La lección del revés

ANA CAMARERO, (7 MAR 2021 – 10:02 CET). La lección del revés. ESPECIAL COLEGIOS. Recuperado de https://elpais.com/elpais/2021/03/01/actualidad/1614593981_989804.amp.html

Crece la tendencia que invita al alumno a estudiar más en casa y dejar ciertas clases para ejercicios, dudas y una orientación más individualizada.

Esta es la historia de una metodología educativa que surge a principios de este siglo, coincidiendo con el desarrollo de las nuevas tecnologías y fruto de las necesidades del alumnado de un instituto de Woodland Park (Colorado), en EE UU.

En 2006, los docentes Jonathan Bergmann y Aaron Sams se hicieron cargo del departamento de Química de esa escuela, en una zona prácticamente rural.

Una población dispersa que llevaba a que los alumnos pasasen gran parte de su tiempo viajando en autobús y no asistieran a algunas de sus clases.

La lectura de Sams de un artículo en una revista de tecnología le enseñó la posibilidad de grabar una presentación de las unidades en PowerPoint, incluyendo voz y notas, y convertirla en un archivo de vídeo para su distribución online.

Este hallazgo evitaría que el alumnado perdiera clases y, por tanto, las enseñanzas impartidas.

El nuevo método de trabajo permitía pasar de una clase tradicional, en el que el profesor de manera presencial explica la lección correspondiente y el alumnado trabaja en el aula los conceptos, pregunta y aclara sus posibles dudas y realiza los deberes o trabajos relacionados con esa unidad, a un nuevo modelo de enseñanza que revertía el concepto y acuñaba uno nuevo, “clase al revés” o flipped classroom.

Raúl Santiago Campión, profesor titular de la Universidad de La Rioja, departamento de Ciencias de la Educación, señala que el flipped classroom se considera una innovación educativa en la medida en que utiliza la tecnología, pero apunta que ya “en el siglo pasado se hablaba del estudio previo a las clases; es decir, cualquier actividad que el estudiante lleva a cabo para realizar una actividad más práctica antes de ir al espacio de clase, al espacio grupal con el docente y los compañeros y compañeras”.

Esa forma de trabajar, por parte del estudiante, permite, según este experto, que “si accedes previamente a un tipo de contenido, tendrá más tiempo y más probabilidades de plantear dudas, de poder realizar proyectos, de realizar una práctica porque conoce algo que le va a permitir avanzar en el aula”.

La utilización de la tecnología dentro del concepto de flipped classroom supone un salto cualitativo en el aprendizaje por parte de los alumnos, ya que, según apunta Raúl Santiago Campión, “la tecnología nos permite optimizar muchas de las cosas que se hacen habitualmente como, por ejemplo, la evaluación del conocimiento del alumno antes de llegar a clase mediante el visionado del vídeo.

También la analítica de datos, fomentar los procesos de colaboración, la monitorización a través de porfolios digitales y la evaluación a través de rúbricas digitales. Todos esos son procesos que mejoran el aprendizaje al revés”.

En este sentido, el papel del docente cambia radicalmente, “porque no se dedica solo a explicar cosas en el aula de una forma expositiva, poco activa. Sino que lo que hace es crear material, buscar y dinamizar el proceso de aprendizaje.

También, poder realizar un seguimiento más personal de cada alumno. Es un papel muchísimo más creativo y, por supuesto, mucho más dinámico”, agrega este experto en Educación.

Ese dinamismo hace de la utilización de la clase al revés una metodología activa, sostiene Ángel Fidalgo Blanco, director del Laboratorio de Innovación en Tecnologías de la Información (LITI) y presidente del Comité Organizador del congreso CINAIC.

Los dos motivos que en su opinión lo favorecen son:

  • Por una parte, su origen. Esta metodología nace para que el alumnado estuviese más activo y participativo durante las clases presenciales y para ello saca fuera de las aulas los métodos en los cuales el alumnado está pasivo como, por ejemplo, las clases magistrales.
  • Y por otra, la propia dinámica del método, pues este se basa en que el alumno se enfrente a situaciones donde tiene que reflexionar, aplicar, crear conocimiento, cooperar… y todos estos procesos son propios de las metodologías activas”.

