Archivo por meses: junio 2026

Premio Juan de Mariana 2026: Deirdre McCloskey y la importancia de la ideología

Por Gustavo Morales Alonso

Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid

El Instituto Juan de Mariana ha concedido su Premio a una Trayectoria Ejemplar en Defensa de la Libertad 2026 a la economista e historiadora estadounidense Deirdre McCloskey. Se trata de un reconocimiento especialmente significativo, no solo por la enorme influencia académica de la premiada, sino porque pocas autoras han contribuido tanto como ella a replantear una de las grandes preguntas de la economía: ¿por qué unas sociedades prosperan mientras otras permanecen estancadas?

Cartel del premio. Fuente: Instituto Juan de Mariana.

La ceremonia de entrega estuvo marcada por una idea que apareció una y otra vez en las intervenciones de los distintos participantes: la prosperidad no puede explicarse únicamente por el capital, la tecnología o las instituciones. Detrás del desarrollo económico existe también un componente moral y cultural que determina la capacidad de una sociedad para innovar, comerciar y progresar.

El director del Instituto Juan de Mariana, Manuel Llamas, abrió el acto con un mensaje optimista sobre el estado actual de las ideas de la libertad. A su juicio, el liberalismo vive un momento de renovado interés intelectual y social. Sin embargo, advirtió también de que sus adversarios siguen contando con recursos prácticamente ilimitados, precisamente porque esos recursos proceden de los propios contribuyentes.

A continuación intervino Javier Fernández-Lasquetty, quien presentó a la galardonada destacando uno de los aspectos centrales de su pensamiento: el capitalismo no es únicamente un mecanismo eficiente para producir riqueza. Es, sobre todo, un logro moral basado en la dignidad de las personas y en las virtudes que hacen posible la cooperación voluntaria entre individuos libres.

Javier Fernández-Lasquetty durante su encomio a la premiada.

Ese mismo hilo fue retomado posteriormente por Gabriel Calzada. En su intervención recordó que la explicación del progreso económico no puede reducirse a la acumulación de capital físico. La verdadera diferencia entre unas sociedades y otras reside en los valores que permiten florecer al comercio, al emprendimiento y a la innovación. Calzada ilustró esta idea mediante diversas referencias al Siglo de Oro español, recordando la influencia intelectual de Juan de Mariana incluso en autores aparentemente alejados de la economía, como Lope de Vega, y evocando también la estrecha relación que mantuvo con Francisco de Quevedo. Estas referencias pusieron de manifiesto que las ideas económicas forman parte de un contexto cultural mucho más amplio, donde literatura, filosofía y pensamiento político dialogan constantemente.

Gabriel Calzada durante su encomio a la premiada.

No es casual que ese sea precisamente el eje de la obra de McCloskey.

Durante décadas, buena parte de la economía trató de explicar el desarrollo recurriendo a factores como la acumulación de capital, la inversión, los recursos naturales o las instituciones políticas. McCloskey no niega la importancia de todos ellos. Pero sostiene que ninguno basta para explicar el fenómeno más extraordinario de la historia económica: el Gran Enriquecimiento (The Great Enrichment), el espectacular aumento del nivel de vida experimentado por Occidente desde finales del siglo XVIII.

La premiada durante su discurso de recepción del premio.

Su tesis es que ese cambio solo puede entenderse cuando la sociedad comienza a conceder dignidad y libertad al comerciante, al inventor, al empresario y, en definitiva, a la persona corriente capaz de mejorar su entorno mediante la creatividad y el intercambio voluntario.

  • Las ideas importan.
  • Las palabras importan.
  • El respeto social importa.

Cuando una sociedad deja de despreciar la actividad empresarial y empieza a considerarla honorable, millones de personas encuentran incentivos para innovar. El resultado no es únicamente un aumento de la riqueza, sino una auténtica transformación de las condiciones de vida.

Gabriel Calzada haciendo entrega del premio a Deirdre McCloskey. Fuente: Instituto Juan de Mariana.

