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Lección de economía: la bicicleta y enfoque gasto.

Por Clemente Zamora

*Este breve artículo fue escrito al culminar un ciclo académico. Lima, 2024.

Básicamente en todo nuestro accionar, día a día, estamos aplicando economía. Todos. Y no sólo es exclusivo para aquellos que la estudian académicamente o la aplican profesionalmente.

Y aquí les cuento mi historia…

Un día tomé mi bicicleta para ir a clases. Me vino esa idea y lo decidí de la nada: midiendo imperfectamente los riesgos, el tiempo, la distancia, los baches, la cultura vehicular que reina en nuestro Perú; y con todo, armé mi mochila, puse en ella la ropa propia para el dictado de clases, adelanté el despertador unos minutos, me puse un buzo, los mitones, lentes para la garúa, desempolvé la bici y emprendí la marcha.

Salió todo muy bien. Nunca hice una tardanza. Llegaba temprano a la universidad, aseguraba la bici, me cambiaba de ropa, y aún tenía 15 minutos de holgura para empezar la clase. Con el paso de las semanas me sentía mejor, más saludable, con mejor ánimo, con más energía, perdí peso. Dormía mejor, entendía las cosas que leía con mayor rapidez, me sentía cada vez más fuerte.

Y aquí viene la lección. Mi calidad de vida subió rápidamente. Incrementé mis niveles de bienestar. Esto es economía me dije. Estoy haciendo economía: me siento mejor, estoy mejor. Sin embargo, este salto sustancial de satisfacción no vino acompañado de ningún gasto adicional, más que el darle mantenimiento a la bici, o reparar un pinchazo en la llanta delantera.

Mi satisfacción no podría ser medida cuantitativamente, no había registro del nivel de utilidad que me estaba reportando mi nueva rutina. Es más, ya no renové la membresía del gimnasio, dejé de comprar gasolina para el carro, reduje mi consumo de luz para cargar la moto eléctrica. Y eso no es todo, a la vez que mi salud mejora, se reduce la probabilidad de que adquiera medicinas (en este invierno no he cogido ningún resfriado) y servicios médicos, me alejo de una condición de obesidad, y mejoro mi sistema cardiovascular.

Mi acción, mi rutina, esta que ha incrementado mi calidad de vida, genera por contra un menor consumo de productos que hubiera adquirido de no haberla tomado, un lunes por la noche, de un día que ya no recuerdo. Paradójicamente, aún se tiene como doctrina económica, no el bienestar de los seres humanos, sino la medición de un montón de números que se acumulan, se agrupan y se suman, así y sin mayor análisis.

Economía es acción humana. En muchos momentos de nuestra vida, caminamos los pasos que nos marca Ludwig von Mises, es casi como si nos mirase.

Economía es acción humana, actuamos buscando bienestar, y las valoraciones nos las hacemos cada uno. La información que vamos creando son infinitas: cada uno de nosotros somos un universo de información. No pretendamos alcanzar un conocimiento que nos es imposible por naturaleza. Jugar a ser dioses trae consecuencias desastrosas. Vivamos con humildad, reconociendo que cada ser humano es único e irrepetible, y pretender amoldarlos en nuestro modelo sólo demuestra una fatal arrogancia.

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Eugen von Böhm-Bawerk: el arquitecto del tiempo económico

El eslabón que dio profundidad a la Escuela Austriaca

La Escuela Austriaca de economía suele explicarse a través de una secuencia intelectual que arranca con Carl Menger, alcanza su madurez teórica con Eugen von Böhm-Bawerk y encuentra su gran sistematización en Ludwig von Mises. En esa genealogía, Böhm-Bawerk ocupa una posición decisiva. Si Menger había revolucionado la economía al introducir el análisis del valor subjetivo, Böhm-Bawerk convirtió esa intuición en una teoría completa del proceso productivo, del capital y del interés.

Su aportación principal consistió en introducir el tiempo como categoría fundamental del análisis económico. Gracias a su obra, la economía dejó de entenderse como una fotografía estática de intercambios y pasó a analizarse como un proceso dinámico, intertemporal y coordinado por las decisiones individuales. Sin Böhm-Bawerk, el subjetivismo mengeriano habría permanecido incompleto y la posterior síntesis misiana habría carecido de una base estructural sólida.

Eugen von Böhm-Bawerk representado por IA delante de su biblioteca.

