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¿Qué es el desempleo y cómo afecta a la sociedad?

El desempleo es una de las problemáticas económicas y sociales más relevantes de nuestra época. Más allá de ser una simple cifra en los informes económicos, el desempleo representa historias personales, retos sociales y consecuencias para toda una economía. Este artículo aborda qué es el desempleo, los distintos tipos que existen y los efectos que genera.

Desempleados haciendo cola en la oficina de empleo.

Definiendo el desempleo

El desempleo se refiere a la situación en la que una persona que está en edad de trabajar, tiene la capacidad para hacerlo y busca activamente empleo, no encuentra una ocupación remunerada. Es un indicador esencial para evaluar la salud económica de un país, ya que refleja la cantidad de personas en disposición de trabajar pero que, por diversas razones, no pueden hacerlo.

En este contexto, la población activa juega un papel crucial. Esta incluye a todas las personas que están empleadas o buscan activamente trabajo. Por otro lado, la población inactiva está compuesta por aquellos que, aunque se encuentran en edad laboral, no buscan empleo, como estudiantes, jubilados o personas dedicadas a labores del hogar.

La tasa de desempleo es la medida que permite cuantificar este fenómeno. Se calcula dividiendo el número de personas desempleadas entre la población activa y multiplicando el resultado por 100. En España, esta cifra es calculada trimestralmente a través de la Encuesta de Población Activa (EPA), realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Los distintos tipos de desempleo

No todas las situaciones de desempleo son iguales. Existen diferentes categorías que ayudan a entender las causas y las posibles soluciones para este problema.

Desempleo friccional

Este tipo de desempleo surge cuando las personas se encuentran en transición entre un empleo y otro. Es decir, son trabajadores que han dejado un trabajo y están en proceso de buscar otro que se ajuste mejor a sus habilidades o expectativas. Este tipo de desempleo es generalmente de corta duración y es considerado parte de un mercado laboral saludable, ya que refleja movilidad laboral.

Desempleo estructural

El desempleo estructural se produce cuando existe un desajuste entre las habilidades de los trabajadores y las necesidades del mercado laboral. Esto suele ocurrir en sectores económicos que están en declive o que se transforman debido a cambios tecnológicos. Por ejemplo, la automatización de procesos puede dejar obsoletas ciertas profesiones, forzando a los trabajadores a adquirir nuevas competencias para adaptarse a los nuevos requerimientos del mercado.

Desempleo cíclico

Este tipo de desempleo está relacionado con las fluctuaciones económicas. Durante las recesiones, la demanda de bienes y servicios disminuye, lo que lleva a las empresas a reducir su producción y, en consecuencia, su plantilla laboral. Por el contrario, en periodos de expansión económica, el desempleo cíclico tiende a disminuir.

Desempleo estacional

Algunas actividades económicas tienen una demanda laboral que varía según la época del año. Este es el caso de sectores como el turismo, la agricultura o la construcción. El desempleo estacional se produce cuando termina una temporada y los trabajadores quedan sin empleo hasta que comienza la siguiente.

Otros tipos de desempleo

Además de los anteriores, existen otras categorías que merecen atención:

  • Desempleo de larga duración: Afecta a quienes llevan más de un año sin encontrar trabajo, siendo especialmente común en personas mayores de 40 años.
  • Desempleo juvenil: Impacta principalmente a menores de 24 años, muchas veces debido a la falta de experiencia laboral o a un abandono escolar temprano.

Impacto del desempleo

El desempleo no solo afecta a quienes lo padecen directamente, sino también a las familias, comunidades y economías enteras. Sus efectos pueden analizarse desde varias perspectivas.

Impacto individual

Para una persona, perder el empleo puede ser una experiencia traumática. Las consecuencias incluyen:

  • Problemas económicos: La falta de ingresos dificulta cubrir necesidades básicas como alimentación, vivienda y salud.
  • Impacto emocional: El desempleo puede generar estrés, ansiedad y depresión, afectando la salud mental de las personas.
  • Pérdida de autoestima: La incapacidad de contribuir económicamente al hogar o de encontrar un trabajo puede llevar a una sensación de inutilidad.

