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Mejora de los caminos de obra

El agua aportada por las lluvias, junto con el tráfico de vehículos pesados, da origen a la formación de roderas en los caminos de obra. La acumulación de agua en las mismas propicia un rápido deterioro, profundizándose las citadas roderas, todo lo cual interfiere con el desarrollo de los trabajos, reduciendo el ritmo de las mismas.

La solución a este problema, por tanto, podría tener un doble enfoque:
• Reducir el grado de saturación (o intentar que este se reduzca lo más rápidamente posible una vez que hayan cesado las precipitaciones)
• Disponer una sección de firme con la mayor capacidad de soporte posible.

La realización de cunetas, la pendiente transversal en la calzada del camino, etc., son medidas que pueden ayudar a dar una mayor durabilidad.

En cuanto a la posibilidad de ejecutar un cierto pavimento de mayor capacidad de soporte puede tener un doble enfoque:
• Colocación de una capa de zahorra (o todo uno, o rechazo de cantera).
• Estabilización (con cemento o cal).
a) Colocación de zahorra
El material deberá proceder de machaqueo, con el fin de disponer de un rozamiento entre los fragmentos gruesos. No es imprescindible, dada la finalidad perseguida, que el material se ajuste a un huso predeterminado. Conviene, en cualquier caso, que la fracción fina sea pequeña, para evitar que los gruesos queden “flotando” dentro de una matriz de material fino.
El espesor de la capa probablemente, por razones constructivas, no pueda ser inferior a 25 cm. Tampoco conviene que tenga un espesor menor para asegurar que exista una cierta eficacia, sino más bien todo lo contrario.
El material puede ser calizo o silíceo (granítico). El material calizo presentará una cierta cementación (lo que resulta favorable) pero se producirá una cierta trituración debida al tráfico (lo que resulta contraproducente). Una zahorra de naturaleza granítica tendrá una mayor durabilidad (evitando emplear material procedente de la capa superficial más alterada).
El material debe ser debidamente compactado para garantizar el buen comportamiento del refuerzo.
Para mejorar el comportamiento de esa capa de zahorra, se podría colocar bajo la misma un geotextil, que cumplirá una doble función:
• Evitar que refluyan los finos y hagan disminuir el rozamiento entre los fragmentos de la zahorra.
• Aportar una cierta resistencia a tracción en sentido horizontal, que reduzca las deformaciones al aplicar las cargas.
Por tanto, conviene que el gramaje del geotextil sea lo mayor posible. El mínimo podría establecerse en 150-200gr/m2.
Por otra parte, en los puntos bajos de los caminos (donde se acumula un mayor espesor de material removido) debería aportarse una primera capa de zahorra, para regularizar la rasante, colocando el geotextil por encima y, posteriormente, disponiendo el “pavimento” de zahorra.

b) Estabilización
Consistiría en la ejecución de suelo-cemento “in situ”. El proceso operatorio podría ser el siguiente:
• Eliminación (con motoniveladora) del material fangoso, o removido, superficial (sobre todo, si esta muy saturado, con gran exceso de humedad).
• Escarificación (con el ripper, por ejemplo) de un espesor mínimo de unos 25 cm.
• Aportación de cemento, con una dosificación del orden del 3%-4% (unos 60-80 kg/m3, es decir, unos 15-20 kg/m2).
• Mezcla (con rotavator o con grada de discos) y compactación.
Los inconvenientes de esta actuación son:
• Debe evitarse la circulación por encima del material estabilizado durante varios días (4-7días).
• Las bajas temperaturas invernales pueden afectar al fraguado del suelo-cemento.
• La mayor rigidez del suelo-cemento puede producir la fragmentación de la capa estabilizada como consecuencia de la carga producida por los vehículos.
La principal ventaja de este tratamiento sería su menor coste en comparación con la zahorra + geotextil.


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