PATRIMONIO, URBANISMO Y MEDIO AMBIENTE DEL AULA A LA RED

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Impactos ambientales en urbanización horizontal

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En este trabajo quiero centrarme en los daños medioambientales de la urbanización horizontal.

Cada vez más estudios señalan un clara relación entre  densidad humana y consumo energético: este aumenta a medida que la densidad humana disminuye.

Lo mismo sucede con  las emisiones de gas carbónico y otros contaminantes atmosféricos.  La artificialización de los suelos tiene un impacto directo sobre el medioambiente. Los revestimientos urbanos favorecen  una disminución de  la capacidad de los suelos para almacenar carbono y acelera la circulación de las aguas, pudiendo producir inundaciones por escorrentía pluvial.

Algunas zonas son igualmente susceptibles de verse expuestas a peligros naturales como inundaciones en los lechos de los ríos, contracción e hinchamiento de arcillas, pudiendo producir fisuras en las construcciones.

Esta artificialización  del suelo afecta la biodiversidad vegetal y animal, ya sea directamente, con la desaparición de especies y también indirectamente, por la fragmentación de sus biotopos. La discontinuidad de los ecosistemas, que impide la mezcla de poblaciones, empobrece la diversidad genética de las especies volviéndolas más vulnerables.

Se puede fácilmente deducir que los jardines de las casas individuales o adosadas se llenan de plantas exóticas según la moda del momento, como ha pasado con palmeras y olivos.

Por otro lado, la extensión de la construcción horizontal contribuye a la desaparición de zonas agrícolas. Recordemos que históricamente la ciudades se construyeron en las regiones más fértiles, irrigadas y de fácil explotación agrícola. Aunque dicha explotación se ha sustituido por otro tipo de vida, esta extensión produce un alejamiento de las zonas agrícolas con la consecuente degradación ecológica en zonas urbanas. Se drenan zonas húmedas, se modifican lechos de pequeñas corrientes de agua.

En países vecinos como Francia, el aumento del suelo urbanizable en la campiña creció de forma rápida e intensa en los últimos 20 años.

La expansión horizontal dio lugar a nuevos paisajes. Se ven grandes extensiones de casas individuales y toda una nueva gama arquitectónica, vegetal, vial, y  nuevos equipamientos estandarizados. Lo que lleva más a pensar en una transformación del estilo de vida en la periferia de la ciudad que en una lamentable perdida de carácter identitario o patrimonial.

En las ciudades de Estados Unidos y Canadá, vemos dos modelos totalmente opuestos de urbanismo. Por un lado el centro de las ciudades de diseño vertical y la periferia con grandes superficies de suelo urbanizado en horizontal.

Estas ciudades tienen excelentes medios de transporte y en Manhattan se recorren muchos kilómetros andando cada día.

Cada vez son más los arquitectos y urbanistas que defienden un modelo de ciudad de carácter intensivo : edificios de mucha altura en núcleos urbanos que producen un menos gasto energético.

Las afueras de estas ciudades son enormes en extensión de casas alineadas. No hay un núcleo urbano. Se edifican las zonas residenciales y por cada x número de habitante se construye la zona comercial y de ocio, las escuelas, centros sanitarios, culturales y  de culto religioso. Para todos los desplazamientos es necesario el coche. La baja densidad humana en las zonas urbanizadas hace muy difícil rentabilizar la explotación de una red de transporte público amplia. De echo, las familias periurbanas disponen de dos coches o más en función del número de personas que la componen.

Estudios señalan un aumento dos veces más alto del gasto en carburantes y la consecuente emisión de CO2 (y su efecto invernadero) en dichas zonas.

La urbanización horizontal también contribuye al aumento del calentamiento climático debido ala dificultad del aislamiento térmico en las construcciones individuales, así como a pérdida energética al estar más expuestas al medio exterior.

Tenemos dos tipos de expansión urbanística horizontal. Una procede del campo y otra de la periferia de las ciudades.

En los pueblos y sus cercanías podemos ver como crecen zonas urbanas alrededor de los pueblos y a los largo de las carreteras que los comunican. Son casas individuales o pequeñas urbanizaciones. En la periferia de las ciudades se van rellenando parcelas que durante años fueron agrícolas.

Esto modifica el paisaje de los pueblos y ciudades. Los modelos arquitectónicos se repiten hasta la banalización. Estos nuevos espacios se alejan cada vez más del centro urbano, creando una periurbanización idéntica, con rotondas, calzada calibrada y artificial, tratamiento vegetal y ornamental uniforme, grandes zonas de estacionamiento en zonas comerciales. Esto se reproduce según  la distribución espacial de una comunidad a otra. La multiplicación de infraestructuras y zonas residenciales contribuyen a esa continuidad paisajística.

La influencia de las características naturales, como vegetación, relieve, geología, hidrología, junto a la presencia de espacios agrícolas y sus múltiples combinaciones, asociadas a las formar y límites de urbanización, permiten configuraciones paisajísticas relativamente diversificadas dentro de los espacios monótonos.

Esta expansión horizontal también produce división social e incrementa el coste de infraestructuras necesarias para el desarrollo y el mantenimiento de las nuevas zonas urbanizables.

Elisa Pamplona Frey

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