La marea está cambiando: el capítulo 10 de Libertad de elegir

Tal fecha como hoy, 16 de noviembre, pero de 2006 fallecía el Premio Nobel de Economía Milton Friedman. Con motivo de esta fecha, retomamos su obra más conocida, Libertad de Elegir, que hemos ido desmenuzando en este blog en los últimos años. En ella, el capítulo 10 titulado “The Tide Is Turning” (La marea está cambiando) cierra la obra con una nota de esperanza y advertencia. Friedman y su esposa Rose sostienen que después de décadas de políticas de expansión estatal y planificación, estaba emergiendo una reacción intelectual y política hacia la libertad económica. No se trata de un triunfo total, sino de una posibilidad: una fiebre de insatisfacción con el “gran gobierno” que podría abrir espacio para reformas de mercado.

Las ideas centrales del capítulo

  1. La reacción contra la expansión estatal

Friedman observa que cuando los gobiernos no logran los resultados prometidos —cuando los controles no alivian los problemas, los programas sociales no funcionan eficientemente, la burocracia crece— el descontento público crece. Esa reacción puede traducirse electoralmente.

  1. Los intereses concentrados versus los difusos

Uno de los temas recurrentes es que los beneficiarios de programas estatales son grupos organizados (intereses concentrados) que presionan por mantener el statu quo, mientras que los perjudicados están dispersos y no actúan colectivamente. Esto hace que muchas políticas intervencionistas persistan más allá de su utilidad económica.

  1. No basta con crítica, hacen falta institucionales reformas

Friedman no sólo insta a cambiar opiniones, sino a proponer reformas concretas: limitar el poder del Estado mediante constituciones, redefinir derechos económicos, desmantelar controles de precios y salarios, liberar mercados básicos.

  1. Advertencia: no es automático ni irreversible

La “marea” puede revertirse. Las fuerzas del estatismo pueden recuperarse si los ciudadanos no consolidan las reformas. Lo que cambia lentamente puede revertirse rápidamente.


Friedman y su momento histórico: Reagan, Thatcher y más allá

Cuando Friedman escribió Free to Choose en 1980, ya estaba sintiendo ese cambio en el aire. En Estados Unidos, la crisis de los años setenta —alta inflación, estancamiento, intervencionismo creciente— había ido socavando la confianza en el Estado como solución. En Gran Bretaña, el Partido Laborista había estado en el poder con políticas intervencionistas durante décadas; Margaret Thatcher emergió (1979) con un programa de liberalización que resonaba con muchas de las ideas de Friedman.

La influencia de Friedman en esas políticas es reconocida: sus ideas fortalecieron la corriente monetarista que sostenía que el control del dinero era esencial, y su crítica al exceso del Estado acompañó la ola ideológica que Thatcher y Reagan utilizaron para justificar recortes, privatizaciones y liberalizaciones.

No obstante, esas reformas no fueron puras traducciones de Friedman: tuvieron matices políticos y pragmáticos. Por ejemplo, en Estados Unidos, Reagan no eliminó totalmente programas sociales, sino que buscó ajustar y contener. En el Reino Unido, Thatcher enfrentó resistencia de sindicatos fuertes y tuvo que jugar políticamente con concesiones parciales. Pero esas políticas sí marcaron un viraje claro: ya no era políticamente imposible proponer reformas de mercado como tema legítimo.


Estonia, Mart Laar y el experimento liberal post-soviético

Una de las historias más inspiradoras de “marea liberal” está en Europa del Este, y especialmente en Estonia bajo Mart Laar. Laar, primer ministro estonio en los años noventa justo tras la independencia de la URSS, comentó que el único libro de economía que había leído fue Free to Choose de Friedman.

Durante su primer gobierno (1992-94), Laar impulsó reformas radicales: privatización rápida, liberalización comercial, eliminación de subsidios, establecimiento de un impuesto plano, estabilización monetaria, eliminación de controles de precios.

Los resultados fueron notables: alta inflación inicial, sí, pero seguida de crecimiento sostenido, atracción de inversión extranjera, transformación tecnológica y gradual convergencia con Occidente. Estonia pasó de ser parte del bloque soviético a uno de los países más dinámicos de Europa.

Este caso ilustra algo que Friedman plantea: el cambio liberal no tiene que esperar a condiciones ideales, sino que puede iniciarse incluso en contextos adversos si hay voluntad política y respaldo intelectual.


Schwarzenegger, Friedman y la práctica política liberal

Arnold Schwarzenegger, en su autobiografía Total Recall, relata que admiraba a Milton Friedman y su visión de la libertad.

El gobernadorSchwarzenegger recibiendo a Milton Friedman.

Como gobernador de California (2003–2011), Schwarzenegger impulsó recortes administrativos, cierta liberalización regulatoria estatal, y buscó proyectar una imagen de “gobierno eficiente”. Aunque el contexto estatal en EE. UU. limita lo que un gobernador puede hacer frente al gobierno federal y al presupuesto, su interés por soluciones de mercado y su referencia a Friedman sirvieron como símbolo de que un político puede llevar ideas liberales al terreno práctico con visibilidad mediática.

Esta combinación de celebridad, visibilidad política y discurso liberal refuerza la potencia simbólica del liberalismo: si alguien que viene del cine puede invocar a Friedman como referente, eso derriba el estigma de que liberalismo es solo para académicos.


Friedman y Milei: herencia intelectual y política

Finalmente, al proyectar el pensamiento de Friedman hacia figuras como Javier Milei, encontramos un puente interesante entre las décadas de Friedman y las realidades latinoamericanas contemporáneas.

Milei cita frecuentemente la frase de Friedman:

“La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”

Pero añade con su matiz fiscal: responsabiliza directamente al gasto estatal descontrolado. Esa síntesis no es idéntica a Friedman (quien era más prudente al apuntar reformas graduales), pero sí es un reconocimiento público del núcleo monetarista y liberal clásico.

Más aún: Milei encarna ese tipo de “vanguardia política” que Friedman aspiraba en The Tide Is Turning. Friedman pensaba que un cambio de opinión pública podía permitir que políticos audaces sostuvieran reformas liberales. Milei representa ese tipo audaz en un país con inflación crónica, deudas persistentes y Estado grande. Si logra consolidar sus reformas sin revertirlas, habrá hecho realidad la “marea liberal” que Friedman vislumbraba.

Sin embargo, debe evitar la trampa que Friedman advertía: que la marea liberal se revierta si no se construyen instituciones sólidas y límites constitucionales al Estado. Milei —y cualquier reformador liberal— necesita no solo ideas y entusiasmo, sino también esta arquitectura institucional para hacer que la marea que hoy sube no retroceda mañana.

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