1. Alternativas en la educación primaria y secundaria
La organización de la educación primaria y secundaria varía ampliamente entre países, especialmente en su grado de centralización. A un extremo se encuentra Francia, con un modelo estatal centralizado; al otro, experiencias más descentralizadas o incluso orientadas al mercado, como en algunos estados de EE.UU..
- Francia: el Estado define un currículo nacional único y controla directamente la formación del profesorado, los libros de texto y la organización escolar.
- España: aunque el Ministerio de Educación fija ciertos contenidos básicos, las Comunidades Autónomas tienen competencias amplias para adaptar currículos, definir lenguas vehiculares y gestionar centros. En el País Vasco o Cataluña, la educación se convierte en instrumento de identidad.
- EE.UU.: no existe un currículo nacional. La educación depende de distritos escolares locales. Algunos estados (como Florida o Arizona) permiten sistemas de charter schools y vouchers para elegir escuela pública o privada.
- Reino Unido: combina escuelas públicas gestionadas por autoridades locales con academias (financiadas públicamente pero autónomas) y free schools (similares a las charter).
- Italia: tiene un modelo centralizado en contenidos, aunque con creciente presencia de escuelas privadas subvencionadas. Hay una histórica tensión entre la educación estatal y la católica.
- Alemania: modelo federal. Cada Land (estado federado) organiza su sistema educativo. Existe pluralidad de modelos según el Land.
Estos enfoques reflejan visiones distintas sobre el papel del Estado: garante universal, proveedor directo, o simplemente financiador.
2. Una mirada al modelo francés
El sistema educativo francés se consolidó tras la Revolución, pero alcanzó su forma moderna con las leyes de Jules Ferry (1881-1882), que establecieron la gratuidad, laicidad y obligatoriedad escolar. El objetivo era claro: formar ciudadanos republicanos.
El Estado central diseña el currículo, homologa los libros, define los exámenes nacionales y forma al profesorado. La lengua de instrucción es el francés, sin excepción. Los valores laicos y republicanos son eje vertebrador.
Este modelo ha sido eficaz para garantizar cohesión nacional, movilidad social y una formación homogénea. Pero también ha tenido un coste: la erosión de las lenguas y culturas regionales (bretón, corso, occitano, vasco), y la imposibilidad de adaptar la escuela a contextos locales.
3. La no neutralidad de la educación
Aunque se presente como universal y objetiva, la educación no es neutra. Transmite valores, narrativas históricas y una determinada visión del mundo.
El contraste entre el País Vasco francés y español es ilustrativo:
- En el lado francés, la educación pública ha invisibilizado la lengua vasca y debilitado la identidad vasca. No hay enseñanza en euskera en la escuela pública.
- En el lado español, gracias a las competencias autonómicas, existen modelos bilingües e incluso totalmente en euskera. La escuela se convierte en vehículo de identidad.
El resultado es palpable: el nacionalismo vasco es marginal en Francia, pero mayoritario en Euskadi. La educación estatal centralizada ha moldeado una identidad nacional única, mientras que la descentralización ha permitido pluralidad.
4. La mirada de Friedman
Milton y Rose Friedman, en “Libertad de elegir”, defienden que el Estado debe financiar pero no proveer directamente la educación. Proponen un sistema de vouchers o cheques escolares: cada familia recibe una cantidad fija para gastar en la escuela que elija, pública o privada.

Ejemplo:
- Supongamos que el coste medio de escolarizar a un niño en la escuela pública es de 5.000 euros anuales.
- Bajo el sistema de vouchers, cada familia recibiría un cheque de 5.000 euros por hijo.
- Una familia con dos hijos (Ana y Lucas) podría:
- Mantenerlos en la escuela pública actual.
- O llevarlos a un colegio privado que cobre, por ejemplo, 4.800 euros/año. En este caso, no tendría que abonar nada extra.
- Si el colegio cuesta 6.000 euros, la familia abonaría la diferencia: 1.000 euros anuales por niño.
Este sistema empodera a las familias y obliga a los centros a competir por atraer alumnos.
