectual y personal con Jesús Huerta de Soto lo sitúa en una posición privilegiada para interpretar los fenómenos económicos y políticos desde una cosmovisión liberal coherente, profundamente arraigada en la ética individualista, la defensa de la propiedad privada y el orden espontáneo.

El autor de La era Milei, Philipp Bagus.

En La era Milei, Bagus va un paso más allá y analiza el fenómeno del presidente argentino Javier Milei no como un accidente político o como una excentricidad mediática, sino como el resultado lógico de un proceso cultural en el que las ideas de la libertad han comenzado a permear una sociedad devastada por el estatismo y el populismo.

La batalla cultural y el retorno de las ideas liberales

Uno de los méritos centrales del libro es que no se limita a describir las políticas de Milei ni a enumerar sus promesas de campaña. Bagus entiende que el verdadero cambio no es de administración, sino de paradigma. Así, analiza con profundidad cómo la batalla cultural ha sido clave para transformar un ideario marginal en una fuerza política de masas.

Inspirado por figuras como Ludwig von Mises, Hayek o Murray Rothbard, Javier Milei ha sabido transmitir con pasión y convicción conceptos que durante décadas permanecieron recluidos en círculos académicos o think tanks sin llegada al gran público. El libro ofrece una radiografía precisa de este proceso de difusión, destacando la importancia de la pedagogía política y de la claridad en los principios. Como recuerda Bagus, las ideas tienen consecuencias, y el ascenso de Milei es prueba de ello.

El colapso económico argentino como punto de partida

Bagus dedica buena parte de su obra a contextualizar la debacle argentina. A través de un análisis lúcido y accesible, explica cómo décadas de gasto público descontrolado, emisión monetaria sin respaldo y regulaciones asfixiantes llevaron a Argentina, otrora uno de los países más prósperos del mundo, al borde del abismo económico.

En este contexto de deterioro institucional, inflación galopante y pérdida de confianza ciudadana, el mensaje liberal encontró una audiencia receptiva. La era Milei interpreta este fenómeno no como un milagro político, sino como el despertar de una sociedad cansada de las promesas incumplidas del Estado omnipresente. Así, el libro reivindica la responsabilidad individual, el ahorro, la inversión productiva y el respeto por el marco jurídico como pilares de la prosperidad.

Principios sólidos frente al pragmatismo político

Otro punto fuerte del libro es su énfasis en la coherencia ética del liberalismo frente al oportunismo político. Bagus destaca cómo Milei ha sabido mantenerse firme en sus convicciones —la defensa inquebrantable de la propiedad privada, la crítica frontal al banco central y la apuesta por un Estado reducido— incluso cuando ello implicaba enfrentarse al establishment político, mediático y económico.

Frente a quienes abogan por una “tercera vía” o un liberalismo “moderado”, Bagus argumenta que sólo mediante la fidelidad a los principios es posible construir un cambio duradero. En este sentido, el libro conecta con otras obras clásicas de la tradición liberal como Camino de servidumbre de Hayek o Libertad de elegir de los Friedman, y se presenta como una continuación actualizada de esa línea argumental.

El enfoque paleolibertario: ética, mercado y tradición

En un guiño al pensamiento de Murray Rothbard y Hans-Hermann Hoppe, La era Milei introduce también el concepto de paleolibertarismo, una corriente que combina el radicalismo económico del anarcocapitalismo con una visión ética y cultural de inspiración tradicionalista. Bagus sostiene que este enfoque resulta especialmente útil en América Latina, donde el discurso puramente técnico del liberalismo ha sido históricamente insuficiente para contrarrestar la hegemonía cultural de la izquierda.

Milei, según Bagus, ha logrado conectar con sectores populares y jóvenes no sólo por sus diagnósticos económicos, sino por su defensa del mérito, de la familia, del orden y de la cultura del esfuerzo. Este componente moral, a menudo olvidado por los liberales clásicos, resulta clave para comprender el atractivo político del nuevo liberalismo argentino.

Más allá de Argentina: un mensaje global

Aunque centrado en el caso argentino, el libro tiene una clara vocación internacional. Bagus interpreta el fenómeno Milei como un síntoma de algo más grande: el hartazgo global frente al intervencionismo, la inflación estructural y el vaciamiento de los valores que sostienen las sociedades libres.

En este sentido, La era Milei es también una invitación a repensar el papel del liberalismo en la actualidad: no como un mero conjunto de recetas económicas, sino como una visión integral del ser humano, la sociedad y la política. Bagus apuesta por un liberalismo con alma, anclado en la ética y capaz de disputar el sentido común cultural.

