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¿Cómo funciona el proceso?

El Design Thinking tiene 5 etapas a las que se puede volver de forma iterativa y por las que siempre ha de pasarse al menos una vez. Estas etapas, a su vez se clasifican en pensamiento divergente y convergente. En las partes divergentes (empatizar e idear) se busca pensar e imaginar sin límites, prima la cantidad sobre la calidad. No debe temerse a generar ideas descabelladas o absurdas, pues favorece a que otros se animen y aporten más ideas a partir de ellas; se genera dinamismo y conversaciones. Por otro lado, en las etapas convergentes (definir y prototipar) se irán seleccionando aquellas opciones que nos encaminen hacia la solución final.

El proceso comienza en la fase de empatía, hablando con los usuarios para adquirir conocimientos básicos sobre sus necesidades y el problema o situación en general. A partir de esta información, se define el reto sobre el que se va a trabajar. En la fase de ideación se van a generar todas las ideas posibles en torno al problema planteado y se seleccionan las que cumplen mejor con los requisitos para prototiparlas. Al materializar las ideas permitimos que el usuario pruebe, explore y se inspire para emitir una opinión de la que obtener nuevas ideas, posibles mejoras y aspectos negativos del producto o servicio.

El modelo presentado es cíclico e iterativo, lo que significa que dependiendo del feedback del usuario, se decide a qué punto del circuito debe volverse para acercarse cada vez más a la solución final. Como se mencionó anteriormente, el proceso ha de pasar por todas las fases en al menos una ocasión, no obstante, los diseñadores pueden sentirse libres de volver a una de ellas si consideran que es importante hacerlo. Siempre y cuando se tengan en cuenta los límites del proyecto: alcance técnico, presupuesto y tiempo.

En la propuesta de aplicación a ingeniería se presenta el siguiente modelo iterativo: