Algunas veces, una imagen consigue detenernos durante unos segundos. Nos obliga a mirar dos veces y a hacernos preguntas que normalmente pasan desapercibidas. Eso es precisamente lo que han logrado los escolares participantes en el Programa CORAL del Banco de Alimentos de Ceuta: transformar una hoja de papel en una invitación a reflexionar sobre el desperdicio alimentario, la solidaridad y la responsabilidad que todos compartimos.
A lo largo de esta nueva edición del Programa CORAL, el Banco de Alimentos de Ceuta ha apostado un año más por acercar los valores de la solidaridad, el compromiso social y el aprovechamiento responsable de los alimentos a niños, niñas y jóvenes de la ciudad. Un trabajo constante que ha permitido llegar este año a un total de 665 alumnos, gracias a la realización de 16 charlas y talleres de sensibilización desarrollados con la colaboración de voluntarios del Banco de Alimentos.
Por un lado, 480 estudiantes de Formación Profesional de Grado Medio participaron en sesiones centradas en la importancia del voluntariado y el papel fundamental que desempeñan las entidades sin ánimo de lucro en la construcción de una sociedad más justa y comprometida. Un espacio de encuentro y reflexión que permitió acercar a los jóvenes la realidad de quienes dedican parte de su tiempo a ayudar a los demás y a trabajar por el bienestar común.
Por otro lado, 185 alumnos y alumnas de Educación Primaria se sumaron a la iniciativa a través del Concurso de Dibujo del Programa CORAL, desarrollado bajo el lema “Contra el desperdicio alimentario; por una alimentación justa, saludable y sostenible”. A través de sus creaciones, los escolares plasmaron ideas, propuestas y mensajes que reflejan la importancia de aprovechar los alimentos y valorar los recursos de los que disponemos.
Detrás de cada actividad han estado las personas que hacen posible que estos mensajes solidarios lleguen a las aulas. Además de los docentes implicados, en esta edición, tres voluntarios del Banco de Alimentos de Ceuta han coordinado y participado activamente en el desarrollo de las acciones de sensibilización, compartiendo su experiencia y contribuyendo a acercar a los estudiantes una realidad que muchas veces permanece invisible.
La elección de los trabajos ganadores del concurso correspondió a un Jurado designado por la Junta Presidencial del Banco de Alimentos de Ceuta, integrado por Pedro Mariscal Rojas, presidente de la entidad y miembro del Comité Ejecutivo; Laura Mesa Domínguez, secretaria; María Molina García, administrativa; y Susana Narro Rubio, encargada del Departamento de Cultura.
Los trabajos seleccionados, que representaran al Banco de Alimentos de Ceuta en la Fase Nacional del concurso, destacaron por la capacidad de convertir una reflexión compleja en imágenes sencillas y directas. Isabel Gordillo Tizón, del CEIP Andrés Manjón, representó el contraste entre la abundancia y la necesidad a través de un rostro dividido que invita a mirar una realidad que a menudo pasa desapercibida.
Jade Abdel-Lah Benslaiman, del CC Santa María Micaela, utilizó la imagen del planeta dentro de una boca para recordar que el desperdicio alimentario afecta a todos y que nuestras decisiones tienen consecuencias globales.
Mónica Navarro Fajardo, del CEIP Vicente Aleixandre, apostó por un mensaje claro y contundente: tirar alimentos es desperdiciar recursos que podrían ayudar a quienes más los necesitan.
Y Mohamed Alí Tuhami, del CEE San Antonio, puso el foco en la colaboración y el compromiso colectivo, recordando que la lucha contra el hambre empieza cuando cada persona aporta su pequeña parte.
Más allá de los reconocimientos, esta iniciativa deja una huella que trasciende los premios. Cada taller impartido, cada conversación compartida y cada dibujo realizado representan una oportunidad para sembrar conciencia y fomentar valores que acompañarán a estos jóvenes en el futuro.
Queremos agradecer profundamente la implicación del Banco de Alimentos de Ceuta, de sus voluntarios y voluntarias, de los centros educativos participantes y de todo el alumnado que ha formado parte de esta edición. Su compromiso demuestra que la sensibilización es una herramienta poderosa para construir una sociedad más responsable, solidaria y consciente.
Porque cuando una comunidad se implica en educar sobre el valor de los alimentos y la importancia de ayudar a los demás, el aprendizaje va mucho más allá del aula y se convierte en una experiencia capaz de dejar huella.
Los niños dibujan lo que a veces los adultos olvidamos
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