Impacto social

En una comunidad, el desempleo puede provocar:

  • Incremento de la pobreza: Cuando el desempleo es elevado, aumentan las desigualdades económicas y sociales.
  • Reducción de la cohesión social: La falta de empleo puede generar tensiones sociales, como protestas o conflictos entre distintos grupos.
  • Problemas de salud pública: Las personas desempleadas tienen menos acceso a servicios de salud, lo que puede deteriorar el bienestar general.
Hombre en situación de desempleo.

Impacto económico

En términos macroeconómicos, el desempleo representa una pérdida de recursos humanos. Cuando muchas personas no trabajan:

  • Disminuye el consumo: Las familias con menos ingresos reducen sus gastos, lo que afecta a las empresas y a la economía en general.
  • Cae la productividad: Una alta tasa de desempleo implica que el potencial económico del país no está siendo plenamente aprovechado.
  • Aumenta el gasto público: Los gobiernos deben destinar más recursos a prestaciones por desempleo y programas de ayuda social.

Reflexiones finales

El desempleo es un fenómeno complejo que afecta a múltiples ámbitos de la vida. Entender sus causas y consecuencias es esencial para desarrollar políticas que fomenten la creación de empleo y mejoren las condiciones laborales. Por ejemplo, invertir en educación y formación profesional puede reducir el desempleo estructural, mientras que la promoción de sectores innovadores puede generar nuevas oportunidades laborales.

Si bien el desempleo puede ser un desafío persistente, también representa una oportunidad para repensar cómo construir economías más resilientes y sostenibles. Como individuos, también podemos adaptarnos a un entorno laboral en constante cambio, apostando por la formación continua y la adquisición de nuevas habilidades.

El conocimiento es la base para enfrentar este problema. Comprender el desempleo nos permite no solo ser más conscientes de sus impactos, sino también participar activamente en la búsqueda de soluciones.

¿Qué es el Producto Interior Bruto y por qué es importante?

El Producto Interior Bruto (PIB) es un indicador clave para entender el desempeño económico de un país, ya que mide el valor total de los bienes y servicios producidos en su territorio en un periodo determinado. Aunque es una cifra económica fundamental, el PIB tiene limitaciones y se complementa con otras métricas para reflejar el desarrollo y la calidad de vida de una nación. En este artículo abordaremos qué es el PIB, cómo se relaciona con el desarrollo y exploraremos las principales variables que lo afectan.

1. ¿Qué es la macroeconomía y qué son las variables agregadas?

La macroeconomía es una rama de la economía que estudia el comportamiento de la economía en su conjunto, centrándose en grandes agregados como el nivel general de producción, el empleo, la inflación y el crecimiento económico. A diferencia de la microeconomía, que analiza el comportamiento de mercados específicos, la macroeconomía se ocupa de fenómenos que afectan a todo el sistema económico.

Las variables agregadas son medidas que resumen los resultados de toda la actividad económica. Entre ellas, el PIB destaca por ser una de las más representativas, pues engloba el valor monetario de los bienes y servicios finales producidos en un país. Otros agregados importantes incluyen la tasa de desempleo, que mide el porcentaje de personas activas sin trabajo, y el índice de precios, que captura la variación de precios en un periodo determinado (inflación o deflación).

2. Definición de Producto Interior Bruto

El Producto Interior Bruto (PIB) es el valor total de los bienes y servicios finales producidos dentro de las fronteras de un país en un período específico, generalmente un año. Este indicador macroeconómico se utiliza para medir el tamaño de la economía y su evolución a lo largo del tiempo.

Para entender mejor el concepto, desglosamos su definición:

  • Bienes y servicios finales: Solo se contabilizan los productos que llegan al consumidor final. Los bienes intermedios no se incluyen para evitar la doble contabilización.
  • Valor monetario: Se expresa en unidades monetarias (como euros o dólares), lo cual permite sumar bienes y servicios heterogéneos.
  • Producción dentro de un país: El PIB solo incluye los bienes y servicios producidos en el territorio nacional, sin importar la nacionalidad de quienes los producen.

Por otro lado, es importante distinguir entre PIB nominal y PIB real. El PIB nominal refleja el valor de producción a precios actuales, mientras que el PIB real ajusta estos valores por inflación, proporcionando una medida más precisa del crecimiento económico en términos reales.

3. PIB, desarrollo y calidad de vida

Si bien el PIB es una herramienta clave para evaluar el crecimiento de una economía, no es un indicador perfecto de la calidad de vida o del desarrollo humano. En 1968, Robert F. Kennedy criticó el PIB, argumentando que no mide aspectos fundamentales de la sociedad, como la salud, la educación, la justicia o el bienestar personal.

