Domingo de Soto y la economía moral de la Escuela de Salamanca

Justicia, pobreza y límites de la regulación

Introducción: de los principios a los problemas sociales

Si Francisco de Vitoria estableció los fundamentos filosóficos y jurídicos de la Escuela de Salamanca, Domingo de Soto fue quien los llevó con mayor decisión al terreno de los problemas sociales concretos. En su obra, las grandes ideas sobre derecho natural, dignidad humana y límites del poder se traducen en reflexiones sobre la pobreza, el salario, la asistencia a los necesitados y la legitimidad de la intervención pública.

Este artículo continúa la serie dedicada a la Escuela de Salamanca desde una perspectiva económica. No se trata de presentar a Domingo de Soto como un economista en sentido moderno, sino como un pensador que analizó racionalmente los efectos sociales de las normas, las políticas y las decisiones individuales. En un tiempo de profundas transformaciones económicas, Soto se preguntó qué exige la justicia cuando la buena intención del gobernante choca con la libertad de las personas y con el funcionamiento real de la sociedad.

Domingo de Soto representado por IA enfrente de la escalera del convento de San Esteban que se financió con sus publicaciones.

La Escuela de Salamanca y la economía moral de la acción humana

Como ya se ha señalado en el artículo dedicado a Vitoria, la Escuela de Salamanca no constituye una escuela económica en sentido estricto. Sin embargo, sus autores desarrollaron una reflexión coherente sobre el orden social a partir del derecho natural y de la teología moral. Joseph Schumpeter reconoció en ellos a pioneros del análisis económico moderno, precisamente porque supieron estudiar fenómenos como el valor, el intercambio o el dinero sin reducirlos a decisiones arbitrarias del poder.

Domingo de Soto encarna de forma ejemplar esta aproximación. Su obra no busca diseñar políticas públicas ni imponer esquemas ideales, sino evaluar moralmente las instituciones existentes y las prácticas sociales reales. La economía aparece así como un ámbito donde la justicia no puede imponerse por decreto sin generar efectos perversos. Esta sensibilidad hacia las consecuencias no intencionadas distingue a Soto dentro de la tradición salmantina.

Domingo de Soto: formación, Salamanca y experiencia institucional

Domingo de Soto nació en Segovia en 1494 y se formó inicialmente en la Universidad de Alcalá antes de completar sus estudios en París, donde entró en contacto con el tomismo renovado que también influyó decisivamente en Vitoria. Ingresó en la orden dominica y, a su regreso a España, se integró en la Universidad de Salamanca, donde fue discípulo directo de Vitoria y posteriormente catedrático de Teología.

A diferencia de otros escolásticos, Soto no fue solo un académico. Participó activamente en la vida institucional de su tiempo. Fue teólogo en el Concilio de Trento y confesor del emperador Carlos V. Esta experiencia práctica marcó profundamente su pensamiento. Soto conocía de primera mano las tensiones entre los ideales morales y la acción política, entre la caridad cristiana y la tentación del paternalismo estatal.

Su obra más influyente, De iustitia et iure, refleja esta preocupación constante por aplicar los principios del derecho natural a situaciones concretas, evitando tanto el rigorismo abstracto como la complacencia con el poder.

Economía, salario y pobreza: una mirada realista

Uno de los aspectos más originales del pensamiento de Domingo de Soto es su análisis de la pobreza y de las políticas de asistencia. Estas cuestiones aparecen desarrolladas principalmente en su obra De iustitia et iure, donde aborda con detalle los problemas del salario, la mendicidad y la regulación desde la perspectiva del derecho natural. En un contexto de crecimiento urbano y aumento de la pobreza visible, Soto se preguntó cuál era el papel legítimo de la autoridad pública frente a los necesitados.

Soto defendió la obligación moral de ayudar al necesitado, pero fue prudente respecto al uso de la coacción. Aunque reconoce que la autoridad puede desempeñar un papel en la asistencia, insiste en que la caridad, para ser plenamente virtuosa, debe conservar un componente de libertad. Cuando el auxilio se convierte en imposición generalizada, corre el riesgo de debilitar los incentivos al trabajo y de generar dependencia. Esta preocupación por los efectos sociales de las buenas intenciones anticipa una lógica que hoy identificaríamos como el análisis de las consecuencias no intencionadas de la acción pública.

En relación con el salario, Soto sostuvo que su justicia no depende exclusivamente de una valoración moral abstracta, sino de las condiciones en las que se desarrolla el intercambio. El salario justo tiende a identificarse con el que resulta del acuerdo libre entre empleador y trabajador, siempre que no exista engaño ni coacción y que las condiciones del mercado no estén distorsionadas. La intervención sistemática de la autoridad para fijar salarios, aunque bienintencionada, puede alterar ese equilibrio y perjudicar precisamente a quienes pretende proteger.

Soto muestra aquí una comprensión notable del funcionamiento del orden económico. Reconoce que los precios y los salarios transmiten información sobre la escasez, la productividad y las preferencias, y que su manipulación arbitraria puede producir efectos indeseados como desempleo, informalidad o pobreza estructural. Sin formularlo en términos modernos, su análisis apunta a la complejidad del orden social y a los límites del diseño político en materia económica.

Pilar filosófico-jurídico: justicia, ley y límites de la regulación

Derecho natural y justicia distributiva

Como buen tomista, Domingo de Soto distingue cuidadosamente entre distintos tipos de justicia. La justicia conmutativa regula los intercambios entre particulares, mientras que la justicia distributiva se refiere al reparto de cargas y beneficios por parte de la comunidad política. Esta distinción es clave para su análisis económico.

Soto insiste en que la justicia distributiva no autoriza al gobernante a intervenir sin límites en la vida económica. El hecho de que el poder busque el bien común no legitima cualquier medio. La ley positiva debe respetar siempre el derecho natural y la libertad de las personas.

Ley, coacción y consecuencias no intencionadas

Uno de los aportes más relevantes de Soto es su sensibilidad hacia las consecuencias no previstas de la regulación. En sus análisis de las leyes contra la mendicidad o de las normas laborales, advierte que una legislación excesivamente rígida puede agravar los problemas que pretende resolver.

La coacción, incluso cuando persigue fines justos, puede desordenar la vida social si ignora la complejidad de las relaciones humanas. Esta idea conecta directamente con la visión salmantina del orden social como resultado de acciones libres coordinadas por normas generales, no como producto de un diseño centralizado.

Continuidad y diferencia con Vitoria

Si Vitoria puso el acento en los límites morales del poder en el plano internacional y político, Soto lo hizo en el ámbito social y económico. Ambos comparten la convicción de que la autoridad está sometida a la ley moral, pero Soto desciende un escalón más y examina cómo esa autoridad actúa sobre salarios, pobreza y regulación cotidiana.

Conclusión: Domingo de Soto y la prudencia institucional

Domingo de Soto representa una de las cumbres de la Escuela de Salamanca precisamente por su realismo. No idealiza ni al mercado ni al Estado. Reconoce la necesidad de la autoridad y la obligación moral de ayudar a los necesitados, pero advierte contra la tentación de sustituir la responsabilidad personal por la coacción legal.

Su pensamiento ofrece una lección que sigue siendo actual. Las políticas bienintencionadas no están exentas de costes, y la justicia no puede alcanzarse ignorando el funcionamiento del orden social. Al insistir en la libertad, en la prudencia y en los límites de la regulación, Soto contribuyó decisivamente a una tradición intelectual que entendió la economía como un fenómeno moral, pero no como un arte de ingeniería social.

En el próximo artículo de esta serie abordaremos la figura de Martín de Azpilcueta, el Doctor Navarro, cuyas reflexiones sobre el dinero y la inflación completan el tríptico fundamental de la Escuela de Salamanca desde la economía.

Lección de economía: la bicicleta y enfoque gasto.

Por Clemente Zamora

*Este breve artículo fue escrito al culminar un ciclo académico. Lima, 2024.

Básicamente en todo nuestro accionar, día a día, estamos aplicando economía. Todos. Y no sólo es exclusivo para aquellos que la estudian académicamente o la aplican profesionalmente.

Y aquí les cuento mi historia…

Un día tomé mi bicicleta para ir a clases. Me vino esa idea y lo decidí de la nada: midiendo imperfectamente los riesgos, el tiempo, la distancia, los baches, la cultura vehicular que reina en nuestro Perú; y con todo, armé mi mochila, puse en ella la ropa propia para el dictado de clases, adelanté el despertador unos minutos, me puse un buzo, los mitones, lentes para la garúa, desempolvé la bici y emprendí la marcha.

Salió todo muy bien. Nunca hice una tardanza. Llegaba temprano a la universidad, aseguraba la bici, me cambiaba de ropa, y aún tenía 15 minutos de holgura para empezar la clase. Con el paso de las semanas me sentía mejor, más saludable, con mejor ánimo, con más energía, perdí peso. Dormía mejor, entendía las cosas que leía con mayor rapidez, me sentía cada vez más fuerte.

Y aquí viene la lección. Mi calidad de vida subió rápidamente. Incrementé mis niveles de bienestar. Esto es economía me dije. Estoy haciendo economía: me siento mejor, estoy mejor. Sin embargo, este salto sustancial de satisfacción no vino acompañado de ningún gasto adicional, más que el darle mantenimiento a la bici, o reparar un pinchazo en la llanta delantera.

Mi satisfacción no podría ser medida cuantitativamente, no había registro del nivel de utilidad que me estaba reportando mi nueva rutina. Es más, ya no renové la membresía del gimnasio, dejé de comprar gasolina para el carro, reduje mi consumo de luz para cargar la moto eléctrica. Y eso no es todo, a la vez que mi salud mejora, se reduce la probabilidad de que adquiera medicinas (en este invierno no he cogido ningún resfriado) y servicios médicos, me alejo de una condición de obesidad, y mejoro mi sistema cardiovascular.