Conclusión: un libro necesario para nuestro tiempo

La era Milei no es un panfleto ni una biografía aduladora. Es una obra seria, bien argumentada y escrita con claridad, que recoge lo mejor de la tradición austriaca y lo proyecta hacia los desafíos del presente. En tiempos de confusión política y degradación institucional, este libro ofrece una brújula intelectual para quienes creen que otro futuro es posible si se toman en serio las ideas de la libertad.

Con prólogo del propio Javier Milei y encomio de Jesús Huerta de Soto, esta obra se inscribe ya en la tradición de los grandes libros liberales del siglo XX. Es, en palabras de la editorial, una herramienta de transformación y una contribución valiosa a la batalla cultural. Para todo lector interesado en entender el momento actual —ya sea desde la economía, la política o la filosofía—, La era Milei es una lectura imprescindible.




Friedman en la escuela: libertad, lengua y elección

1. Alternativas en la educación primaria y secundaria

La organización de la educación primaria y secundaria varía ampliamente entre países, especialmente en su grado de centralización. A un extremo se encuentra Francia, con un modelo estatal centralizado; al otro, experiencias más descentralizadas o incluso orientadas al mercado, como en algunos estados de EE.UU..

  • Francia: el Estado define un currículo nacional único y controla directamente la formación del profesorado, los libros de texto y la organización escolar.
  • España: aunque el Ministerio de Educación fija ciertos contenidos básicos, las Comunidades Autónomas tienen competencias amplias para adaptar currículos, definir lenguas vehiculares y gestionar centros. En el País Vasco o Cataluña, la educación se convierte en instrumento de identidad.
  • EE.UU.: no existe un currículo nacional. La educación depende de distritos escolares locales. Algunos estados (como Florida o Arizona) permiten sistemas de charter schools y vouchers para elegir escuela pública o privada.
  • Reino Unido: combina escuelas públicas gestionadas por autoridades locales con academias (financiadas públicamente pero autónomas) y free schools (similares a las charter).
  • Italia: tiene un modelo centralizado en contenidos, aunque con creciente presencia de escuelas privadas subvencionadas. Hay una histórica tensión entre la educación estatal y la católica.
  • Alemania: modelo federal. Cada Land (estado federado) organiza su sistema educativo. Existe pluralidad de modelos según el Land.

Estos enfoques reflejan visiones distintas sobre el papel del Estado: garante universal, proveedor directo, o simplemente financiador.


2. Una mirada al modelo francés

El sistema educativo francés se consolidó tras la Revolución, pero alcanzó su forma moderna con las leyes de Jules Ferry (1881-1882), que establecieron la gratuidad, laicidad y obligatoriedad escolar. El objetivo era claro: formar ciudadanos republicanos.

El Estado central diseña el currículo, homologa los libros, define los exámenes nacionales y forma al profesorado. La lengua de instrucción es el francés, sin excepción. Los valores laicos y republicanos son eje vertebrador.

Este modelo ha sido eficaz para garantizar cohesión nacional, movilidad social y una formación homogénea. Pero también ha tenido un coste: la erosión de las lenguas y culturas regionales (bretón, corso, occitano, vasco), y la imposibilidad de adaptar la escuela a contextos locales.


3. La no neutralidad de la educación

Aunque se presente como universal y objetiva, la educación no es neutra. Transmite valores, narrativas históricas y una determinada visión del mundo.

El contraste entre el País Vasco francés y español es ilustrativo:

  • En el lado francés, la educación pública ha invisibilizado la lengua vasca y debilitado la identidad vasca. No hay enseñanza en euskera en la escuela pública.
  • En el lado español, gracias a las competencias autonómicas, existen modelos bilingües e incluso totalmente en euskera. La escuela se convierte en vehículo de identidad.

El resultado es palpable: el nacionalismo vasco es marginal en Francia, pero mayoritario en Euskadi. La educación estatal centralizada ha moldeado una identidad nacional única, mientras que la descentralización ha permitido pluralidad.


4. La mirada de Friedman

Milton y Rose Friedman, en “Libertad de elegir”, defienden que el Estado debe financiar pero no proveer directamente la educación. Proponen un sistema de vouchers o cheques escolares: cada familia recibe una cantidad fija para gastar en la escuela que elija, pública o privada.

