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Cuando prohibir coches no basta: la ciencia de la movilidad urbana

En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por investigadores vinculados a la Universidad Politécnica de Madrid y al entorno académico de la ingeniería y la gestión. En este artículo se resumen las contribuciones del trabajo:

Muñoz-Medina, B., Ordoñez, J., Romana, M. G., & Alcaraz Carrillo de Albornoz, V. (2025). Achieving sustainable urban mobility with a modified VIKOR method to improve the selection of a park and ride system. Journal of Civil Engineering and Management, 31(2), 153–170.

En muchas grandes ciudades europeas, conducir hacia el centro urbano se ha convertido progresivamente en una actividad más difícil, más lenta y más regulada. Restricciones al tráfico, zonas de bajas emisiones, limitaciones de aparcamiento o peajes urbanos forman ya parte habitual del paisaje político y urbano de numerosas capitales. Madrid no ha sido una excepción. Durante los últimos años, medidas como Madrid Central o Madrid 360 han tratado de reducir la contaminación, la congestión y el uso intensivo del vehículo privado.

Sin embargo, existe una cuestión fundamental que a menudo queda fuera del debate público: prohibir o restringir no basta. Si las administraciones quieren reducir el tráfico privado de manera sostenible, necesitan ofrecer alternativas reales, funcionales y eficientes para millones de ciudadanos que siguen necesitando desplazarse diariamente por razones laborales, familiares o personales.

Es precisamente aquí donde entra en juego uno de los elementos más importantes de la movilidad urbana contemporánea: los aparcamientos disuasorios o park and ride.

El problema de la movilidad urbana moderna

Las grandes ciudades europeas afrontan un problema estructural. Por una parte, concentran actividad económica, empleo, universidades, servicios y ocio. Por otra, millones de personas viven fuera de los centros urbanos y necesitan desplazarse diariamente hacia ellos. El resultado es conocido: congestión, contaminación, ruido, pérdida de tiempo y deterioro de la calidad de vida.

El artículo parte precisamente de esta realidad. Sus autores recuerdan que una parte muy significativa de las emisiones contaminantes urbanas procede del transporte privado y que ciudades como Madrid han sufrido durante años episodios recurrentes de contaminación asociados al tráfico rodado. Al mismo tiempo, el incremento de vehículos provoca enormes costes indirectos: tiempo perdido en atascos, incertidumbre en los desplazamientos, consumo energético y saturación del espacio urbano.

En este contexto, muchas administraciones han optado por restringir progresivamente el acceso de vehículos privados al centro de las ciudades. Pero estas políticas plantean un desafío evidente: ¿cómo lograr que los ciudadanos abandonen parcialmente el coche sin deteriorar su movilidad?

La respuesta habitual pasa por reforzar el transporte público e impulsar sistemas intermodales. Y aquí aparece el papel de los aparcamientos disuasorios.

Qué es realmente un aparcamiento disuasorio

La idea básica de un aparcamiento disuasorio es relativamente sencilla. El conductor deja su vehículo en un punto situado en la periferia o en los principales corredores de entrada a la ciudad y completa el trayecto mediante transporte público: metro, cercanías o autobús.

Sin embargo, aunque la idea parezca intuitiva, diseñar correctamente este tipo de infraestructuras es mucho más complejo de lo que podría parecer a primera vista.

No todos los aparcamientos disuasorios funcionan igual de bien. Algunos apenas son utilizados, mientras que otros consiguen reducir significativamente el tráfico hacia el centro urbano. La diferencia depende de numerosos factores: localización, accesibilidad, conexión con transporte público, coste, demanda potencial, congestión existente, impacto ambiental o incluso aceptación social.

Aquí es donde el artículo realiza su principal contribución científica. Los autores no se limitan a defender la utilidad de los aparcamientos disuasorios, sino que desarrollan una metodología para determinar cuáles son las ubicaciones más sostenibles y eficientes.

Más allá de la intuición: cómo decidir dónde invertir

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es que muestra hasta qué punto las decisiones de planificación urbana son problemas complejos con múltiples variables en conflicto.

Por ejemplo, una ubicación puede resultar muy barata desde el punto de vista económico, pero poco útil funcionalmente. Otra puede tener gran demanda potencial, pero generar elevados costes ambientales o problemas de congestión secundaria. Incluso un aparcamiento muy bien conectado puede fracasar si los tiempos de transbordo o la calidad del transporte público no resultan suficientemente atractivos para el usuario.

Figura 1. Elegir una ubicación no es una decisión simple, sino un problema de optimización con múltiples variables.

Para abordar este problema, los investigadores desarrollan un sistema de análisis multicriterio capaz de evaluar simultáneamente factores económicos, funcionales, ambientales y sociales.

Entre los criterios considerados aparecen elementos como:

  • costes de construcción y operación;
  • ahorro energético y reducción de emisiones;
  • proximidad a infraestructuras de transporte público;
  • congestión de los corredores de acceso;
  • densidad de población cercana;
  • reducción de accidentes;
  • o mejora de la calidad de vida de los usuarios.

La idea de fondo es especialmente interesante porque refleja un problema frecuente en las políticas públicas modernas: optimizar una sola variable suele empeorar otras.

Reducir tráfico puede aumentar costes. Minimizar costes puede reducir funcionalidad. Maximizar accesibilidad puede generar nuevas congestiones. La movilidad urbana sostenible exige equilibrar simultáneamente numerosos objetivos parcialmente contradictorios.

El caso de Madrid: la ciudad como laboratorio

El artículo aplica esta metodología al sistema de aparcamientos disuasorios planteado para la ciudad de Madrid. En total, los investigadores analizan doce posibles ubicaciones distribuidas por distintos corredores de entrada a la capital.

El estudio evalúa emplazamientos como Canillejas, Villaverde Bajo, Valdebebas, Paco de Lucía, Colonia Jardín o el entorno del Metropolitano, considerando para cada uno de ellos variables de sostenibilidad, funcionalidad y eficiencia.

Los resultados son especialmente interesantes porque muestran que no todas las alternativas presentan el mismo comportamiento. Algunas ubicaciones destacan claramente por su capacidad para integrar movilidad, accesibilidad y sostenibilidad, mientras que otras obtienen resultados considerablemente peores.

Según el análisis realizado, Canillejas y Villaverde Bajo aparecen entre las soluciones más sostenibles dentro del conjunto analizado. Por el contrario, alternativas como Valdebebas o Paco de Lucía presentan peores resultados relativos desde el punto de vista de la sostenibilidad global.

Figura 2. La ciudad puede analizarse como un sistema de flujos y nodos interconectados.

Lo relevante aquí no es únicamente qué ubicación “gana”, sino el hecho de que las decisiones pueden apoyarse en modelos técnicos relativamente sofisticados capaces de integrar simultáneamente multitud de variables interrelacionadas.

En otras palabras: detrás de una decisión aparentemente simple, como construir un aparcamiento junto a una estación de metro, existe un problema de ingeniería, planificación y análisis de datos mucho más complejo de lo que suele percibirse desde fuera.

Movilidad sostenible: un problema de coordinación

Uno de los aspectos más interesantes del artículo es que permite comprender la movilidad urbana no como un problema aislado, sino como un sistema complejo de coordinación social y técnica.

La eficacia de un aparcamiento disuasorio no depende únicamente del propio aparcamiento. También depende de:

  • la calidad del transporte público;
  • las frecuencias de paso;
  • el tiempo total de desplazamiento;
  • los incentivos económicos;
  • la percepción de seguridad;
  • la facilidad de acceso;
  • y los hábitos de comportamiento de los usuarios.

Esto ayuda a entender por qué muchas políticas urbanas fracasan cuando se limitan únicamente a prohibir o restringir sin crear alternativas suficientemente atractivas.

Desde este punto de vista, el artículo ofrece una lección importante para el diseño de políticas públicas: las ciudades modernas funcionan como sistemas complejos en los que las infraestructuras, los incentivos y el comportamiento humano interactúan constantemente.

La movilidad sostenible no puede construirse únicamente mediante restricciones administrativas. Requiere también diseñar sistemas eficientes que los ciudadanos estén realmente dispuestos a utilizar.

Más allá de los aparcamientos

Aunque el trabajo se centra específicamente en los aparcamientos disuasorios, sus implicaciones van mucho más allá de este caso concreto.

El artículo refleja una tendencia cada vez más importante en la ingeniería y la planificación urbana: el uso de herramientas avanzadas de análisis multicriterio para apoyar decisiones públicas complejas.

En un entorno donde las ciudades deben equilibrar sostenibilidad ambiental, eficiencia económica y calidad de vida, las decisiones ya no pueden basarse únicamente en intuiciones políticas o soluciones simplistas.

Figura 3. La movilidad sostenible no consiste en prohibir, sino en coordinar infraestructuras e incentivos para que las personas puedan elegir alternativas eficientes.

Precisamente por eso, investigaciones como esta resultan especialmente relevantes. No solo aportan herramientas técnicas para mejorar la movilidad urbana, sino que también ayudan a comprender mejor la enorme complejidad que existe detrás de problemas aparentemente cotidianos como un atasco, una estación de metro o un aparcamiento lleno.

Al final, la gran enseñanza del artículo es clara: construir ciudades más sostenibles no consiste únicamente en limitar el uso del coche, sino en diseñar sistemas urbanos capaces de coordinar de forma inteligente movilidad, infraestructuras y comportamiento humano.

La estrategia y el ejercicio de la función empresarial en la firma

Por Artur Marion Ceolin

Doctor en Ciencias Sociales y Jurídicas por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y Fellow del Instituto Mises Brasil

Este artículo es una síntesis de la tesis doctoral “Strategy, Entrepreneurship, and the Firm”, defendida y aprobada con evaluación sobresaliente cum laude el 6 de febrero de 2026 en la Universidad Rey Juan Carlos. El objetivo central de la tesis, así como de este artículo, es discutir cómo la fuerza del emprendimiento sí se materializa y guía las actividades de la firma mediante la estrategia empresarial. La estrategia emerge como un mecanismo de organización y gobernanza del poder de decisión en torno al uso del capital en la producción. 

Introducción

Al analizar el ejercicio de la función empresarial en los mercados, generalmente se reconoce que esta constituye una fuerza fundamental para la creación de la firma. No obstante, una vez establecida la firma, la conversación suele desplazarse hacia un paradigma administrativo, relegando el emprendimiento a un segundo plano en dicha conversación.

