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5. La variable social: La viabilidad y el aprendizaje social

Aunque la variable social no toma relieve hasta la década de los noventa, ya en los 70 los grandes expertos de la sociología rural comenzaron a darse cuenta de que muchos de los fracasos de los grandes proyectos de desarrollo habían sido debidos a la falta de información social. A mediados de los setenta apareció una inquietud por la integración de los aspectos sociales en los programas de desarrollo. En 1974 R.P. Mishra ya planteó que el desarrollo regional y local estaba compuesto por tres variables, económica, ambiental y social (Mishra et al., 1974). En la década de los 80 se publicó numerosa bibliografía relacionada con la antropología y el desarrollo de la sociología. A principios de los noventa, este criterio no es sólo respetado, sino que es considerado imprescindible en cualquier intervención en el desarrollo.

Durante la década de los 90, la comunidad internacional puso de manifiesto su preocupación por la situación de pobreza, conflicto y necesidades en que vive una gran parte de la población mundial. Los distintos organismos internacionales responsables de la cooperación internacional empezaron a trabajar nuevas formas de enfocar el desarrollo y la cooperación. De esta forma, surgió en el seno del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE lo que se denomina como la Estrategia de Asociación para el Desarrollo (EAD). Ésta define una serie de objetivos a cumplir por todos los países en relación al desarrollo, así como los métodos e instrumentos para alcanzarlos.

Paralelamente, se celebró durante los años 90 una serie de conferencias mundiales bajo los auspicios de Naciones Unidas, en las cuales participaron responsables de gobiernos de todo el mundo, así como expertos organismos internacionales y de instituciones no gubernamentales. Durante las conferencias, dedicadas a distintos temas, se llegó a un acuerdo sobre una serie de objetivos de desarrollo internacional que deberían ser alcanzados en el año 2015 (Proyecto Agenda 2015). Los objetivos se enmarcaron en cuatro grandes áreas: bienestar económico, desarrollo social, medio ambiente y participación democrática. La democratización, desarrollo participativo, junto con la protección de los derechos humanos fueron los objetivos marcados por la cumbre de desarrollo social (Cumbre Mundial para el Desarrollo Social, 1995).

Más tarde, en septiembre de 2000 en Nueva York, se celebró la llamada Cumbre del Milenio en la cual se pasó revista a los objetivos pendientes en materia de desarrollo. Durante la Cumbre, los Objetivos fueron revisados y reformados en algún caso, transformándose en los Objetivos del Milenio.

Importancia de la integración social para la viabilidad

La inquietud por la integración de los aspectos sociales en los proyectos de desarrollo surge en los años 70 cuando grandes expertos en sociología rural comienzan a darse cuenta de que muchos de los fracasos de los grandes proyectos de desarrollo han sido debidos a la falta de información social (Cernea, 1985).

A la gente no se la puede desarrollar, sólo puede desarrollarse por sí misma haciéndola participar en la toma de decisiones y en las actividades que afecten a su bienestar (Jansma et al., 1981). En el desarrollo, el proceso social es el producto más importante, donde cada hombre y cada pueblo tienen derecho a asumir plenamente su futuro, a definir sus estrategias de desarrollo conservando su cultura y sus valores, a la vez que descubre su identidad y especificidad.

Este tipo de desarrollo de los pueblos viene siendo potenciado por los organismos internacionales desde hace años. El desarrollo no es un estado definido por lo que la gente posee, es más bien una capacidad definida por lo que pueden hacer con lo que tienen, para mejorar su calidad de vida y la de otros (Akoff, 1982). Se considera así que la incorporación del conocimiento socio-antropológico dentro de los proyectos de desarrollo es la mejor forma de emplear este cuerpo de doctrina.

Se habla así de la integración social como un proceso que se refiere a los esfuerzos por desarrollar, en diferentes formas, métodos científicos de investigación en los cuales las personas que se espera que obtengan un beneficio de la investigación, desempeñan un papel preponderante. Se trata por tanto de un proceso en el que a una comunidad se sensibiliza y se organiza para que de forma voluntaria integre sus esfuerzos con un fin determinado y preestablecido como puede ser el desarrollo.

Este enfoque supone la inclusión de la participación y el aprendizaje. Un proceso de integración social debe tener como características: ser informativo, formativo, operativo y participativo. Esto implica la intervención cada vez más consciente, activa y autónoma de la población en dicho proceso (Espinoza, 1983) desembocando en un método científico de intervención de la realidad en el que se produce un aprendizaje del propio planificador y de todos los implicados en el proceso.

