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ADECUACIÓN DE LAS RIBERAS DEL RÍO GUADALQUIVIR A SU PASO POR CÓRDOBA

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Los ríos han sido, son y serán elementos esenciales en el origen y desarrollo de las ciudades, hecho que puede explicarse por la importancia del agua como recurso vital, y la actuación del curso fluvial como enlace comercial y cultural.

El río favorece, pero también condiciona el crecimiento y la forma que adoptan estas ciudades, y se convierte así en un elemento generador de paisaje urbano, algo que no siempre ha sido entendido o valorado. Asistimos a momentos a lo largo de su historia en que las mismas ciudades que antaño se sirvieran del río para desarrollarse y prosperar luego le dan la espalda, entendiéndolo como elemento meramente defensivo e incluso como barrera de separación entre las distintas partes de la urbe.

La ciudad de Córdoba, en Andalucía, al sur de España, puede ser un claro ejemplo de este hecho. Podemos distinguir, para cada época de su historia, una relación distinta entre el río y la ciudad: la Corduba prerromana, que es como se conoce al primer asentamiento que tuviera lugar en la Edad de Bronce, percibe el río como una mera fuente de recursos, mientras que, en la época romana, el Guadalquivir gana importancia como nexo comercial. En la época musulmana, la ciudad se vuelca al río. El Guadalquivir es un elemento de importancia económica insustituible, gracias al cual se permite el comercio con otras civilizaciones y sobre el que se desarrolla una importante industria representada por la multitud de molinos que florecen en sus orillas; sin embargo, se constituye también en este momento como una zona de ocio y de encuentro, desarrollando una importante labor de cohesión entre las distintas partes que conforman la ciudad. Esta es también la época en que Córdoba, convertida en la capital del Califato, alcanza su máximo esplendor. Con la expulsión de los árabes, y a lo largo de toda la Edad Media, el Guadalquivir se percibe como un elemento alejado de la sociedad y puramente defensivo. Pero el aislamiento definitivo del río no tiene lugar hasta los años 60 del siglo XX. Por un lado, las frecuentes avenidas y crecidas que sufre el Guadalquivir llevan a acometer la llamada “obra del murallón”, dos grandes muros en sendas riberas a modo de encauzamiento del mismo. Por otro lado, el crecimiento de la población y su extensión al sur, dando lugar a los barrios de Miraflores y Fray Albino, conllevaron la construcción de un nuevo puente, el puente de San Rafael, y la prolongación de la N-IV sobre el Paseo de la Ribera y la Ronda Isasa, convirtiendo la ribera en travesía. 

Hoy día, la ordenación del territorio y el urbanismo entienden la importancia de integrar los ríos en las ciudades. Dado que el aislamiento del Gualdaquivir que comentábamos anteriormente es un proceso que a grandes rasgos se ha repetido en muchas ciudades del territorio nacional e internacional, son muchos los ejemplos de proyectos de integración que se están llevando a cabo en la actualidad: Madrid-Río, la creación del parque del Turia en Valencia, y, en el año 2004, la adecuación de las riberas del Guadalquivir a su paso por Córdoba

Estos proyectos se llevan a cabo mediante la mejora de la calidad de las aguas, la eliminación de barreras entre río y ciudad y la restauración de los cauces, recuperación y rehabilitación de espacios naturales y de elementos del patrimonio histórico-cultural que pudiera existir en el mismo, creando con ello un espacio verde en el centro de la ciudad. El proyecto de adecuación de las riberas del río Guadalquivir en Córdoba consistió básicamente en sustituir los murallones por taludes de pendiente suave revestidos con especies herbáceas, arbustivas y arbóreas. Sobre estos taludes se crearon caminos, y se colocaron banquetas a media altura y al pie de talud para, a la vez que se favorece la retención de tierra, permitir la accesibilidad a esta nueva zona verde de la ciudad. El proyecto incluyó también la restauración del Puente Romano y de los molinos de sus orillas, y la creación de espacios de recreo junto a las riberas como son el Balcón del Guadalquivir, el parque de Miraflores o el Recinto Ferial del Arenal, este último sobre lo que antes había sido una escombrera.

Armonizar río y ciudad supone, como hemos comentado, la creación de espacios verdes que conllevan una reducción de impactos visuales y acústicos; sin embargo, también debe tenerse en cuenta que todos estos proyectos de integración están relacionados con proyectos de remodelación del transporte; en el caso particular de Córdoba, la adecuación de las riberas supuso la peatonalización del Paseo de la Ribera, la eliminación de aparcamientos y la circulación restringida a buses, taxis y residentes en la Ronda Isasa. Todo ello permite eliminar problemas de congestión de tráfico y reducir notablemente la contaminación atmosférica.

Por último, la realización de estos proyectos implica ganar un corredor ambiental que garantice la conexión entre áreas protegidas o de interés ambiental, evitando la fragmentación de la biodiversidad de la zona, y por tanto protegiéndola. Con la restauración ambiental de sus riberas el Guadalquivir se constituye en corredor ecológico, favoreciendo la vida y las funciones de las más de 120 especies de aves, la mayor parte de ellas protegidas, que habitan permanente o estacionalmente el Monumento Natural de los Sotos de la Albolafia, constituido por “islas” de limo y arcillas sedimentados durante siglos en el curso del río.  

A modo de conclusión, conseguir la inmersión de los ríos en el tejido urbano supone la puesta en valor de una zona de alta riqueza ecológica, ambiental, histórica y cultural; la disminución de los principales impactos negativos que lastran las ciudades en la actualidad, y la recuperación de un espacio de ocio y disfrute para los ciudadanos; objetivos todo ellos conseguidos en el proyecto de restauración ambiental de las riberas del río Guadalquivir a su paso por Córdoba.

LUCÍA TARIFA LARA

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