Esta transición es problemática, porque el emprendimiento, como función ejercida en los mercados, no desaparece, sino que se mantiene como una función clave dentro de la firma para coordinar los activos heterogéneos bajo un plan de producción. La coordinación de activos es una actividad de carácter fundamentalmente empresarial (Lachmann, 1947, 1956; Salerno, 2008).

Entonces, si la función empresarial es fundamental en los mercados, ¿por qué muchas teorías de la firma la relegan a un segundo plano? En este contexto, los enfoques tradicionales, basados en un marco positivista, encuentran dificultades para comprender el papel esencialmente creativo que desempeñan los empresarios, especialmente en la organización de los activos económicos.

De manera alternativa, la Escuela Austríaca de Economía fundamenta su enfoque en una comprensión más amplia de la naturaleza del individuo y de su comportamiento en los mercados (Mises, 1998; Huerta de Soto, 2010). En este contexto, la función empresarial, en un sentido amplio, se considera una característica intrínseca de la acción humana (Huerta de Soto, 2010).

Representación esquemática del empresario. Autor: Artur Marion Ceolin.

Los empresarios, en este sentido, son quienes, subjetivamente, crean nuevas oportunidades de beneficio. Emplean su subjetividad para contrastar el estado actual de los factores con el especulado futuro del mercado (Rothbard, 2004). De esta manera, no solo organizan los procesos productivos, sino que también generan nuevo conocimiento empresarial (Huerta de Soto, 2010).

La función empresarial y la organización de la producción

Para entender el papel de la estrategia como manifestación del emprendimiento en la firma, primero es crucial comprender qué es la función empresarial. Esta función se refiere a la capacidad de las personas para generar oportunidades de ganancia mediante la organización de recursos económicos (Huerta de Soto, 2010).

La acción está orientada a alcanzar los objetivos del agente. El individuo decide cómo coordinar los recursos disponibles para alcanzar sus objetivos subjetivos (Mises, 1998). Estos arreglos productivos también son subjetivos, ya que el capital no tiene un uso predeterminado, sino que depende de los planes de producción de los empresarios en circunstancias específicas (Huerta de Soto, 2006).

Los individuos, basándose en su comprensión subjetiva de la economía y en la especulación sobre hechos futuros, estructuran sus planes de acción. En estos planes, el papel de los recursos varía según el rol que desempeñan en los diferentes planes de acción y de producción, desarrollados en un contexto de incertidumbre (Rothbard, 2004).

En resumen, los recursos carecen de un valor objetivo por sí mismos: es la acción de los hombres empresarios la que les asigna valor subjetivo (Bylund & Packard, 2022). Por lo tanto, los recursos no son inherentemente productivos, sino que adquieren valor mediante los planes de los individuos (Huerta de Soto, 2006).

Huerta de Soto (2010) fortalece esta idea al destacar que la perspicacia es una habilidad creativa que permite imaginar de forma productiva el futuro y generar oportunidades subjetivas de beneficios. Además, Foss y Klein (2012) perfeccionan la comprensión del juicio empresarial al demostrar que se ejerce en las decisiones de asignación de recursos en contextos de incertidumbre.

Representación de la organización empresarial de la firma. Autor: Artur Marion Ceolin.

Es importante entender que estas no son características opuestas, sino que se complementan: la perspicacia proporciona la base creativa para la acción, mientras que el juicio la concreta mediante decisiones específicas. Su empleo culmina en la organización de la producción, en la que los empresarios coordinan procesos productivos concretos.

Como resultado de su deliberación, el empresario establece un tipo específico de arreglo que modernamente llamamos firma. Esta estructura actúa como un mecanismo contractual y funcional para organizar diversos activos y coordinar la división del trabajo en condiciones de incertidumbre, con el objetivo de lograr un uso coherente de los recursos.

El papel de la firma

La firma surge como resultado de la función empresarial y constituye la estructura que permite coordinar diversas acciones en torno a un objetivo específico. (Hayek, 1964, 1973). En la firma, el empresario puede delegar y coordinar el ejercicio del poder de juicio, lo que permite una gestión global de los procesos productivos y la asignación de diversos recursos según el plan de producción.

En este sentido, la firma habilita al empresario para ir más allá de sus límites personales e institucionaliza su perspicacia y poder de juicio. El enfoque austríaco permite comprender las firmas no como unidades mecánicas, sino como arreglos creativos organizados bajo control empresarial. La firma se convierte en el centro donde la acción empresarial se estructura y se proyecta hacia el futuro.

La firma se define por su función de organizar y mantener de manera continua el ejercicio de la función empresarial. Es en la firma donde el empresario no solo concibe, sino que también implementa de manera cohesionada el uso de recursos heterogéneos, estructurando la división del trabajo. La firma cumple un papel imprescindible para que el empresario delegue la toma de decisiones sin perder la coherencia con su propósito. Es su extensión institucional, un espacio en el que la perspicacia y el juicio se integran en estructuras productivas.

Así, si la función empresarial es tan crucial en los mercados, también debe reflejarse en la firma. Es decir, la función empresarial no se limita a la creación de empresas, sino que también se evidencia en su organización y en sus procesos productivos. La firma surge como una estructura fundamental que permite al empresario gestionar la producción en un sistema capitalista.

La estrategia empresarial, en este sentido, se presenta como la manifestación de la función empresarial en la organización (Marion Ceolin, 2025). A través de la estrategia, considerada el mecanismo general de coordinación del poder de decisión en la firma, los empresarios pueden gestionar el uso de los bienes de capital en los procesos, asignando recursos y dividiendo tareas. Es mediante la estrategia empresarial que el empresario logra estructurar los recursos de manera cohesionada y contextualmente adecuada.

El papel de la estrategia en la firma

La concepción dominante de estrategia suele percibirse como una disciplina predictiva, tecnocrática y orientada a la medición para predicción, en la que los directivos se consideran técnicos sociales capacitados (Marion Ceolin, 2025). Por otro lado, en el enfoque austríaco (Marion Ceolin, 2025), la estrategia busca gestionar la incertidumbre mediante la integración de los diversos juicios del empresario, alineando las actividades operativas con el propósito empresarial.

La estrategia puede definirse como la organización del ejercicio del juicio empresarial dentro de la firma. Es, en esencia, la manifestación organizativa de la función empresarial, la guía para que la perspicácia y el juicio se conviertan en la utilización de recursos y en mecanismos de gobernanza. La estrategia orienta el juicio empresarial y coordina su ejercicio entre los distintos miembros de la firma. En suma, es un proceso dinámico en el que la función empresarial guía la organización de los arreglos productivos.

Así, la estrategia nunca es algo externo al emprendimiento, sino que forma parte del contexto específico de la firma. La estrategia articula el propósito y la perspectiva de la firma con sus actividades productivas. Además, garantiza que las decisiones de los empleados estén alineadas con el propósito de la firma y con su perspectiva macro para coordinar las acciones.

Representación de la estrategia en la firma. Autor: Artur Marion Ceolin.

En resumen, la estrategia consiste en el arreglo activo de juicios empresariales que, de forma dinámica y eficiente, permiten alcanzar los objetivos de la empresa. De este modo, la formulación y definición de una estrategia en la firma están estrechamente vinculadas a la organización de los poderes derivados de la función empresarial.

La integración del conocimiento empresarial también muestra cómo la estrategia organiza el uso del conocimiento por parte de los individuos dentro de una estructura, facilitando a las empresas emplearlo en la producción. De este modo, este mecanismo permite que los actores empleen su conocimiento específico, manteniendo siempre una cohesión orientada al propósito empresarial establecido.

Conclusiones

La función empresarial no se agota con la creación de la firma ni con la explotación inicial de oportunidades de beneficio. Por el contrario, su ejercicio continúa siendo esencial una vez que la firma emerge. La producción capitalista exige algo más que la mera intuición de una posibilidad de ganancia: requiere la coordinación continua de recursos heterogéneos, la división del trabajo y la orientación de múltiples decisiones en contextos de incertidumbre.

La firma, entonces, debe como el arreglo institucional funcional mediante el cual la acción empresarial adquiere continuidad y capacidad de proyección en el tiempo. La firma hace posible que una visión subjetiva sobre los usos futuros de los recursos se convierta en una estructura concreta de coordinación, en la que distintos individuos puedan actuar de manera complementaria. En este sentido, la firma amplía el alcance del empresario más allá de sus límites personales, institucionalizando su capacidad para organizar la producción.

Sobre esta base, la estrategia constituye la forma específica en que la función empresarial se ejerce en la firma. Es por medio de la estrategia que el empresario orienta el uso de los recursos, organiza la división del trabajo, alinea decisiones particulares con un propósito común y coordina el ejercicio del juicio derivado. La estrategia permite, precisamente, que la acción empresarial no se disuelva en la complejidad organizativa, sino que conserve dirección, coherencia y sentido productivo dentro de la firma.

Representación del nuevo modelo de formación de estrategia. Autor: Artur Marion Ceolin.

El argumento desarrollado en este artículo permite reinterpretar la estrategia desde una perspectiva genuinamente empresarial. La estrategia surge como el mecanismo mediante el cual dicha función se materializa, se distribuye y se mantiene activa en la estructura productiva. Desde esta óptica, la estrategia no es externa al emprendimiento ni un complemento posterior a la fundación de la firma, sino la expresión interna de la propia función empresarial en el ámbito organizativo.

Referencias

Bylund, P., & Packard, M. (2022). Subjective value in entrepreneurship. Small Business Economics 58, 1243–1260.

Foss, NJ & Klein, PG. (2012). Organizing Entrepreneurial Judgment: A New Approach to the Firm.

Hayek, FA. (1964). Kinds of Order in Society. New Individualism Review 1 (3).

______. (1973). Law, Legislation, and Liberty Vol. 1 Rules and Orders.

Huerta de Soto, J. (2010). Socialism, Economic Calculation and Entrepreneurship.

______. (2006). Money, Bank Credit, and Economic Cycles.

Lachmann, L. (1947). Complementary and Substitution in the Theory of Capital. Economica 14 (54), 108-119.

______. (1956). Capital and Its Structure.

Marion Ceolin, A. (2025). Strategy as a Judgmental Arrangement to Organize Productive Processes. Academy of Management Proceedings 2025.