Mi acción, mi rutina, esta que ha incrementado mi calidad de vida, genera por contra un menor consumo de productos que hubiera adquirido de no haberla tomado, un lunes por la noche, de un día que ya no recuerdo. Paradójicamente, aún se tiene como doctrina económica, no el bienestar de los seres humanos, sino la medición de un montón de números que se acumulan, se agrupan y se suman, así y sin mayor análisis.

Economía es acción humana. En muchos momentos de nuestra vida, caminamos los pasos que nos marca Ludwig von Mises, es casi como si nos mirase.

Economía es acción humana, actuamos buscando bienestar, y las valoraciones nos las hacemos cada uno. La información que vamos creando son infinitas: cada uno de nosotros somos un universo de información. No pretendamos alcanzar un conocimiento que nos es imposible por naturaleza. Jugar a ser dioses trae consecuencias desastrosas. Vivamos con humildad, reconociendo que cada ser humano es único e irrepetible, y pretender amoldarlos en nuestro modelo sólo demuestra una fatal arrogancia.

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Eugen von Böhm-Bawerk: el arquitecto del tiempo económico

El eslabón que dio profundidad a la Escuela Austriaca

La Escuela Austriaca de economía suele explicarse a través de una secuencia intelectual que arranca con Carl Menger, alcanza su madurez teórica con Eugen von Böhm-Bawerk y encuentra su gran sistematización en Ludwig von Mises. En esa genealogía, Böhm-Bawerk ocupa una posición decisiva. Si Menger había revolucionado la economía al introducir el análisis del valor subjetivo, Böhm-Bawerk convirtió esa intuición en una teoría completa del proceso productivo, del capital y del interés.

Su aportación principal consistió en introducir el tiempo como categoría fundamental del análisis económico. Gracias a su obra, la economía dejó de entenderse como una fotografía estática de intercambios y pasó a analizarse como un proceso dinámico, intertemporal y coordinado por las decisiones individuales. Sin Böhm-Bawerk, el subjetivismo mengeriano habría permanecido incompleto y la posterior síntesis misiana habría carecido de una base estructural sólida.

Eugen von Böhm-Bawerk representado por IA delante de su biblioteca.

Viena fin de siglo: un laboratorio intelectual

La Viena de finales del siglo XIX constituía uno de los centros intelectuales más vibrantes de Europa. El Imperio Austrohúngaro vivía una época de intensos debates políticos, sociales y científicos. La economía no era ajena a estas tensiones. El pensamiento marxista comenzaba a expandirse, el historicismo alemán defendía un enfoque empírico y relativista de la economía, y la tradición clásica británica dominaba todavía muchos espacios académicos.

En ese contexto surgió la primera generación de economistas austriacos. Böhm-Bawerk formó parte de ese núcleo junto a Friedrich von Wieser. Ambos compartieron formación jurídica y fueron profundamente influidos por Carl Menger. Sin embargo, desde muy pronto desarrollaron intereses intelectuales distintos pero complementarios. Wieser se orientó hacia el análisis del coste de oportunidad y la coordinación social del sistema económico, mientras Böhm-Bawerk se concentró en explicar el capital, la producción y el interés.

Este ambiente intelectual, competitivo y extraordinariamente creativo, permitió el desarrollo de una escuela que, aunque unida metodológicamente, daría lugar a diversas ramas internas.

Menger y Böhm-Bawerk: del valor subjetivo al proceso productivo

Carl Menger había demostrado que el valor de los bienes no deriva de sus costes de producción ni del trabajo incorporado, sino de la importancia que los individuos atribuyen a esos bienes para satisfacer sus necesidades. Böhm-Bawerk asumió ese principio como punto de partida y lo extendió hacia el análisis del proceso productivo.

Mientras Menger explicó por qué los bienes tienen valor, Böhm-Bawerk explicó cómo esos bienes llegan a producirse. Su contribución consistió en trasladar el subjetivismo económico al estudio del capital y del tiempo. La producción dejó de concebirse como un fenómeno inmediato para analizarse como una secuencia compleja de decisiones intertemporales.

Böhm-Bawerk transformó así una intuición teórica en un sistema económico completo, mostrando que el desarrollo económico depende de la capacidad de las sociedades para coordinar decisiones de ahorro, inversión y producción a lo largo del tiempo.

El gran proyecto: Capital e interés

La obra central de Böhm-Bawerk es Capital e interés, un ambicioso proyecto intelectual desarrollado en varias partes. No se trata de un libro aislado, sino de un programa de investigación que abarca tres grandes dimensiones.

En primer lugar, Böhm-Bawerk realizó un exhaustivo estudio histórico y crítico de las teorías del interés existentes hasta su época. Analizó con enorme rigor las interpretaciones clásicas, socialistas y utilitaristas, mostrando sus inconsistencias teóricas.

En segundo lugar, desarrolló su teoría positiva del capital, en la que explicó la naturaleza intertemporal de los procesos productivos. Finalmente, amplió y refinó sus planteamientos en ensayos posteriores que consolidaron su sistema teórico.

Con esta obra, Böhm-Bawerk proporcionó una explicación estructural del capitalismo, alejándose de las interpretaciones puramente descriptivas y ofreciendo un marco analítico coherente para comprender el crecimiento económico.

El tiempo como categoría económica: la teoría del capital

La aportación más original de Böhm-Bawerk consiste en su análisis de la estructura temporal de la producción. Frente a la idea de que los bienes de consumo se producen directamente, demostró que las economías avanzadas utilizan métodos productivos indirectos, más largos y complejos.

La producción moderna implica la utilización de bienes de capital como maquinaria, infraestructuras, herramientas o conocimiento técnico. Estos bienes no satisfacen necesidades directamente, pero permiten aumentar la productividad futura.

Böhm-Bawerk describió el capital como una red intertemporal de bienes productivos. Cuanto mayor es la capacidad de una sociedad para ahorrar, más puede alargar sus procesos productivos y adoptar métodos indirectos que incrementan la eficiencia.

Esta visión permitió conectar ahorro, inversión y crecimiento económico dentro de un mismo marco analítico. El progreso material dejó de explicarse únicamente por la acumulación de recursos físicos y pasó a entenderse como resultado de la organización temporal de la producción.

La teoría del interés: la preferencia temporal

La teoría del interés constituye otro pilar fundamental de la obra de Böhm-Bawerk. Frente a las interpretaciones que atribuían el interés a relaciones de poder o explotación, defendió que el interés surge de la preferencia temporal inherente a la acción humana.

Los individuos valoran más los bienes presentes que los bienes futuros. Esta preferencia se basa en la incertidumbre sobre el futuro, en la necesidad de satisfacer necesidades inmediatas y en la expectativa de mayor abundancia futura. El interés aparece como el precio que coordina el intercambio entre presente y futuro.

Gracias a esta teoría, Böhm-Bawerk explicó cómo el sistema financiero permite canalizar el ahorro hacia proyectos productivos de largo plazo. El interés dejó de interpretarse como un fenómeno artificial y pasó a entenderse como un elemento esencial de la coordinación económica.

Böhm-Bawerk frente a Marx: crítica técnica y coherencia teórica

Uno de los episodios más influyentes de su trayectoria intelectual fue su crítica al sistema marxista. En su análisis del pensamiento de Karl Marx, Böhm-Bawerk identificó inconsistencias lógicas en la teoría del valor trabajo y en la explicación de la explotación.

Demostró que el beneficio empresarial no puede interpretarse como apropiación del trabajo ajeno, sino como resultado de la coordinación intertemporal, la asunción de riesgos y la anticipación de las necesidades futuras de los consumidores. Su crítica tuvo un enorme impacto en el debate económico europeo y consolidó la coherencia interna del análisis marginalista.

Obras complementarias y expansión de su pensamiento

Aunque Capital e interés constituye el núcleo de su producción intelectual, otras obras permiten comprender y ampliar su sistema teórico.

Valor, capital e interés desempeña una función pedagógica especialmente relevante. Esta obra sintetiza su teoría del capital y del interés en un formato más accesible y ordenado. No introduce aportaciones radicalmente nuevas, pero permite comprender con claridad su arquitectura conceptual. Desde una perspectiva divulgativa, representa una excelente puerta de entrada a su pensamiento.

Por otro lado, Poder o ley económica introduce una dimensión más filosófica e institucional. En este texto, Böhm-Bawerk reflexiona sobre si las relaciones económicas están gobernadas por leyes espontáneas derivadas del mercado o por la coerción política. La obra anticipa debates que posteriormente desarrollarán Mises y Hayek y muestra a Böhm-Bawerk como un pensador social preocupado por la relación entre economía, instituciones y poder.

Schumpeter y el reconocimiento al maestro

Entre los alumnos más brillantes de Böhm-Bawerk destacó Joseph Schumpeter. Aunque su trayectoria intelectual evolucionó hacia el análisis neoclásico y el estudio del emprendimiento como motor del desarrollo económico, Schumpeter mantuvo siempre una profunda admiración por su maestro.

Schumpeter reconoció la influencia decisiva que Böhm-Bawerk tuvo en su formación intelectual. Esta relación resulta especialmente reveladora, ya que simboliza la capacidad pedagógica de Böhm-Bawerk para inspirar a economistas que posteriormente desarrollarían enfoques distintos. El respeto que Schumpeter mostró hacia su maestro refleja la magnitud intelectual y humana de Böhm-Bawerk dentro del panorama académico vienés.

Böhm-Bawerk como puente hacia Mises y bifurcación hacia Wieser

La influencia de Böhm-Bawerk resultó determinante para la generación siguiente de economistas austriacos, especialmente para Ludwig von Mises. La teoría del capital y del interés proporcionó a Mises el marco conceptual que posteriormente integraría en su teoría del ciclo económico y en su análisis del cálculo económico en sistemas socialistas.