Ejemplo:

  • Supongamos que el coste medio de escolarizar a un niño en la escuela pública es de 5.000 euros anuales.
  • Bajo el sistema de vouchers, cada familia recibiría un cheque de 5.000 euros por hijo.
  • Una familia con dos hijos (Ana y Lucas) podría:
    • Mantenerlos en la escuela pública actual.
    • O llevarlos a un colegio privado que cobre, por ejemplo, 4.800 euros/año. En este caso, no tendría que abonar nada extra.
    • Si el colegio cuesta 6.000 euros, la familia abonaría la diferencia: 1.000 euros anuales por niño.

Este sistema empodera a las familias y obliga a los centros a competir por atraer alumnos.


5. Ejemplos de utilización de vouchers

  • Suecia: desde 1992 aplica un sistema de vouchers que permite elegir entre escuelas públicas y privadas. Las escuelas deben aceptar a todos los alumnos y no cobrar extra. Ha aumentado la diversidad y competencia.
  • Chile: lo introdujo en los años 80. Permitió una explosión de escuelas privadas subvencionadas. Sin embargo, se generaron desigualdades entre escuelas.
  • Estados Unidos: varios estados (como Wisconsin, Indiana, Arizona) tienen programas de vouchers o cuentas de ahorro educativo. La evidencia es mixta: mejora en satisfacción de familias, pero resultados académicos dispares.
  • Países Bajos: sistema mixto donde el 70% de los alumnos asiste a escuelas privadas subvencionadas. El Estado financia, pero no gestiona la mayoría de centros.

6. Pros y contras de los vouchers

Pros:

  • Mayor libertad de elección para las familias.
  • Incentiva la mejora continua de los centros.
  • Favorece la innovación pedagógica.
  • Permite una mejor adaptación a preferencias culturales o religiosas.

Contras:

  • Posible “captura de subsidios”: escuelas que elevan sus precios para absorber todo el voucher.
  • Riesgo de segregación escolar por nivel socioeconómico.
  • Dificultad de regulación y control de calidad.
  • Puede debilitar la red de escuelas públicas en zonas rurales o desfavorecidas.

Una dimensión habitualmente ignorada en el debate sobre la organización educativa es el problema de agencia que surge cuando los propios docentes o sus representantes acceden a órganos de decisión sobre políticas educativas. Al igual que ocurre en otros ámbitos del sector público, los incentivos no siempre están alineados con el interés general. En muchos casos, las decisiones tienden a favorecer estructuras que aumentan el número de plazas, reducen la exigencia evaluativa o consolidan modelos que garantizan estabilidad laboral, más allá de su eficacia pedagógica.

Esta dinámica puede derivar en un crecimiento endógeno del sistema educativo, no necesariamente vinculado a mejoras en los resultados ni a la adaptación a las demandas sociales o culturales. Por ejemplo, se crean nuevas especialidades, se complejizan normativas y se dificulta la entrada de innovaciones ajenas al sistema. El sistema de vouchers propuesto por Friedman introduce un contrapeso a esta tendencia: al poner el poder de decisión en manos de las familias, obliga a los centros —públicos y privados— a responder a las preferencias reales, no solo a las dinámicas internas de sus plantillas o sindicatos.

7. Conclusiones

La educación no es solo una herramienta de formación, sino también de construcción identitaria. El caso del País Vasco ilustra las consecuencias de los distintos modelos educativos: en el lado francés, la centralización ha apagado voces culturales locales; en el lado español, la descentralización ha dado lugar a una potente recuperación lingüística y cultural.

Sin embargo, incluso en España, el debate sigue abierto. ¿Qué pasa con aquellas familias que desearían una educación en castellano en comunidades donde predomina otra lengua oficial? ¿Y con aquellas en el País Vasco francés que quisieran escolarizar a sus hijos en euskera, pero no encuentran oferta pública?

Un sistema de vouchers como el propuesto por Friedman podría ofrecer una solución: si hay demanda real, surgirían centros que respondieran a ella. No habría imposición desde arriba, sino libertad desde abajo. Las familias podrían elegir en qué idioma, con qué valores y bajo qué proyecto educativo quieren formar a sus hijos.

Lejos de debilitar la cohesión social, esta diversidad permitiría que cada comunidad cultural, lingüística o religiosa se sintiera respetada. Y al mismo tiempo, introduciría competencia y eficiencia en un sistema que hoy, en muchos casos, se encuentra anquilosado.

La propuesta de Friedman no es una panacea, pero sí una invitación a repensar cómo garantizamos una educación de calidad, plural y verdaderamente libre.

Terminamos esta entrada del blog recordando las palabras que dedicó el catedrático Jesús Huerta de Soto a Javier Milei durante la concesión del Premio Juan de Mariana 2024: “Sueño con un mundo, en el que los burócratas no laven el cerebro de nuestros hijos ni los consideren propiedad del Estado”.