Mises, L. (1998). Human Action – Scholars Edition.

Rothbard, M. (2004). Man, Economy, and State with Power and Market.

Salerno, J. (2008). The Entrepreneur: Real and Imagine. Quarterly Journal of Austrian Economics 11, 188-207.

Cuando aprender compite con el móvil: Kahoot! y la gamificación en la formación de ingenieros

En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por los miembros del Grupo de Innovación Educativa Economía para Ingenieros /oikonomos/. En este artículo se resumen las contribuciones del artículo:

Navarro-Castillo, Y., Pablo-Lerchundi, I., & Morales-Alonso, G. (2025). Kahoot! as a tool to enhance learning for engineering students in economics & management courses. The International Journal of Management Education, 23(2), 101173.

Vivimos tiempos de cambio acelerado en la educación. El aula universitaria, especialmente la presencial, ya no es un espacio aislado del entorno digital, sino un lugar en el que la atención del estudiante compite constantemente con estímulos externos, pantallas paralelas y dinámicas propias de una cultura hiperconectada. En este contexto, la pregunta clave para el docente no es solo qué enseñar, sino cómo hacerlo para que el aprendizaje sea efectivo, significativo y duradero.

El artículo de Navarro-Castillo, Pablo-Lerchundi y Morales-Alonso (2025), publicado en The International Journal of Management Education, se inscribe precisamente en este debate. Su aportación es clara: analizar empíricamente si una herramienta concreta de gamificación, Kahoot!, mejora el rendimiento académico y la experiencia de aprendizaje de estudiantes de ingeniería en asignaturas de economía y gestión. No se trata de una defensa ingenua de la tecnología educativa, sino de un estudio cuantitativo riguroso que evalúa resultados, percepciones y correlaciones relevantes para la práctica docente.

El reto específico: enseñar gestión a ingenieros

La enseñanza de materias como organización de empresas, economía o gestión a estudiantes de ingeniería presenta desafíos bien conocidos. Estos alumnos suelen percibir las asignaturas de ciencias sociales como periféricas respecto a su formación técnica, lo que reduce su motivación inicial y su implicación activa. Sin embargo, tanto la literatura académica como las demandas del mercado laboral subrayan la necesidad de un perfil profesional equilibrado, capaz de combinar competencias técnicas con habilidades de gestión, comprensión económica y capacidades sociales.

El artículo parte de esta tensión estructural: cómo lograr que los estudiantes de ingeniería no solo “aprueben” estas asignaturas, sino que realmente asimilen conceptos complejos y los integren en su formación. La gamificación aparece aquí no como un fin en sí mismo, sino como un posible medio para activar la atención, fomentar la participación y mejorar la comprensión.

Gamificación y aprendizaje activo: el papel de Kahoot!

La gamificación, entendida como la incorporación de elementos propios del juego en contextos no lúdicos, ha ganado protagonismo en la última década. Herramientas como Kahoot! permiten introducir dinámicas de competición, feedback inmediato y participación colectiva en tiempo real, elementos especialmente atractivos para generaciones acostumbradas a entornos digitales interactivos.

Kahoot! no sustituye al contenido ni al esfuerzo cognitivo, pero sí modifica la forma en que el estudiante interactúa con el material. En lugar de una recepción pasiva, el alumno responde, se compara, recibe retroalimentación inmediata y mantiene un nivel de atención sostenido durante la sesión. El artículo analiza precisamente si estos efectos percibidos se traducen en mejoras reales del rendimiento académico.

Diseño del estudio: datos antes que intuiciones

Uno de los puntos fuertes del trabajo es su diseño metodológico. Los autores analizan el caso de estudiantes de Ingeniería de Materiales en la asignatura de Organización de Empresas en la Universidad Politécnica de Madrid. Se trata de un estudio cuantitativo con diseño preexperimental, que compara grupos que utilizaron Kahoot! como herramienta de evaluación formativa con otros que no lo hicieron.

Para evaluar el impacto, se emplean pruebas estadísticas no paramétricas (Mann-Whitney U y Kruskal-Wallis H) con el fin de comparar calificaciones entre grupos. Además, se realiza una encuesta de satisfacción al final del curso, cuyos resultados se analizan mediante modelos de ecuaciones estructurales con mínimos cuadrados parciales (PLS-SEM). Esta combinación permite vincular resultados objetivos (notas) con percepciones subjetivas (motivación, disfrute, sensación de aprendizaje).

Resultados: cuando el juego mejora el rendimiento

Los resultados del estudio son consistentes y estadísticamente significativos. En primer lugar, los estudiantes que obtienen mejores puntuaciones en los cuestionarios de Kahoot! tienden a lograr también mejores calificaciones en los exámenes finales. Esto sugiere que la herramienta no solo anima a participar, sino que refuerza la asimilación de contenidos relevantes para la evaluación formal.

En segundo lugar, la participación activa en las dinámicas de gamificación se asocia positivamente con el rendimiento académico. No basta con “estar presente”: el grado de implicación importa. Este resultado es especialmente relevante porque refuerza la idea de que la gamificación funciona como catalizador del aprendizaje activo, no como mero entretenimiento.

En tercer lugar, el disfrute declarado por los estudiantes durante las sesiones de Kahoot! influye positivamente en su percepción global del aprendizaje. Lejos de trivializar la asignatura, la dinámica lúdica parece reducir barreras psicológicas y favorecer una actitud más abierta hacia contenidos que, de otro modo, podrían percibirse como áridos.

Por último, los estudiantes que consideran que Kahoot! les proporciona apoyo académico (al ofrecer feedback inmediato y detectar lagunas de conocimiento) también reportan un mayor nivel de aprendizaje percibido. Este punto es clave: la herramienta no solo motiva, sino que orienta.

Más allá de las notas: implicaciones pedagógicas

Uno de los méritos del artículo es no quedarse en la mera constatación de mejoras en las calificaciones. Los autores extraen implicaciones claras para docentes, gestores universitarios y responsables de política educativa. Para el profesorado, el mensaje es directo: incorporar herramientas de gamificación como Kahoot! puede ser especialmente eficaz en asignaturas introductorias o transversales, donde la motivación inicial del estudiante es más baja.

Para las universidades, el estudio sugiere la conveniencia de apoyar institucionalmente estas prácticas, ofreciendo formación específica al profesorado y facilitando el acceso a recursos tecnológicos. La innovación docente no debería depender únicamente de la iniciativa individual, sino formar parte de una estrategia educativa coherente.

Desde una perspectiva más amplia, el artículo refuerza la idea de una enseñanza centrada en el estudiante, en la que el feedback inmediato, la interacción y la participación activa no son elementos accesorios, sino componentes centrales del proceso de aprendizaje.

Limitaciones y futuras líneas de investigación

Como todo estudio empírico, el trabajo reconoce sus limitaciones. El diseño preexperimental y el contexto específico (una asignatura concreta en una universidad determinada) invitan a la prudencia en la generalización de los resultados. Asimismo, el análisis se centra en efectos a corto plazo, sin evaluar el impacto de la gamificación en la retención del conocimiento a largo plazo.

Estas limitaciones abren, sin embargo, interesantes líneas de investigación futura: estudios longitudinales, comparaciones entre distintas herramientas de gamificación, análisis en otros ámbitos disciplinarios o combinaciones con metodologías como el aprendizaje basado en proyectos.

Una conclusión clara: rigor y juego no son incompatibles

El artículo de Navarro-Castillo, Pablo-Lerchundi y Morales-Alonso aporta evidencia empírica sólida a un debate a menudo dominado por intuiciones y modas pedagógicas. Su conclusión es clara: bien diseñada e integrada, la gamificación puede mejorar tanto la experiencia de aprendizaje como el rendimiento académico, incluso en contextos tradicionalmente resistentes como la enseñanza de economía y gestión a ingenieros.

Lejos de trivializar el aula, herramientas como Kahoot! pueden convertirse en aliadas del rigor académico, siempre que se utilicen con un propósito claro y alineado con los objetivos formativos. En un entorno educativo cada vez más complejo, este tipo de evidencias resulta especialmente valiosa para repensar cómo enseñamos y cómo aprenden nuestros estudiantes.

ODS: ¿compromiso o simple apariencia?

En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por los miembros del Grupo de Innovación Educativa Economía para Ingenieros /oikonomos/. En este artículo se resumen las contribuciones del artículo:

Costa, R., Tiburzi, L., Morales‐Alonso, G., Calabrese, A., & Rosati, F. (2025). SDG walking or washing? A cross‐sectoral analysis of business contribution to the SDGs. Business Strategy and the Environment, 34(3), 3561–3576.

Este trabajo nace de una colaboración académica entre la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad Tor Vergata de Roma.

Empresas y Objetivos de Desarrollo Sostenible: entre el compromiso real y la apariencia

En los últimos años, la sostenibilidad ha pasado de ser un asunto marginal a ocupar un lugar central en el discurso empresarial. Las empresas hablan cada vez más de impacto social, medioambiental y de su contribución a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Informes, memorias y documentos corporativos están repletos de referencias a estos objetivos, presentados como una hoja de ruta global hacia un desarrollo más equilibrado y responsable.

Sin embargo, una pregunta clave subyace a este fenómeno: ¿hasta qué punto estas declaraciones reflejan un compromiso real y profundo con la sostenibilidad, y hasta qué punto responden a una estrategia más superficial orientada a mejorar la imagen corporativa? El artículo que aquí se resume aborda precisamente esta cuestión, proponiendo una forma novedosa de distinguir entre ambas situaciones.

El auge del reporting en sostenibilidad

La presión política, social y regulatoria sobre las empresas para que informen de su impacto no financiero ha aumentado de manera notable. Las organizaciones ya no solo rinden cuentas de sus resultados económicos, sino también de cómo afectan al entorno natural, a las comunidades y a la sociedad en su conjunto. Este proceso ha dado lugar a distintas formas de reporting: informes de sostenibilidad, memorias de responsabilidad social, informes integrados o declaraciones no financieras.

Con la adopción de la Agenda 2030, muchas empresas comenzaron a alinear su comunicación con los ODS, señalando explícitamente cómo sus actividades contribuyen a cada uno de ellos. En principio, este movimiento tiene un enorme potencial: el sector privado desempeña un papel crucial en la innovación, la inversión y la transformación productiva necesarias para avanzar hacia un desarrollo sostenible.

