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PUENTE DE LA JAYA Y SU ADAPTACIÓN AL ENTORNO.

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Juan Pablo García-Arias. Alumno ETSI Caminos. UPM.

“Foto 1. Puente de la Jaya. Vista aguas arriba. (Arrizabalga, E. (s.f.). )”

“Cerca de la Morjosa se presenta a nuestra vista modesto puente de piedra volado sobre el Cares; es Poncebos, que atravesamos sin vacilar porque tan grande se ofrece allí la Naturaleza que nos atrae como atrae el precipicio sin pensar en la efímera vida”.

(Pequeñas Jornadas, José Saro y Rojas).

Ubicado al Oeste del Principado de Asturias, este pequeño puente se sitúa sobre el río Cares a 262 M.S.N.M. y es el único que da acceso a Bulnes, del concejo de Cabrales; el último pueblo de la geografía española que carece de acceso rodado y, además, es, hasta hoy, la única conexión entre el macizo central y el occidental de los Picos de Europa, mediante la vía GR – 202, también conocida como “Ruta de la Reconquista”, que une, en un tramo de 109 k.m. de longitud, Covadonga, parroquia del concejo de Cangas de Onís (Principado de Asturias), con la localidad de Cosgaya, la cual se encuentra el término municipal de Camaleño, ya en la Comunidad Autónoma cántabra.

Siguiendo el curso del río Cares 15 k.m. más abajo, ya fuera del Parque Nacional de los Picos de Europa, está situado otro puente de características similares, el Puente de la Vidre, en la localidad de Trescares en el concejo asturiano de Peñamellera Alta. Éste se levantó en la Baja Edad Media sobre los restos de uno del Alto Imperio Romano que se vincula a la vía romana construida por Agripa remontando el cauce del Deva y el Cares. Cuenta con un solo arco que apoya sus pilares sobre macizos rocosos a ambas márgenes del río. La presencia de este segundo puente nos será muy útil en la datación del sujeto de estudio.

Por otra parte el puente de la Jaya no está fechado, ni tiene en ninguna de sus dos caras marcas, de cantero o de cualquier otra clase, que nos ayuden a ubicarlo temporalmente, siquiera sea de forma aproximada, en un primer intento de datación. Sin embargo, una primera aproximación lo fecharía, a más tardar, en la época visigoda, por cuanto existe la tradición popular de que sirvió de paso a D. Pelayo en el año 718 d.C. en la persecución del valí del tercio noroccidental de la península ibérica Otman ben Neza.

No obstante, habida cuenta de que no existe noticia de obra de ingeniería civil llevada a cabo en la época visigoda y de situarse en una orografía de escasa presencia hispano-visigoda, concluimos como hace, gracias a la colaboración de la profesora Dña. May Vila Beltrán de Heredia, licenciada en historia del arte por la Universidad Complutense de Madrid, que la construcción de este puente bien podría ser de época romana y posterior al año 19 a.C., como se puede apreciar en su base, si bien debió ser restaurado, reparado o finalizado durante la Edad Media, como indica el arco apuntado que protagoniza la construcción.

“Foto 2. Puente de la Jaya. Vista aguas abajo. (Autor desconocido. (24 de Diciembre de 2015). )”

            El puente está construido en piedra caliza extraída de las propias montañas que lo rodean, con un característico color grisáceo que lo hace mimetizarse a la perfección con el paisaje de su entorno, haciendo así que parezca salir de la propia roca de la margen izquierda del río, creyéndose una extensión de las cumbres más altas de los Picos de Europa, invitándonos a cruzar de macizo a macizo, a explorar hasta el último rincón, fuente o cueva del Parque Nacional. Entre las juntas de la construcción, la hiedra y distintos vegetales salvajes encuentran un pequeño lugar donde echar raíces, lo que ayuda a entender esta discreta obra como una extensión del marco geográfico en el que se erige.

            Los modestos caminos y la humildad de la vida en las poblaciones que se asientan en las inmediaciones del puente, nos hacen imaginar que la tan acertada elección de los materiales es debido a la cercanía y facilidad de encontrar los mismos en las proximidades. A causa de la naturaleza caliza del Parque, y de la erosión por karstificación y gelifracción tan característica del lugar, la extracción de materiales para la construcción del puente no debió de ser técnicamente complicada, y quizá por ello se pudo llevar a cabo la restauración, siglos más tarde del levantamiento inicial, ya durante la Edad Media.

            No solo la adaptación, si no la mimetización del puente de la Jaya con el medio es espectacular. Sólo el tiempo puede hacer que la vegetación dé vida al puente, sólo una orografía tan colosal es capaz de esconder esta obra en sus entrañas, sólo la magnificencia del Parque es capaz de dejar estampado en la retina tanta sincronía entre la ingeniería civil más modesta de nuestra historia y una naturaleza indómita que sobrecoge al observador.

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