Al mismo tiempo, la Escuela Austriaca comenzó a diversificarse internamente. Mientras la línea que conduciría hacia Mises reforzaba el análisis del proceso de mercado y la acción humana, Wieser desarrollaba el concepto de coste de oportunidad y exploraba con mayor profundidad el papel de las instituciones y la organización social.

Esta divergencia no implicó ruptura, sino una expansión creativa del legado mengeriano. La escuela nacía unida metodológicamente, pero se enriquecía a través de distintas líneas de investigación.

El economista que enseñó a la economía a pensar en el tiempo

Eugen von Böhm-Bawerk transformó la teoría económica al introducir el tiempo como elemento central del análisis productivo. Su obra permitió comprender el capital como una estructura intertemporal, el interés como resultado de la preferencia temporal y el crecimiento económico como consecuencia de la coordinación entre ahorro e inversión. Su pensamiento consolidó la Escuela Austriaca como tradición teórica madura y preparó el terreno para el desarrollo posterior de autores como Mises. Entre Menger, que explicó el origen del valor, y Mises, que sistematizó la acción humana, Böhm-Bawerk aparece como el arquitecto que dio profundidad analítica al edificio de la economía austriaca.

Cuando aprender compite con el móvil: Kahoot! y la gamificación en la formación de ingenieros

En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por los miembros del Grupo de Innovación Educativa Economía para Ingenieros /oikonomos/. En este artículo se resumen las contribuciones del artículo:

Navarro-Castillo, Y., Pablo-Lerchundi, I., & Morales-Alonso, G. (2025). Kahoot! as a tool to enhance learning for engineering students in economics & management courses. The International Journal of Management Education, 23(2), 101173.

Vivimos tiempos de cambio acelerado en la educación. El aula universitaria, especialmente la presencial, ya no es un espacio aislado del entorno digital, sino un lugar en el que la atención del estudiante compite constantemente con estímulos externos, pantallas paralelas y dinámicas propias de una cultura hiperconectada. En este contexto, la pregunta clave para el docente no es solo qué enseñar, sino cómo hacerlo para que el aprendizaje sea efectivo, significativo y duradero.

El artículo de Navarro-Castillo, Pablo-Lerchundi y Morales-Alonso (2025), publicado en The International Journal of Management Education, se inscribe precisamente en este debate. Su aportación es clara: analizar empíricamente si una herramienta concreta de gamificación, Kahoot!, mejora el rendimiento académico y la experiencia de aprendizaje de estudiantes de ingeniería en asignaturas de economía y gestión. No se trata de una defensa ingenua de la tecnología educativa, sino de un estudio cuantitativo riguroso que evalúa resultados, percepciones y correlaciones relevantes para la práctica docente.

El reto específico: enseñar gestión a ingenieros

La enseñanza de materias como organización de empresas, economía o gestión a estudiantes de ingeniería presenta desafíos bien conocidos. Estos alumnos suelen percibir las asignaturas de ciencias sociales como periféricas respecto a su formación técnica, lo que reduce su motivación inicial y su implicación activa. Sin embargo, tanto la literatura académica como las demandas del mercado laboral subrayan la necesidad de un perfil profesional equilibrado, capaz de combinar competencias técnicas con habilidades de gestión, comprensión económica y capacidades sociales.

El artículo parte de esta tensión estructural: cómo lograr que los estudiantes de ingeniería no solo “aprueben” estas asignaturas, sino que realmente asimilen conceptos complejos y los integren en su formación. La gamificación aparece aquí no como un fin en sí mismo, sino como un posible medio para activar la atención, fomentar la participación y mejorar la comprensión.

Gamificación y aprendizaje activo: el papel de Kahoot!

La gamificación, entendida como la incorporación de elementos propios del juego en contextos no lúdicos, ha ganado protagonismo en la última década. Herramientas como Kahoot! permiten introducir dinámicas de competición, feedback inmediato y participación colectiva en tiempo real, elementos especialmente atractivos para generaciones acostumbradas a entornos digitales interactivos.

Kahoot! no sustituye al contenido ni al esfuerzo cognitivo, pero sí modifica la forma en que el estudiante interactúa con el material. En lugar de una recepción pasiva, el alumno responde, se compara, recibe retroalimentación inmediata y mantiene un nivel de atención sostenido durante la sesión. El artículo analiza precisamente si estos efectos percibidos se traducen en mejoras reales del rendimiento académico.

Diseño del estudio: datos antes que intuiciones

Uno de los puntos fuertes del trabajo es su diseño metodológico. Los autores analizan el caso de estudiantes de Ingeniería de Materiales en la asignatura de Organización de Empresas en la Universidad Politécnica de Madrid. Se trata de un estudio cuantitativo con diseño preexperimental, que compara grupos que utilizaron Kahoot! como herramienta de evaluación formativa con otros que no lo hicieron.

Para evaluar el impacto, se emplean pruebas estadísticas no paramétricas (Mann-Whitney U y Kruskal-Wallis H) con el fin de comparar calificaciones entre grupos. Además, se realiza una encuesta de satisfacción al final del curso, cuyos resultados se analizan mediante modelos de ecuaciones estructurales con mínimos cuadrados parciales (PLS-SEM). Esta combinación permite vincular resultados objetivos (notas) con percepciones subjetivas (motivación, disfrute, sensación de aprendizaje).

Resultados: cuando el juego mejora el rendimiento

Los resultados del estudio son consistentes y estadísticamente significativos. En primer lugar, los estudiantes que obtienen mejores puntuaciones en los cuestionarios de Kahoot! tienden a lograr también mejores calificaciones en los exámenes finales. Esto sugiere que la herramienta no solo anima a participar, sino que refuerza la asimilación de contenidos relevantes para la evaluación formal.

En segundo lugar, la participación activa en las dinámicas de gamificación se asocia positivamente con el rendimiento académico. No basta con “estar presente”: el grado de implicación importa. Este resultado es especialmente relevante porque refuerza la idea de que la gamificación funciona como catalizador del aprendizaje activo, no como mero entretenimiento.

En tercer lugar, el disfrute declarado por los estudiantes durante las sesiones de Kahoot! influye positivamente en su percepción global del aprendizaje. Lejos de trivializar la asignatura, la dinámica lúdica parece reducir barreras psicológicas y favorecer una actitud más abierta hacia contenidos que, de otro modo, podrían percibirse como áridos.

Por último, los estudiantes que consideran que Kahoot! les proporciona apoyo académico (al ofrecer feedback inmediato y detectar lagunas de conocimiento) también reportan un mayor nivel de aprendizaje percibido. Este punto es clave: la herramienta no solo motiva, sino que orienta.

Más allá de las notas: implicaciones pedagógicas

Uno de los méritos del artículo es no quedarse en la mera constatación de mejoras en las calificaciones. Los autores extraen implicaciones claras para docentes, gestores universitarios y responsables de política educativa. Para el profesorado, el mensaje es directo: incorporar herramientas de gamificación como Kahoot! puede ser especialmente eficaz en asignaturas introductorias o transversales, donde la motivación inicial del estudiante es más baja.

Para las universidades, el estudio sugiere la conveniencia de apoyar institucionalmente estas prácticas, ofreciendo formación específica al profesorado y facilitando el acceso a recursos tecnológicos. La innovación docente no debería depender únicamente de la iniciativa individual, sino formar parte de una estrategia educativa coherente.

Desde una perspectiva más amplia, el artículo refuerza la idea de una enseñanza centrada en el estudiante, en la que el feedback inmediato, la interacción y la participación activa no son elementos accesorios, sino componentes centrales del proceso de aprendizaje.

Limitaciones y futuras líneas de investigación

Como todo estudio empírico, el trabajo reconoce sus limitaciones. El diseño preexperimental y el contexto específico (una asignatura concreta en una universidad determinada) invitan a la prudencia en la generalización de los resultados. Asimismo, el análisis se centra en efectos a corto plazo, sin evaluar el impacto de la gamificación en la retención del conocimiento a largo plazo.

Estas limitaciones abren, sin embargo, interesantes líneas de investigación futura: estudios longitudinales, comparaciones entre distintas herramientas de gamificación, análisis en otros ámbitos disciplinarios o combinaciones con metodologías como el aprendizaje basado en proyectos.

Una conclusión clara: rigor y juego no son incompatibles

El artículo de Navarro-Castillo, Pablo-Lerchundi y Morales-Alonso aporta evidencia empírica sólida a un debate a menudo dominado por intuiciones y modas pedagógicas. Su conclusión es clara: bien diseñada e integrada, la gamificación puede mejorar tanto la experiencia de aprendizaje como el rendimiento académico, incluso en contextos tradicionalmente resistentes como la enseñanza de economía y gestión a ingenieros.

Lejos de trivializar el aula, herramientas como Kahoot! pueden convertirse en aliadas del rigor académico, siempre que se utilicen con un propósito claro y alineado con los objetivos formativos. En un entorno educativo cada vez más complejo, este tipo de evidencias resulta especialmente valiosa para repensar cómo enseñamos y cómo aprenden nuestros estudiantes.

Francisco de Vitoria y los orígenes de la Escuela de Salamanca

Economía, derecho natural y límites del poder

Introducción: mirar la Escuela de Salamanca desde la economía

Cuando se menciona la Escuela de Salamanca, lo habitual es pensar en teología moral, en disputas escolásticas o en el debate sobre la conquista de América. Sin embargo, bajo ese marco doctrinal se desarrolló también una reflexión sorprendentemente moderna sobre la economía, el orden social y los límites del poder político. Esta serie de artículos se propone abordar a los autores salmantinos desde esa perspectiva, no como economistas en el sentido contemporáneo del término, sino como pensadores que analizaron racionalmente la acción humana en ámbitos como el intercambio, el valor, la propiedad, el dinero o la autoridad.