El problema surge cuando esta comunicación se convierte en un fin en sí mismo y no en el reflejo de cambios reales en la forma de operar de la empresa.

Sostenibilidad simbólica frente a sostenibilidad sustantiva

El artículo parte de una distinción fundamental entre dos enfoques de la sostenibilidad empresarial. Por un lado, el enfoque sustantivo, en el que la sostenibilidad se integra en el núcleo del modelo de negocio, influyendo en la estrategia, en los procesos productivos y en la toma de decisiones a largo plazo. Por otro, el enfoque simbólico, en el que la sostenibilidad se utiliza principalmente como un recurso comunicativo para reforzar la legitimidad de la empresa ante sus grupos de interés.

En este segundo caso, las acciones reportadas pueden estar desconectadas del negocio principal, ser marginales o carecer de impacto real. El riesgo es evidente: se genera una apariencia de compromiso que no se corresponde con la realidad, dando lugar a prácticas conocidas como SDG washing, una variante del más conocido greenwashing.

Detectar estas prácticas no es sencillo, ya que las empresas pueden presentar informes extensos y visualmente sofisticados sin aportar información relevante o verificable sobre sus actuaciones.

Los índices para mirar más allá del discurso

La principal contribución del artículo es la propuesta de un método que permite identificar enfoques simbólicos en el reporting de los ODS mediante la comparación de dos dimensiones complementarias.

La primera es el índice de cobertura de los ODS, que mide hasta qué punto una empresa menciona y cubre un amplio abanico de indicadores relacionados con los ODS en sus informes. En términos simples, evalúa la amplitud del discurso: cuántos objetivos, metas e indicadores aparecen reflejados.

La segunda es el índice de compromiso con los ODS, que analiza el nivel de detalle, precisión y profundidad de la información proporcionada. Aquí no se trata de cuántas cosas se mencionan, sino de cómo se explican: si se describen acciones concretas, resultados, impactos y mecanismos de seguimiento, o si se recurre a formulaciones vagas y genéricas.

La comparación entre ambos índices resulta especialmente reveladora. Una alta cobertura acompañada de un bajo compromiso sugiere la existencia de un enfoque simbólico: se habla mucho, pero se dice poco.

Un análisis amplio y transversal

Para aplicar este método, los autores realizan un análisis detallado de los informes de sostenibilidad de 376 empresas, abarcando distintos países, sectores y tamaños empresariales. Este enfoque transversal permite superar algunas limitaciones habituales de estudios anteriores, que se centraban en un solo país, un sector concreto o exclusivamente en grandes multinacionales.

El análisis es manual y detallado, lo que permite evaluar no solo la presencia de determinados términos o referencias, sino la calidad real de la información divulgada. El objetivo no es cuantificar con exactitud el grado de sostenibilidad de cada empresa, sino identificar patrones que revelen comportamientos simbólicos.

Mucha cobertura, poco compromiso

Los resultados del estudio son claros y, en cierto modo, inquietantes. Una amplia mayoría de las empresas analizadas declara informar sobre su contribución a los ODS. Además, estas empresas suelen cubrir un número elevado de indicadores relacionados con dichos objetivos.

Sin embargo, esta amplitud no se traduce necesariamente en un mayor compromiso. En muchos casos, el nivel de detalle y precisión de la información es bajo, lo que sugiere que la atención se centra en “marcar casillas” más que en rendir cuentas de actuaciones concretas y resultados medibles.

Este desajuste entre cobertura y compromiso pone de manifiesto la existencia de enfoques simbólicos en el reporting de los ODS y confirma que el riesgo de SDG washing es real y significativo.

Cuatro perfiles de empresas frente a los ODS

A partir de la combinación de ambos índices, el artículo identifica cuatro grandes perfiles de comportamiento empresarial.

En primer lugar, las empresas simbólicas, que presentan una alta cobertura de indicadores pero un bajo nivel de compromiso. Estas organizaciones son las más sospechosas de utilizar el reporting como una herramienta de legitimación sin un respaldo sólido en la práctica.

En segundo lugar, las empresas plenamente comprometidas, que combinan una amplia cobertura con un alto nivel de detalle y precisión en la información. Son las que integran de forma más coherente los ODS en su estrategia.

En tercer lugar, las empresas mínimamente comprometidas, con baja cobertura y bajo compromiso, que parecen rezagadas en materia de sostenibilidad.

Por último, las empresas focalizadas, que informan con gran detalle sobre un número limitado de ODS, generalmente aquellos más relacionados con su actividad principal. Este enfoque puede reflejar una estrategia sensata, aunque también entraña el riesgo de seleccionar únicamente los aspectos más favorables.

Factores que influyen en el reporting

El estudio analiza también qué factores están asociados a una mayor cobertura y a un mayor compromiso. Entre ellos se encuentran el tamaño de la empresa, la experiencia previa en reporting de sostenibilidad, la utilización de verificación externa y la adopción de certificaciones ambientales.

Los resultados muestran que muchos de estos factores están claramente relacionados con una mayor cobertura, pero no necesariamente con un mayor compromiso. Es decir, contribuyen a que las empresas informen más, pero no mejor. Esto refuerza la idea de que buena parte del esfuerzo responde a la presión de los grupos de interés y a la necesidad de mostrar conformidad con las expectativas sociales, más que a una transformación profunda.

También se observan diferencias relevantes entre sectores, especialmente en aquellos con mayor impacto ambiental, donde la presión social es más intensa y el incentivo para recurrir a enfoques simbólicos puede ser mayor.

Figura. Representación conceptual de los enfoques empresariales hacia la información sobre los ODS en función de dos dimensiones implícitas: la amplitud de la información divulgada y el grado de compromiso reflejado en el detalle y coherencia de dicha información. La figura distingue cuatro patrones: (i) enfoque simbólico, caracterizado por una amplia cobertura de ODS con bajo nivel de compromiso; (ii) enfoque plenamente comprometido, con alta cobertura y alto compromiso; (iii) enfoque mínimamente comprometido, con baja cobertura y bajo compromiso; y (iv) enfoque focalizado, donde una cobertura limitada se acompaña de un mayor grado de profundidad y coherencia en la información divulgada.

Implicaciones para empresas y sociedad

Las conclusiones del artículo tienen importantes implicaciones prácticas. Para inversores, reguladores y otros grupos de interés, confiar únicamente en la extensión o apariencia de los informes de sostenibilidad puede resultar engañoso. Es imprescindible analizar no solo qué se reporta, sino cómo se reporta.

Para las propias empresas, el mensaje es igualmente claro: la sostenibilidad no puede limitarse a un ejercicio de comunicación. Si no se traduce en cambios reales en la gestión y en el modelo de negocio, el riesgo reputacional y la pérdida de credibilidad son elevados.

Conclusión

Este trabajo aporta una herramienta útil para desenmascarar enfoques simbólicos en el reporting de los ODS y para avanzar hacia una evaluación más rigurosa del papel real de las empresas en el desarrollo sostenible. Al distinguir entre cobertura y compromiso, invita a ir más allá del discurso y a centrarse en la sustancia.

En un contexto en el que la sostenibilidad se ha convertido en un elemento central del relato empresarial, este tipo de análisis resulta esencial para evitar que los ODS se vacíen de contenido y se conviertan en meros eslóganes. La credibilidad del proyecto de desarrollo sostenible depende, en gran medida, de que las palabras vayan acompañadas de hechos.

¿Estado emprendedor o función empresarial?

En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por los miembros del Grupo de Innovación Educativa Economía para Ingenieros /oikonomos/. En este artículo se resumen las contribuciones del artículo:

Morales Alonso, G. & Gallego Morales, D. J. (2025). ¿Estado emprendedor o función empresarial? Religión, estatismo/liberalismo, valores humanos y emprendimiento. Journal of the Sociology and Theory of Religion, 17(1), 15–39.

Acción humana, función empresarial y desarrollo económico

El punto de partida del trabajo es una idea sencilla pero de gran alcance: el desarrollo económico no surge de planes abstractos ni de diseños centralizados, sino de la acción humana concreta. Son los individuos, con sus decisiones cotidianas, quienes ponen en marcha los procesos de coordinación social que permiten que una sociedad prospere. Esta acción humana se canaliza, en el ámbito económico, a través de la función empresarial: la capacidad de detectar oportunidades, asumir riesgos y coordinar recursos escasos con el objetivo de crear valor.

Figura 1. El camino complejo.

Desde esta perspectiva, el emprendedor no es únicamente quien funda una empresa, sino todo aquel que actúa de manera creativa para mejorar su situación y la de su entorno. El emprendimiento aparece así como un fenómeno profundamente humano, ligado a la voluntad de prosperar, al deseo de mejorar y a la capacidad de imaginar futuros alternativos. Cuando estas decisiones individuales se coordinan de manera voluntaria en el mercado, el resultado agregado es el crecimiento económico, el aumento de la productividad y una mayor prosperidad social.

Más allá de los factores materiales

Buena parte de la literatura sobre emprendimiento se ha centrado tradicionalmente en factores materiales o institucionales: acceso a financiación, regulación e instituciones, estrategias de innovación, educación formal o rasgos cognitivos, por citar algunos. Todos ellos son importantes, pero el presente artículo sostiene que no son suficientes para comprender por qué unas personas deciden emprender y otras no, incluso en contextos similares.

El énfasis del trabajo se desplaza hacia los rasgos cognitivos y de valores culturales que anteceden a la acción emprendedora. Emprender es, ante todo, una decisión volitiva. Implica evaluar riesgos, soportar incertidumbre y renunciar a seguridades presentes a cambio de beneficios futuros inciertos. En ese proceso de decisión intervienen creencias, valores, actitudes y marcos mentales que no pueden reducirse a incentivos puramente económicos.

Religiosidad y sentido de la acción

Uno de los elementos que el artículo pone sobre la mesa es la religiosidad, entendida tanto como sentimiento como práctica. Lejos de tratarla como un residuo del pasado o como una variable irrelevante, se plantea que la religiosidad puede influir de manera significativa en la predisposición a emprender.