Esta tesis distingue a McCloskey incluso de otras corrientes liberales. Frente a quienes consideran que las instituciones son la explicación definitiva del desarrollo, ella insiste en que las instituciones son condición necesaria, pero no suficiente. Antes debe existir un cambio cultural que legitime la libertad económica y la creatividad individual.

La propia McCloskey resumió esta idea durante su intervención final con una frase tan sencilla como provocadora:

“Institutions don’t do it.”

Las instituciones, por sí solas, no lo hacen.

Con ello no pretendía negar su importancia, sino recordar que detrás de cualquier institución siempre existen personas, creencias y valores que la sostienen.

Otro de los momentos más llamativos de su intervención llegó cuando definió el liberalismo como adultism. En su opinión, una sociedad liberal trata a los ciudadanos como adultos responsables, capaces de tomar decisiones por sí mismos y asumir sus consecuencias. Los sistemas paternalistas, por el contrario, consideran a los ciudadanos como menores de edad permanentes que necesitan tutela constante por parte del Estado. Así, el liberalismo se convierte en la única filosofía que trata a las personas como adultos. Todas las demás filosofías, en mayor o en menor grado, nos tratan como niños, al extrapolar la figura de familia tutelada y dirigida por los padres al Estado. Cosa no menor, pues distorsiona la figura de la familia para buscar la validez de que una persona (o un “comité de expertos”) sea la tomadora de decisiones en la sociedad.

McCloskey aprovechó también la ocasión para anunciar la publicación de su próximo libro, prevista para septiembre de 2026 bajo el título Equality of Permission, una nueva reflexión sobre la igualdad entendida como igualdad de libertad para emprender, crear y desarrollar proyectos vitales propios.

Conceder el Premio Juan de Mariana a Deirdre McCloskey supone reconocer una trayectoria intelectual que ha ampliado considerablemente el horizonte de la economía. Su obra recuerda que el crecimiento económico no depende únicamente de modelos matemáticos, indicadores estadísticos o reformas institucionales. También depende de las ideas que una sociedad transmite sobre la dignidad, la libertad y el valor moral de quienes crean, comercian, innovan y emprenden.

Quizá esa sea, precisamente, la principal lección del acto celebrado en Madrid: las sociedades prosperan cuando aprenden a confiar en las personas.

No queremos terminar esta entrada sin mencionar que, además del autor del post, se pudo ver por allí al economista peruano Clemente Zamora, y a los Reig (José y Luis), hijos respectivamente de Joaquín y Luis Reig, los traductores originales de Mises y Hayek, respectivamente. Esas traducciones fueron las primeras al castellano de estos autores, y aún hoy son las que están disponibles en Unión Editorial.

De izquierda a derecha: José Reig (hijo de Joaquín, traductor de Mises), Clemente Zamora, Gustavo Morales y Luis Reig (hijo de Luis, traductor de Hayek).

Cuando prohibir coches no basta: la ciencia de la movilidad urbana

En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por investigadores vinculados a la Universidad Politécnica de Madrid y al entorno académico de la ingeniería y la gestión. En este artículo se resumen las contribuciones del trabajo:

Muñoz-Medina, B., Ordoñez, J., Romana, M. G., & Alcaraz Carrillo de Albornoz, V. (2025). Achieving sustainable urban mobility with a modified VIKOR method to improve the selection of a park and ride system. Journal of Civil Engineering and Management, 31(2), 153–170.

En muchas grandes ciudades europeas, conducir hacia el centro urbano se ha convertido progresivamente en una actividad más difícil, más lenta y más regulada. Restricciones al tráfico, zonas de bajas emisiones, limitaciones de aparcamiento o peajes urbanos forman ya parte habitual del paisaje político y urbano de numerosas capitales. Madrid no ha sido una excepción. Durante los últimos años, medidas como Madrid Central o Madrid 360 han tratado de reducir la contaminación, la congestión y el uso intensivo del vehículo privado.

