De las nuevas formas de impartir la docencia en la era Covid-19 ¿cuáles permanecerán?

El Covid-19 ha originado situaciones inimaginables hace un año.

Hemos echado en falta lo más cotidiano, esos pequeños detalles que pensábamos que convertían nuestra vida en rutina y ahora vemos que realmente eran los que nos hacían libres.

Esta situación, como me comentaba alguien, hace que resulte extraño ver una foto con personas compartiendo una misma actividad, sin distancia de seguridad y sin mascarillas.

Pero también se han adquirido nuevas rutinas. Algunas llevadas con resignación, pero otras nos han abierto nuevas perspectivas y nuevas formas de realizar las actividades.

La gran pregunta que todos nos hacemos es ¿cuántas de esas nuevas rutinas se van a quedar para siempre después del covid-19?

Como no puede ser de otra forma, en el contexto educativo nos hacemos la misma pregunta.

De las nuevas formas de dar clases, unas forzosas y otras voluntarias, ¿se quedarán algunas para formar parte de la nueva normalidad? ¿desaparecerán y la nueva normalidad será simplemente la antigua normalidad que parece tan lejana?

Me puedo aventurar a afirmar cuáles se irán para no volver y cuáles se quedarán para formar parte de nuestra vida académica.

Desaparecerán aquellos métodos docentes que trataban de imitar los procesos propios de la enseñanza presencial.

Cuando la situación se normalice ya no necesitaremos las imitaciones porque tendremos los métodos originales, aquellos que tratábamos de copiar.

Por ejemplo, el sufrido profesorado que imparte lecciones magistrales a través de un sistema de videoconferencia, donde no sabe si su alumnado estará escuchándole o inmerso en las redes sociales, preferirá dar esa misma clase de forma presencial.

Los métodos que se quedarán serán aquellos que han sabido recoger lo bueno de la formación presencial, de la formación online y de la formación a distancia.

Si hay nuevas formas de hacer las cosas que mejoren las anteriores, estas se quedarán para siempre.

Por ejemplo, si antes de asistir a la lección magistral el alumnado hace una pequeña tarea online, el profesorado tendrá retroalimentación del alumnado y, por tanto, podrá preparar la lección magistral más ajustada a las verdaderas necesidades del alumnado.

Cada profesor y profesora habrá sacado sus propias conclusiones, decidirá qué procesos dejará atrás y cuáles incorporará a su trabajo cotidiano.

Pero si de verdad deseamos que, de una vez por todas, se mejore el proceso educativo, se deberán poner en común todas las lecciones aprendidas y tomar decisiones para su aplicación.

Lo que no va a funcionar es seguir como hasta ahora, y que cada profesor y profesora se busque la vida.