Viena fin de siglo: un laboratorio intelectual

La Viena de finales del siglo XIX constituía uno de los centros intelectuales más vibrantes de Europa. El Imperio Austrohúngaro vivía una época de intensos debates políticos, sociales y científicos. La economía no era ajena a estas tensiones. El pensamiento marxista comenzaba a expandirse, el historicismo alemán defendía un enfoque empírico y relativista de la economía, y la tradición clásica británica dominaba todavía muchos espacios académicos.

En ese contexto surgió la primera generación de economistas austriacos. Böhm-Bawerk formó parte de ese núcleo junto a Friedrich von Wieser. Ambos compartieron formación jurídica y fueron profundamente influidos por Carl Menger. Sin embargo, desde muy pronto desarrollaron intereses intelectuales distintos pero complementarios. Wieser se orientó hacia el análisis del coste de oportunidad y la coordinación social del sistema económico, mientras Böhm-Bawerk se concentró en explicar el capital, la producción y el interés.

Este ambiente intelectual, competitivo y extraordinariamente creativo, permitió el desarrollo de una escuela que, aunque unida metodológicamente, daría lugar a diversas ramas internas.

Menger y Böhm-Bawerk: del valor subjetivo al proceso productivo

Carl Menger había demostrado que el valor de los bienes no deriva de sus costes de producción ni del trabajo incorporado, sino de la importancia que los individuos atribuyen a esos bienes para satisfacer sus necesidades. Böhm-Bawerk asumió ese principio como punto de partida y lo extendió hacia el análisis del proceso productivo.

Mientras Menger explicó por qué los bienes tienen valor, Böhm-Bawerk explicó cómo esos bienes llegan a producirse. Su contribución consistió en trasladar el subjetivismo económico al estudio del capital y del tiempo. La producción dejó de concebirse como un fenómeno inmediato para analizarse como una secuencia compleja de decisiones intertemporales.

Böhm-Bawerk transformó así una intuición teórica en un sistema económico completo, mostrando que el desarrollo económico depende de la capacidad de las sociedades para coordinar decisiones de ahorro, inversión y producción a lo largo del tiempo.

El gran proyecto: Capital e interés

La obra central de Böhm-Bawerk es Capital e interés, un ambicioso proyecto intelectual desarrollado en varias partes. No se trata de un libro aislado, sino de un programa de investigación que abarca tres grandes dimensiones.

En primer lugar, Böhm-Bawerk realizó un exhaustivo estudio histórico y crítico de las teorías del interés existentes hasta su época. Analizó con enorme rigor las interpretaciones clásicas, socialistas y utilitaristas, mostrando sus inconsistencias teóricas.

En segundo lugar, desarrolló su teoría positiva del capital, en la que explicó la naturaleza intertemporal de los procesos productivos. Finalmente, amplió y refinó sus planteamientos en ensayos posteriores que consolidaron su sistema teórico.

Con esta obra, Böhm-Bawerk proporcionó una explicación estructural del capitalismo, alejándose de las interpretaciones puramente descriptivas y ofreciendo un marco analítico coherente para comprender el crecimiento económico.

El tiempo como categoría económica: la teoría del capital

La aportación más original de Böhm-Bawerk consiste en su análisis de la estructura temporal de la producción. Frente a la idea de que los bienes de consumo se producen directamente, demostró que las economías avanzadas utilizan métodos productivos indirectos, más largos y complejos.

La producción moderna implica la utilización de bienes de capital como maquinaria, infraestructuras, herramientas o conocimiento técnico. Estos bienes no satisfacen necesidades directamente, pero permiten aumentar la productividad futura.

Böhm-Bawerk describió el capital como una red intertemporal de bienes productivos. Cuanto mayor es la capacidad de una sociedad para ahorrar, más puede alargar sus procesos productivos y adoptar métodos indirectos que incrementan la eficiencia.

Esta visión permitió conectar ahorro, inversión y crecimiento económico dentro de un mismo marco analítico. El progreso material dejó de explicarse únicamente por la acumulación de recursos físicos y pasó a entenderse como resultado de la organización temporal de la producción.

La teoría del interés: la preferencia temporal

La teoría del interés constituye otro pilar fundamental de la obra de Böhm-Bawerk. Frente a las interpretaciones que atribuían el interés a relaciones de poder o explotación, defendió que el interés surge de la preferencia temporal inherente a la acción humana.

Los individuos valoran más los bienes presentes que los bienes futuros. Esta preferencia se basa en la incertidumbre sobre el futuro, en la necesidad de satisfacer necesidades inmediatas y en la expectativa de mayor abundancia futura. El interés aparece como el precio que coordina el intercambio entre presente y futuro.