Y en esa labor dinámica, que asume el estudiante, la utilización de las TIC juegan un papel fundamental, puesto que, según explica el presidente del Comité Organizador CINAIC, “facilitan tanto la labor del profesorado como del alumnado” y aunque es cierto que esta metodología se podría aplicar sin TIC, “quedaría muy limitada y se requeriría un gran esfuerzo para llevarla a cabo”.

Las herramientas utilizadas son muy variadas y más que un nombre u otro lo que se mira es la funcionalidad.

Ángel Fidalgo Blanco indica que son tres los tipos de herramientas más utilizadas:

“Para que el alumnado adquiera un concepto fuera del aula, los vídeos realizados por el propio profesorado; para que el alumnado envíe y comparta actividades, las redes sociales, sistemas de almacenamiento online y las propias plataformas educativas; y para que el alumnado aporte opiniones, cuestionarios y sistemas de consulta rápida”.

El principal reto con el que se enfrenta el flipped classroom es, según el director del Laboratorio de Innovación en Tecnologías de la Información, “el hábito de nuestro profesorado y alumnado.

Tenemos adquiridos unos hábitos que son muy difíciles de romper, estamos muy acostumbrados a realizar los procesos formativos de una determinada manera.

Romper esta barrera es el principal problema. Esta ruptura se hace de forma progresiva. Lo habitual es que en las primeras sesiones no participe todo el alumnado en la lección en casa.

Sin embargo, cuando este comprueba que el método es divertido, sencillo y productivo se suele ir incorporando a las actividades que se llevan a cabo en la lección en casa”.

Uno de los centros educativos que aplica esta metodología en sus aulas es el Colegio Trilema El Pilar de Madrid. Esteve López, profesor de música de Secundaria, subraya que la utilización del flipped classroom en el aula “ha favorecido, en ocasiones, una idea bastante reduccionista de este método basada en que la clase inversa era únicamente realizar vídeos superchulos, en plan youtubers. Y no, el vídeo es lo menos importante.

Lo verdaderamente interesante de la aplicación de este concepto en el aula es de qué manera facilita al docente un feedback de su alumnado. Simplemente con el uso de Google Docs, que le ayude a trabajar en diferentes niveles en el aula, a centrarse en aquellos estudiantes que necesitan más apoyo, etcétera”.

Se puede decir que la “clase al revés” favorece un aprendizaje más personalizado del alumnado. Esto sucede, en opinión de este profesor de música, “porque hay más espacio para interactuar con los alumnos, lo que permite saber en dónde está cada alumno en su proceso de aprendizaje”. Y sostiene que “en este modelo de secuencia de aprendizaje de la clase invertida, ganan todos.”

Yoneili Alejandra Peiró Jiménez, estudiante de 3º de ESO, estudiante del Colegio Trilema el Pilar de Madrid, valora positivamente la utilización de este método en el aula, “porque nos ayuda a superar las clases avanzando cada uno a su ritmo, con más o menos ayuda del profesor.

Además, hay mecanismos como los vídeos interactivos, que nos ayudan bastante, puesto que podemos visionar el vídeo tantas veces como necesitemos para entenderlo mejor”.

Una innovación educativa que mejora, según esta estudiante, también su motivación, “porque al estar divididos por grupos sientes que estás donde tienes que estar y que si necesitas ayuda vas a estar más cerca del profesor al estar con un número reducido de personas”.

A la pregunta de si la aplicación de esta metodología en el aula supone la necesidad de reformular el papel del profesor, Raúl Santiago Campión opina que “hace años el conocimiento del aprendizaje residía en la mente del docente, en sus conocimientos y en los libros.

Actualmente, con el uso de las nuevas tecnologías, el alumno ya tiene a su disposición información que antes le facilitaba el profesor, y mucho más atractiva.

Por tanto, el papel de profesor como transmisor del conocimiento queda en segundo plano, así que debe convertirse en dinamizador, ayudando a los estudiantes a desarrollar su espíritu crítico a la hora de acceder al contenido, a colaborar de una forma mejor, autorregular su aprendizaje, a favorecer su motivación, a crear contenidos, si es posible.

Es decir, poner en práctica un conjunto de tareas que van mucho más allá de la exposición, de la instrucción directa en el aula”.