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11. El conocimiento y la acción

De los conceptos anteriores sobre desarrollo se desprenden numerosas preguntas sobre cómo actuar y los proyectos a impulsar; la forma en que tratan de responderse esas preguntas han dado origen a diferentes formas de poner en marcha los Proyectos de Desarrollo Rural. Por ello antes de analizar el proceso de planificación en sus diferentes etapas (plan-programa-proyecto) se ve conveniente referirnos a algunos elementos clave del proceso de planificación de los Proyectos de Desarrollo Rural: el conocimiento y la acción.

La definición de la planificación como la forma de conectar el conocimiento científico y técnico con las acciones en el ámbito público (Friedmann, 1986), es desde el punto de vista del concursante, una de la más apropiadas cuando nos referimos a los proyectos de desarrollo rural. En esta definición destacan dos elementos clave del proceso de planificación de los proyectos: conocimiento y acción.

La respuesta de las preguntas ¿qué conocimiento? ¿Qué acción? y ¿cuál es el vínculo y cómo se vinculan?, pueden arrojar algunas luces sobre la quiebra del mundo moderno, la ruptura del modelo de planificación científica y la nueva planificación que se vislumbra en la postmodernidad. (Cazorla et al., 1996). Considero, de la misma forma que el profesor Cazorla, que la respuesta a estas preguntas tiene mucho que ver con los modelos de planificación que se adopten y su concreción en Proyectos de Desarrollo Rural Integrado.

El conocimiento

La visión de que el conocimiento científico podría aplicarse a su perfeccionamiento práctico apareció por primera vez a finales del siglo XVIII. Fue Bentham quien publicó en 1789, en pleno arranque de la Revolución Francesa, un trabajo donde se mostraba convencido de cualquier idea valiosa tenía que ser práctica, midiendo con rigor matemático, cuales eran las consecuencias de una acción, y que convirtió en la base para juzgar sobre lo ético de las acciones, y por tanto también sobre su evaluación y elección (Cazorla, 1997). Con frecuencia se ha considerado prioritario el conocimiento científico frente al conseguido por la experiencia práctica. Esta acepción racional del conocimiento, todavía arraigada en algunos contextos, debe ser matizada cuando nos referimos a los proyectos de desarrollo rural.

El conocimiento, cuando se aplica al hombre, requiere una gran dosis de aprendizaje, puesto que entran a formar parte de él ciertas características inherentes a la condición humana de difícil clasificación racional (Cazorla et al., 1996). Extraer conocimiento de los grupos humanos se basa en ciencias no matemáticas y, por tanto, no exactas. Aplicar un conocimiento sólo científico o sólo técnico a las sociedades, parece, cuando menos, una visión reduccionista de la condición humana (Friedmann, 1993).

La figura II-34 muestra, según Friedmann (1986), las dos formas de conocimiento que intervienen en una de las tradiciones de planificación de mayor calado social, el aprendizaje social. Su supuesto central es que todo aprendizaje efectivo proviene de la experiencia de cambio de la realidad: la población afectada por los proyectos participa activamente en la planificación, de forma que se valida el conocimiento experimentado y proporciona un aprendizaje mutuo entre el experto de la planificación y la población afectada (Cazorla & Friedmann, 1995).

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Practica del Aprendizaje Social. Fuente: Friedmann, 1986.

Esta importancia del conocimiento experimentado frente al conocimiento científico la pusieron de manifiesto Eistein y Scala: “la fuente del conocimiento consiste en la observación y en la experiencia; la experiencia es conocimiento, lo demás es información”.

La acción

La acción ha sido a menudo utilizada para designar una actuación orientada a los objetivos, un significado que pone el acento en su presunta racionalidad (Cazorla, 1997). Sin embargo, el concepto de acción que considero más apropiado, de cara a su vinculación con el proyecto, es el proporcionado bajo la idea de que acción significa poner algo nuevo en el mundo independientemente de la consecución de los fines.

Como se ha visto en esta memoria un proyecto se puede entender como una operación en la cual los recursos están organizados de una forma original para realizar un único conjunto de trabajos, según especificaciones y restricciones en costes y plazos, de modo que se alcancen cambios beneficiosos (IPMA, 2009).

Esta idea puede llevarse también al ámbito de la planificación; de forma que con el plan establecemos el marco de referencia para realizar cosas nuevas —proyectos— que mejoren la realidad. La cuestión es cómo realizamos o diseñamos las acciones y los proyectos para que realmente mejoren la realidad.

El profesor Cazorla (1997) señala que precisamente en el concepto de acción está una de las claves de la quiebra del modelo de planificación euclidiano o racional. Las expectativas modernas apuntaban hacia el logro de una felicidad asegurada para todos por la aplicación de una rigurosa racionalidad (conocimiento) que pondría al mundo en manos del hombre (acción), convertido así en señor de sus propios destinos. El profundo y difundido malestar que se registra responde a las enormes diferencias existentes entre las expectativas y los logros (Llano, 1988).