La razón es doble. Por un lado, muchas tradiciones religiosas enfatizan valores como la responsabilidad individual, el esfuerzo, la perseverancia y la orientación al largo plazo. Estos rasgos encajan bien con las exigencias del emprendimiento, donde los resultados rara vez son inmediatos y los fracasos forman parte del proceso. Por otro lado, la religiosidad puede ofrecer un marco de sentido que ayuda a gestionar la incertidumbre y el riesgo inherentes a la acción empresarial.

Desde esta óptica, la religión no actúa necesariamente como un freno a la innovación, sino que puede convertirse en un soporte psicológico y moral para quienes deciden asumir los costes del emprendimiento en entornos complejos y cambiantes.

Valores humanos y espíritu emprendedor

Junto a la religiosidad, el artículo destaca la importancia de los valores humanos. No todos los sistemas de valores son igualmente compatibles con la función empresarial. Valores como la autonomía, la responsabilidad personal, la tolerancia al riesgo, la creatividad o la orientación al logro tienden a favorecer la intención emprendedora. Por el contrario, sistemas de valores muy dependientes de la seguridad, la estabilidad garantizada o la delegación sistemática de responsabilidades en terceros pueden desincentivar la iniciativa individual.

El trabajo sugiere que estos valores no surgen de la nada, sino que se forman a lo largo del tiempo mediante procesos educativos, familiares, culturales y sociales. Por ello, comprender los valores dominantes en una sociedad es clave para entender sus niveles de emprendimiento y, en última instancia, su capacidad de adaptación a contextos económicos adversos.

Libre mercado frente a estatismo

Un tercer eje central del artículo es el posicionamiento ideológico frente al libre mercado y la intervención del Estado. El texto contrapone dos visiones: la del llamado “Estado emprendedor”, que atribuye al sector público un papel protagonista en la innovación y el desarrollo económico, y la visión que sitúa la función empresarial en el centro del proceso económico.

Sin negar la existencia del sector público, el artículo defiende que una actitud favorable al libre mercado tiende a estar asociada a una mayor intención emprendedora. La razón es que el emprendimiento requiere espacios de libertad donde la experimentación, el error y la competencia sean posibles. Cuando el entorno institucional penaliza sistemáticamente la iniciativa privada, eleva artificialmente los costes del fracaso o promete seguridad a cambio de dependencia, la función empresarial se ve erosionada.

Desde este punto de vista, el debate no es únicamente económico, sino profundamente cultural y moral. Se trata de decidir hasta qué punto una sociedad confía en la capacidad de sus individuos para tomar decisiones responsables sobre su propio futuro.

Tiempos convulsos y decisiones individuales

El artículo sitúa estas reflexiones en el contexto de los tiempos convulsos que caracterizan al inicio del siglo XXI. Crisis financieras, pandemias, inflación, endeudamiento público y cambios tecnológicos acelerados han configurado un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo. En este escenario, muchas personas han comenzado a cuestionar los modelos tradicionales de empleo y carrera profesional.

Fenómenos como la renuncia voluntaria masiva al trabajo por cuenta ajena, la búsqueda de mayor flexibilidad o la proliferación de trayectorias profesionales no lineales reflejan un cambio profundo en las preferencias y expectativas de los trabajadores. El emprendimiento, el trabajo autónomo o las carreras profesionales diversificadas aparecen como alternativas viables, aunque no exentas de riesgos.

El artículo sostiene que, ante estos shocks externos, los rasgos cognitivos cobran aún más importancia. En contextos estables, las diferencias individuales pueden pasar desapercibidas. En contextos de crisis, en cambio, se vuelven decisivas para explicar quién se adapta, quién emprende y quién queda atrapado en estructuras que ya no funcionan.

Emprender como respuesta, no como receta mágica

Un aspecto relevante del trabajo es que evita presentar el emprendimiento como una solución universal o una receta mágica. Emprender puede ofrecer respuestas a muchas de las inquietudes actuales (autonomía, flexibilidad, sentido del trabajo), pero también genera nuevas fuentes de incertidumbre y presión. No todos los individuos están igualmente preparados para asumirlas, ni todas las sociedades facilitan este tipo de decisiones.

Precisamente por ello, los autores insisten en la necesidad de comprender mejor los factores subyacentes que aumentan la probabilidad de éxito individual en trayectorias emprendedoras. Religiosidad, valores humanos y orientación hacia el libre mercado no garantizan el éxito, pero pueden actuar como amortiguadores frente a la incertidumbre y como catalizadores de la acción.

Implicaciones para el debate público

Aunque el artículo tiene un marcado carácter conceptual, sus implicaciones prácticas son claras. Si el emprendimiento es clave para el desarrollo económico, y si este depende en gran medida de factores cognitivos y culturales, entonces las políticas públicas y los discursos dominantes no pueden limitarse a ajustes técnicos.

Es necesario abrir un debate más amplio sobre qué tipo de valores se promueven, qué visión del individuo se transmite y hasta qué punto se fomenta la responsabilidad personal frente a la dependencia. Ignorar estas dimensiones equivale a tratar los síntomas sin atender a las causas profundas.

Conclusión

El trabajo resumido en este artículo propone una mirada integradora sobre el emprendimiento, entendiéndolo como una manifestación de la acción humana situada en un contexto cultural, moral e institucional concreto. Frente a visiones que atribuyen el desarrollo económico a grandes diseños estatales, se reivindica la centralidad del individuo, de sus creencias, valores y decisiones.

En un mundo marcado por la incertidumbre y el cambio permanente, comprender los fundamentos humanos del emprendimiento no es un ejercicio académico estéril, sino una condición necesaria para pensar el futuro económico de nuestras sociedades. El futuro, en este sentido, no está dado: se construye a través de millones de decisiones individuales que, coordinadas libremente, pueden abrir nuevas sendas de prosperidad.

Ciencia Explicada: Winter is coming II – El espejismo del Estado emprendedor: cómo la intervención política erosiona nuestra libertad

En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por los miembros del Grupo de Innovación Educativa Economía para Ingenieros /oikonomos/. En este artículo se resumen las contribuciones del artículo:

Morales-Alonso, G. (2024). Winter is Coming: A Tale of Two Futures – Entrepreneurial State
or Creative Destruction? Innovation Economics Frontiers, 27(2), 86-97.
doi.org/10.36923/ief.v2712.256

Este es el segundo apartado de la serie, el primero se ha publicado aquí.

Desde el shock de Nixon en 1971, cuando se abandonó la convertibilidad del dólar en oro, el mundo ha entrado en una era de inflación constante y creciente intervencionismo estatal. Tras analizar en la primera parte de este ensayo las causas monetarias de la crisis que se avecina, en esta segunda entrega exploramos las consecuencias de un Estado que ha asumido un protagonismo económico desmedido, debilitando la responsabilidad fiscal y socavando las libertades individuales.

La irresponsabilidad fiscal: una tragedia de los comunes

El endeudamiento público ha alcanzado niveles históricos. En 2007, la deuda del gobierno federal de Estados Unidos representaba el 62,2% del PIB. En 2024, esta cifra ha ascendido al 122,3%. Este aumento se vio amortiguado por un largo periodo de tipos de interés muy bajos, que llegó a su fin en 2022 con la subida de los tipos por parte de la Reserva Federal, marcando un punto de inflexión tras la crisis financiera de 2008 y la pandemia de COVID-19.

En este contexto de dinero barato, endeudarse no solo era posible, sino prácticamente inevitable. Incluso grandes corporaciones como Coca-Cola o PepsiCo multiplicaron su deuda por más de siete entre 2005 y 2020, ante la presión de competir en un mercado impulsado por el crédito fácil. Este comportamiento, generalizado y racional desde el punto de vista individual, se convierte en una tragedia colectiva. Así como en la “tragedia de los comunes” descrita por Garrett Hardin, cada actor busca su beneficio inmediato sobreexplotando un recurso compartido (en este caso, la capacidad de endeudamiento), hasta agotar su sostenibilidad.

El caso del euro, analizado por Philipp Bagus en La tragedia del euro, muestra cómo esta lógica también opera a nivel supranacional. Los países que comparten moneda tienen incentivos a gastar más y endeudarse, confiando en que otros pagarán la cuenta. Pero esta fuga hacia adelante también tiene límites: los rescates, la pérdida de confianza en la moneda y la aparición de tensiones sociales y políticas son algunas de sus consecuencias.

Durante la pandemia, algunos defendieron incluso la cancelación de la deuda emitida por los bancos centrales para afrontar la crisis sanitaria. Aunque el BCE rechazó esta posibilidad, el solo hecho de que se propusiera revela hasta qué punto se ha normalizado la idea de que el endeudamiento público no tiene consecuencias reales. El resultado ha sido un sistema en el que los ciudadanos disfrutan de niveles de vida financiados con deuda futura, es decir, con los impuestos de sus hijos y nietos.

El Estado salvador: entre la eficiencia burocrática y la servidumbre

El discurso dominante en muchas universidades, organismos internacionales y medios de comunicación sostiene que el Estado debe intervenir para corregir los fallos del mercado, reducir las desigualdades y planificar el futuro. Esta narrativa se ha visto reforzada por obras como El Estado emprendedor de Mariana Mazzucato o El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty. Ambos autores promueven una visión del Estado como actor indispensable para impulsar la innovación y garantizar la justicia social. Frente a ellos, Daniel Lacalle ha acuñado la idea de El Estado depredador.

Sin embargo, esta fe en la intervención estatal ignora una verdad fundamental: el conocimiento está disperso y ningún actor central puede conocer todas las circunstancias de tiempo y lugar necesarias para coordinar la economía de forma eficiente. Como advirtió Friedrich Hayek, confiar en que un grupo de burócratas, por bien intencionados que sean, pueda sustituir al mercado es caer en la “fatal arrogancia“. El Estado, como monopolista coercitivo en la legislación, la justicia o la emisión de dinero, tiende a generar ineficiencias, rigideces y pérdida de libertad.

La pandemia puso a prueba los límites de esta concepción. Las restricciones de derechos, el control centralizado de la información y las decisiones unilaterales de figuras como Anthony Fauci en EE. UU. demostraron que, bajo la excusa de la emergencia, es fácil caer en el pánico colectivo y justificar recortes de libertades fundamentales. Como han advertido autores como Bagus, Delanty o Koehler, este tipo de estatismo anti-libertad socava la base de una sociedad abierta.