La calidad de vida depende de muchos factores que el PIB no contempla, tales como:

  • Distribución de la renta: El PIB no refleja cómo se distribuye la riqueza dentro del país, por lo que no distingue entre economías desiguales y aquellas con una distribución más equitativa.
  • Medio ambiente: La producción que impulsa el crecimiento económico puede implicar costos ambientales que afectan la salud y el bienestar de la población.
  • Economía sumergida y producción doméstica: El PIB no incluye la economía informal ni el valor de los bienes y servicios producidos en el hogar, que también contribuyen al bienestar.

Para complementar el análisis del PIB, instituciones como las Naciones Unidas han desarrollado indicadores como el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que además del ingreso per cápita, incluye la esperanza de vida y el acceso a la educación. El IDH permite una evaluación más integral del nivel de desarrollo y bienestar en un país, distinguiendo entre países desarrollados (IDH superior a 0.8) y en desarrollo.

4. El crecimiento económico

El crecimiento económico se refiere al aumento sostenido del PIB de un país a lo largo del tiempo. A corto plazo, los economistas analizan la evolución trimestral o anual del PIB para monitorear el desempeño de la economía. Sin embargo, cuando hablamos de crecimiento a largo plazo, nos referimos a incrementos en el PIB per cápita, que ajusta el valor del PIB en función del tamaño de la población, proporcionando así una medida del progreso económico por habitante.

Los principales factores que impulsan el crecimiento económico son:

  • Productividad: Se refiere a la cantidad de bienes y servicios que produce cada trabajador. Mejoras en la productividad suelen estar asociadas a avances tecnológicos y a un mejor uso de los recursos.
  • Capital humano: La formación y habilidades de la fuerza laboral son fundamentales para el crecimiento, pues los trabajadores más capacitados tienden a ser más productivos.
  • Innovación tecnológica: A medida que surgen nuevas tecnologías, la producción puede hacerse más eficiente, lo que impulsa el crecimiento económico a largo plazo.

En el siglo XVIII, el economista Thomas Malthus teorizó que el crecimiento de la población limitaría la producción de alimentos, provocando un estancamiento económico. Sin embargo, el avance tecnológico ha demostrado que es posible incrementar la productividad y mantener el crecimiento económico, desmintiendo la teoría malthusiana.

Para lograr un crecimiento económico sostenible, los países deben invertir en educación, salud, infraestructura y políticas que favorezcan un entorno de negocios dinámico y competitivo.

Conclusión

El Producto Interior Bruto es un indicador fundamental que permite analizar el desempeño económico de un país y hacer comparaciones internacionales. Sin embargo, como hemos visto, tiene limitaciones importantes cuando se trata de medir el bienestar general o la calidad de vida de la población. Complementarlo con otros indicadores, como el Índice de Desarrollo Humano, es esencial para entender el verdadero nivel de desarrollo de una sociedad.

El PIB es una herramienta valiosa, pero para lograr una comprensión completa de la economía y el bienestar de una nación, debemos considerar factores como la igualdad, la sostenibilidad y el desarrollo humano.

El Índice de Miseria en España y su relación con la libertad económica y el crecimiento

El pasado 18 de septiembre de 2024, el Instituto Juan de Mariana publicó su informe “Índice de Miseria – Paro e inflación en España y Europa”, accesible aquí.

En este post nos hacemos eco de dicho Informe, y lo ponemos en relación con los resultados de investigación obtenidos por profesores del Grupo de Innovación Educativa.

1. Resultados del estudio del Instituto Juan de Mariana

El Índice de Miseria 2024, publicado por el Instituto Juan de Mariana, nos sitúa en una cruda realidad. España cerró el año 2023 con 15,2 puntos, consolidándose como el país de la Unión Europea con mayor miseria económica, una tendencia que no ha mejorado a lo largo de 2024. El promedio de la UE-27 se mantuvo en 9,5 puntos, lo que sitúa a España un 60% por encima del nivel promedio. En contraste, países como Portugal (8,4 puntos) e Italia (7,7 puntos) muestran desempeños notablemente mejores, mientras que las economías más fuertes del norte de Europa, como Países Bajos, Bélgica, Dinamarca y Alemania, reportan una miseria económica significativamente más baja.