Antes de Adam Smith, antes de la Ilustración y antes de la economía como disciplina autónoma, estos autores ya se enfrentaban a problemas que hoy consideraríamos centrales. Qué hace justo un precio. Cuándo es legítimo el poder. Existen derechos previos al Estado. Puede la autoridad alterar impunemente el orden social. Francisco de Vitoria ocupa un lugar fundacional en este proceso. No tanto por sus aportaciones económicas directas, que existen, como por haber establecido el marco filosófico y jurídico que hizo posible esa reflexión.

¿Existió una Escuela de Salamanca de economía? Una etiqueta útil

La expresión Escuela de Salamanca aplicada a la economía plantea, desde el inicio, un problema conceptual. Joseph Schumpeter, en su Historia del análisis económico de 1954, reconoció sin ambages la notable coherencia intelectual de los escolásticos españoles del siglo XVI y los señaló como auténticos pioneros del pensamiento económico moderno. Destacó, en particular, su contribución a una doctrina del derecho natural que, sin abandonar el marco cristiano, permitió una reflexión racional y sistemática sobre cuestiones como el valor, la propiedad, el contrato, el dinero o el poder político.

Ahora bien, el propio Schumpeter introdujo una advertencia fundamental. Para él, estos autores no constituyen una escuela económica en sentido estricto. No cumplen algunos de los criterios que solemos exigir a una escuela de pensamiento. No existe un maestro económico con discípulos claramente identificables en esa materia. No hay un sistema económico cerrado y formalizado. Tampoco órganos específicos de difusión comparables a los que aparecerán más tarde con la economía política clásica.

Esta objeción es importante y conviene asumirla sin complejos. Los autores de Salamanca no escribían tratados de economía ni pretendían fundar una nueva disciplina. Su punto de partida era la teología moral y el derecho natural, y desde ahí analizaban problemas muy concretos de la vida social. El comercio, la moneda, la usura, los salarios, la pobreza, la conquista, la autoridad política. Hacían economía, aunque no la llamaran así, porque reflexionaban sobre las consecuencias de la acción humana en contextos de libertad, escasez y conflicto.

Pese a ello, la historiografía ha terminado aceptando el término Escuela de Salamanca como una etiqueta útil. Ya en el siglo XX, autores como José Larraz en 1946 (en el discurso de recepción como académico de Ciencias Morales y Políticas) y Marjorie Grice Hutchinson en 1952 (en su libro “La escuela de Salamanca”) consolidaron esta denominación como una suerte de marca intelectual que permite agrupar, de forma sintética, las notables contribuciones de estos pensadores. También se han propuesto otras expresiones, como segunda escolástica o escuela ibérica de la paz, pero Escuela de Salamanca ha prevalecido por su claridad y poder evocador.

Aceptada en este sentido amplio, la expresión no designa una doctrina económica homogénea, sino un clima intelectual compartido. El uso de la razón para analizar el orden social, la afirmación de límites morales al poder y la convicción de que existen normas de justicia anteriores a cualquier decisión política. Francisco de Vitoria fue quien estableció ese marco.

Francisco de Vitoria: formación, método y llegada a Salamanca (1526)

Francisco de Vitoria se formó en la Universidad de París, uno de los grandes centros intelectuales de la Europa del momento. De allí trajo a España una renovada lectura de Santo Tomás de Aquino, basada en la confianza en la razón natural y en la posibilidad de comprender racionalmente el orden moral. Frente a corrientes más voluntaristas o decisionistas, Vitoria defendió que la ley no es un puro mandato de la autoridad, sino una ordenación racional orientada al bien común.

En 1526, hace ahora 500 años, llegó a la Universidad de Salamanca para ocupar la cátedra de Prima de Teología. Ese momento, del que ahora se cumple el quinto centenario, marcó el inicio de una etapa decisiva. Desde Salamanca, Vitoria formó a toda una generación de discípulos y convirtió la teología moral en una herramienta para analizar los grandes problemas políticos, jurídicos y sociales de su tiempo. Su método no era abstracto ni especulativo. Partía de la realidad, de los conflictos concretos, y los sometía a un examen racional riguroso.

Francisco de Vitoria por Daniel Vázquez Diaz, 1957. Objeto nº 1960.4.1. Smithsonian American Art Museum

Economía antes del Estado: mercado, precio justo y orden social

Aunque Francisco de Vitoria no escribió tratados económicos en sentido estricto, sus reflexiones sobre el comercio, los intercambios y el precio ocupan un lugar relevante dentro de su obra teológica, en particular en sus Lecciones universitarias, es decir, en sus comentarios a la Suma Teológica de Tomás de Aquino (II-II, cuestiones 77 y 78), que han sido reconstruidos a partir de apuntes de alumnos. Como en otros ámbitos de su pensamiento, Vitoria no parte de construcciones abstractas, sino de problemas reales que surgen en una sociedad en rápida transformación. La expansión del comercio, la circulación monetaria, el contacto entre pueblos y el crecimiento de los intercambios voluntarios.

En este contexto, Vitoria aborda la cuestión del precio justo, un tema central para la escolástica. Frente a la tentación de identificarlo con un valor objetivo fijado por la autoridad o determinado por criterios morales externos al mercado, sostiene que el precio justo es aquel que surge de la libre concurrencia entre compradores y vendedores. Siempre que no exista fraude, engaño o coacción, el precio acordado en el intercambio refleja una estimación razonable del valor del bien en ese contexto concreto.

Esta idea aparece formulada en sus Lecciones sobre la justicia y el intercambio, donde Vitoria insiste en que el valor no es una cualidad intrínseca de las cosas, sino que depende de la utilidad que los hombres les atribuyen y de las circunstancias del intercambio. De este modo, sin abandonar el marco moral cristiano, introduce una intuición clave para la economía moderna. El valor es necesariamente relacional y contextual.

Vitoria reconoce, además, que el mercado incorpora información dispersa que ninguna autoridad puede concentrar plenamente. El precio que emerge del intercambio libre sintetiza conocimientos, necesidades y expectativas de múltiples agentes, algo que escapa al control del legislador. Por ello, la intervención arbitraria en los precios no solo resulta injusta desde el punto de vista moral, sino también ineficaz desde el punto de vista social.

Estas reflexiones permiten entender por qué la Escuela de Salamanca será posteriormente identificada como un antecedente de la teoría subjetiva del valor y del concepto de orden espontáneo. En Vitoria, el orden económico no es un producto del diseño político, sino el resultado no intencionado de acciones humanas libres, encauzadas por normas morales generales como el respeto al contrato y a la propiedad.

Este enfoque resulta especialmente significativo porque se formula antes de la aparición del Estado moderno centralizado. La economía aparece así como un ámbito con lógica propia, anterior y en cierto sentido independiente del poder político. El papel de la autoridad no consiste en crear el orden económico, sino en respetarlo y proteger las condiciones morales que lo hacen posible.

Para finalizar, conviene precisar que estas reflexiones no se encuentran en las conocidas Relecciones, sino en sus Lecciones universitarias (comentarios a la Suma Teológica) que han llegado hasta nosotros a través de apuntes de alumnos, especialmente los de Francisco Trigo.

Pilar filosófico-jurídico: derecho natural y límites del poder

El derecho natural universal

El núcleo del pensamiento de Vitoria es su concepción del derecho natural. Todos los seres humanos, sin distinción de raza, cultura o nación, poseen dignidad y derechos por el mero hecho de ser racionales. El poder político, por tanto, tiene límites morales claros. La ley positiva solo es legítima si respeta la ley natural, y la autoridad no nace de la fuerza, sino del orden racional querido por Dios.

Relecciones de Indis (1539) y el ius gentium

Si en sus Lecciones universitarias desarrolla cuestiones relativas al intercambio, el precio o la justicia en los contratos, estas ideas alcanzan su expresión más conocida en las Relecciones de Indis de 1539. En ellas, Vitoria sostuvo que los indígenas de América no eran bárbaros ni salvajes, sino auténticos sujetos de derecho, con capacidad de propiedad y autogobierno. Rechazó la conquista basada en la superioridad cultural o religiosa y formuló los principios de un ius gentium válido para todos los pueblos.

El debate sobre los indios

El debate entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda simboliza este momento fundacional. Frente a la justificación de la conquista en nombre de la civilización, Las Casas defendió la libertad y la dignidad de los indígenas. La teología moral salmantina se convirtió así en un freno intelectual al poder imperial y en el germen de la reflexión moderna sobre los derechos humanos.

Conclusión: Vitoria, cinco siglos después

Francisco de Vitoria no fue un revolucionario ni un ideólogo moderno. Fue algo más profundo. Un pensador que afirmó, con una claridad inusual para su tiempo, que el poder debe someterse a la razón y a la justicia. Al establecer un marco de derecho natural universal, hizo posible una reflexión económica, jurídica y política basada en la libertad humana.

Cinco siglos después de su llegada a Salamanca, su legado sigue siendo incómodo y actual. En un mundo donde el poder tiende a expandirse y a redefinir los derechos por decreto, Vitoria recuerda que la dignidad humana no la concede el Estado y que el orden social no puede construirse al margen de la razón moral. En los próximos artículos de esta serie veremos cómo sus discípulos, Domingo de Soto y Martín de Azpilcueta, desarrollaron estas intuiciones en los ámbitos de la justicia social, la pobreza, el dinero y la inflación.

Carl Menger y Principios de Economía Política: el nacimiento de la Escuela Austríaca

En 1871 se publicó un libro que cambió para siempre la forma de entender la economía. Sin grandes alardes matemáticos ni modelos abstractos, Principios de Economía Política de Carl Menger sentó las bases de una revolución intelectual que aún hoy sigue viva: la Escuela Austríaca de Economía. Frente a las teorías clásicas dominantes de su tiempo, Menger colocó al individuo, sus necesidades y sus decisiones en el centro del análisis económico, inaugurando una manera radicalmente nueva de explicar el valor, los precios y el funcionamiento de los mercados.