Innovación, destrucción creativa y acción humana: el verdadero motor del progreso

Frente al espejismo del Estado emprendedor, la verdadera salida a la crisis reside en los individuos: los emprendedores que, con información contextual y capital propio, detectan oportunidades, innovan y generan empleo. La función empresarial descrita por Mises y desarrollada por autores como Kirzner y Schumpeter, es el motor de la destrucción creativa: un proceso por el cual lo viejo y obsoleto es reemplazado por lo nuevo y más eficiente.

Para que este proceso ocurra, es imprescindible eliminar las trabas que lo frenan. Eso implica liberalizar los mercados laborales, reducir la carga fiscal sobre el capital, y simplificar la regulación que asfixia la actividad económica. Cuando se permite a los emprendedores actuar libremente, se impulsa el crecimiento, la creación de empleo y la adaptación constante a las necesidades cambiantes de los consumidores.

La evidencia empírica respalda esta visión. Estudios como los de Aghion et al. (2013) muestran que la apertura comercial y la libertad económica se asocian con mayor crecimiento, especialmente en países pequeños. Asimismo, investigaciones recientes (Morales-Alonso et al. 2024) han vinculado la libertad económica con una mayor inclinación emprendedora.

Ahora bien, ¿qué relación existe entre desigualdad e innovación? Algunos, como Aghion, ven en la innovación una fuente de desigualdad. Pero esto confunde causa y efecto. Lo que genera desigualdad no es la innovación en sí, sino el sistema de patentes que otorga monopolios temporales, es decir, la intervención estatal. Además, la verdadera brecha entre ricos y pobres no está tanto en los ingresos salariales como en la capacidad de ahorrar, invertir y generar rentas del capital (Schäfer, 1999).

Por tanto, la solución no pasa por limitar el emprendimiento, sino por fomentar una economía donde el acceso al capital no esté condicionado por los privilegios estatales. El individuo libre, no el planificador central, es el protagonista del desarrollo.

Epílogo: volver a los fundamentos

En conclusión, el verdadero peligro no radica en la inestabilidad del mercado, sino en la arrogancia de creer que el Estado puede sustituirlo. La libertad económica, el respeto a la acción humana y la promoción de la destrucción creativa son los pilares de una sociedad próspera. Cederlos en nombre de la seguridad o la equidad no solo empobrece a las futuras generaciones, sino que amenaza las bases mismas de la civilización occidental.

La alternativa al desastre no es más regulación, sino más libertad. Frente al invierno que se avecina, necesitamos una primavera de responsabilidad individual, libertad emprendedora y disciplina fiscal. El reloj corre. Y la historia nos está observando. No es debido a la mala suerte que cada vez vivas peor, sino debido a las malas políticas.

Encontramos muchas de estas ideas en este vídeo de DAX sobre la increíble canción de Oliver Anthony:

Ciencia Explicada: Winter is coming I – Jugando con fuego: cómo la manipulación monetaria nos ha llevado al borde del abismo

En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por los miembros del Grupo de Innovación Educativa Economía para Ingenieros /oikonomos/. En este artículo se resumen las contribuciones del artículo:

Morales-Alonso, G. (2024). Winter is Coming: A Tale of Two Futures – Entrepreneurial State
or Creative Destruction? Innovation Economics Frontiers, 27(2), 86-97.
doi.org/10.36923/ief.v2712.256

Este es el primer apartado de la serie, el segundo se publicará próximamente.

El 15 de agosto de 1971, el presidente Richard Nixon anunció al mundo que Estados Unidos suspendía la convertibilidad del dólar en oro. Ese día, conocido como el Nixon Shock, marcó un antes y un después en la historia económica moderna: el patrón oro quedaba definitivamente atrás y comenzaba una nueva era, que el economista Philipp Bagus ha bautizado como la Era de la Inflación. Desde entonces, los gobiernos y los bancos centrales han tenido libertad absoluta para emitir dinero sin el respaldo de un bien tangible, lo que ha abierto la puerta a una creciente manipulación del sistema monetario.

Durante décadas, las consecuencias de este cambio estructural se han ido acumulando de forma silenciosa. Pero en los últimos años, especialmente tras la crisis del COVID-19, el problema ha estallado a la vista de todos: una inflación descontrolada, un endeudamiento público masivo y una economía mundial que se tambalea. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Y más importante aún: ¿hay salida?

El regreso de la inflación: cuando el dinero se vuelve humo

En verano de 2024, cuando se redacta el artículo que resumimos aquí, los principales bancos centrales del mundo llevan más de dos años tratando de frenar la inflación con medidas de endurecimiento monetario sin precedentes recientes. La Reserva Federal, por ejemplo, subió los tipos de interés en junio de 2022 en 75 puntos básicos, la mayor subida desde 1994. El objetivo era claro: lograr un “aterrizaje suave” que controlara los precios sin provocar una recesión.

En los mercados, el optimismo ha regresado. El S&P 500, que cayó un 20% en 2022, recuperó terreno con subidas superiores al 24% en 2023 y un 12% adicional hasta mediados de 2024. Pero debajo de esta apariencia de estabilidad se esconde una pregunta inquietante: ¿y si los culpables de esta inflación fueran precisamente quienes ahora intentan combatirla?

Las raíces del problema: imprimir dinero como solución universal

Aunque la inflación tiene múltiples causas —desde cuellos de botella en las cadenas de suministro hasta políticas fiscales expansivas o la transición energética—, conviene aplicar el principio de Pareto y centrarse en los factores que explican la mayor parte del fenómeno. En este sentido, conviene recuperar la famosa sentencia del Premio Nobel Milton Friedman: “La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”.

No es una idea nueva. Ya en 1556, el teólogo y economista navarro Martín de Azpilcueta observó cómo la llegada masiva de oro y plata desde América hacía subir los precios de los bienes en España. Lo mismo ocurre hoy: si aumenta la cantidad de dinero en circulación más rápido que la producción de bienes y servicios, los precios inevitablemente suben.

Para entender este proceso, es útil observar los principales agregados monetarios que utiliza la Reserva Federal:

  • Base Monetaria (Monetary Base): incluye el dinero físico (billetes y monedas) más las reservas que los bancos comerciales mantienen en el banco central. Es la base sobre la que se construye todo el sistema monetario.
  • M2: es un agregado más amplio que incluye la base monetaria más los depósitos a corto plazo, las cuentas de ahorro y otros instrumentos financieros líquidos.

Desde la crisis financiera de 2008, ambos agregados han crecido a un ritmo vertiginoso. La base monetaria, que en 2008 rondaba el billón de dólares, supera los 6 billones en 2024. Y el M2 ha pasado de 7,5 billones a más de 20,7 billones en ese mismo periodo. En otras palabras, el 80% de los dólares existentes hoy se han creado en los últimos 15 años.

Expansión monetaria del dólar americano (Morales-Alonso, 2024).

Los triángulos de la expansión monetaria

Este fenómeno se puede representar gráficamente mediante dos “triángulos de expansión monetaria”, que ilustran el ritmo creciente al que se ha creado dinero:

  1. El primer triángulo cubre el periodo entre 2008 y 2013, en el que la base monetaria creció 3 billones de dólares.
  2. El segundo, aún más empinado, corresponde al periodo 2020-2022, durante el cual se inyectaron otros 2,5 billones en apenas dos años, como respuesta a los confinamientos y los planes de estímulo por la pandemia.
Triángulos de expansión monetaria (Morales-Alonso, 2024).

Estas cifras no son simples datos técnicos. Tienen consecuencias reales: distorsionan los precios, incentivan el endeudamiento irresponsable, crean burbujas en los mercados de activos (como la vivienda o la bolsa) y erosionan el poder adquisitivo de los ciudadanos. En última instancia, generan una ilusión de prosperidad que es insostenible.

Podemos preguntarnos, ¿cómo han cambiado las cosas desde el 2024? Como se puede ver en la siguiente figura, la base monetaria se ha estabilizado desde 2024, debido a la preocupación de la Reserva Federal por el control de la inflación.

Base monetaria 2008-2025 (Federal Reserve, 2025).

El espejo roto de los bancos centrales

Ante el repunte inflacionario de 2021-2022, los bancos centrales han reaccionado con un endurecimiento monetario que recuerda al aplicado por Paul Volcker en los años 80. Sin embargo, existe una diferencia fundamental: entonces se partía de un sistema mucho más sólido. Hoy, en cambio, la economía mundial está montada sobre una montaña de deuda pública y privada que necesita tipos bajos para no derrumbarse.

Por eso, muchos economistas advierten que estamos atrapados en una especie de callejón sin salida: subir tipos puede controlar la inflación, pero amenaza con provocar una recesión o una crisis de deuda; mantenerlos bajos alimenta nuevas burbujas y castiga el ahorro.

El propio sistema monetario se ha convertido en una trampa que dificulta cualquier salida ordenada. Como decía Friedrich Hayek, los errores del pasado imponen los límites del presente.

¿Y ahora qué?

La tesis de este artículo es clara: la inflación que hoy sufrimos es, en buena parte, el resultado directo de las políticas monetarias aplicadas en las últimas décadas. La expansión descontrolada del dinero ha erosionado la estabilidad del sistema, y ahora los mismos actores que lo causaron intentan contener sus efectos sin afrontar las causas.

Pero esto es solo una parte del problema. Una crisis monetaria de gran escala requiere no solo malas decisiones desde los bancos centrales, sino también una fiscalidad irresponsable, algo que abordaremos en la segunda parte de este análisis.

De momento, conviene recuperar una idea esencial: la estabilidad del dinero no es solo un asunto técnico, sino también moral y político. El dinero sano no solo preserva el valor de nuestros ahorros; también limita el poder del Estado, al obligarlo a financiarse de forma transparente, mediante impuestos visibles y aprobados democráticamente, y no a través de la inflación oculta.

Conclusión: volver a un dinero sano es volver a la libertad

El dinero sano —el que no puede ser manipulado a voluntad por gobiernos o bancos centrales— es uno de los pilares de la civilización occidental. Permite la cooperación entre personas con fines distintos, facilita el ahorro, el cálculo económico y el emprendimiento. Y sobre todo, protege al ciudadano frente a los excesos del poder político.

El camino hacia una nueva estabilidad exige repensar desde la raíz el sistema monetario actual. Eso implica reconocer los errores, reducir drásticamente la creación artificial de dinero y recuperar principios fundamentales como la responsabilidad fiscal, la transparencia y el respeto a la propiedad privada. Solo así podremos evitar una crisis de proporciones históricas y construir una economía más sólida y libre.