Una de las principales conclusiones del informe es la marcada influencia del desempleo en el índice español, por encima de la inflación. A pesar de que la inflación ha sido un problema recurrente en Europa en los últimos años, en España el desempleo destaca como el factor más preocupante. La contrarreforma laboral impulsada por el gobierno de Pedro Sánchez y Yolanda Díaz ha maquillado las cifras de paro, reduciendo la tasa oficial de desempleo en aproximadamente cinco puntos porcentuales por debajo de los niveles reales. Sin este ajuste, el Índice de Miseria en España rondaría 19,5 puntos, muy por encima del promedio de la UE.

2. Resultados de nuestro artículo científico sobre emprendimiento, crecimiento económico, libertad económica e Índice de Miseria

Por otro lado, el artículo científico de Yilsy Núñez y Gustavo Morales-Alonso sobre la relación entre crecimiento económico, libertad económica, miseria y emprendimiento (ver aquí) destaca el papel crucial que juegan los entornos económicos con una elevada libertad económica en la reducción de la miseria y en la promoción del crecimiento. El estudio revela que los países con mayores niveles de libertad económica, como aquellos con sistemas fiscales más eficientes y regulaciones laborales más flexibles, suelen registrar menores niveles de miseria económica.

El índice de libertad económica, en este caso, emerge como un predictor fiable del crecimiento, ya que fomenta el emprendimiento, impulsa la inversión y mejora la asignación de recursos. El análisis muestra que países con altos niveles de libertad económica tienden a experimentar menos fricciones en el mercado laboral, lo que contribuye a reducir tanto el desempleo como la inflación.

Este estudio coincide en gran medida con el Índice de Miseria en su evaluación de la importancia del empleo en la reducción de la miseria, pero pone un énfasis adicional en cómo la libertad económica permite a los países manejar mejor estas variables y, en última instancia, mitigar los impactos de crisis económicas.

3. Implicaciones para la política pública

La conjunción de estos dos estudios presenta un mensaje claro para la política pública en España: sin un cambio estructural hacia políticas más favorables al libre mercado, la reducción de la miseria económica será difícil de alcanzar. En primer lugar, resulta fundamental abordar el problema del maquillaje de las cifras de desempleo, que no solo distorsiona el Índice de Miseria, sino que oculta la magnitud real del problema. Políticas que promuevan la transparencia en los datos y favorezcan la creación de empleo real y no temporal deben ser una prioridad.

Además, el artículo científico sobre crecimiento y libertad económica subraya la importancia de flexibilizar el mercado laboral y reducir la presión fiscal para fomentar el emprendimiento y la inversión. Dado que el entorno de libertad económica está directamente correlacionado con la reducción de la miseria y el impulso del crecimiento económico, es clave que las políticas públicas españolas se orienten hacia la desregulación y la simplificación del sistema tributario.

Finalmente, ambos estudios señalan que el enfoque en el empleo es crucial. Las reformas laborales deberían priorizar la creación de empleo sostenible y la eliminación de barreras que frenan el crecimiento empresarial. En este sentido, una revisión a fondo de las políticas fiscales y laborales será esencial si se desea revertir la tendencia de los últimos años y alejar a España del liderazgo europeo en miseria económica.

¿Qué es el Public Choice?

La teoría del Public Choice: una mirada económica a la política

La teoría del Public Choice aplica los métodos y herramientas de la economía a la comprensión de la política y el gobierno. Este enfoque se ha convertido en una de las ramas más influyentes de la teoría económica contemporánea, ya que ofrece un análisis más realista de la toma de decisiones colectivas y gubernamentales, destacando los incentivos, intereses y comportamientos de los actores involucrados en los procesos políticos. En lugar de ver a los actores políticos como seres altruistas que buscan el bienestar colectivo, el Public Choice los observa como agentes motivados por intereses personales, utilizando los mismos principios que rigen el comportamiento en el mercado para entender cómo se toman las decisiones en el ámbito político.

El modelo del Public Choice: Oferta y demanda en la política

Al igual que en la economía, el Public Choice identifica una relación de “oferta” y “demanda” dentro del sistema político. En este caso, los oferentes son los políticos, burócratas y funcionarios del gobierno, mientras que los demandantes son los votantes, los grupos de interés y las diferentes partes de la sociedad que buscan influir en las decisiones políticas. Este enfoque subraya cómo las decisiones políticas no son el resultado de un esfuerzo altruista o desinteresado por el bien común, sino de un proceso en el que los actores políticos maximizan su propio beneficio.