Un economista poco convencional

Carl Menger nació en 1840 en una región del Imperio austrohúngaro que hoy pertenece a Polonia. Su trayectoria académica no fue la habitual: estudió Derecho y trabajó como periodista económico antes de consolidarse como economista. Precisamente esa experiencia periodística resultó decisiva. Observando los mercados reales, Menger comprobó que las explicaciones económicas que se enseñaban en las universidades no encajaban con lo que sucedía en la práctica. Los precios no parecían depender mecánicamente de los costes de producción o del trabajo incorporado, como afirmaba la teoría clásica.

Ese desencaje entre teoría y realidad empujó a Menger a investigar por su cuenta. El resultado fue Principios de Economía Política, una obra que no pretendía ofrecer recetas de política económica ni predicciones cuantitativas, sino algo mucho más ambicioso: explicar los fundamentos últimos del fenómeno económico.

Su carrera se vio reforzada cuando en 1876 fue nombrado tutor del príncipe heredero Rodolfo de Austria. Ese cargo le otorgó prestigio y acceso a los círculos de poder, sin que ello mermara su independencia intelectual. Poco después obtuvo la cátedra en la Universidad de Viena, desde donde formó a una nueva generación de economistas que consolidarían la Escuela Austríaca.

Carl Menger representado por IA delante de su biblioteca.

La revolución marginalista… a la austríaca

Menger no estuvo solo en su ruptura con la economía clásica. Casi simultáneamente, William Stanley Jevons en Inglaterra y Léon Walras en Suiza desarrollaron la teoría de la utilidad marginal. Sin embargo, el enfoque de Menger fue profundamente distinto. Mientras Jevons y Walras avanzaron hacia una formalización matemática de la economía, Menger optó por un análisis cualitativo, centrado en la lógica de la acción humana.

Para Menger, la economía no debía convertirse en una rama aplicada de las matemáticas, sino en una ciencia social orientada a comprender procesos causales. Esa diferencia metodológica marcaría una separación duradera entre la Escuela Austríaca y otras corrientes marginalistas.

El valor como fenómeno subjetivo

La aportación central de Principios de Economía Política es la teoría del valor subjetivo. Menger rompe con la idea de que el valor de un bien depende de su coste de producción o del trabajo que contiene. El valor, sostiene, no es una propiedad objetiva de los bienes, sino una valoración que realiza cada individuo en función de sus necesidades.

Un bien vale porque es útil para alguien y porque es escaso en relación con esas necesidades. Esta idea permite resolver la famosa paradoja del valor que desconcertaba a los economistas clásicos: ¿por qué el agua, esencial para la vida, suele ser barata, mientras que los diamantes, prescindibles, son caros? La respuesta está en la utilidad marginal. El agua es abundante en la mayoría de contextos, por lo que la utilidad de la última unidad disponible es baja; los diamantes, en cambio, son escasos y su utilidad marginal es elevada.

Menger introduce así el principio de la utilidad marginal decreciente: a medida que una persona dispone de más unidades de un bien, la importancia que atribuye a cada unidad adicional disminuye. No valoramos el bien “en general”, sino la unidad concreta que tenemos a nuestro alcance.

Bienes de distintos órdenes y estructura productiva

Otra contribución fundamental de Menger es la distinción entre bienes de distintos órdenes. Los bienes de primer orden son los bienes de consumo, aquellos que satisfacen directamente las necesidades humanas. Los bienes de orden superior (segundo, tercero y así sucesivamente) son bienes de producción: materias primas, maquinaria, herramientas.

La clave está en que el valor de los bienes de orden superior no es autónomo. Su valor deriva del valor esperado de los bienes de consumo que permiten producir. De este modo, Menger conecta producción y consumo a través de un proceso causal que va desde las necesidades humanas hasta la estructura productiva. Esta idea sería desarrollada posteriormente por Böhm-Bawerk en su teoría del capital y del interés.

Método causal-genético e individualismo metodológico

Menger no solo revolucionó el contenido de la teoría económica, sino también su método. Frente al enfoque historicista dominante en el ámbito germánico (que privilegiaba la descripción histórica y estadística), defendió el método causal-genético: explicar los fenómenos económicos identificando las relaciones causales que los generan.

El punto de partida siempre es el individuo y su acción. La economía se entiende como el resultado no intencionado de millones de decisiones individuales, no como el producto de agregados abstractos o entidades colectivas. Este individualismo metodológico se convertiría en una seña de identidad de la Escuela Austríaca y sería desarrollado más tarde por Ludwig von Mises en su teoría de la acción humana.

Valor de uso, valor de cambio y formación de precios

En Principios, Menger distingue con claridad entre valor de uso y valor de cambio. El primero se refiere a la capacidad de un bien para satisfacer una necesidad concreta; el segundo, a su capacidad para intercambiarse por otros bienes en el mercado. Un bien puede tener un alto valor de uso y un bajo valor de cambio, o viceversa.

Esta distinción es esencial para entender cómo se forman los precios. Los precios no son datos arbitrarios ni simples resultados de costes, sino expresiones monetarias de valoraciones subjetivas en un contexto de intercambio. El mercado coordina esas valoraciones individuales mediante el sistema de precios, sin necesidad de dirección central.

El origen espontáneo del dinero

Menger también ofrece una explicación innovadora del origen del dinero. Frente a las teorías que lo presentan como una creación del Estado, sostiene que el dinero surge de forma espontánea en el mercado. Algunos bienes, por su mayor liquidez, comienzan a ser aceptados de manera generalizada como medio de intercambio. Con el tiempo, ese proceso cristaliza en el uso del dinero.

Esta idea anticipa conceptos clave como el orden espontáneo y sería retomada y ampliada por Mises y Hayek. El dinero aparece así como una institución social emergente, no como el resultado de un diseño consciente.

El legado de Menger

La influencia de Carl Menger va mucho más allá de su obra principal. Sus discípulos directos, Eugen von Böhm-Bawerk y Friedrich von Wieser, consolidaron la segunda generación de la Escuela Austríaca. Böhm-Bawerk profundizó en la teoría del capital, el interés y la preferencia temporal, mientras que Wieser desarrolló el concepto de coste de oportunidad y la teoría de la imputación.

A partir de ahí, Ludwig von Mises y Friedrich A. Hayek llevarían el enfoque austríaco al siglo XX, aplicándolo al análisis del socialismo, el dinero, los ciclos económicos y el conocimiento disperso.

Por qué leer hoy a Menger

Volver a Principios de Economía Política no es un ejercicio de arqueología intelectual. En un mundo marcado por la complejidad, la incertidumbre y la diversidad de preferencias, las ideas de Menger resultan más actuales que nunca. Su insistencia en el carácter subjetivo del valor, en la centralidad del individuo y en los procesos espontáneos del mercado ofrece una perspectiva poderosa para comprender la economía real, más allá de modelos estáticos y simplificaciones excesivas.

Menger no buscaba predecir el futuro, sino entender las causas profundas de los fenómenos económicos. Precisamente por eso, su obra sigue siendo un punto de partida imprescindible para quien quiera comprender cómo funcionan realmente los mercados y por qué la economía es, ante todo, una ciencia de la acción humana.

Matrix (1999) y el dinero que no existe

Una lectura austriaca del sistema monetario y del mito del despertar

La sensación de que “algo no encaja”

En Matrix hay una frase que condensa toda la película: “Hay algo que no funciona en el mundo”. No es una afirmación ideológica ni política; es una intuición difusa, una incomodidad difícil de formular. Neo no sabe qué falla, pero sabe que la realidad que habita no termina de cuadrar.

Esa sensación resulta sorprendentemente familiar para cualquiera que, en algún momento, empieza a interesarse por el dinero, la inflación o las crisis económicas. Los precios suben sin que parezca haber una causa clara, los salarios pierden poder adquisitivo, los tipos de interés se mantienen artificialmente bajos durante años y, aun así, se repiten ciclos de auge y colapso que se presentan como “inesperados”. Todo funciona… hasta que deja de hacerlo.

Cartel de la película en Estados Unidos. Fuente: filmaffinity.com

Desde esta perspectiva, Matrix puede leerse como algo más que una película de ciencia ficción: como una alegoría del sistema monetario fiduciario moderno, especialmente si se observa desde la teoría monetaria de la Escuela Austriaca.

Qué es Matrix (y qué no es)

Conviene aclararlo desde el principio. Matrix no es una película sobre economía, ni una denuncia explícita del capitalismo, ni un panfleto político disfrazado de cine de acción. Su potencia no está en lo que afirma, sino en la estructura del mundo que presenta.

Matrix es un sistema que funciona. La gente trabaja, consume, duerme, se relaciona. Nada parece fuera de lugar. Sin embargo, todo descansa sobre una estructura invisible que muy pocos comprenden y que casi nadie cuestiona. El sistema no se sostiene porque sea verdadero en un sentido profundo, sino porque es operativo y porque resulta demasiado costoso (psicológica y materialmente) abandonarlo.

Esta es la clave de su utilidad como metáfora monetaria: Matrix no representa un engaño burdo, sino una realidad funcional sustentada sobre supuestos que no se examinan.

El sistema monetario fiduciario: lo que no vemos

Desde la perspectiva de la Escuela Austriaca, el sistema monetario contemporáneo se caracteriza por dos rasgos fundamentales: la reserva fraccionaria y la expansión crediticia.

En términos simples, los bancos no se limitan a intermediar ahorro existente, sino que crean dinero nuevo a partir del crédito. Sobre una base monetaria limitada se construye una oferta monetaria mucho mayor, compuesta en gran parte por promesas de pago. Ese dinero “existe” mientras no se reclame simultáneamente.

El sistema funciona porque:

  • no todos retiran su dinero a la vez,
  • no todas las promesas se materializan al mismo tiempo,
  • y porque la confianza se mantiene.

