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Innovación y Compromiso Social: la Cátedra Bancos de Alimentos UPM-FESBAL, presenta avances de sus proyectos en el 29º Congreso Internacional de Dirección e Ingeniería de Proyectos

La lucha contra el desperdicio alimentario y la promoción de un sistema alimentario más justo y sostenible requieren, hoy más que nunca, de una aproximación multidisciplinar, innovadora y rigurosamente científica. Es en este contexto donde la alianza entre el mundo académico y el tercer sector se revela como una herramienta de transformación poderosa. Un ejemplo paradigmático de esta sinergia es el trabajo desarrollado por la Cátedra Bancos de Alimentos UPMFESBAL, cuyo impacto y avances fueron presentados en el prestigioso 29º Congreso Internacional de Dirección e Ingeniería de Proyectos (CIDIP), celebrado en Ferrol los pasados 16 y 17 de julio de 2025.

La participación de la Cátedra se materializó en dos comunicaciones científicas que abordan, desde perspectivas complementarias, el corazón de la misión de los Bancos de Alimentos: la gestión eficiente de recursos para maximizar el beneficio social y ambiental. Estas ponencias no solo subrayan el papel de la ingeniería y la gestión de proyectos en la acción social, sino que también trazan el camino a seguir para las organizaciones del sector.

La primera comunicación sobre “Métricas ambientales de productos alimentarios: aplicación en el contexto de los Bancos de Alimentos” aborda una cuestión fundamental: ¿Cómo podemos cuantificar el verdadero impacto ambiental positivo de la labor de un Banco de Alimentos? Hasta ahora, la métrica por excelencia ha sido el peso de los alimentos recuperados (toneladas o kilos), un indicador crucial pero que no captura la dimensión ecológica completa del acto de evitar el desperdicio.

La investigación presentada propone ir un paso más allá, aplicando la metodología de Análisis de Ciclo de Vida (ACV) a los productos gestionados por los Bancos para conocer la huella de carbono que generan. El ACV es una herramienta científica que permite evaluar las cargas ambientales asociadas a un producto, proceso o servicio a lo largo de toda su vida, desde la extracción de las materias primas hasta su gestión como residuo (enfoque “de la cuna a la tumba”).

La aplicación de esta metodología en el contexto de los Bancos de Alimentos es revolucionaria. Implica calcular, por ejemplo, la huella de carbono que se “ahorra” al recuperar un kilogramo de manzanas que, de otro modo, hubiera sido desechado. Este ahorro no es solo el de evitar que se pudra en un vertedero (generando metano), sino que incluye todos los recursos invertidos en producirlas, envasarlas y transportarlas hasta el punto de distribución. Al rescatar ese alimento, se evita que toda esa inversión ambiental previa haya sido en vano.

Los beneficios de implementar estas métricas son enormes: Comunicación Transparente: Permite compartir su impacto no solo en kilos, sino en kg de CO2 equivalente no emitidos, un lenguaje cada vez más valorado por empresas donantes concienciadas con su huella ambiental; Priorización Estratégica: Facilita la toma de decisiones. ¿Es más beneficioso ambientalmente recuperar un producto de origen animal muy intensivo en recursos o uno de origen local? Las métricas ACV pueden ofrecer una respuesta basada en datos; y Valoración Económica: Abre la puerta a valorar el impacto ambiental en términos económicos, lo que puede ser clave para acceder a financiación verde o a fondos de responsabilidad social corporativa ligados a objetivos de desarrollo sostenible (ODS).

Esta comunicación sienta las bases para que los Bancos de Alimentos no solo sean percibidos como actores de caridad, sino como agentes claves en la economía circular y en la mitigación del cambio climático.

Si la primera comunicación se centraba en el “qué” (los alimentos), la segunda se centra en el “quién” y el “cómo”, titulada “Proyectos de Aprendizaje-Servicio para el desarrollo sostenible y el desperdicio alimentario desde los Principios (CSA-IRA)”. Explora una metodología pedagógica potentísima: el Aprendizaje-Servicio (ApS), aplicado específicamente a la lucha contra el desperdicio alimentario desde los Principios de inversión responsables en la agricultura y sistemas alimentarios (CSA-IRA).

El Aprendizaje-Servicio es una propuesta educativa que combina los procesos de aprendizaje (adquisición de conocimientos, competencias y valores) con la realización de un servicio a la comunidad. Los estudiantes no aprenden solo para aplicar en un futuro, sino que aprenden aplicando aquí y ahora, resolviendo problemas reales.

La comunicación presentada detalla cómo, desde la Cátedra se diseñan y ejecutan proyectos ApS donde estudiantes de ingeniería, arquitectura o ADE abordan desafíos reales planteados por los Bancos de Alimentos. Estos proyectos se guían por los principios CSA-IRA, lo que asegura que las soluciones propuestas sean: Técnicamente viables (desde el diseño de una nueva logística de almacén hasta una app para la gestión de voluntarios); Socialmente justas (involucrando a los beneficiarios en el diseño y asegurando la equidad) y Ambientalmente responsables (promoviendo la circularidad y minimizando nuevos impactos).

De igual manera, el resultado es un triple beneficio: Para el estudiante: Adquiere competencias técnicas y transversales (trabajo en equipo, gestión de proyectos, responsabilidad social) en un contexto real, enormemente motivador y con un impacto tangible; Para la universidad: Cumple con su tercera misión de transferencia de conocimiento a la sociedad y fortalece su compromiso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS); y Para el Banco de Alimentos: Accede a talento joven, innovador y especializado que le ayuda a resolver retos concretos, mejorando su eficiencia y su impacto sin una inversión económica directa. Se crea un ecosistema de innovación abierta donde la universidad es un aliado estratégico.

Las dos comunicaciones presentadas son dos caras de la misma moneda: la modernización y profesionalización del tercer sector a través de la ingeniería y la innovación educativa.

Por un lado, las métricas ambientales nos dotan de un lenguaje riguroso para medir y valorar nuestro impacto ecológico, alineándonos con las exigencias de la transición verde. Por otro, los proyectos de Aprendizaje-Servicio nos proveen de un mecanismo brillante para generar soluciones innovadoras, formando a la vez a una nueva generación de profesionales social y ambientalmente comprometidos.

Juntos, estos enfoques refuerzan la idea de que la lucha contra el desperdicio alimentario no es solo un imperativo moral, sino un campo de acción complejo que demanda las mejores herramientas de la ingeniería, la gestión y la educación. La Cátedra a través de su labor de investigación y transferencia, se consolida como un faro en este camino, demostrando que la colaboración entre la universidad y el tercer sector es, sin duda, una de las inversiones de mayor retorno para nuestro futuro común.