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El tiro al pichón

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Una práctica que ha provocado bastante polémica en los últimos años es el tiro al pichón. En España se suceden año tras año diversos campeonatos en todos los clubes de tiro al pichón. Este ‘’deporte’’ consiste en disponer un campo de tiro con una trampilla en su centro, desde la que las palomas o codornices son lanzadas al aire mediante un tubo disparador. El tirador dispara entonces su escopeta alcanzando al ave en pleno vuelo, sin que muchas veces haya dado tiempo a la paloma a desplegar sus alas.

TODAVÍA HOY

Llama la atención en una sociedad avanzada como la nuestra que todavía se permitan esta clase de prácticas (el tiro de pichón está prohibido en todos los países excepto en 7, entre los cuales está España). ¿El problema? Los distintos campeonatos autonómicos, nacionales o internacionales que se celebran no son en realidad una práctica deportiva, sino más bien podrían definirse como encuentros sociales. En ellos, numerosos empresarios y patrocinadores se dan cita entre comida y bebida, conociendo nuevos contactos y haciendo negocios. Así, vemos que es una actividad respaldada por gente poderosa.

Sin embargo, vamos a dejar a un lado las reprochables actuaciones intrínsecas a esta actividad y vamos a centrarnos en una mala práctica que se ha venido dando desde hace muchos años en un club situado en la provincia de Alicante.

SOCIEDAD TIRO DE PICHÓN DE ELCHE

Este club deportivo está situado en una zona industrial junto al núcleo urbano de la ciudad de Elche. Su ubicación llama la atención por tratarse de un club de tiro al aire libre, por encontrarse en plena área urbana con casas y fábricas a su alrededor. Sin embargo, lo más llamativo resulta la orientación de sus campos de tiro. Por su posición, el tirador no tiene más remedio que disparar al aire en dirección a una zona de casas y una nave industrial, sobrevolando el río. Ahora bien, ¿qué pasa con todas esas balas perdidas?

El río Vinalopó es, por su longitud, el río más importante de la provincia de Alicante. A su paso por las diversas poblaciones desde su nacimiento en la Sierra de Mariola y, pese a su pequeño caudal, el río acoge en su cauce numerosos ecosistemas fluviales de gran aprovechamiento tanto humano como animal, como los parques naturales de la Sierra de Mariola, el Hondo de Elche, el embalse de Elche o las Salinas de Santa Pola, en su desembocadura.

El problema es que muchas de esas balas perdidas acaban en el río. Los cartuchos de escopeta contienen perdigones que pueden ser de acero o de plomo. Cuando los perdigones de plomo caen al agua se van al fondo, mezclándose con la gravilla. El peligro del plomo para algunas aves, como los patos, se debe a que engullen los perdigones al confundirlos con los chinarrillos que las aves meten en la molleja para su digestión (gastrolitos) y como consecuencia se producen sales de plomo, que envenenan a la acuática. Además, el plomo intoxicará el agua del río, pudiendo llegar a afectar incluso a los peces y a las especies vegetales.

Por otro lado, podemos apreciar en la imagen la cercanía de las casas del otro margen del río, siendo la distancia menor de 150 metros. Teniendo en cuenta que la legislación vigente exige una distancia mínima de 200 metros y que los disparos con escopeta tienen un alcance de varios cientos de metros, es bastante obvio que muchos de los tiros errados van a parar a las casas y naves que se aprecian en las fotos.

¿Y LAS AUTORIDADES?

Vistos los problemas y la inminente peligrosidad (no sólo para la fauna, sino también para las personas) de la situación descrita, cabe pensar que las autoridades competentes deben haber tomado ya cartas en el asunto.

Sin embargo, la realidad es bien diferente. Este club deportivo lleva ejerciendo su actividad desde los años veinte del siglo pasado, y desde entonces, las autoridades han hecho la vista gorda. Esto se debe simplemente a que, como hemos visto, la actividad está ‘’patrocinada’’ por gente poderosa, y en ella se mueven grandes empresarios, contactos y negocios de gran envergadura. Así, nadie se ha atrevido a poner en duda la legalidad de esta actividad ni a cuestionar su práctica.

Por todo ello me gustaría invitar a hacer una reflexión: ¿Nos parece todo esto normal? ¿Vamos a seguir permitiendo estás prácticas? ¿A hacer la vista gorda? ¿O vamos a ser capaces de enfrentarlas y poner en valor el enorme patrimonio y riqueza medioambiental de los que disponemos?

Por Alejandro Ferrández Torres

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