Aquí el paralelismo con Matrix resulta evidente. La realidad cotidiana es estable, pero ontológicamente frágil. El sistema no colapsa porque sea falso, sino porque depende de que nadie exija a la vez todo lo que, en teoría, le pertenece. Como en una retirada bancaria masiva, el problema no es moral, sino estructural.

La píldora roja: el despertar monetario

En Matrix, tomar la píldora roja no convierte a Neo en un héroe omnipotente. Lo despierta. Le permite ver el código. Nada más, pero tampoco nada menos.

Las píldoras roja y azul en manos de Laurence Fishburne. Con la roja, eliges saber; con la azul confías en que la ignorancia es la felicidad. Mucha gente es feliz hoy ignorando los riesgos de la reserva fraccionaria. Fuente: filmaffinity.com

Algo muy similar ocurre cuando se comprende el funcionamiento del sistema monetario desde una perspectiva austriaca. Antes del “despertar”, se tiende a aceptar una serie de supuestos:

  • que el dinero es neutral,
  • que el crédito es siempre crecimiento,
  • que las crisis son shocks externos imprevisibles.

Después, la percepción cambia. Aparecen conceptos como la mala inversión (malinvestment), la distorsión del cálculo económico, los ciclos artificiales de auge y caída. Los tipos de interés dejan de verse como un simple precio de mercado y pasan a entenderse como señales profundamente alteradas.

Este despertar no concede ventajas inmediatas. No protege de las crisis ni permite evitarlas individualmente. Pero transforma la manera de interpretar lo que ocurre. Como Neo, uno no controla el sistema: simplemente lo ve.

La defensa del sistema: estabilidad frente a verdad

Una tentación habitual al usar Matrix como metáfora es caer en lecturas conspirativas. Sin embargo, la teoría austriaca más sólida evita ese error. El sistema monetario fiduciario no necesita villanos conscientes para mantenerse.

Bancos centrales, reguladores, gobiernos y gran parte del mundo académico actúan como mecanismos de estabilización. Su función principal no es engañar, sino evitar el colapso. Priorizan la continuidad, incluso a costa de distorsiones crecientes.

Conocer la verdad monetaria puede ser vertiginoso… Fuente: filmaffinity.com

En la película, los Agentes no discuten si Matrix es justa o verdadera. Simplemente la defienden. Restablecen el orden. Del mismo modo, muchas políticas monetarias no buscan verdad económica, sino evitar el pánico, posponer ajustes y ganar tiempo. El sistema se protege a sí mismo porque su caída sería demasiado costosa.

Los límites de la metáfora

Aquí conviene ser prudente. Matrix plantea una dicotomía radical: o estás dentro de la ilusión o estás fuera. La teoría monetaria austriaca, en cambio, es menos maniquea.

El sistema monetario fiduciario no es una mentira total. Coordina millones de decisiones reales, permite el cálculo económico (aunque de forma imperfecta) y ha generado crecimiento material. No todo es simulación ni todo colapso es inevitable.

Forzar demasiado la metáfora puede llevar al nihilismo monetario: la idea de que todo es falso y nada merece la pena. Esa conclusión no es austriaca. La tradición de Menger, Hayek o Mises apuesta por comprender los límites de los sistemas, no por negar su realidad.

Entender el dinero no implica abandonar el mundo, sino habitarlo con mayor lucidez.

La técnica cinematográfica al servicio de la idea

Parte de la fuerza de Matrix reside en cómo su lenguaje visual refuerza esta lectura. La estética verdosa, los espacios repetitivos, los cubículos, la vida rutinaria y los cuerpos inmóviles conectados a un sistema central transmiten sensación de artificialidad y dependencia.

El famoso “bullet time” no es solo un alarde técnico: sugiere un mundo donde las leyes parecen naturales hasta que alguien aprende a verlas desde fuera. La cámara hace visible lo invisible, igual que el análisis monetario revela estructuras que normalmente permanecen ocultas.

Icónico momento de Neo con las balas. Fuente: filmaffinity.com

Matrix no explica el sistema monetario; hace sentir lo que es vivir dentro de él sin entenderlo.

Ver el código sin abandonar el mundo

La metáfora de Matrix resulta especialmente atractiva para quien descubre la teoría monetaria austriaca porque captura muy bien el impacto psicológico del aprendizaje. Sin embargo, su mensaje final no debería interpretarse como una invitación a huir de la realidad.

Comprender el dinero no es salir de Matrix, sino aprender a ver el código sin dejar de participar en el mundo, pero conociendo y siendo conscientes de la manipulación monetaria que se aplica sobre el dinero fiduciario o monedas fiat.

Los ciudadanos de bien, como Neo y la Resistencia liderada por Morfeo, tienen la responsabilidad de conocer, denunciar y resistir el sistema monetario/Matrix, que es empobrecedor y alienador, en contra de las palabras de Cypher/Cifra, “la ignorancia es la felicidad”.

El malvado Cypher/Cifra, que prefiere la ignorancia y el sabor del filete simulado en su mente a la Libertad.

ODS: ¿compromiso o simple apariencia?

En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por los miembros del Grupo de Innovación Educativa Economía para Ingenieros /oikonomos/. En este artículo se resumen las contribuciones del artículo:

Costa, R., Tiburzi, L., Morales‐Alonso, G., Calabrese, A., & Rosati, F. (2025). SDG walking or washing? A cross‐sectoral analysis of business contribution to the SDGs. Business Strategy and the Environment, 34(3), 3561–3576.

Este trabajo nace de una colaboración académica entre la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad Tor Vergata de Roma.

Empresas y Objetivos de Desarrollo Sostenible: entre el compromiso real y la apariencia

En los últimos años, la sostenibilidad ha pasado de ser un asunto marginal a ocupar un lugar central en el discurso empresarial. Las empresas hablan cada vez más de impacto social, medioambiental y de su contribución a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Informes, memorias y documentos corporativos están repletos de referencias a estos objetivos, presentados como una hoja de ruta global hacia un desarrollo más equilibrado y responsable.

Sin embargo, una pregunta clave subyace a este fenómeno: ¿hasta qué punto estas declaraciones reflejan un compromiso real y profundo con la sostenibilidad, y hasta qué punto responden a una estrategia más superficial orientada a mejorar la imagen corporativa? El artículo que aquí se resume aborda precisamente esta cuestión, proponiendo una forma novedosa de distinguir entre ambas situaciones.

El auge del reporting en sostenibilidad

La presión política, social y regulatoria sobre las empresas para que informen de su impacto no financiero ha aumentado de manera notable. Las organizaciones ya no solo rinden cuentas de sus resultados económicos, sino también de cómo afectan al entorno natural, a las comunidades y a la sociedad en su conjunto. Este proceso ha dado lugar a distintas formas de reporting: informes de sostenibilidad, memorias de responsabilidad social, informes integrados o declaraciones no financieras.

Con la adopción de la Agenda 2030, muchas empresas comenzaron a alinear su comunicación con los ODS, señalando explícitamente cómo sus actividades contribuyen a cada uno de ellos. En principio, este movimiento tiene un enorme potencial: el sector privado desempeña un papel crucial en la innovación, la inversión y la transformación productiva necesarias para avanzar hacia un desarrollo sostenible.

El problema surge cuando esta comunicación se convierte en un fin en sí mismo y no en el reflejo de cambios reales en la forma de operar de la empresa.

Sostenibilidad simbólica frente a sostenibilidad sustantiva

El artículo parte de una distinción fundamental entre dos enfoques de la sostenibilidad empresarial. Por un lado, el enfoque sustantivo, en el que la sostenibilidad se integra en el núcleo del modelo de negocio, influyendo en la estrategia, en los procesos productivos y en la toma de decisiones a largo plazo. Por otro, el enfoque simbólico, en el que la sostenibilidad se utiliza principalmente como un recurso comunicativo para reforzar la legitimidad de la empresa ante sus grupos de interés.

En este segundo caso, las acciones reportadas pueden estar desconectadas del negocio principal, ser marginales o carecer de impacto real. El riesgo es evidente: se genera una apariencia de compromiso que no se corresponde con la realidad, dando lugar a prácticas conocidas como SDG washing, una variante del más conocido greenwashing.

Detectar estas prácticas no es sencillo, ya que las empresas pueden presentar informes extensos y visualmente sofisticados sin aportar información relevante o verificable sobre sus actuaciones.

Los índices para mirar más allá del discurso

La principal contribución del artículo es la propuesta de un método que permite identificar enfoques simbólicos en el reporting de los ODS mediante la comparación de dos dimensiones complementarias.

La primera es el índice de cobertura de los ODS, que mide hasta qué punto una empresa menciona y cubre un amplio abanico de indicadores relacionados con los ODS en sus informes. En términos simples, evalúa la amplitud del discurso: cuántos objetivos, metas e indicadores aparecen reflejados.

La segunda es el índice de compromiso con los ODS, que analiza el nivel de detalle, precisión y profundidad de la información proporcionada. Aquí no se trata de cuántas cosas se mencionan, sino de cómo se explican: si se describen acciones concretas, resultados, impactos y mecanismos de seguimiento, o si se recurre a formulaciones vagas y genéricas.

La comparación entre ambos índices resulta especialmente reveladora. Una alta cobertura acompañada de un bajo compromiso sugiere la existencia de un enfoque simbólico: se habla mucho, pero se dice poco.

Un análisis amplio y transversal

Para aplicar este método, los autores realizan un análisis detallado de los informes de sostenibilidad de 376 empresas, abarcando distintos países, sectores y tamaños empresariales. Este enfoque transversal permite superar algunas limitaciones habituales de estudios anteriores, que se centraban en un solo país, un sector concreto o exclusivamente en grandes multinacionales.

El análisis es manual y detallado, lo que permite evaluar no solo la presencia de determinados términos o referencias, sino la calidad real de la información divulgada. El objetivo no es cuantificar con exactitud el grado de sostenibilidad de cada empresa, sino identificar patrones que revelen comportamientos simbólicos.