Sin embargo, existe una cuestión fundamental que a menudo queda fuera del debate público: prohibir o restringir no basta. Si las administraciones quieren reducir el tráfico privado de manera sostenible, necesitan ofrecer alternativas reales, funcionales y eficientes para millones de ciudadanos que siguen necesitando desplazarse diariamente por razones laborales, familiares o personales.

Es precisamente aquí donde entra en juego uno de los elementos más importantes de la movilidad urbana contemporánea: los aparcamientos disuasorios o park and ride.

El problema de la movilidad urbana moderna

Las grandes ciudades europeas afrontan un problema estructural. Por una parte, concentran actividad económica, empleo, universidades, servicios y ocio. Por otra, millones de personas viven fuera de los centros urbanos y necesitan desplazarse diariamente hacia ellos. El resultado es conocido: congestión, contaminación, ruido, pérdida de tiempo y deterioro de la calidad de vida.

El artículo parte precisamente de esta realidad. Sus autores recuerdan que una parte muy significativa de las emisiones contaminantes urbanas procede del transporte privado y que ciudades como Madrid han sufrido durante años episodios recurrentes de contaminación asociados al tráfico rodado. Al mismo tiempo, el incremento de vehículos provoca enormes costes indirectos: tiempo perdido en atascos, incertidumbre en los desplazamientos, consumo energético y saturación del espacio urbano.

En este contexto, muchas administraciones han optado por restringir progresivamente el acceso de vehículos privados al centro de las ciudades. Pero estas políticas plantean un desafío evidente: ¿cómo lograr que los ciudadanos abandonen parcialmente el coche sin deteriorar su movilidad?

La respuesta habitual pasa por reforzar el transporte público e impulsar sistemas intermodales. Y aquí aparece el papel de los aparcamientos disuasorios.

Qué es realmente un aparcamiento disuasorio

La idea básica de un aparcamiento disuasorio es relativamente sencilla. El conductor deja su vehículo en un punto situado en la periferia o en los principales corredores de entrada a la ciudad y completa el trayecto mediante transporte público: metro, cercanías o autobús.

Sin embargo, aunque la idea parezca intuitiva, diseñar correctamente este tipo de infraestructuras es mucho más complejo de lo que podría parecer a primera vista.

No todos los aparcamientos disuasorios funcionan igual de bien. Algunos apenas son utilizados, mientras que otros consiguen reducir significativamente el tráfico hacia el centro urbano. La diferencia depende de numerosos factores: localización, accesibilidad, conexión con transporte público, coste, demanda potencial, congestión existente, impacto ambiental o incluso aceptación social.

Aquí es donde el artículo realiza su principal contribución científica. Los autores no se limitan a defender la utilidad de los aparcamientos disuasorios, sino que desarrollan una metodología para determinar cuáles son las ubicaciones más sostenibles y eficientes.

Más allá de la intuición: cómo decidir dónde invertir

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es que muestra hasta qué punto las decisiones de planificación urbana son problemas complejos con múltiples variables en conflicto.

Por ejemplo, una ubicación puede resultar muy barata desde el punto de vista económico, pero poco útil funcionalmente. Otra puede tener gran demanda potencial, pero generar elevados costes ambientales o problemas de congestión secundaria. Incluso un aparcamiento muy bien conectado puede fracasar si los tiempos de transbordo o la calidad del transporte público no resultan suficientemente atractivos para el usuario.

Figura 1. Elegir una ubicación no es una decisión simple, sino un problema de optimización con múltiples variables.

Para abordar este problema, los investigadores desarrollan un sistema de análisis multicriterio capaz de evaluar simultáneamente factores económicos, funcionales, ambientales y sociales.

Entre los criterios considerados aparecen elementos como:

  • costes de construcción y operación;
  • ahorro energético y reducción de emisiones;
  • proximidad a infraestructuras de transporte público;
  • congestión de los corredores de acceso;
  • densidad de población cercana;
  • reducción de accidentes;
  • o mejora de la calidad de vida de los usuarios.

La idea de fondo es especialmente interesante porque refleja un problema frecuente en las políticas públicas modernas: optimizar una sola variable suele empeorar otras.

