PATRIMONIO, URBANISMO Y MEDIO AMBIENTE DEL AULA A LA RED

Servicio de blogs UPM

Mar de Aral

| 0 Comentarios

Vista satélite de 1989 – 204 (Fuente: NASA)

Aún hoy en día aún podemos encontrar mapamundis con el mar de Aral. Mapas con un hueco y color destinado a grandes masas de agua en la frontera entre Kazajistán y Uzbekistán o, para aquellos a los que la geografía no sea lo suyo, ese mar a la

derecha del mar Caspio. También podemos encontrar otros mapamundis más realistas, que muestran un conjunto de lagos pequeños y dispersos donde antes se encontraba dicho mar. No es para menos: la foto de arriba muestra como, el que llegó a ser el cuarto mayor lago del mundo, redujo sus 66.000 hectáreas de superficie en más de un 90% desde la década de 1960. Pero, ¿Cómo llegamos a esta situación? La respuesta es sencilla: Una planificación centrada solo en los beneficios a corto plazo.

A finales de los años 40 la Unión Soviética sufrió una serie de sequías que provocaron la hambruna y la muerte de medio millón de personas. Como respuesta, el gobierno soviético ideó el “Gran plan de transformación de la naturaleza”, por el cual implantaron políticas de ordenación territorial centradas en la agricultura a lo largo de los principales ríos del oeste y sur de la URSS. Esta planificación buscaba una mayor eficiencia en la gestión de los recursos hídricos, por lo que se idearon faraónicos proyectos hidráulicos como canales, presas y grandes áreas de irrigación. Muchos de estos proyectos quedaron abandonados tras la muerte de Stalin en 1953 pero, pese a ello, la idea de explotar ciertas zonas con inmensos monocultivos siguió adelante.

Esta idea caló especialmente en la zona del mar de Aral, donde su posición cálida la hacía ideal para los cultivos de arroz y algodón. El gran caudal de los principales afluentes (el Syr Daria al este y el Amur Daria al sur) se creía inagotable por las autoridades locales (las cuales recibían cuantiosas ayudas en función de la producción agraria que consiguieran), por lo que se construyeron presas para regular los caudales y canales para transportar el agua a inmensos regadíos. Tal cantidad de proyectos (de entre los que destacan el Canal principal de Turkmenistán, el Embalse de Kairakkum o el Canal de Kairakkum, por citar algunos) estaban destinados exclusivamente a transportar la mayor cantidad de agua cuanto antes, por lo que no se pensó en impermeabilizarlos o evitar evaporaciones, haciéndolas especialmente ineficientes.

Registro histórico de niveles de profunidad medios (Elaboración propia)

Toda esta deriva concluyó con la creación del “Ministerio de Aguas de la URSS” en 1966, un organismo con la prioridad de sacar el máximo provecho del terreno de forma sistemática. Su visión era buscar el mayor volumen cultivado de forma indiscriminada: Más áreas cultivadas, más pesticidas, más obras de regadío, etc. Estimaciones de la FAO concluyen que en esa zona entre 1960 y 1980 la población destinada como mano de obra pasó de 14 millones a cerca de 27. Por su parte, según datos de la UNESCO, el área cultivada entre 1960 y 1990 pasó de 4,5 a 7,5 millones de hectáreas. Por supuesto esto empezó a notarse progresivamente en los niveles del mar de Aral, pero las autoridades locales lo veían como una oportunidad para cultivar también esos terrenos desecados. Puede resultar difícil entender esta poca consideración por el entorno, pero por aquel entonces ser uno de los graneros de la URSS suponía una fuente de orgullo para la zona, así como un potente motor económico y destino de grandes ayudas por parte del Estado.

Para la década de 1980 ya se empezaron a entrever las consecuencias de esta política: no solo el nivel de agua se había reducido más de 10 metros, sino que la salinidad y eutrofización ya provocaba serios estragos entre la fauna y la población local (como curiosidad, en 1980 se dio la última pesca en el mar de Aral norte). En 1982 se comenzaron a imponer límites al uso del agua, pero estos resultaron ser del todo insuficientes y los niveles seguían bajando drásticamente. Tras la disolución de la URSS en 1991 la situación ya se veía como un desastre natural, por lo que la existencia de un comité formado por las Repúblicas por las que pasaban ambos ríos y la promesa de ayudas internacionales pareció la solución al problema. Sin embargo, la mayor demanda de agua, la pobreza de la zona (que no podía permitirse renunciar a un motor de producción así), las diferencias entre las Repúblicas y las insuficientes ayudas supusieron un nuevo fracaso para la salvación del mar de Aral.

Por aquél entonces el agua que abastecía a la población local estaba salada y contaminada, no solo por la ingente presencia de fertilizantes, sino también por la presencia de metales pesados y radiactivos provenientes de pruebas militares en zonas aledañas. Según datos de la FAO, la provincia de Karakalpakia (donde se encuentra el mar de Aral) batía récords en cuanto a abortos naturales, nacimientos con malformaciones y mortalidad infantil. La desertización provocó tormentas de arena y salitre que aumentaron un 3000% los casos de bronquitis aguda y un 6000% de artritis, así como enfermedades de los riñones y el hígado (especialmente el cáncer).

Hoy en día existen tímidas acciones que parecen lograr victorias mínimas que, pese a todo, ofrece algo de esperanza para la población local. Por un lado la construcción de un dique en el mar del norte subió el nivel del mar 3 metros, reduciendo la salinidad y permitiendo la reintroducción de algunas especies de peces. Por otro lado se están plantando sauxales en el desierto que antes ocupaba el mar, estos son un tipo de árbol que reduce la aridez del terreno. Sin embargo aún queda mucho por hacer…

El mar de Aral es un caso extremo de la degradación de hábitats hasta su práctica destrucción. Un reflejo de las nefastas consecuencias que puede provocar una planificación centrada solo en la producción y miope para todo lo demás.

VICTOR ALEXEI GARCIA INOZEMTSEV

Deja una respuesta

Campos requeridos marcados con *.