Los oferentes: políticos y burócratas

Los políticos y burócratas son los oferentes en este modelo. Los primeros están motivados por el deseo de obtener poder, estatus y beneficios materiales, mientras que los segundos buscan maximizar sus presupuestos y mantener o expandir su influencia dentro de la administración pública. Para alcanzar estos objetivos, tanto políticos como burócratas están dispuestos a tomar decisiones que favorezcan a los grupos de interés que los apoyan, en lugar de buscar el bienestar general.

Un aspecto clave en la teoría del Public Choice es que los políticos tienden a buscar el voto del “votante medio” o “median voter”, aquel que ocupa el centro del espectro político. Al centrar sus políticas en este votante, los políticos logran atraer una mayoría de votos sin alienar a grandes grupos de la población. Esta estrategia busca maximizar su probabilidad de ganar elecciones, pero no necesariamente promueve las políticas que maximizan el bienestar general. En cambio, se eligen políticas que aseguran la reelección y la permanencia en el poder.

Los demandantes: votantes y grupos de interés

Por otro lado, los demandantes en este modelo son los votantes y los grupos de interés. Los votantes, en su mayoría, tienen un interés limitado en las decisiones políticas debido a que el costo de informarse sobre los temas y votar de manera informada es alto, mientras que el impacto individual de su voto es mínimo. Esto lleva a lo que se conoce como “ignorancia racional”, donde los votantes no se esfuerzan por informarse a fondo sobre las políticas, pues saben que su voto por sí solo no cambiará el resultado electoral.

En este contexto, los grupos de interés juegan un papel fundamental. Estos grupos están mucho más organizados y concentrados que la masa de votantes, lo que les otorga una mayor capacidad para influir en las decisiones políticas. Gracias a la “racionalidad limitada” de los votantes, los grupos de interés pueden lograr sus objetivos mediante actividades de lobby, presionando a los políticos para que adopten políticas que beneficien a sus miembros, incluso si esas políticas no representan el interés general.

Rent-seeking y logrolling: el juego político detrás de la política pública

Dentro del sistema político descrito por el Public Choice, las dinámicas de rent-seeking y logrolling son comunes. El rent-seeking es el esfuerzo por obtener beneficios económicos a través de la manipulación del sistema político, en lugar de crear riqueza o valor. Los grupos de interés gastan grandes cantidades de dinero en actividades de lobby para asegurar ventajas especiales, como subsidios, regulaciones favorables o monopolios, que no se derivan de la competencia en el mercado, sino de la intervención del Estado.

El logrolling, por su parte, es el intercambio de votos entre políticos para aprobar iniciativas que beneficien a sus respectivos grupos de interés. Este acuerdo mutuo se basa en la premisa de que los beneficios específicos que reciben unos pocos son mucho más grandes que los costos dispersos que enfrentan el resto de los votantes o la sociedad en general. Así, un pequeño número de votantes o grupos concentrados pueden lograr una influencia desproporcionada sobre las políticas públicas.

El “fallo del gobierno” y la pluralidad de intereses

Aunque la teoría del Public Choice reconoce que el gobierno es necesario en ciertas áreas, también destaca que la intervención estatal no siempre es la solución más eficiente. El concepto de fallo del gobierno se refiere a la idea de que, al igual que en los mercados, el gobierno también puede fallar en la asignación eficiente de recursos, ya sea debido a la corrupción, a la captura por parte de grupos de interés o a la falta de incentivos para hacer un uso eficiente del poder público.

Además, el Public Choice subraya que no existe un único “interés público”. En un mundo de pluralismo de valores, diferentes grupos y personas tienen intereses, valores y objetivos distintos. La política no puede ser vista como la búsqueda de un bien común universal, sino como un campo de batalla donde diferentes intereses se disputan el poder y los recursos. Por lo tanto, el proceso político está marcado por la competencia entre estos intereses, lo que hace necesario estudiar cómo se resuelven estas disputas y cómo el sistema político permite o impide que ciertos grupos impongan su voluntad sobre los demás.

La necesidad de restricciones constitucionales

Una de las conclusiones más importantes de la teoría del Public Choice es que, debido a los incentivos individuales de los actores políticos y a la influencia de los grupos de interés, es fundamental que el proceso político esté restringido por reglas constitucionales. Estas reglas pueden ayudar a mitigar el riesgo de que las decisiones políticas sean tomadas en beneficio de unos pocos, a costa de la mayoría.