Reducir tráfico puede aumentar costes. Minimizar costes puede reducir funcionalidad. Maximizar accesibilidad puede generar nuevas congestiones. La movilidad urbana sostenible exige equilibrar simultáneamente numerosos objetivos parcialmente contradictorios.

El caso de Madrid: la ciudad como laboratorio

El artículo aplica esta metodología al sistema de aparcamientos disuasorios planteado para la ciudad de Madrid. En total, los investigadores analizan doce posibles ubicaciones distribuidas por distintos corredores de entrada a la capital.

El estudio evalúa emplazamientos como Canillejas, Villaverde Bajo, Valdebebas, Paco de Lucía, Colonia Jardín o el entorno del Metropolitano, considerando para cada uno de ellos variables de sostenibilidad, funcionalidad y eficiencia.

Los resultados son especialmente interesantes porque muestran que no todas las alternativas presentan el mismo comportamiento. Algunas ubicaciones destacan claramente por su capacidad para integrar movilidad, accesibilidad y sostenibilidad, mientras que otras obtienen resultados considerablemente peores.

Según el análisis realizado, Canillejas y Villaverde Bajo aparecen entre las soluciones más sostenibles dentro del conjunto analizado. Por el contrario, alternativas como Valdebebas o Paco de Lucía presentan peores resultados relativos desde el punto de vista de la sostenibilidad global.

Figura 2. La ciudad puede analizarse como un sistema de flujos y nodos interconectados.

Lo relevante aquí no es únicamente qué ubicación “gana”, sino el hecho de que las decisiones pueden apoyarse en modelos técnicos relativamente sofisticados capaces de integrar simultáneamente multitud de variables interrelacionadas.

En otras palabras: detrás de una decisión aparentemente simple, como construir un aparcamiento junto a una estación de metro, existe un problema de ingeniería, planificación y análisis de datos mucho más complejo de lo que suele percibirse desde fuera.

Movilidad sostenible: un problema de coordinación

Uno de los aspectos más interesantes del artículo es que permite comprender la movilidad urbana no como un problema aislado, sino como un sistema complejo de coordinación social y técnica.

La eficacia de un aparcamiento disuasorio no depende únicamente del propio aparcamiento. También depende de:

  • la calidad del transporte público;
  • las frecuencias de paso;
  • el tiempo total de desplazamiento;
  • los incentivos económicos;
  • la percepción de seguridad;
  • la facilidad de acceso;
  • y los hábitos de comportamiento de los usuarios.

Esto ayuda a entender por qué muchas políticas urbanas fracasan cuando se limitan únicamente a prohibir o restringir sin crear alternativas suficientemente atractivas.

Desde este punto de vista, el artículo ofrece una lección importante para el diseño de políticas públicas: las ciudades modernas funcionan como sistemas complejos en los que las infraestructuras, los incentivos y el comportamiento humano interactúan constantemente.

La movilidad sostenible no puede construirse únicamente mediante restricciones administrativas. Requiere también diseñar sistemas eficientes que los ciudadanos estén realmente dispuestos a utilizar.

Más allá de los aparcamientos

Aunque el trabajo se centra específicamente en los aparcamientos disuasorios, sus implicaciones van mucho más allá de este caso concreto.

El artículo refleja una tendencia cada vez más importante en la ingeniería y la planificación urbana: el uso de herramientas avanzadas de análisis multicriterio para apoyar decisiones públicas complejas.

En un entorno donde las ciudades deben equilibrar sostenibilidad ambiental, eficiencia económica y calidad de vida, las decisiones ya no pueden basarse únicamente en intuiciones políticas o soluciones simplistas.

Figura 3. La movilidad sostenible no consiste en prohibir, sino en coordinar infraestructuras e incentivos para que las personas puedan elegir alternativas eficientes.

Precisamente por eso, investigaciones como esta resultan especialmente relevantes. No solo aportan herramientas técnicas para mejorar la movilidad urbana, sino que también ayudan a comprender mejor la enorme complejidad que existe detrás de problemas aparentemente cotidianos como un atasco, una estación de metro o un aparcamiento lleno.

