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LAS MANOS DE DIOS: EL EQUILIBRIO PERFECTO ENTRE INGENIERÍA Y NATURALEZA

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Cau Vang: El increíble puente de Vietnam sostenido por manos gigantes

Vietnam no deja de sorprender al mundo. En un lugar caracterizado por sus paisajes llamativos y su entorno paradisíaco, los ingenieros han ido un poco más allá: han construido una pasarela dorada de 150 metros de longitud sujetada por dos grandes manos de piedra abiertas hacia el cielo que emergen de un jardín sobre las colinas de Ba Na, en la región central del país asiático. El curioso puente, recubierto por un baño dorado, se encuentra suspendido a 1.400 metros de altitud sobre un bosque frondoso.

Cuatro meses después de su inauguración, la pasarela ha recibido una gran acogida por turistas y curiosos de todo el mundo, que ya la han recorrido en su escaso período de vida. Aunque su verdadero nombre es “Cau Vang” o “Golden Bridge”, los visitantes ya la han rebautizado como “Las manos de Dios”. Y es que caminar por el puente de oro a 1.400 metros sobre el nivel del mar ofrece una experiencia única al visitante, que le permite observar la inmensidad de las colinas forestales de Ba Na e incluso la cercana ciudad de Danang, situada a 1000 metros de altitud.

El magnífico puente, con su sorprendente estilo arquitectónico, fue construido a través de un proyecto que supuso al gobierno vietnamita un desembolso económico de 2 millones de dólares. La idea principal era meramente turística: el puente se edificó para atraer al mayor número de visitantes posible y convertir a la zona en un destino ineludible en su paso por el sudeste asiático. Y para sorpresa del arquitecto encargado del diseño, la escultura recibió mucha más atención de la esperada hasta convertirse en un fenómeno viral de alcance mundial.

A día de hoy, el puente ya recibe más de diez mil visitas diarias potenciadas por el teleférico construido paralelamente para facilitar la llegada de los turistas, considerado por el libro Guinness como el más largo del mundo y situado con una idea principal: emular otro puente sobre el abismo que evoca un largo cabello de hada ondulado por el viento.

El impulso turístico de la región era más que necesario. A principios del siglo XX era considerada como un lugar de vacaciones por las autoridades coloniales francesas que en ese momento dominaban el país y que edificaron en el lugar una estación de montaña, pero tras la revolución de 1945 quedó en el olvido y fue lo que facilitó la libre determinación del país asiático. El esfuerzo del gobierno por relanzar turísticamente la zona ha sido tal que a día de hoy constituye uno de los lugares más visitados del país. En el lugar se construyeron un pueblo francés medieval con un castillo y una catedral, un museo de cera con estaturas de personajes célebres… pero los turistas no tienen duda: su punto favorito es el puente de oro.

Lo más curioso es la perfecta armonía de la estructura y el paisaje de alrededor. Las enormes manos que parecen brotar de la montaña parecen antiguas, como si algún tipo de divinidad o civilización pasada las hubiera colocado ahí específicamente; o como si hubiesen emergido del mismo suelo boscoso. Parecen simples rocas cubiertas de musgo desgastadas tras siglos expuestas a los elementos, pero no es así. Las manos están hechas de cemento, acero y fibra de vidrio; mientras que el puente dorado es de acero inoxidable.

La pasarela es una obra de ingeniería moderna e innovadora, nunca vista en el mundo hasta el momento. La idea original de los diseñadores fue evocar la imagen de Dios arrancando una tira dorada de la Tierra, lo que significa que todo visitante que cruce la pasarela puede sentirse “sujeto por los dioses”. El tema paisajístico era el dios de la montaña, sin ser el dios de ninguna religión concreta.

Transmita esta sensación o no, es bien cierto que el realismo y la majestuosidad de las manos que sujetan la pasarela ha atraído a un gran número de turistas, que no pueden resistirse a capturar en sus cámaras fotográficas la grandiosidad de una obra colgada del abismo. “Es un lugar a mitad de camino entre la tierra y el cielo, cuando fui sentí euforia y también que estaba en un lugar sagrado. El cambio constante del clima, con lluvia, sol, viento, crea muchas emociones. Es un lugar para soñar”, asegura el fotógrafo vietnamita Dai Ngo.

Julen Diaz Martínez

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