Mucha cobertura, poco compromiso

Los resultados del estudio son claros y, en cierto modo, inquietantes. Una amplia mayoría de las empresas analizadas declara informar sobre su contribución a los ODS. Además, estas empresas suelen cubrir un número elevado de indicadores relacionados con dichos objetivos.

Sin embargo, esta amplitud no se traduce necesariamente en un mayor compromiso. En muchos casos, el nivel de detalle y precisión de la información es bajo, lo que sugiere que la atención se centra en “marcar casillas” más que en rendir cuentas de actuaciones concretas y resultados medibles.

Este desajuste entre cobertura y compromiso pone de manifiesto la existencia de enfoques simbólicos en el reporting de los ODS y confirma que el riesgo de SDG washing es real y significativo.

Cuatro perfiles de empresas frente a los ODS

A partir de la combinación de ambos índices, el artículo identifica cuatro grandes perfiles de comportamiento empresarial.

En primer lugar, las empresas simbólicas, que presentan una alta cobertura de indicadores pero un bajo nivel de compromiso. Estas organizaciones son las más sospechosas de utilizar el reporting como una herramienta de legitimación sin un respaldo sólido en la práctica.

En segundo lugar, las empresas plenamente comprometidas, que combinan una amplia cobertura con un alto nivel de detalle y precisión en la información. Son las que integran de forma más coherente los ODS en su estrategia.

En tercer lugar, las empresas mínimamente comprometidas, con baja cobertura y bajo compromiso, que parecen rezagadas en materia de sostenibilidad.

Por último, las empresas focalizadas, que informan con gran detalle sobre un número limitado de ODS, generalmente aquellos más relacionados con su actividad principal. Este enfoque puede reflejar una estrategia sensata, aunque también entraña el riesgo de seleccionar únicamente los aspectos más favorables.

Factores que influyen en el reporting

El estudio analiza también qué factores están asociados a una mayor cobertura y a un mayor compromiso. Entre ellos se encuentran el tamaño de la empresa, la experiencia previa en reporting de sostenibilidad, la utilización de verificación externa y la adopción de certificaciones ambientales.

Los resultados muestran que muchos de estos factores están claramente relacionados con una mayor cobertura, pero no necesariamente con un mayor compromiso. Es decir, contribuyen a que las empresas informen más, pero no mejor. Esto refuerza la idea de que buena parte del esfuerzo responde a la presión de los grupos de interés y a la necesidad de mostrar conformidad con las expectativas sociales, más que a una transformación profunda.

También se observan diferencias relevantes entre sectores, especialmente en aquellos con mayor impacto ambiental, donde la presión social es más intensa y el incentivo para recurrir a enfoques simbólicos puede ser mayor.

Figura. Representación conceptual de los enfoques empresariales hacia la información sobre los ODS en función de dos dimensiones implícitas: la amplitud de la información divulgada y el grado de compromiso reflejado en el detalle y coherencia de dicha información. La figura distingue cuatro patrones: (i) enfoque simbólico, caracterizado por una amplia cobertura de ODS con bajo nivel de compromiso; (ii) enfoque plenamente comprometido, con alta cobertura y alto compromiso; (iii) enfoque mínimamente comprometido, con baja cobertura y bajo compromiso; y (iv) enfoque focalizado, donde una cobertura limitada se acompaña de un mayor grado de profundidad y coherencia en la información divulgada.

Implicaciones para empresas y sociedad

Las conclusiones del artículo tienen importantes implicaciones prácticas. Para inversores, reguladores y otros grupos de interés, confiar únicamente en la extensión o apariencia de los informes de sostenibilidad puede resultar engañoso. Es imprescindible analizar no solo qué se reporta, sino cómo se reporta.

Para las propias empresas, el mensaje es igualmente claro: la sostenibilidad no puede limitarse a un ejercicio de comunicación. Si no se traduce en cambios reales en la gestión y en el modelo de negocio, el riesgo reputacional y la pérdida de credibilidad son elevados.

Conclusión

Este trabajo aporta una herramienta útil para desenmascarar enfoques simbólicos en el reporting de los ODS y para avanzar hacia una evaluación más rigurosa del papel real de las empresas en el desarrollo sostenible. Al distinguir entre cobertura y compromiso, invita a ir más allá del discurso y a centrarse en la sustancia.

En un contexto en el que la sostenibilidad se ha convertido en un elemento central del relato empresarial, este tipo de análisis resulta esencial para evitar que los ODS se vacíen de contenido y se conviertan en meros eslóganes. La credibilidad del proyecto de desarrollo sostenible depende, en gran medida, de que las palabras vayan acompañadas de hechos.

¿Estado emprendedor o función empresarial?

En los artículos Ciencia Explicada incluimos resúmenes de los artículos científicos publicados por los miembros del Grupo de Innovación Educativa Economía para Ingenieros /oikonomos/. En este artículo se resumen las contribuciones del artículo:

Morales Alonso, G. & Gallego Morales, D. J. (2025). ¿Estado emprendedor o función empresarial? Religión, estatismo/liberalismo, valores humanos y emprendimiento. Journal of the Sociology and Theory of Religion, 17(1), 15–39.

Acción humana, función empresarial y desarrollo económico

El punto de partida del trabajo es una idea sencilla pero de gran alcance: el desarrollo económico no surge de planes abstractos ni de diseños centralizados, sino de la acción humana concreta. Son los individuos, con sus decisiones cotidianas, quienes ponen en marcha los procesos de coordinación social que permiten que una sociedad prospere. Esta acción humana se canaliza, en el ámbito económico, a través de la función empresarial: la capacidad de detectar oportunidades, asumir riesgos y coordinar recursos escasos con el objetivo de crear valor.

Figura 1. El camino complejo.

Desde esta perspectiva, el emprendedor no es únicamente quien funda una empresa, sino todo aquel que actúa de manera creativa para mejorar su situación y la de su entorno. El emprendimiento aparece así como un fenómeno profundamente humano, ligado a la voluntad de prosperar, al deseo de mejorar y a la capacidad de imaginar futuros alternativos. Cuando estas decisiones individuales se coordinan de manera voluntaria en el mercado, el resultado agregado es el crecimiento económico, el aumento de la productividad y una mayor prosperidad social.

Más allá de los factores materiales

Buena parte de la literatura sobre emprendimiento se ha centrado tradicionalmente en factores materiales o institucionales: acceso a financiación, regulación e instituciones, estrategias de innovación, educación formal o rasgos cognitivos, por citar algunos. Todos ellos son importantes, pero el presente artículo sostiene que no son suficientes para comprender por qué unas personas deciden emprender y otras no, incluso en contextos similares.

El énfasis del trabajo se desplaza hacia los rasgos cognitivos y de valores culturales que anteceden a la acción emprendedora. Emprender es, ante todo, una decisión volitiva. Implica evaluar riesgos, soportar incertidumbre y renunciar a seguridades presentes a cambio de beneficios futuros inciertos. En ese proceso de decisión intervienen creencias, valores, actitudes y marcos mentales que no pueden reducirse a incentivos puramente económicos.

Religiosidad y sentido de la acción

Uno de los elementos que el artículo pone sobre la mesa es la religiosidad, entendida tanto como sentimiento como práctica. Lejos de tratarla como un residuo del pasado o como una variable irrelevante, se plantea que la religiosidad puede influir de manera significativa en la predisposición a emprender.

La razón es doble. Por un lado, muchas tradiciones religiosas enfatizan valores como la responsabilidad individual, el esfuerzo, la perseverancia y la orientación al largo plazo. Estos rasgos encajan bien con las exigencias del emprendimiento, donde los resultados rara vez son inmediatos y los fracasos forman parte del proceso. Por otro lado, la religiosidad puede ofrecer un marco de sentido que ayuda a gestionar la incertidumbre y el riesgo inherentes a la acción empresarial.

Desde esta óptica, la religión no actúa necesariamente como un freno a la innovación, sino que puede convertirse en un soporte psicológico y moral para quienes deciden asumir los costes del emprendimiento en entornos complejos y cambiantes.

Valores humanos y espíritu emprendedor

Junto a la religiosidad, el artículo destaca la importancia de los valores humanos. No todos los sistemas de valores son igualmente compatibles con la función empresarial. Valores como la autonomía, la responsabilidad personal, la tolerancia al riesgo, la creatividad o la orientación al logro tienden a favorecer la intención emprendedora. Por el contrario, sistemas de valores muy dependientes de la seguridad, la estabilidad garantizada o la delegación sistemática de responsabilidades en terceros pueden desincentivar la iniciativa individual.

El trabajo sugiere que estos valores no surgen de la nada, sino que se forman a lo largo del tiempo mediante procesos educativos, familiares, culturales y sociales. Por ello, comprender los valores dominantes en una sociedad es clave para entender sus niveles de emprendimiento y, en última instancia, su capacidad de adaptación a contextos económicos adversos.

Libre mercado frente a estatismo

Un tercer eje central del artículo es el posicionamiento ideológico frente al libre mercado y la intervención del Estado. El texto contrapone dos visiones: la del llamado “Estado emprendedor”, que atribuye al sector público un papel protagonista en la innovación y el desarrollo económico, y la visión que sitúa la función empresarial en el centro del proceso económico.

Sin negar la existencia del sector público, el artículo defiende que una actitud favorable al libre mercado tiende a estar asociada a una mayor intención emprendedora. La razón es que el emprendimiento requiere espacios de libertad donde la experimentación, el error y la competencia sean posibles. Cuando el entorno institucional penaliza sistemáticamente la iniciativa privada, eleva artificialmente los costes del fracaso o promete seguridad a cambio de dependencia, la función empresarial se ve erosionada.

Desde este punto de vista, el debate no es únicamente económico, sino profundamente cultural y moral. Se trata de decidir hasta qué punto una sociedad confía en la capacidad de sus individuos para tomar decisiones responsables sobre su propio futuro.

