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Preservación de espacios paisajísticamente singulares en las ciudades

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Lugo es una ciudad que se encuentra en la zona centro de Galicia, capital de la provincia del mismo nombre, con una población de cerca de 100000 habitantes.

Al igual que la mayoría de las ciudades españolas, hasta la llegada de la crisis económica en el año 2008, la burbuja inmobiliaria se traducía en la construcción de nuevas viviendas aprovechando todo el espacio existente en la ciudad y en los alrededores de la misma.

Durante esta época, para muchos, los estudios de impacto ambiental o paisajístico eran un mero trámite, que lo único que suponía era una pérdida de tiempo que retrasaría el inicio de la construcción, y en consecuencia el momento de comenzar a ganar dinero. Por este motivo, en multitud de casos estos estudios fueron obviados. Como resultado de lo anterior, hoy en día no es raro encontrar aberraciones urbanísticas en la mayoría de las ciudades de la península.

En el caso concreto de la ciudad de Lugo, un claro ejemplo son Las Torres de O Garañón, dos edificaciones de gran altura situadas en uno de los miradores del río Miño que tiene la ciudad de Lugo, haciendo que este perdiera las vistas al río.

O Garañón está en lo alto de una ladera. Al lado se encuentra el parque de Rosalía de Castro, el mayor parque de la ciudad, que se extiende por la misma ladera en la que se situaron estas edificaciones.

En el año 1991 se aprueba el Plan General de Ordenación Municipal de Lugo, en cuyo documento se le otorgaba edificabilidad a numerosas zonas de la ciudad de Lugo, y en concreto, la relativa a la zona de O Garañón.

En el 2005 se aprueba el Plan Especial de Reforma Interior (PERI), en el cual se concretaba la forma que tomarían los volúmenes de edificación que se construirían en esa parcela. El constructor planteó para estas parcelas una serie de torres, en lugar de otras opciones que serían menos agresivas visualmente, y que no entorpecerían la visión desde el mirador del parque. Estas opciones, que contaban con un menor impacto visual, resultaban menos interesantes desde el punto de vista económico. El gobierno local, aprobó los documentos relativos a las edificaciones. Además, en el convenio con el promotor, se le garantizaba que de no llegar a buen puerto la concesión de la licencia, este sería indemnizado.

A partir de esto, se comienza la construcción de las dos edificaciones de la parcela. En 2009, una asociación en defensa del Parque de Rosalía de Castro, que había llevado el asunto a los tribunales, consigue que el juzgado de Lugo anule el proyecto de urbanización.

Ilustración 1 – Vista de las torres. Fuente: Google Maps

Esta paralización es justificada por el juzgado argumentando que en la concesión de sus licencias se podrían haber cometido varios delitos, además de actuar en contra del interés general.

Durante los siguientes años prosiguen multitud de acontecimientos relativos a estos hechos: se dictan varias sentencias que paralizan e ilegalizan las construcciones actuales, proponiendo la demolición de las mismas, o bien la construcción de edificaciones que no impidan las vistas desde el parque.

La Dirección General de Patrimonio Cultural de la Xunta de Galicia se personó en la causa como parte afectada, poniendo de manifiesto que no se le había hecho ninguna consulta sobre estas construcciones.

En todo este proceso no se había elaborado ningún estudio de impacto paisajístico ni ambiental respecto a las edificaciones de la parcela.

Como se ha comentado, las numerosas sentencias que existen sobre este caso, han paralizado la construcción de los edificios y determinado la ilegalidad de los mismos. En consecuencia, estas deben ser demolidas o sustituidas por otras que si cumplan con los volúmenes edificatorios propuestos para la parcela (esas opciones que habían sido rechazadas en un primer momento).

Lo cierto es que desde el año 2009, los edificios siguen en su posición, rompiendo la armonía visual de la zona, ya que dado el tamaño de las mismas, no solo limitan las vistas desde el mirador del parque Rosalía de Castro, si no que desde las entradas a Lugo, se ve como destacan en lo alto una ladera en la que solamente hay árboles y zonas verdes.

Ilustración 2 – Vista en planta de la ubicación. Elaboración propia. Fuente: Google Maps

Todo apunta a que las torres serán demolidas, con cargo para el Concello de Lugo, una operación costosa que el gobierno municipal no quiere asumir. Pero el hecho de que se mantenga la catalogación del suelo como urbanizable (tal y como aparece en el Plan General de Ordenación Urbana de Lugo), hace que el malestar de numerosas asociaciones se mantenga, al considerar que pueda volverse, una vez derribados los edificios, a la misma situación con la construcción de otras viviendas que sí cumplan con lo establecido en el Plan. Por ese motivo se le ha propuesto al Concello la posibilidad de realizar una modificación puntual del Plan que cambie la catalogación del solar de suelo urbanizable a un espacio general de zonas verdes y ligarlo al parque que tiene al lado.

Afortunadamente, se trata de un problema que parece que tiene solución ya que tarde o temprano deberán ser eliminadas las construcciones. A la vista de lo expuesto, se puede afirmar que fallaron varias cosas. En primer lugar, cuando en 1991 se aprueba el antiguo plan general, la catalogación de este suelo como urbanizable debería haber sido abalada por un estudio de impacto ambiental, ya que al estar en una zona natural, era posible que no fuese el lugar más adecuado para la construcción de viviendas. Por desgracia, en esos años, primaba más el crecimiento de la ciudad que la preservación de espacios verdes. En segundo lugar, cuando se solicitaron las licencias, deberían haberse seleccionado las alternativas constructivas que fuesen más respetuosas con el paisaje de la zona y no las más atractivas económicamente. Otra vez más, los intereses particulares primaban sobre el paisaje de la zona.

Sergio González Rodríguez

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