En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por investigadores vinculados a la Universidad Politécnica de Madrid y al entorno académico de la ingeniería y la gestión. En este artículo se resumen las contribuciones del trabajo:
Muñoz-Medina, B., Ordoñez, J., Romana, M. G., & Alcaraz Carrillo de Albornoz, V. (2025). Achieving sustainable urban mobility with a modified VIKOR method to improve the selection of a park and ride system. Journal of Civil Engineering and Management, 31(2), 153–170.
En muchas grandes ciudades europeas, conducir hacia el centro urbano se ha convertido progresivamente en una actividad más difícil, más lenta y más regulada. Restricciones al tráfico, zonas de bajas emisiones, limitaciones de aparcamiento o peajes urbanos forman ya parte habitual del paisaje político y urbano de numerosas capitales. Madrid no ha sido una excepción. Durante los últimos años, medidas como Madrid Central o Madrid 360 han tratado de reducir la contaminación, la congestión y el uso intensivo del vehículo privado.
Sin embargo, existe una cuestión fundamental que a menudo queda fuera del debate público: prohibir o restringir no basta. Si las administraciones quieren reducir el tráfico privado de manera sostenible, necesitan ofrecer alternativas reales, funcionales y eficientes para millones de ciudadanos que siguen necesitando desplazarse diariamente por razones laborales, familiares o personales.
Es precisamente aquí donde entra en juego uno de los elementos más importantes de la movilidad urbana contemporánea: los aparcamientos disuasorios o park and ride.
El problema de la movilidad urbana moderna
Las grandes ciudades europeas afrontan un problema estructural. Por una parte, concentran actividad económica, empleo, universidades, servicios y ocio. Por otra, millones de personas viven fuera de los centros urbanos y necesitan desplazarse diariamente hacia ellos. El resultado es conocido: congestión, contaminación, ruido, pérdida de tiempo y deterioro de la calidad de vida.
El artículo parte precisamente de esta realidad. Sus autores recuerdan que una parte muy significativa de las emisiones contaminantes urbanas procede del transporte privado y que ciudades como Madrid han sufrido durante años episodios recurrentes de contaminación asociados al tráfico rodado. Al mismo tiempo, el incremento de vehículos provoca enormes costes indirectos: tiempo perdido en atascos, incertidumbre en los desplazamientos, consumo energético y saturación del espacio urbano.
En este contexto, muchas administraciones han optado por restringir progresivamente el acceso de vehículos privados al centro de las ciudades. Pero estas políticas plantean un desafío evidente: ¿cómo lograr que los ciudadanos abandonen parcialmente el coche sin deteriorar su movilidad?
La respuesta habitual pasa por reforzar el transporte público e impulsar sistemas intermodales. Y aquí aparece el papel de los aparcamientos disuasorios.
Qué es realmente un aparcamiento disuasorio
La idea básica de un aparcamiento disuasorio es relativamente sencilla. El conductor deja su vehículo en un punto situado en la periferia o en los principales corredores de entrada a la ciudad y completa el trayecto mediante transporte público: metro, cercanías o autobús.
Sin embargo, aunque la idea parezca intuitiva, diseñar correctamente este tipo de infraestructuras es mucho más complejo de lo que podría parecer a primera vista.
No todos los aparcamientos disuasorios funcionan igual de bien. Algunos apenas son utilizados, mientras que otros consiguen reducir significativamente el tráfico hacia el centro urbano. La diferencia depende de numerosos factores: localización, accesibilidad, conexión con transporte público, coste, demanda potencial, congestión existente, impacto ambiental o incluso aceptación social.
Aquí es donde el artículo realiza su principal contribución científica. Los autores no se limitan a defender la utilidad de los aparcamientos disuasorios, sino que desarrollan una metodología para determinar cuáles son las ubicaciones más sostenibles y eficientes.
Más allá de la intuición: cómo decidir dónde invertir
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es que muestra hasta qué punto las decisiones de planificación urbana son problemas complejos con múltiples variables en conflicto.
Por ejemplo, una ubicación puede resultar muy barata desde el punto de vista económico, pero poco útil funcionalmente. Otra puede tener gran demanda potencial, pero generar elevados costes ambientales o problemas de congestión secundaria. Incluso un aparcamiento muy bien conectado puede fracasar si los tiempos de transbordo o la calidad del transporte público no resultan suficientemente atractivos para el usuario.

