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REHABILITACIÓN PARA LA INTEGRACIÓN AMBIENTAL DEL PUENTE ROMANO DE LUGO

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El puente romano de Lugo, más conocido en la localidad como “puente viejo”, es una construcción que data de la época romana cuyo fin es sobrepasar el Río Miño a su paso por la ciudad de Lugo.

Antiguamente, su finalidad era la conexión entre las ciudades romanas de Lucus Augusti, la actual ciudad de Lugo, y Brácara Augusta, actual ciudad de Braga. A lo largo de la historia, el puente ha sufrido numerosas restauraciones fruto de los avances en la tecnología del transporte por carretera, hasta el año 2012 donde se convirtió en parte del itinerario peatonal “Paseo del Puente Viejo”.

El puente romano es uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad de Lugo, debido a su interés cultural, sus vistas al entorno fluvial del Río Miño, y por ser parte de la Ruta Jacobea Primitiva.

La estructura se encuentra en la periferia de la ciudad de Lugo, concretamente en el barrio de San Lázaro. En sus alrededores se encuentran instalaciones de gran interés social, como el Club Fluvial de Lugo, el Palacio de Ferias y Congresos, o el Estadio Ángel Carro. Además, el mismo puente es parte del “Paseo del Puente Viejo”, el cual es un itinerario peatonal de más de 5km situado en el margen del Río Miño.

En cuanto a sus especificaciones técnicas, se trata de una estructura de sillería, compuesta por 7 vanos de 14 m de luz de media y uno menor de 6m, apoyados en bóvedas, y estas a su vez en pilares de sección cuadrada y pie romboide, evitando así desgaste por el paso de la corriente fluvial. Su longitud total es de 104m, su ancho es de 4.5m y la altura de la zona de paso respecto a la lámina de agua es de 6m.

Hasta la última rehabilitación la estructura se encontrada abierta al tráfico salvo a tráfico pesado, por lo que disponía de un firme de mezcla bituminosa formando una calzada de 4m de anchura total, existiendo dos sentidos y un carril para cada uno. Al disponer de dos carriles, el ancho de los mismos ocupaba prácticamente la totalidad del puente, de manera que para facilitar el paso peatonal se dispusieron pasarelas metálicas a cada lado de un metro de ancho.

Ahondando en mayor medida en su área circundante, el puente se encuentra en un área alejada del núcleo principal de la ciudad, donde las construcciones existentes están dedicadas principalmente a ocio y recreo. A pesar de encontrarse próximo al estadio del equipo local, el principal interés de la zona es paisajístico, debido a la existencia de diversas sendas y zonas verdes aprovechando la ribera del río Miño, además de ubicarse a menos de 300m el Club Fluvial de Lugo y el Balneario de Lugo.

Como se indica con anterioridad, la estructura a lo largo de las últimas décadas poseía en ambas márgenes pasarelas metálicas que impedían ver la parte superior del puente, junto a una calzada para tráfico rodado. Con esa configuración, la integración paisajística era muy baja, pues no resultaba armoniosa la mezcla de la naturaleza de la ribera del río con dicha estructura.

Gracias a la última modificación, la integración paisajística ha mejorado en gran medida, pues el puente luce como en su configuración original de sillería de piedra, siendo mucho más acorde y respetuosa con el entorno.

Bajo mi punto de vista, este tipo de actuaciones resultan beneficiosas en la gran mayoría de casos, pues la conciencia pública acerca de la integración medioambiental de las obras públicas es mucho mayor que décadas atrás.

Cuando sobre una estructura de este calibre se pretende realizar una modificación, bien por haber superado su vida útil  o bien por el avance de la tecnología, resulta imprescindible tener en cuenta el área circundante a la misma y el impacto visual y ambiental que va a tener sobre ella. De esta manera se obtendrán resultados mucho más satisfactorios socialmente y ecológicamente.

 

El principal inconveniente a la hora de realizar rehabilitaciones es el presupuesto, pues por lo general realizar una obra sostenible y de menor impacto ambiental conlleva  un mayor gasto, pero personalmente opino que a largo plazo merece la pena una mayor inversión si de esa manera las obras resultan más eficientes.

Para finalizar, centrándome en el ejemplo de Lugo, me parece que ha sido una medida correcta y necesaria, pues al tratarse de uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad, y ser parte del patrimonio cultural proveniente de la época romana, al menos habría que mantenerlo en un estado adecuado y con un uso responsable para una estructura tan longeva.

Benito Viña Vila

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