Al final, la gran enseñanza del artículo es clara: construir ciudades más sostenibles no consiste únicamente en limitar el uso del coche, sino en diseñar sistemas urbanos capaces de coordinar de forma inteligente movilidad, infraestructuras y comportamiento humano.

La estrategia y el ejercicio de la función empresarial en la firma

Por Artur Marion Ceolin

Doctor en Ciencias Sociales y Jurídicas por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y Fellow del Instituto Mises Brasil

Este artículo es una síntesis de la tesis doctoral “Strategy, Entrepreneurship, and the Firm”, defendida y aprobada con evaluación sobresaliente cum laude el 6 de febrero de 2026 en la Universidad Rey Juan Carlos. El objetivo central de la tesis, así como de este artículo, es discutir cómo la fuerza del emprendimiento sí se materializa y guía las actividades de la firma mediante la estrategia empresarial. La estrategia emerge como un mecanismo de organización y gobernanza del poder de decisión en torno al uso del capital en la producción. 

Introducción

Al analizar el ejercicio de la función empresarial en los mercados, generalmente se reconoce que esta constituye una fuerza fundamental para la creación de la firma. No obstante, una vez establecida la firma, la conversación suele desplazarse hacia un paradigma administrativo, relegando el emprendimiento a un segundo plano en dicha conversación.

Esta transición es problemática, porque el emprendimiento, como función ejercida en los mercados, no desaparece, sino que se mantiene como una función clave dentro de la firma para coordinar los activos heterogéneos bajo un plan de producción. La coordinación de activos es una actividad de carácter fundamentalmente empresarial (Lachmann, 1947, 1956; Salerno, 2008).

Entonces, si la función empresarial es fundamental en los mercados, ¿por qué muchas teorías de la firma la relegan a un segundo plano? En este contexto, los enfoques tradicionales, basados en un marco positivista, encuentran dificultades para comprender el papel esencialmente creativo que desempeñan los empresarios, especialmente en la organización de los activos económicos.

De manera alternativa, la Escuela Austríaca de Economía fundamenta su enfoque en una comprensión más amplia de la naturaleza del individuo y de su comportamiento en los mercados (Mises, 1998; Huerta de Soto, 2010). En este contexto, la función empresarial, en un sentido amplio, se considera una característica intrínseca de la acción humana (Huerta de Soto, 2010).

Representación esquemática del empresario. Autor: Artur Marion Ceolin.

Los empresarios, en este sentido, son quienes, subjetivamente, crean nuevas oportunidades de beneficio. Emplean su subjetividad para contrastar el estado actual de los factores con el especulado futuro del mercado (Rothbard, 2004). De esta manera, no solo organizan los procesos productivos, sino que también generan nuevo conocimiento empresarial (Huerta de Soto, 2010).

La función empresarial y la organización de la producción

Para entender el papel de la estrategia como manifestación del emprendimiento en la firma, primero es crucial comprender qué es la función empresarial. Esta función se refiere a la capacidad de las personas para generar oportunidades de ganancia mediante la organización de recursos económicos (Huerta de Soto, 2010).

La acción está orientada a alcanzar los objetivos del agente. El individuo decide cómo coordinar los recursos disponibles para alcanzar sus objetivos subjetivos (Mises, 1998). Estos arreglos productivos también son subjetivos, ya que el capital no tiene un uso predeterminado, sino que depende de los planes de producción de los empresarios en circunstancias específicas (Huerta de Soto, 2006).

Los individuos, basándose en su comprensión subjetiva de la economía y en la especulación sobre hechos futuros, estructuran sus planes de acción. En estos planes, el papel de los recursos varía según el rol que desempeñan en los diferentes planes de acción y de producción, desarrollados en un contexto de incertidumbre (Rothbard, 2004).

En resumen, los recursos carecen de un valor objetivo por sí mismos: es la acción de los hombres empresarios la que les asigna valor subjetivo (Bylund & Packard, 2022). Por lo tanto, los recursos no son inherentemente productivos, sino que adquieren valor mediante los planes de los individuos (Huerta de Soto, 2006).