Las restricciones constitucionales, como los límites al poder del gobierno, las reglas electorales y la protección de los derechos individuales, son vistas como mecanismos que pueden proteger a la sociedad de los efectos negativos del intervencionismo estatal y de la manipulación por parte de grupos de interés.

Principales autores del Public Choice

La teoría del Public Choice tiene sus raíces en el pensamiento de varios economistas y teóricos políticos. Algunos de los autores más influyentes en el desarrollo de esta teoría incluyen:

  • James Buchanan: Considerado uno de los fundadores del Public Choice, fue galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1986 por sus contribuciones al análisis de la toma de decisiones políticas. Buchanan destacó la importancia del individualismo metodológico en la teoría política y propuso que los políticos, como cualquier otro agente económico, actúan en función de sus propios intereses.
  • Gordon Tullock: Otro de los pilares del Public Choice, Tullock contribuyó al estudio de la burocracia y el rent-seeking, analizando cómo los funcionarios públicos y los políticos buscan maximizar sus beneficios personales a través de la intervención en la economía.
  • Mancur Olson: Su obra más conocida, La lógica de la acción colectiva, examina cómo los grupos de interés, aunque pueden ser pequeños, son capaces de ejercer una gran influencia en la política debido a su capacidad de organizarse y presionar por políticas que favorezcan sus intereses.
  • William Niskanen: Niskanen fue un defensor del análisis del rent-seeking en la burocracia, mostrando cómo los burócratas pueden tener incentivos para aumentar el tamaño de sus agencias y presupuestos, incluso si esto no beneficia al bienestar social en general.

Conclusión

La teoría del Public Choice ofrece una visión crítica y realista de la política, mostrando cómo los actores políticos, como los votantes, los grupos de interés y los políticos, no buscan desinteresadamente el bien común, sino que están motivados por intereses personales. Al igual que en los mercados, los incentivos y las decisiones políticas están guiados por la maximización de beneficios personales, lo que puede llevar a un mal uso del poder político y a un fracaso del gobierno en la asignación eficiente de recursos. A través de esta perspectiva, el Public Choice pone en evidencia la importancia de limitar el poder del gobierno mediante restricciones constitucionales y de entender que la política es un campo de lucha entre intereses diversos y, a menudo, contradictorios.

La independencia financiera

Capitalismo: ahorro y trabajo duru. Esta frase, atribuida al profesor Miguel Anxo Bastos de la Universidad de Santiago de Compostela, nos da pie a explicar cómo el proceso del ahorro puede llevarnos a vivir una vida más libre y menos dependiente de lo que el sistema político decida otorgarnos en cada momento.

Según la Real Academia Española de la lengua, invertir se define como “emplear, gastar, colocar un caudal” y “emplear u ocupar el tiempo”. Es decir, se trata de la utilización de un recurso limitado (como el tiempo o el dinero). La revista Forbes (2018) define inversión como “la actividad por la cual una persona física, una empresa o una institución destina sus ahorros o dividendos a otra actividad que le permita generar ganancias con el paso del tiempo y que tiene el objetivo de evitar la pérdida o derroche de dicho capital.”

Por lo tanto, para invertir es necesario disponer del recurso (dinero) que permita realizar la inversión. La fuente más normal de este recurso es el ahorro. En palabras de Francisco García Paramés (2016) “el ahorro lo acumula cada persona a ritmo distinto y con sacrificio variable con esa parte de nuestros ingresos que no dedicamos al consumo. El ahorro financia el desarrollo tecnológico y la creación de riqueza, a la que debemos la mejora continua de las condiciones de vida que disfrutamos en nuestro tiempo”.

De esta manera, una persona o familia que ahorre una parte del dinero que ingresa, podrá acceder a una fuente de riqueza futura, si sabe cómo invertir ese ahorro. Este no parece ser el caso más común en España, como se puede ver en la siguiente figura:

Ahorro en los hogares españoles. (Fuente: INE, 2019)

En 2018 el ahorro medio sobre la renta disponible fue de un 4,9%. Esto quiere decir que si la renta neta disponible, en ese mismo año, fue de 11.412 € por persona el ahorro sería de 559,19 € por año. En el mejor de los casos, ahorrando desde los 25 hasta los 65, se tendría ahorrado para la jubilación 22.367,52€, sin contar la inflación. Teniendo en cuenta una inflación del 2% anual, trascurridos esos 40 años, ese dinero tan solo valdría 9.969,21€.

