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La ingeniería en las manos de las mujeres

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Por: Laura Serje Martínez 

Durante varias décadas, la poca presencia femenina en las aulas de clase de la carrera de ingeniería ha sido tan solo un reflejo de la desigualdad de género que se vive detrás de este campo académico. A lo largo de varios años, esta carrera era un privilegio que únicamente se podían dar los hombres. Es por esto que las mujeres decidieron cambiar la situación e iniciar una lucha titánica para reclamar su lugar en el campo de la ingeniería. 

Aunque los resultados de esta lucha han sido gratamente satisfactorios, aún queda mucho camino por recorrer. Según la UNESCO, actualmente solo uno de cada cuatro matriculados en una carrera universitaria de ingeniería es mujer. Esta cifra se traduce a una presencia del 31.4% de mujeres en dichas carreras. Estas estadísticas reflejan la inquietante situación que enmascara problemáticas sistematizadas en la sociedad, que tienen un origen desde mucho antes de que las mujeres inicien sus estudios universitarios. Según el estudio “Understanding persistent gender gaps in STEM” publicado en la revista Science, desde los seis años las niñas crean la concepción que los niños son más capaces que ellas. Esta idea se evidencia a la hora de elegir su carrera profesional. 

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Esta inquietante situación ha llevado a que las principales organizaciones mundiales tomen cartas en el asunto. Es por esto que, en el 2019, la UNESCO publicó el artículo “Descifrar el código: la educación de las niñas y las mujeres en la ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas.” En este documento se evidencian las grandes barreras sociales que deben atravesar las mujeres no solo a la hora de estudiar la carrera de ingeniería sino también a la hora de ejercerla. Las principales problemáticas se fundamentan en la discriminación de género, los sesgos, las normas sociales y las expectativas que impactan la calidad de la educación que reciben. Asimismo, se ha logrado demostrar el impacto que tienen el tipo de crianza y la manera en la que interactúan con sus padres, familia, amigos, profesores y con la comunidad, la cual permite que desarrollen su identidad, sus creencias y su conducta. A menudo, las niñas son criadas bajo el estereotipo de que las disciplinas STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics) son un campo masculino y que las aptitudes femeninas en estos temas son innatamente inferiores a las de los hombres. Esta idea genera graves impactos en la confianza, el interés y el deseo de las niñas en embarcarse a estudiar ingeniería. 

A esta alarmante realidad que se vive a nivel mundial se le deben sumar las condiciones socioeconómicas a las que se enfrentan las mujeres en sus territorios. Según la UNESCO, en países de ingresos medios a altos, las brechas de desventaja femenina están desapareciendo progresivamente. Sin embargo, en países en vía de desarrollo la situación sigue siendo crítica. Esto se debe a la calidad de la educación temprana que reciben las niñas, ya que se ha demostrado que los sistemas educacionales y las escuelas juegan un rol central en determinar el interés de las niñas en las materias STEM y en proporcionar igualdad de oportunidades para acceder a ellas. De igual manera, con el objetivo de empoderar a las niñas es primordial que desde temprana edad estén expuestas a entornos educativos con presencia de profesoras especialistas en las diciplinas STEM. Este contacto permite que las niñas desarrollen interés por estas asignaturas y quieran seguir sus estudios por esta rama ya que con vista futuro se ven reflejadas en sus maestras. 

Con el fin de motivar y empoderar a las niñas y a las adolescentes a estudiar ingeniería, es esencial visibilizar a los referentes femeninos en este campo. Tal es el caso de Carmen de Andrés, quien en 1973 se convirtió en la primera ingeniera de caminos graduada de la Universidad Politécnica de Madrid. Su excelente desempeño la llevó a trabajar en la Dirección General de Carreteras, especializándose en innovación, calidad y medio ambiente. Gracias a su perseverancia, en 1991 llegó a ser directora general de Política Tecnológica, en donde participó en la elaboración de la Ley de la Industria de 1992, la Ley de Residuos Tóxicos y Peligrosos y el Real Decreto legislativo sobre la Evaluación de Impacto Ambiental de 1986. A la historia de Carmen de Andrés se le suman miles de testimonios de mujeres que han luchado contra la corriente y han alcanzado alcanzar grandes logros, permitiendo que día a día la presencia de mujeres en las aulas de clase sea cada vez mayor. 

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En un momento en el que el planeta debe hacer frente a una situación decisiva para su sostenibilidad, la humidad no se puede permitir el lujo de excluir a la mitad de la población, desaprovechar el talento de miles de mujeres que son claves para la creación de soluciones que permitan encaminar el mundo hacia un mejor futuro. El planeta necesita el talento de todos sus habitantes sin importar su género, es hora de que la ingeniería también llegue a las manos de todas las mujeres. 


[1] Imagen 1. Fuente: Freepik, 2021. 

[2] Imagen 2. Fuente: Freepik, 2021

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