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La doble cara del auge de los centros de datos en España

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Autor: Adrián Tam Vera – adrian.tam@alumnos.upm.es

Los centros de datos son instalaciones que concentran infraestructura informática (servidores, almacenamiento, redes, refrigeración) para alojar aplicaciones, procesar información y almacenar datos. Su presencia aporta beneficios: generan inversiones millonarias, crean empleo en TICs e ingeniería, aceleran la digitalización y refuerzan la competitividad del país.

Ante la saturación de los grandes polos europeos (FLAP-D) por limitaciones de suelo, energía y exigencias ambientales, se requieren nuevas ubicaciones para estas inversiones emergentes. Sin embargo, tras este auge tecnológico persiste una pregunta importante: ¿son estos centros únicamente motores de desarrollo digital o también suponen una carga ambiental insostenible? Este artículo explora la doble cara de esta oportunidad y el impacto sobre los recursos energéticos, hídricos y el uso del suelo.

Figura 1. Vista aérea de un centro de datos en operación. Fuente: Navex Consulting (Rubio, 2025).

Panorama conflictivo e impactos ambientales

Desde 2022, con la apertura de la región Cloud de Google en Madrid, España se ha consolidado como destino preferente gracias a su posición estratégica, infraestructura de fibra óptica y potencial en energías renovables. Sin embargo, las promesas “verdes” chocan con realidades territoriales: cuellos de botella en la red eléctrica, dificultades para garantizar suministro renovable continuo y presión sobre recursos hídricos y suelo industrial.

La demanda se concentra en pocos nudos (Madrid, Aragón y Valencia), donde más del 80% están saturados, comprometiendo la estabilidad local mientras los refuerzos tardan años en completarse. El problema central no es la falta de energía renovable, sino su intermitencia. Un 40% de la generación proviene de fuentes eólica y solar fotovoltaica, con picos entre las 11h y las 17h pero caída a cero durante la noche. En 2024, España registró más de 1100 horas con precios de energía cero o negativos debido a la escasa capacidad de almacenamiento (solo 3.36GW), demostrando que la red española carece del almacenamiento necesario para abastecer consumos continuos 24/7.

La demanda constante de agua para refrigeración resulta problemática en zonas con estrés hídrico estructural. El 74% del territorio español es susceptible de desertificación y la Agencia Medioambiental Europea cataloga a España con estrés hídrico alto, lo que convierte al país en especialmente vulnerable ante nuevos centros de datos. Amazon solicitó un incremento del 48% en la dotación de agua para sus tres centros en Aragón, una petición preocupante porque estos centros consumen agua de manera continua e inflexible, manteniendo demanda alta incluso durante periodos críticos de estiaje. La falta de transparencia agrava el problema, la Comisión Europea carece de datos sobre el consumo real de estas infraestructuras.

Los centros de datos requieren extensas superficies que compiten con otros usos del suelo. El precio del suelo industrial se ha multiplicado hasta por cinco en menos de una década, expulsando empresas de manufactura hacia zonas más alejadas. Este proceso resulta problemático porque, aunque los centros de datos generan empleo durante su construcción, en operación son instalaciones altamente automatizadas con demanda de personal muy reducida. En consecuencia, se consolida un uso del suelo menos inclusivo donde las actividades industriales que sí generan empleo local se ven obligadas a ubicarse lejos de los centros urbanos, con peores conexiones.

España está tramitando un real decreto que obligará a los centros con demanda superior a 500kW a reportar indicadores de consumo de energía y agua, una señal institucional de que el problema no está resuelto.

Figura 2. Mapa de la distribución de centros de datos en España. Fuente: elEconomista.es (Esteller & Lorenzo, 2024).

Propuesta de solución

Para abordar el problema es necesario un enfoque contextualizado. En el ámbito hídrico se deben implementar medidas que reduzcan la presión sobre fuentes convencionales en cuencas con estrés estructural: agua regenerada donde exista infraestructura disponible y tecnologías de refrigeración que minimicen el consumo. Las técnicas de refrigeración líquida pueden reducir entre un 31-52% el consumo de agua y disminuir la demanda energética en un 15-21%, mejorando la huella ambiental. Cualquier autorización debe basarse en una evaluación integral del estrés hídrico de la cuenca, no solo en la disponibilidad nacional de agua.

En materia energética, la medida preventiva principal es una mejor planificación que evite agravar la saturación de nudos críticos. Las administraciones deben establecer zonas preferentes donde la red tenga capacidad disponible comprobada, de modo que la autorización dependa de la capacidad real del nudo eléctrico para asumir carga continua sin comprometer su estabilidad. Para resolver el desajuste entre producción renovable intermitente y consumo continuo, un centro de datos sostenible debe invertir en almacenamiento energético: baterías BESS y baterías térmicas que almacenan calor en materiales reutilizables. También son necesarios mecanismos de respuesta a la demanda que flexibilicen el consumo, ajustándolo cuando el sistema lo requiera mediante gestión de actividades no críticas.

En cuanto al uso de suelo, todo proyecto debe ir acompañado de un informe de compatibilidad territorial que evalúe su impacto sobre el precio del suelo y el tejido productivo. Las comunidades autónomas deben identificar zonas específicas para infraestructuras de alto consumo, evitando competencia directa con suelo industrial. Los planes territoriales deben establecer una reserva mínima destinada a industria de manufactura y logística, garantizando que la presión inmobiliaria no desplace actividades que generan empleo. Se pueden aplicar tasas urbanísticas para internalizar el impacto territorial.

La gobernanza debe evolucionar para garantizar que el desarrollo de centros de datos sea un proceso participativo y transparente. La creación de procedimientos de consulta pública permitirá que la ciudadanía conozca el consumo esperado de agua, energía y suelo, así como los beneficios de la infraestructura.

En conclusión, los centros de datos representan una apuesta por la transformación digital, pero su implantación masiva en España no puede realizarse a costa de la estabilidad de sus recursos. El problema no radica en la falta de energía renovable o agua nacional, sino en dónde y cómo se consumen. La clave no es frenar el desarrollo tecnológico, sino lograr que este crecimiento sea compatible con el territorio. Se requieren instrumentos de planificación y mecanismos para internalizar los impactos ambientales. Sin transparencia ni participación temprana, la desconfianza crece. El debate no debería centrarse en si queremos centros de datos, sino en qué condiciones los aceptamos, con información verificable y compromisos medibles. El éxito del modelo se medirá según cada proyecto demuestre su viabilidad hídrica, energética y territorial.

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