En relación con el proyecto de desarrollo, el éxito va a radicar en que la población esté bien estructurada, mantenga el diálogo, tenga relaciones, participe, colabore y desarrolle actividades en un marco armónico para alcanzar unos objetivos comunes (Trueba, 1988). Algunos autores se refieren al Proyecto Social como aquel que se concibe en función de los destinatarios del mismo (Muñiz, 1989).

El modo de aproximación requiere de un proceso de aprendizaje, lo cual permite una nueva dimensión a los aspectos sociales, que es el aprendizaje y reciclaje del propio planificador del Proyecto basado en los propios beneficiarios (Uphoff, 1995).

Los procesos de aprendizaje social a los que ya se ha hecho referencia deben ser la herramienta principal de todas las metodologías de integración y la piedra angular de las metodologías de participación (Cazorla et al., 1999).

En definitiva, y en palabras de Uphoff (1995)  se trata de un proceso que puede llegar a ser doloroso, en el los expertos deben aprender a escuchar más, a hablar menos y a mentalizarse de que pueden llegar a ser ellos el problema y la gente la solución.

En un grado creciente se está señalando la viabilidad como un criterio central en la planificación, ejecución y evaluación de programas de desarrollo (Trueba, 2001). Esta viabilidad está relacionada con el propio proceso de desarrollo o por decirlo de otra manera, los factores externos al programa, donde la variable social es la clave. Un estudio de las experiencias de evaluación de los países miembros de la OCDE llegó a la conclusión de que existen seis aspectos o factores de especial importancia para la viabilidad de un programa de desarrollo (OCDE, 1995; NORAD-UD, 1997):

  • Políticas de apoyo: Prioridades, compromisos específicos e iniciativas que apoyan las posibilidades de éxito del programa.
  • Aspectos institucionales: Capacidad institucional que contribuye a los objetivos del programa, en el grado esperado mediante, por ejemplo, personal estable, adecuadamente cualificado y motivado y el apoyo y la participación directos por parte de los beneficiarios.
  • Condiciones financieras y económicas: Financiación adecuada y disponible para cubrir el funcionamiento y mantenimiento con análisis de costes y de rentabilidad.
  • Factores tecnológicos: Elección y adaptación de tecnología apropiada a las condiciones existentes.
  • Factores socioculturales: Integración del programa en la comunidad local. Impacto del programa sobre distintos grupos y su acceso al uso de recursos.
  • Factores medioambientales y ecológicos: Explotación, gestión y desarrollo de la dotación de recursos de acuerdo con la capacidad del medio ambiente local.

En la planificación de cualquier intervención de desarrollo, un examen previo sistemático de estos factores deberá influir, como norma, en la manera de formular el programa. También es importante incluir los factores de desarrollo en los trabajos de S&E, para una adecuada valoración en su contexto de los resultados obtenidos.

Los factores metodológicos (FAO, 1971; Mills, 1980; Mc Granahan et al., 1979; Trueba et al., 1995), políticos (Lassey, 1977; Alier et al., 1999), estructurales (Cloke & Little, 1990), territoriales (Kublinski, 1977) y poblacionales (Branch et al., 1984; Muñiz, 1989) deben estar presentes en las metodologías de participación social (Cazorla et al., 1999) que se elaboren.

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Relación del ciclo del proyecto con una metodología de participación social. Fuente: Cazorla et al., 1999.

Una integración social de este tipo puede realizarse incluso en proyectos de desarrollo sumamente democráticos como es el caso de los proyectos de ordenación de explotaciones, en donde el proceso de formulación del proyecto cuenta desde su inicio con la población afectada. Sin embargo, la fase del diseño del nuevo emplazamiento de las explotaciones, se produce frecuentemente en ausencia directa de los afectados.

La figura II-30 esquematiza una metodología de integración social en la fase de diseño de los proyectos de ordenación de explotaciones, incorporando un proceso de Aprendizaje Social y diseñando de forma conjunta (equipo de formulación y personas afectadas) la nueva distribución de sus explotaciones (Cazorla et al., 1996).

Actuando mediante aproximaciones sucesivas con los agricultores afectados, de acuerdo con unos criterios de selección de personas, se intercalan tres procesos de integración social con sus correspondientes ajustes técnicos, hasta llegar al diseño final del proyecto. Las fases, que se muestran en el esquema adjunto, son las siguientes: clasificación previa de propietarios; primera aproximación con los agricultores profesionales; ajuste previo de las explotaciones del primer nivel; segunda aproximación social con los agricultores del segundo nivel; ajuste previo de las explotaciones del segundo nivel; diseño final del proyecto de ordenación por explotaciones.

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Integración social en el diseño de un proyecto de ordenación de explotaciones. Fuente: Cazorla et al., 1996.