Bitcoin como dinero fuerte

Por Joel Serrano

Doctor en Ciencias Sociales y Jurídicas por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC)

Este artículo es una síntesis de la tesis doctoral “Bitcoin como dinero fuerte: una interpretación de Bitcoin a la luz de la Escuela Austriaca de Economía”, defendida y aprobada con evaluación sobresaliente cum laude el 11 de noviembre de 2025 en la Universidad Rey Juan Carlos, estando formado el Tribunal por el Dr. Jesús Huerta de Soto, la Dra. Estrella Trincado y el Dr. Miguel Anxo Bastos.

Introducción

La tesis doctoral que da pie a este artículo nace de una inquietud muy concreta: Bitcoin ha sido recibido con entusiasmo por amplios sectores libertarios, pero no siempre ha encontrado una aceptación equivalente dentro de la Escuela Austriaca de Economía. A primera vista, esa distancia puede parecer incomprensible: si tantos economistas austriacos son libertarios, ¿por qué no han acogido a Bitcoin con el mismo entusiasmo que otros defensores de la libertad individual? Sin embargo, tras una reflexión más pausada, la aparente paradoja resulta perfectamente coherente. Una afinidad política o filosófica puede advertirse de forma inmediata; una integración rigurosa dentro de una teoría económica exige más tiempo, más prudencia y más precisión conceptual.

Objetivo

El objetivo general de la investigación es evaluar si Bitcoin puede considerarse un dinero fuerte en potencia desde la perspectiva de la Escuela Austriaca. En la tesis no se sostiene que Bitcoin sea ya dinero, porque todavía no actúa como medio de intercambio común y generalmente aceptado. Lo que se defiende es algo más preciso: Bitcoin se utiliza como medio de intercambio en determinados ámbitos y se encuentra inmerso en un proceso de monetización. Y se concluye que, si este proceso llegara a culminar en una aceptación generalizada, Bitcoin reuniría condiciones extraordinarias para convertirse en dinero fuerte.

La tesis no parte directamente de Bitcoin. Sigue una progresión argumental deliberada. Primero se exponen los fundamentos de la Escuela Austriaca de Economía: la acción humana, la praxeología, el individualismo metodológico, la subjetividad del valor y la utilidad marginal. Solo después se entra en la teoría monetaria. Este orden resulta imprescindible porque no es posible comprender Bitcoin correctamente si antes no se aclara qué es el dinero, cuál es su función esencial y por qué surge.

El dinero y el teorema de la regresión

Desde la tradición de Menger y Mises, el dinero no nace de un decreto estatal ni de un diseño centralizado, sino de un proceso social evolutivo y espontáneo. En ese marco, Bitcoin puede entenderse como la evolución natural del dinero ante la intervención estatal en el ámbito monetario.

Uno de los puntos centrales del trabajo es el encaje de Bitcoin con el teorema de la regresión de Mises. Buena parte de la discusión sobre Bitcoin en el ámbito austriaco ha girado alrededor de esta cuestión. Si Bitcoin no tuvo inicialmente un valor de uso no monetario, ¿cómo pudo adquirir valor de cambio y convertirse en medio de intercambio sin contradecir la teoría misesiana? La tesis sostiene que la premisa es incorrecta. Antes de funcionar como medio de intercambio, Bitcoin fue valorado subjetivamente por ciertos usuarios por razones distintas a su uso monetario. Entre ellas cabe citar su diseño descentralizado, su resistencia a la censura, su potencial como sistema de transmisión de valor sin autoridad central y su carácter ideológico cercano al anarcocapitalismo. Esa valoración previa permitió que surgiera un precio de mercado. Solo después, una vez adquirido valor de cambio, pudo empezar a utilizarse como medio de intercambio.

Este punto resulta especialmente importante porque evita dos errores opuestos. El primero sería rechazar a Bitcoin desde la teoría austriaca por no encajar en una lectura demasiado estrecha del teorema de la regresión, aquella que requiere un uso industrial o material previo del bien. El segundo sería defender que Bitcoin obliga a abandonar o corregir los fundamentos de la teoría monetaria austriaca. La tesis sostiene justamente lo contrario: este novedoso fenómeno monetario puede ser comprendido mejor si se analiza desde los postulados austriacos. Bitcoin no refuta la teoría austriaca del dinero, sino que ofrece un caso nuevo, propio de la era digital, en el que esa teoría muestra, una vez más, su gran capacidad explicativa.

Medio de intercambio, dinero y dinero fuerte

La tesis también se ocupa de distinguir cuidadosamente entre medio de intercambio, dinero y dinero fuerte. Esta distinción es necesaria porque muchas discusiones sobre Bitcoin se vuelven confusas al utilizar esos términos de forma indistinta. Bitcoin es un medio de intercambio. Sin embargo, su uso en el intercambio indirecto no lo convierte todavía en dinero —por definición, un medio de intercambio común y generalmente aceptado—. Aun así, puede afirmarse, siguiendo a Mises, que en cuanto medio de intercambio le es aplicable la teoría del dinero y, por tanto, puede considerarse dinero en potencia. A partir de ahí, se estudia su naturaleza y se plantea si, en caso de convertirse en dinero, podría catalogarse como dinero fuerte; es decir, como un dinero escaso, surgido espontáneamente en el mercado y resistente a la manipulación y a la censura.

En la tesis se compara a Bitcoin con el oro. El oro es señalado como el mejor dinero fuerte conocido hasta la fecha. No se trata al oro como un rival menor ni como una reliquia que deba despreciarse. Al contrario, el oro permite comprender qué cualidades ha valorado históricamente el mercado en un bien monetario: escasez, durabilidad, divisibilidad, homogeneidad, transportabilidad y dificultad de falsificación. Pero el oro también mostró debilidades prácticas que facilitaron su captura política: su materialidad, la necesidad de sustitutos monetarios, la expansión de medios fiduciarios, la custodia centralizada y la posibilidad de confiscación o control estatal. Bitcoin, en cambio, introduce propiedades nuevas y relevantes: escasez digital verificable, emisión programada e inmutable, descentralización, resistencia a la censura, posibilidad de autocustodia, irreversibilidad de las transacciones e imposibilidad práctica de que se altere arbitrariamente su política monetaria.

El dinero, un proceso evolutivo. Fuente: Oikonomos, interpretación libre a partir de la tesis de Joel Serrano.

Por eso se sostiene que Bitcoin puede entenderse como una forma de dinero fuerte adaptada a la era digital. No porque sea perfecto ni porque ya haya vencido, sino porque sus características responden de manera notable a los problemas que la Escuela Austriaca ha señalado históricamente en el dinero fíat y en la intervención monetaria estatal. El dinero fíat permite una inflación directa de la oferta monetaria, redistribuye riqueza de forma opaca, distorsiona precios relativos, altera el cálculo económico y facilita políticas inflacionistas, además de una inflación indirecta vía expansión crediticia que genera ciclos económicos.

CaracterísticaOroBitcoin
Escasez
Durabilidad
DivisibilidadAltaMuy alta
TransportabilidadMediaMuy alta
Homogeneidad
Resistencia a la falsificaciónAltaMuy alta
AutocustodiaPosible, pero costosaMuy sencilla (con claves privadas)
Resistencia a la censuraLimitadaMuy alta
Oferta monetariaAumenta con la extracciónFijada en 21 millones

Objeciones contra Bitcoin

El trabajo aborda varias objeciones frecuentes, que se responden desde la praxeología y el marco de la Escuela Austriaca. Frente a la objeción de que Bitcoin sería únicamente un método de transmitir dinero, se sostiene que no puede reducirse a un simple instrumento de transmisión, porque los bitcoins no se canjean inmediatamente por dinero fíat: también se atesoran y se emplean directamente para pagar bienes y servicios. Frente a la objeción de que Bitcoin no podría llegar a ser dinero por su falta de estabilidad, se distingue entre la estabilidad de precios pretendida por las políticas intervencionistas y la estabilidad estructural de un dinero fuerte. Frente a la idea de que Bitcoin es un activo financiero, se sostiene que se trata de un bien presente y un activo real. Frente a la idea de que Bitcoin podría funcionar como depósito de valor pero no como dinero, se señala que esa dicotomía es engañosa, porque el uso de Bitcoin como reserva de valor presupone precisamente su comerciabilidad y su utilidad como medio de intercambio, aunque ese intercambio se reserve para el futuro. Y frente a la supuesta ausencia de respaldo, se distingue entre un sentido estrecho, en el que Bitcoin no tiene respaldo —como tampoco lo tiene el oro—, y un sentido amplio, en el que sus propiedades institucionales lo respaldan extraordinariamente.

Un puente entre austriacos y bitcoiners

Adicionalmente, la tesis trata de tender un puente entre austriacos y bitcoiners. Se entiende que ambos grupos comparten una preocupación esencial: la defensa del dinero fuerte frente al deterioro producido por el dinero fíat, la banca central y el inflacionismo. Sin embargo, no siempre dialogan con suficiente profundidad. La tesis intenta mostrar que la Escuela Austriaca puede aportar a Bitcoin un marco muy valioso, y que Bitcoin puede tomar el testigo del oro como un ideal de dinero fuerte alcanzable en el futuro.

Método lógico-deductivo

El método de la tesis es lógico-deductivo. No pretende ser un estudio econométrico ni un análisis cuantitativo sobre el precio, la volatilidad o el grado de adopción de Bitcoin. Su aportación principal está en el terreno conceptual. Esto marca tanto su alcance como sus límites. No busca predecir si Bitcoin será finalmente dinero ni en qué plazo. Lo que busca es analizar si Bitcoin posee cualidades compatibles con la teoría austriaca del dinero y si, de generalizarse su aceptación, podría considerarse un dinero fuerte.

La banca y los medios fiduciarios

En relación con la idea de dinero fuerte, se dedica un apartado a explicar la banca central, la banca libre y la creación de medios fiduciarios. Este apartado resulta muy relevante porque la defensa del dinero fuerte no puede separarse del tipo de sistema bancario y crediticio que se construye sobre él. Además, este asunto ha merecido un extenso anexo final que amplía el debate entre la banca de reserva cien por cien y la banca de reserva fraccionaria y se plantea como una defensa de la primera.