Huerta de Soto (2010) fortalece esta idea al destacar que la perspicacia es una habilidad creativa que permite imaginar de forma productiva el futuro y generar oportunidades subjetivas de beneficios. Además, Foss y Klein (2012) perfeccionan la comprensión del juicio empresarial al demostrar que se ejerce en las decisiones de asignación de recursos en contextos de incertidumbre.

Representación de la organización empresarial de la firma. Autor: Artur Marion Ceolin.

Es importante entender que estas no son características opuestas, sino que se complementan: la perspicacia proporciona la base creativa para la acción, mientras que el juicio la concreta mediante decisiones específicas. Su empleo culmina en la organización de la producción, en la que los empresarios coordinan procesos productivos concretos.

Como resultado de su deliberación, el empresario establece un tipo específico de arreglo que modernamente llamamos firma. Esta estructura actúa como un mecanismo contractual y funcional para organizar diversos activos y coordinar la división del trabajo en condiciones de incertidumbre, con el objetivo de lograr un uso coherente de los recursos.

El papel de la firma

La firma surge como resultado de la función empresarial y constituye la estructura que permite coordinar diversas acciones en torno a un objetivo específico. (Hayek, 1964, 1973). En la firma, el empresario puede delegar y coordinar el ejercicio del poder de juicio, lo que permite una gestión global de los procesos productivos y la asignación de diversos recursos según el plan de producción.

En este sentido, la firma habilita al empresario para ir más allá de sus límites personales e institucionaliza su perspicacia y poder de juicio. El enfoque austríaco permite comprender las firmas no como unidades mecánicas, sino como arreglos creativos organizados bajo control empresarial. La firma se convierte en el centro donde la acción empresarial se estructura y se proyecta hacia el futuro.

La firma se define por su función de organizar y mantener de manera continua el ejercicio de la función empresarial. Es en la firma donde el empresario no solo concibe, sino que también implementa de manera cohesionada el uso de recursos heterogéneos, estructurando la división del trabajo. La firma cumple un papel imprescindible para que el empresario delegue la toma de decisiones sin perder la coherencia con su propósito. Es su extensión institucional, un espacio en el que la perspicacia y el juicio se integran en estructuras productivas.

Así, si la función empresarial es tan crucial en los mercados, también debe reflejarse en la firma. Es decir, la función empresarial no se limita a la creación de empresas, sino que también se evidencia en su organización y en sus procesos productivos. La firma surge como una estructura fundamental que permite al empresario gestionar la producción en un sistema capitalista.

La estrategia empresarial, en este sentido, se presenta como la manifestación de la función empresarial en la organización (Marion Ceolin, 2025). A través de la estrategia, considerada el mecanismo general de coordinación del poder de decisión en la firma, los empresarios pueden gestionar el uso de los bienes de capital en los procesos, asignando recursos y dividiendo tareas. Es mediante la estrategia empresarial que el empresario logra estructurar los recursos de manera cohesionada y contextualmente adecuada.

El papel de la estrategia en la firma

La concepción dominante de estrategia suele percibirse como una disciplina predictiva, tecnocrática y orientada a la medición para predicción, en la que los directivos se consideran técnicos sociales capacitados (Marion Ceolin, 2025). Por otro lado, en el enfoque austríaco (Marion Ceolin, 2025), la estrategia busca gestionar la incertidumbre mediante la integración de los diversos juicios del empresario, alineando las actividades operativas con el propósito empresarial.

La estrategia puede definirse como la organización del ejercicio del juicio empresarial dentro de la firma. Es, en esencia, la manifestación organizativa de la función empresarial, la guía para que la perspicácia y el juicio se conviertan en la utilización de recursos y en mecanismos de gobernanza. La estrategia orienta el juicio empresarial y coordina su ejercicio entre los distintos miembros de la firma. En suma, es un proceso dinámico en el que la función empresarial guía la organización de los arreglos productivos.