5. Ejemplos de utilización de vouchers
- Suecia: desde 1992 aplica un sistema de vouchers que permite elegir entre escuelas públicas y privadas. Las escuelas deben aceptar a todos los alumnos y no cobrar extra. Ha aumentado la diversidad y competencia.
- Chile: lo introdujo en los años 80. Permitió una explosión de escuelas privadas subvencionadas. Sin embargo, se generaron desigualdades entre escuelas.
- Estados Unidos: varios estados (como Wisconsin, Indiana, Arizona) tienen programas de vouchers o cuentas de ahorro educativo. La evidencia es mixta: mejora en satisfacción de familias, pero resultados académicos dispares.
- Países Bajos: sistema mixto donde el 70% de los alumnos asiste a escuelas privadas subvencionadas. El Estado financia, pero no gestiona la mayoría de centros.
6. Pros y contras de los vouchers
Pros:
- Mayor libertad de elección para las familias.
- Incentiva la mejora continua de los centros.
- Favorece la innovación pedagógica.
- Permite una mejor adaptación a preferencias culturales o religiosas.
Contras:
- Posible “captura de subsidios”: escuelas que elevan sus precios para absorber todo el voucher.
- Riesgo de segregación escolar por nivel socioeconómico.
- Dificultad de regulación y control de calidad.
- Puede debilitar la red de escuelas públicas en zonas rurales o desfavorecidas.
Una dimensión habitualmente ignorada en el debate sobre la organización educativa es el problema de agencia que surge cuando los propios docentes o sus representantes acceden a órganos de decisión sobre políticas educativas. Al igual que ocurre en otros ámbitos del sector público, los incentivos no siempre están alineados con el interés general. En muchos casos, las decisiones tienden a favorecer estructuras que aumentan el número de plazas, reducen la exigencia evaluativa o consolidan modelos que garantizan estabilidad laboral, más allá de su eficacia pedagógica.
Esta dinámica puede derivar en un crecimiento endógeno del sistema educativo, no necesariamente vinculado a mejoras en los resultados ni a la adaptación a las demandas sociales o culturales. Por ejemplo, se crean nuevas especialidades, se complejizan normativas y se dificulta la entrada de innovaciones ajenas al sistema. El sistema de vouchers propuesto por Friedman introduce un contrapeso a esta tendencia: al poner el poder de decisión en manos de las familias, obliga a los centros —públicos y privados— a responder a las preferencias reales, no solo a las dinámicas internas de sus plantillas o sindicatos.
7. Conclusiones
La educación no es solo una herramienta de formación, sino también de construcción identitaria. El caso del País Vasco ilustra las consecuencias de los distintos modelos educativos: en el lado francés, la centralización ha apagado voces culturales locales; en el lado español, la descentralización ha dado lugar a una potente recuperación lingüística y cultural.
Sin embargo, incluso en España, el debate sigue abierto. ¿Qué pasa con aquellas familias que desearían una educación en castellano en comunidades donde predomina otra lengua oficial? ¿Y con aquellas en el País Vasco francés que quisieran escolarizar a sus hijos en euskera, pero no encuentran oferta pública?
Un sistema de vouchers como el propuesto por Friedman podría ofrecer una solución: si hay demanda real, surgirían centros que respondieran a ella. No habría imposición desde arriba, sino libertad desde abajo. Las familias podrían elegir en qué idioma, con qué valores y bajo qué proyecto educativo quieren formar a sus hijos.
Lejos de debilitar la cohesión social, esta diversidad permitiría que cada comunidad cultural, lingüística o religiosa se sintiera respetada. Y al mismo tiempo, introduciría competencia y eficiencia en un sistema que hoy, en muchos casos, se encuentra anquilosado.
La propuesta de Friedman no es una panacea, pero sí una invitación a repensar cómo garantizamos una educación de calidad, plural y verdaderamente libre.
Terminamos esta entrada del blog recordando las palabras que dedicó el catedrático Jesús Huerta de Soto a Javier Milei durante la concesión del Premio Juan de Mariana 2024: “Sueño con un mundo, en el que los burócratas no laven el cerebro de nuestros hijos ni los consideren propiedad del Estado”.