Para abordar este problema, los investigadores desarrollan un sistema de análisis multicriterio capaz de evaluar simultáneamente factores económicos, funcionales, ambientales y sociales.
Entre los criterios considerados aparecen elementos como:
- costes de construcción y operación;
- ahorro energético y reducción de emisiones;
- proximidad a infraestructuras de transporte público;
- congestión de los corredores de acceso;
- densidad de población cercana;
- reducción de accidentes;
- o mejora de la calidad de vida de los usuarios.
La idea de fondo es especialmente interesante porque refleja un problema frecuente en las políticas públicas modernas: optimizar una sola variable suele empeorar otras.
Reducir tráfico puede aumentar costes. Minimizar costes puede reducir funcionalidad. Maximizar accesibilidad puede generar nuevas congestiones. La movilidad urbana sostenible exige equilibrar simultáneamente numerosos objetivos parcialmente contradictorios.
El caso de Madrid: la ciudad como laboratorio
El artículo aplica esta metodología al sistema de aparcamientos disuasorios planteado para la ciudad de Madrid. En total, los investigadores analizan doce posibles ubicaciones distribuidas por distintos corredores de entrada a la capital.
El estudio evalúa emplazamientos como Canillejas, Villaverde Bajo, Valdebebas, Paco de Lucía, Colonia Jardín o el entorno del Metropolitano, considerando para cada uno de ellos variables de sostenibilidad, funcionalidad y eficiencia.
Los resultados son especialmente interesantes porque muestran que no todas las alternativas presentan el mismo comportamiento. Algunas ubicaciones destacan claramente por su capacidad para integrar movilidad, accesibilidad y sostenibilidad, mientras que otras obtienen resultados considerablemente peores.
Según el análisis realizado, Canillejas y Villaverde Bajo aparecen entre las soluciones más sostenibles dentro del conjunto analizado. Por el contrario, alternativas como Valdebebas o Paco de Lucía presentan peores resultados relativos desde el punto de vista de la sostenibilidad global.

Lo relevante aquí no es únicamente qué ubicación “gana”, sino el hecho de que las decisiones pueden apoyarse en modelos técnicos relativamente sofisticados capaces de integrar simultáneamente multitud de variables interrelacionadas.
En otras palabras: detrás de una decisión aparentemente simple, como construir un aparcamiento junto a una estación de metro, existe un problema de ingeniería, planificación y análisis de datos mucho más complejo de lo que suele percibirse desde fuera.
Movilidad sostenible: un problema de coordinación
Uno de los aspectos más interesantes del artículo es que permite comprender la movilidad urbana no como un problema aislado, sino como un sistema complejo de coordinación social y técnica.
La eficacia de un aparcamiento disuasorio no depende únicamente del propio aparcamiento. También depende de:
- la calidad del transporte público;
- las frecuencias de paso;
- el tiempo total de desplazamiento;
- los incentivos económicos;
- la percepción de seguridad;
- la facilidad de acceso;
- y los hábitos de comportamiento de los usuarios.
Esto ayuda a entender por qué muchas políticas urbanas fracasan cuando se limitan únicamente a prohibir o restringir sin crear alternativas suficientemente atractivas.
Desde este punto de vista, el artículo ofrece una lección importante para el diseño de políticas públicas: las ciudades modernas funcionan como sistemas complejos en los que las infraestructuras, los incentivos y el comportamiento humano interactúan constantemente.
La movilidad sostenible no puede construirse únicamente mediante restricciones administrativas. Requiere también diseñar sistemas eficientes que los ciudadanos estén realmente dispuestos a utilizar.
Más allá de los aparcamientos
Aunque el trabajo se centra específicamente en los aparcamientos disuasorios, sus implicaciones van mucho más allá de este caso concreto.
El artículo refleja una tendencia cada vez más importante en la ingeniería y la planificación urbana: el uso de herramientas avanzadas de análisis multicriterio para apoyar decisiones públicas complejas.
En un entorno donde las ciudades deben equilibrar sostenibilidad ambiental, eficiencia económica y calidad de vida, las decisiones ya no pueden basarse únicamente en intuiciones políticas o soluciones simplistas.

Precisamente por eso, investigaciones como esta resultan especialmente relevantes. No solo aportan herramientas técnicas para mejorar la movilidad urbana, sino que también ayudan a comprender mejor la enorme complejidad que existe detrás de problemas aparentemente cotidianos como un atasco, una estación de metro o un aparcamiento lleno.
Al final, la gran enseñanza del artículo es clara: construir ciudades más sostenibles no consiste únicamente en limitar el uso del coche, sino en diseñar sistemas urbanos capaces de coordinar de forma inteligente movilidad, infraestructuras y comportamiento humano.