Así, la estrategia nunca es algo externo al emprendimiento, sino que forma parte del contexto específico de la firma. La estrategia articula el propósito y la perspectiva de la firma con sus actividades productivas. Además, garantiza que las decisiones de los empleados estén alineadas con el propósito de la firma y con su perspectiva macro para coordinar las acciones.

Representación de la estrategia en la firma. Autor: Artur Marion Ceolin.

En resumen, la estrategia consiste en el arreglo activo de juicios empresariales que, de forma dinámica y eficiente, permiten alcanzar los objetivos de la empresa. De este modo, la formulación y definición de una estrategia en la firma están estrechamente vinculadas a la organización de los poderes derivados de la función empresarial.

La integración del conocimiento empresarial también muestra cómo la estrategia organiza el uso del conocimiento por parte de los individuos dentro de una estructura, facilitando a las empresas emplearlo en la producción. De este modo, este mecanismo permite que los actores empleen su conocimiento específico, manteniendo siempre una cohesión orientada al propósito empresarial establecido.

Conclusiones

La función empresarial no se agota con la creación de la firma ni con la explotación inicial de oportunidades de beneficio. Por el contrario, su ejercicio continúa siendo esencial una vez que la firma emerge. La producción capitalista exige algo más que la mera intuición de una posibilidad de ganancia: requiere la coordinación continua de recursos heterogéneos, la división del trabajo y la orientación de múltiples decisiones en contextos de incertidumbre.

La firma, entonces, debe como el arreglo institucional funcional mediante el cual la acción empresarial adquiere continuidad y capacidad de proyección en el tiempo. La firma hace posible que una visión subjetiva sobre los usos futuros de los recursos se convierta en una estructura concreta de coordinación, en la que distintos individuos puedan actuar de manera complementaria. En este sentido, la firma amplía el alcance del empresario más allá de sus límites personales, institucionalizando su capacidad para organizar la producción.

Sobre esta base, la estrategia constituye la forma específica en que la función empresarial se ejerce en la firma. Es por medio de la estrategia que el empresario orienta el uso de los recursos, organiza la división del trabajo, alinea decisiones particulares con un propósito común y coordina el ejercicio del juicio derivado. La estrategia permite, precisamente, que la acción empresarial no se disuelva en la complejidad organizativa, sino que conserve dirección, coherencia y sentido productivo dentro de la firma.

Representación del nuevo modelo de formación de estrategia. Autor: Artur Marion Ceolin.

El argumento desarrollado en este artículo permite reinterpretar la estrategia desde una perspectiva genuinamente empresarial. La estrategia surge como el mecanismo mediante el cual dicha función se materializa, se distribuye y se mantiene activa en la estructura productiva. Desde esta óptica, la estrategia no es externa al emprendimiento ni un complemento posterior a la fundación de la firma, sino la expresión interna de la propia función empresarial en el ámbito organizativo.

Referencias

Bylund, P., & Packard, M. (2022). Subjective value in entrepreneurship. Small Business Economics 58, 1243–1260.

Foss, NJ & Klein, PG. (2012). Organizing Entrepreneurial Judgment: A New Approach to the Firm.

Hayek, FA. (1964). Kinds of Order in Society. New Individualism Review 1 (3).

______. (1973). Law, Legislation, and Liberty Vol. 1 Rules and Orders.

Huerta de Soto, J. (2010). Socialism, Economic Calculation and Entrepreneurship.

______. (2006). Money, Bank Credit, and Economic Cycles.

Lachmann, L. (1947). Complementary and Substitution in the Theory of Capital. Economica 14 (54), 108-119.

______. (1956). Capital and Its Structure.

Marion Ceolin, A. (2025). Strategy as a Judgmental Arrangement to Organize Productive Processes. Academy of Management Proceedings 2025.

Mises, L. (1998). Human Action – Scholars Edition.

Rothbard, M. (2004). Man, Economy, and State with Power and Market.

Salerno, J. (2008). The Entrepreneur: Real and Imagine. Quarterly Journal of Austrian Economics 11, 188-207.