Tiempos convulsos y decisiones individuales

El artículo sitúa estas reflexiones en el contexto de los tiempos convulsos que caracterizan al inicio del siglo XXI. Crisis financieras, pandemias, inflación, endeudamiento público y cambios tecnológicos acelerados han configurado un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo. En este escenario, muchas personas han comenzado a cuestionar los modelos tradicionales de empleo y carrera profesional.

Fenómenos como la renuncia voluntaria masiva al trabajo por cuenta ajena, la búsqueda de mayor flexibilidad o la proliferación de trayectorias profesionales no lineales reflejan un cambio profundo en las preferencias y expectativas de los trabajadores. El emprendimiento, el trabajo autónomo o las carreras profesionales diversificadas aparecen como alternativas viables, aunque no exentas de riesgos.

El artículo sostiene que, ante estos shocks externos, los rasgos cognitivos cobran aún más importancia. En contextos estables, las diferencias individuales pueden pasar desapercibidas. En contextos de crisis, en cambio, se vuelven decisivas para explicar quién se adapta, quién emprende y quién queda atrapado en estructuras que ya no funcionan.

Emprender como respuesta, no como receta mágica

Un aspecto relevante del trabajo es que evita presentar el emprendimiento como una solución universal o una receta mágica. Emprender puede ofrecer respuestas a muchas de las inquietudes actuales (autonomía, flexibilidad, sentido del trabajo), pero también genera nuevas fuentes de incertidumbre y presión. No todos los individuos están igualmente preparados para asumirlas, ni todas las sociedades facilitan este tipo de decisiones.

Precisamente por ello, los autores insisten en la necesidad de comprender mejor los factores subyacentes que aumentan la probabilidad de éxito individual en trayectorias emprendedoras. Religiosidad, valores humanos y orientación hacia el libre mercado no garantizan el éxito, pero pueden actuar como amortiguadores frente a la incertidumbre y como catalizadores de la acción.

Implicaciones para el debate público

Aunque el artículo tiene un marcado carácter conceptual, sus implicaciones prácticas son claras. Si el emprendimiento es clave para el desarrollo económico, y si este depende en gran medida de factores cognitivos y culturales, entonces las políticas públicas y los discursos dominantes no pueden limitarse a ajustes técnicos.

Es necesario abrir un debate más amplio sobre qué tipo de valores se promueven, qué visión del individuo se transmite y hasta qué punto se fomenta la responsabilidad personal frente a la dependencia. Ignorar estas dimensiones equivale a tratar los síntomas sin atender a las causas profundas.

Conclusión

El trabajo resumido en este artículo propone una mirada integradora sobre el emprendimiento, entendiéndolo como una manifestación de la acción humana situada en un contexto cultural, moral e institucional concreto. Frente a visiones que atribuyen el desarrollo económico a grandes diseños estatales, se reivindica la centralidad del individuo, de sus creencias, valores y decisiones.

En un mundo marcado por la incertidumbre y el cambio permanente, comprender los fundamentos humanos del emprendimiento no es un ejercicio académico estéril, sino una condición necesaria para pensar el futuro económico de nuestras sociedades. El futuro, en este sentido, no está dado: se construye a través de millones de decisiones individuales que, coordinadas libremente, pueden abrir nuevas sendas de prosperidad.

La marea está cambiando: el capítulo 10 de Libertad de elegir

Tal fecha como hoy, 16 de noviembre, pero de 2006 fallecía el Premio Nobel de Economía Milton Friedman. Con motivo de esta fecha, retomamos su obra más conocida, Libertad de Elegir, que hemos ido desmenuzando en este blog en los últimos años. En ella, el capítulo 10 titulado “The Tide Is Turning” (La marea está cambiando) cierra la obra con una nota de esperanza y advertencia. Friedman y su esposa Rose sostienen que después de décadas de políticas de expansión estatal y planificación, estaba emergiendo una reacción intelectual y política hacia la libertad económica. No se trata de un triunfo total, sino de una posibilidad: una fiebre de insatisfacción con el “gran gobierno” que podría abrir espacio para reformas de mercado.

Las ideas centrales del capítulo

  1. La reacción contra la expansión estatal

Friedman observa que cuando los gobiernos no logran los resultados prometidos —cuando los controles no alivian los problemas, los programas sociales no funcionan eficientemente, la burocracia crece— el descontento público crece. Esa reacción puede traducirse electoralmente.

  1. Los intereses concentrados versus los difusos

Uno de los temas recurrentes es que los beneficiarios de programas estatales son grupos organizados (intereses concentrados) que presionan por mantener el statu quo, mientras que los perjudicados están dispersos y no actúan colectivamente. Esto hace que muchas políticas intervencionistas persistan más allá de su utilidad económica.

  1. No basta con crítica, hacen falta institucionales reformas

Friedman no sólo insta a cambiar opiniones, sino a proponer reformas concretas: limitar el poder del Estado mediante constituciones, redefinir derechos económicos, desmantelar controles de precios y salarios, liberar mercados básicos.

  1. Advertencia: no es automático ni irreversible

La “marea” puede revertirse. Las fuerzas del estatismo pueden recuperarse si los ciudadanos no consolidan las reformas. Lo que cambia lentamente puede revertirse rápidamente.


Friedman y su momento histórico: Reagan, Thatcher y más allá

Cuando Friedman escribió Free to Choose en 1980, ya estaba sintiendo ese cambio en el aire. En Estados Unidos, la crisis de los años setenta —alta inflación, estancamiento, intervencionismo creciente— había ido socavando la confianza en el Estado como solución. En Gran Bretaña, el Partido Laborista había estado en el poder con políticas intervencionistas durante décadas; Margaret Thatcher emergió (1979) con un programa de liberalización que resonaba con muchas de las ideas de Friedman.

La influencia de Friedman en esas políticas es reconocida: sus ideas fortalecieron la corriente monetarista que sostenía que el control del dinero era esencial, y su crítica al exceso del Estado acompañó la ola ideológica que Thatcher y Reagan utilizaron para justificar recortes, privatizaciones y liberalizaciones.

No obstante, esas reformas no fueron puras traducciones de Friedman: tuvieron matices políticos y pragmáticos. Por ejemplo, en Estados Unidos, Reagan no eliminó totalmente programas sociales, sino que buscó ajustar y contener. En el Reino Unido, Thatcher enfrentó resistencia de sindicatos fuertes y tuvo que jugar políticamente con concesiones parciales. Pero esas políticas sí marcaron un viraje claro: ya no era políticamente imposible proponer reformas de mercado como tema legítimo.


Estonia, Mart Laar y el experimento liberal post-soviético

Una de las historias más inspiradoras de “marea liberal” está en Europa del Este, y especialmente en Estonia bajo Mart Laar. Laar, primer ministro estonio en los años noventa justo tras la independencia de la URSS, comentó que el único libro de economía que había leído fue Free to Choose de Friedman.

Durante su primer gobierno (1992-94), Laar impulsó reformas radicales: privatización rápida, liberalización comercial, eliminación de subsidios, establecimiento de un impuesto plano, estabilización monetaria, eliminación de controles de precios.

Los resultados fueron notables: alta inflación inicial, sí, pero seguida de crecimiento sostenido, atracción de inversión extranjera, transformación tecnológica y gradual convergencia con Occidente. Estonia pasó de ser parte del bloque soviético a uno de los países más dinámicos de Europa.

Este caso ilustra algo que Friedman plantea: el cambio liberal no tiene que esperar a condiciones ideales, sino que puede iniciarse incluso en contextos adversos si hay voluntad política y respaldo intelectual.


Schwarzenegger, Friedman y la práctica política liberal

Arnold Schwarzenegger, en su autobiografía Total Recall, relata que admiraba a Milton Friedman y su visión de la libertad.

El gobernadorSchwarzenegger recibiendo a Milton Friedman.

Como gobernador de California (2003–2011), Schwarzenegger impulsó recortes administrativos, cierta liberalización regulatoria estatal, y buscó proyectar una imagen de “gobierno eficiente”. Aunque el contexto estatal en EE. UU. limita lo que un gobernador puede hacer frente al gobierno federal y al presupuesto, su interés por soluciones de mercado y su referencia a Friedman sirvieron como símbolo de que un político puede llevar ideas liberales al terreno práctico con visibilidad mediática.

Esta combinación de celebridad, visibilidad política y discurso liberal refuerza la potencia simbólica del liberalismo: si alguien que viene del cine puede invocar a Friedman como referente, eso derriba el estigma de que liberalismo es solo para académicos.


Friedman y Milei: herencia intelectual y política

Finalmente, al proyectar el pensamiento de Friedman hacia figuras como Javier Milei, encontramos un puente interesante entre las décadas de Friedman y las realidades latinoamericanas contemporáneas.

Milei cita frecuentemente la frase de Friedman:

“La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”

Pero añade con su matiz fiscal: responsabiliza directamente al gasto estatal descontrolado. Esa síntesis no es idéntica a Friedman (quien era más prudente al apuntar reformas graduales), pero sí es un reconocimiento público del núcleo monetarista y liberal clásico.

Más aún: Milei encarna ese tipo de “vanguardia política” que Friedman aspiraba en The Tide Is Turning. Friedman pensaba que un cambio de opinión pública podía permitir que políticos audaces sostuvieran reformas liberales. Milei representa ese tipo audaz en un país con inflación crónica, deudas persistentes y Estado grande. Si logra consolidar sus reformas sin revertirlas, habrá hecho realidad la “marea liberal” que Friedman vislumbraba.

Sin embargo, debe evitar la trampa que Friedman advertía: que la marea liberal se revierta si no se construyen instituciones sólidas y límites constitucionales al Estado. Milei —y cualquier reformador liberal— necesita no solo ideas y entusiasmo, sino también esta arquitectura institucional para hacer que la marea que hoy sube no retroceda mañana.