Sin embargo, si esa misma cantidad ahorrada cada año, se invirtiera durante 40 años con una rentabilidad del 5,53% (rentabilidad del S&P500 durante los últimos 100 años sin tener en cuenta la inflación) tendríamos 81.214,53€, casi 4 veces más que ahorrando dinero sin invertirlo.

Más allá de lo que los fríos números indican, hay tres razones fundamentales para invertir: mantener el poder adquisitivo, generar unas rentas extra para la jubilación, y por último, el poder lograr la independencia financiera, que se detallan a continuación.

Mantener el poder adquisitivo:

El poder adquisitivo es la cantidad de bienes o servicios que se pueden obtener con una cantidad fija de dinero. Este concepto va de la mano del concepto de inflación, que es la subida del nivel general de precios de los bienes y servicios en una economía.

Por lo tanto, si se mantienen los ahorros como dinero líquido se estaría perdiendo en torno a un 2% todos los años, reduciéndose con ello el poder adquisitivo.

Rentas para la jubilación:

Como se ha explicado, el sistema de pensiones español funciona como un sistema de reparto. En él, los pasivos (los que reciben la pensión) se financian por medio de los activos (trabajadores). Siendo así, el sistema se sustenta gracias al dinero que se recauda cada año, y está ligado a los Presupuestos Generales del Estado. De esta manera, un jubilado que actualmente recibe su pensión, la recibe a partir del dinero que generan los trabajadores actuales y no el dinero que ha generado él mismo durante su carrera. Es erróneo por tanto pensar que “cobro una pensión porque he cotizado toda la vida”. Lo correcto es “he cotizado toda la vida para pagar las pensiones que se pagaban en ese momento”, y por tanto, “cobraré mi pensión en la medida que las circunstancias actuales lo permitan”.

Tal y como se ha detallado en la sección anterior, la sostenibilidad del sistema de pensiones depende de factores fuera del alcance de cada persona individual. Pero el generar unas rentas futuras sí están en nuestro ámbito de actuación.

La independencia financiera:

Este es un concepto introducido por Robert Kiyosaki en su libro Padre Rico Padre Pobre (2000), según el cual es posible vivir de rentas pasivas, que se generan por vías diferentes del trabajo. Estas rentas por lo general provienen de inversiones que se han realizado previamente. 

La propuesta por tanto es invertir en productos que proporcionen rentas recurrentes en el tiempo. Dos ejemplos de este tipo de productos podría ser comprar un inmueble para alquilarlo o comprar acciones de empresas que repartan dividendo. Y el alcanzar la independencia financiera supone que las rentas recibidas son suficientes para tener un nivel de vida básico.

En diversos foros de inversión españoles se fija este nivel en 1000 € netos mensuales. Tomando este valor como punto de partida, se puede estimar la inversión necesaria en el mercado inmobiliario o de valores. La rentabilidad del alquiler en la ciudad de Madrid en 2019 fue del 5.2%[1], lo que quiere decir que haría falta invertir en un inmueble de 230.000 € para obtener una renta bruta de 1000 € al mes. El cálculo del valor del inmueble para obtener 1000 € netos no se puede realizar de manera genérica, ya que depende del IRPF que tenga que pagar cada uno, pero se puede estimar en algún punto entre los 250.000 y los 300.000 €.

Para obtener 1000 € netos como retorno vía dividendos de inversión en el mercado de valores, un residente en España (retención del 19%) que invirtiera en valores con una rentabilidad por dividendo del 4% (ciertamente alta) necesitaría tener invertidos en bolsa 370.000  €.

Dado que en España en salario anual medio fue de 28.716 € en 2017, y el salario anual más frecuente de 17.501 €[2], es fácil ver que la independencia financiera es difícilmente alcanzable por la población general haciendo uso de las rentas del trabajo.


[1] https://www.idealista.com/news/inmobiliario/vivienda/2020/04/15/781816-la-rentabilidad-de-la-inversion-en-vivienda-se-situaba-en-el-7-6-en-el-primer

[2] https://elpais.com/economia/2019/06/21/actualidad/1561105583_765818.html