Bitcoin como alternativa a las políticas inflacionistas

En la parte final de la tesis se postula a Bitcoin como una alternativa a las políticas inflacionistas y al monopolio estatal del dinero. Allí se tratan cuestiones vinculadas a la escalabilidad, las diferentes capas que surgen sobre Bitcoin, la importancia de correr un nodo, la autocustodia y la diferencia esencial entre Bitcoin y las criptomonedas. Esta distinción es necesaria porque Bitcoin suele integrarse en el conglomerado de las criptomonedas, cuando su naturaleza económica y monetaria es totalmente distinta.

Conclusión

La conclusión de la tesis es prudente, pero optimista. No se afirma que Bitcoin sea hoy lo que todavía no es. Pero se sostiene que, si el mercado llegara a convertirlo en dinero, Bitcoin tendría condiciones excepcionales para ser dinero fuerte en sentido austriaco. Esa es, en síntesis, la idea central.

En último término, esta tesis es una invitación al estudio. A los austriacos, para que no ignoren el fenómeno monetario más importante de nuestro tiempo. A los bitcoiners, para que no se conformen con intuiciones acertadas pero insuficientemente fundamentadas. Y a todos los interesados en la libertad, para que comprendan que la cuestión del dinero sigue siendo central en nuestro tiempo.

Ciencia Explicada: La intención emprendedora bajo la regla de Pareto: lecciones de un estudio internacional

En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por los miembros del Grupo de Innovación Educativa Economía para Ingenieros /oikonomos/. En este artículo se resumen las contribuciones del artículo:

Morales-Alonso, G., Pablo-Lerchundi, I., Ramírez-Portilla, A., & Ordieres-Meré, J. (2023). Entrepreneurial intention through the lens of the Pareto rule: A cross-country study. Cogent Business & Management, 10(3), 2279344.

1. Introducción

La acción emprendedora, motor esencial del progreso económico, depende de múltiples factores que abarcan desde el contexto institucional hasta las características individuales. Inspirados por la visión de economistas como Ludwig von Mises y Israel Kirzner, este estudio profundiza en los elementos que impulsan la intención emprendedora en individuos de cuatro países desarrollados: Alemania, Italia, Suecia y España.

El marco teórico utilizado es la Teoría del Comportamiento Planificado (TPB, por sus siglas en inglés), que identifica tres factores clave: la actitud hacia el comportamiento, las normas subjetivas y el control percibido del comportamiento. Estos rasgos cognitivos han demostrado ser determinantes en la intención de emprender. Además, el estudio considera factores contextuales y sociales, como el poder adquisitivo, la desigualdad económica y dimensiones culturales definidas por Hofstede, así como la exposición a valores católicos.

Este análisis se plantea una pregunta central: ¿pueden los rasgos cognitivos ser los elementos más influyentes en la intención emprendedora, como sugiere la regla de Pareto, según la cual el 80% de los efectos provienen del 20% de las causas? A través de una muestra de 1901 estudiantes de ingeniería, se busca responder a esta interrogante y arrojar luz sobre las prioridades al diseñar políticas y estrategias para fomentar el emprendimiento.

2. Resultados obtenidos

El estudio muestra que los rasgos cognitivos juegan un papel destacado en la intención emprendedora, pero su capacidad explicativa no es absoluta, ya que cubren entre el 49% y el 68% de la variabilidad observada. Este hallazgo confirma su relevancia, pero también resalta la necesidad de considerar otros factores.

Diferencias entre países

Al dividir a los encuestados en dos grupos según su nivel de intención emprendedora (deciles y cuartiles), se observa que los países con niveles más bajos de desarrollo económico, menores desigualdades, mayor exposición a valores católicos y puntuaciones altas en la dimensión de Masculinidad/Feminidad de Hofstede tienden a producir individuos con mayor intención emprendedora.

Por ejemplo, los estudiantes italianos y españoles muestran una mayor sensibilidad a las normas subjetivas en comparación con sus pares de Alemania y Suecia. Esto implica que los entornos mediterráneos otorgan mayor importancia al apoyo social en el proceso de decisión emprendedora. Sin embargo, los resultados también sugieren que las dimensiones culturales de Hofstede podrían no ser totalmente aplicables para describir el comportamiento de los jóvenes adultos en países desarrollados.

Relación con el contexto económico y social

El análisis de variables contextuales revela que:

  1. Menor desarrollo económico puede fomentar el emprendimiento al reducir los costes de oportunidad.
  2. Desigualdad económica elevada desalienta la intención emprendedora, probablemente porque los emprendedores perciben que las oportunidades de éxito dependen excesivamente de las conexiones con élites sociales.
  3. Índice de libertad económica no muestra una correlación significativa con la intención emprendedora, probablemente debido a las pequeñas diferencias entre los países analizados.

Por otro lado, la exposición a valores católicos no parece obstaculizar el emprendimiento, desafiando ciertas percepciones tradicionales.

3. Conclusiones del estudio

El estudio confirma que los rasgos cognitivos son los impulsores más importantes de la intención emprendedora, pero no operan en un vacío. Factores contextuales y sociales también desempeñan roles complementarios que no deben ser ignorados. Esta complejidad plantea desafíos para diseñar políticas públicas y estrategias privadas orientadas a promover el emprendimiento.

Implicaciones prácticas

  • Para incubadoras y fondos de inversión: Deberían priorizar la evaluación de rasgos cognitivos en candidatos, especialmente en contextos culturales definidos por altos valores de masculinidad según Hofstede.
  • Para instituciones públicas: Reducir desigualdades económicas podría ser más efectivo que implementar medidas generales o universales para fomentar el emprendimiento.

Limitaciones y futuros estudios
Este estudio se enfoca en países desarrollados donde la actividad emprendedora temprana (TEA) correlaciona negativamente con el poder adquisitivo. Investigaciones futuras podrían explorar países desarrollados con una correlación positiva (como Estados Unidos o Noruega) o países en vías de desarrollo con marcadas diferencias en valores religiosos. Asimismo, los estudios longitudinales que sigan a los mismos individuos a lo largo del tiempo podrían ofrecer nuevas perspectivas sobre cómo evolucionan las intenciones emprendedoras en función del contexto.

En conclusión, la intención emprendedora no es un fenómeno aislado. Si bien los rasgos cognitivos tienen un peso significativo, los resultados sugieren que las interacciones entre el contexto, los valores culturales y las características individuales deben ser cuidadosamente consideradas para comprender y promover el espíritu emprendedor en diferentes entornos.

Ciencia Explicada: Rasgos cognitivos y emprendimiento: claves para incubadoras y aceleradoras

En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por los miembros del Grupo de Innovación Educativa Economía para Ingenieros /oikonomos/. En este artículo se resumen las contribuciones del artículo:

Morales-Alonso, G., Blanco-Serrano, J. A., Nunez Guerrero, Y., Grijalvo, M., & Blanco Jimenez, F. J. (2024). Theory of planned behavior and GEM framework–How can cognitive traits for entrepreneurship be used by incubators and accelerators?. European Journal of Innovation Management, 27(3), 922-943.

Introducción

El artículo aborda la relevancia del emprendimiento como motor del desarrollo económico en un contexto macroeconómico desafiante, caracterizado por deudas públicas elevadas, inflación creciente y desigualdades socioeconómicas. Aunque se reconoce el potencial del emprendimiento para promover un crecimiento económico sostenible, muchas startups fracasan en sus etapas iniciales. En este contexto, los incubadores y aceleradores de empresas buscan mejorar la tasa de supervivencia de los nuevos emprendimientos.

La investigación se centra en identificar los rasgos individuales que impulsan actitudes emprendedoras efectivas, combinando la perspectiva práctica del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) con el marco teórico de la Teoría del Comportamiento Planificado (TPB). Se utiliza una muestra de 141 startups tecnológicas incubadas en Madrid para analizar la relación entre las características demográficas, el capital humano y los rasgos cognitivos, con el objetivo de proporcionar herramientas prácticas para incubadoras y aceleradoras.

Análisis desarrollado

El artículo sitúa los rasgos cognitivos como el factor determinante en la “última milla” del proceso de toma de decisiones emprendedoras. A través de modelos basados en redes neuronales, se demuestra que las características demográficas y de capital humano actúan como antecedentes de los rasgos cognitivos, influyendo en la intención emprendedora. Los principales hallazgos incluyen:

  1. Factores demográficos:
    • La edad y la experiencia profesional están vinculadas con una actitud más positiva hacia el emprendimiento.
    • Sin embargo, el género no muestra una influencia significativa en los rasgos cognitivos asociados al comportamiento emprendedor.
  2. Capital humano:
    • La educación general y la formación específica en emprendimiento o tecnología aplicada tienen un impacto positivo en la norma subjetiva y la actitud hacia el comportamiento emprendedor.
    • La exposición a modelos indirectos (colegas, amigos) resulta más influyente que los modelos directos (familiares cercanos) en fomentar normas subjetivas positivas.
  3. Rasgos cognitivos:
    • Los rasgos definidos en la TPB, como la actitud hacia el comportamiento, las normas subjetivas y el control conductual percibido, emergen como determinantes críticos en la última etapa del proceso emprendedor.
    • Estos rasgos están influenciados por factores como la exposición a redes sociales profesionales y el nivel de educación.

Conclusiones y recomendaciones

El estudio concluye que los rasgos cognitivos, según la TPB, son los principales impulsores de la actividad emprendedora, mientras que los factores demográficos y de capital humano actúan como antecedentes. Este hallazgo tiene importantes implicaciones tanto para la academia como para los incubadores y aceleradores:

  • Para la investigación académica: Se sugiere integrar los rasgos cognitivos como un nivel diferenciado dentro del marco del GEM, para reflejar su rol crucial en la intención emprendedora.
  • Para los incubadores y aceleradores: Se recomienda implementar herramientas de evaluación que identifiquen los rasgos cognitivos de los emprendedores, lo que permitiría seleccionar y apoyar mejor a los candidatos con mayores probabilidades de éxito.

El estudio también destaca la necesidad de futuras investigaciones que exploren cómo estas dinámicas varían en diferentes contextos culturales y sectores industriales. Esto ayudaría a personalizar aún más las estrategias de incubación y acelerar el impacto positivo del emprendimiento en el desarrollo económico global.