Gracias a esta teoría, Böhm-Bawerk explicó cómo el sistema financiero permite canalizar el ahorro hacia proyectos productivos de largo plazo. El interés dejó de interpretarse como un fenómeno artificial y pasó a entenderse como un elemento esencial de la coordinación económica.

Böhm-Bawerk frente a Marx: crítica técnica y coherencia teórica

Uno de los episodios más influyentes de su trayectoria intelectual fue su crítica al sistema marxista. En su análisis del pensamiento de Karl Marx, Böhm-Bawerk identificó inconsistencias lógicas en la teoría del valor trabajo y en la explicación de la explotación.

Demostró que el beneficio empresarial no puede interpretarse como apropiación del trabajo ajeno, sino como resultado de la coordinación intertemporal, la asunción de riesgos y la anticipación de las necesidades futuras de los consumidores. Su crítica tuvo un enorme impacto en el debate económico europeo y consolidó la coherencia interna del análisis marginalista.

Obras complementarias y expansión de su pensamiento

Aunque Capital e interés constituye el núcleo de su producción intelectual, otras obras permiten comprender y ampliar su sistema teórico.

Valor, capital e interés desempeña una función pedagógica especialmente relevante. Esta obra sintetiza su teoría del capital y del interés en un formato más accesible y ordenado. No introduce aportaciones radicalmente nuevas, pero permite comprender con claridad su arquitectura conceptual. Desde una perspectiva divulgativa, representa una excelente puerta de entrada a su pensamiento.

Por otro lado, Poder o ley económica introduce una dimensión más filosófica e institucional. En este texto, Böhm-Bawerk reflexiona sobre si las relaciones económicas están gobernadas por leyes espontáneas derivadas del mercado o por la coerción política. La obra anticipa debates que posteriormente desarrollarán Mises y Hayek y muestra a Böhm-Bawerk como un pensador social preocupado por la relación entre economía, instituciones y poder.

Schumpeter y el reconocimiento al maestro

Entre los alumnos más brillantes de Böhm-Bawerk destacó Joseph Schumpeter. Aunque su trayectoria intelectual evolucionó hacia el análisis neoclásico y el estudio del emprendimiento como motor del desarrollo económico, Schumpeter mantuvo siempre una profunda admiración por su maestro.

Schumpeter reconoció la influencia decisiva que Böhm-Bawerk tuvo en su formación intelectual. Esta relación resulta especialmente reveladora, ya que simboliza la capacidad pedagógica de Böhm-Bawerk para inspirar a economistas que posteriormente desarrollarían enfoques distintos. El respeto que Schumpeter mostró hacia su maestro refleja la magnitud intelectual y humana de Böhm-Bawerk dentro del panorama académico vienés.

Böhm-Bawerk como puente hacia Mises y bifurcación hacia Wieser

La influencia de Böhm-Bawerk resultó determinante para la generación siguiente de economistas austriacos, especialmente para Ludwig von Mises. La teoría del capital y del interés proporcionó a Mises el marco conceptual que posteriormente integraría en su teoría del ciclo económico y en su análisis del cálculo económico en sistemas socialistas.

Al mismo tiempo, la Escuela Austriaca comenzó a diversificarse internamente. Mientras la línea que conduciría hacia Mises reforzaba el análisis del proceso de mercado y la acción humana, Wieser desarrollaba el concepto de coste de oportunidad y exploraba con mayor profundidad el papel de las instituciones y la organización social.

Esta divergencia no implicó ruptura, sino una expansión creativa del legado mengeriano. La escuela nacía unida metodológicamente, pero se enriquecía a través de distintas líneas de investigación.

El economista que enseñó a la economía a pensar en el tiempo

Eugen von Böhm-Bawerk transformó la teoría económica al introducir el tiempo como elemento central del análisis productivo. Su obra permitió comprender el capital como una estructura intertemporal, el interés como resultado de la preferencia temporal y el crecimiento económico como consecuencia de la coordinación entre ahorro e inversión. Su pensamiento consolidó la Escuela Austriaca como tradición teórica madura y preparó el terreno para el desarrollo posterior de autores como Mises. Entre Menger, que explicó el origen del valor, y Mises, que sistematizó la acción humana, Böhm-Bawerk aparece como el arquitecto que dio profundidad analítica al edificio de la economía austriaca.