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#hoyleemos: “La colmena” de Camilo José Cela

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– Ande, largo. 
— Adiós, muchas gracias; es usted muy amable. 
— Nada. Váyase por ahí. Aquí no lo queremos ver más. 

El camarero procura poner voz seria, voz de respeto. Tiene un marcado deje gallego que quita violencia, autoridad, a sus palabras, que tiñe de dulzor su seriedad. A los hombres blandos, cuando desde fuera se eles empuja a la acritud, les tiembla un poquito el labio de arriba; parece como si se lo rozara una mosca invisible. 
— Si quiere, le dejo el libro. 
— No; lléveselo. 

Martín Marco, paliducho, desmedrado, con el pantalón desflecado y la americana raída, se despide del camarero llevándose la mano al ala de su triste y mugriento sombrero gris. 
— Adiós, muchas gracias; es usted muy amable. 
— Nada. Váyase por ahí. Aquí no vuelva a arrimar. 

Martín Marco mira para el camarero; quisiera decir algo hermoso.
— En mí tiene usted un amigo. 
— Bueno. 
— Yo sabré corresponder. 

Martín Marco se sujeta sus gafas de cerquillo de alambre y rompe a andar. A su lado pasa una muchacha que le resulta una cara conocida. 
— Adiós. 

La chica lo mira durante un segundo y sigue su camino. Es una jovencita y muy mona. No va bien vestida. Debe de ser una sombrerera; las sombrereras tienen todas un aire casi distinguido; así como las buenas amas de cría son pasiegas y las buenas cocineras; vizcaínas, las buenas queridas, las que se pueden vestir bien y llevarlas a cualquier lado, suelen ser sombrereas. 

Martín Marco tira lentamente por el bulevar abajo, camino de Santa Bárbara. El camarero se para un instante en la acera, antes de empujar la puerta. 
— ¡Va sin un real! 

Las gentes pasan apresuradas, bien envueltas en sus gabanes, huyendo del frío. Martín Marco, el hombre que no ha pagado el café y que mira la ciudad como un niño enfermo y acosado, mete las manos en los bolsillos del pantalón. Las luces de la plaza brillan con un resplandor hiriente, casi ofensivo. 

Don Roberto González, levantando la cabeza del grueso libro de contabilidad, habla con el patrón. 
— ¿Le sería a usted igual darme tres duros a cuenta? Mañana es el cumpleaños de mi mujer… 

La Colmena/ Camilo José Cela — Ed. Cátedra
La colmena en Wikipedia
Disponible en la sección No Sólo Técnica. Sig. 82N CEL col
 

#hoyleemos: “Una balsa de piedra camino de Haití” de José Saramago

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El Servicio de Biblioteca de la UPM, al cual pertenecemos, ha adquirido 20 ejemplares (uno por centro) del título “Una balsa de piedra camino de Haití“. Esta edición del Nobel portugués tiene un carácter benéfico, ya que lo recaudado por este  libro será donado íntegramente a la Cruz Roja Internacional para el auxilio de las víctimas del terremoto de Haití”.

El ejemplar destinado en esta Biblioteca, se incorporará a la sección NO Sólo Técnica”.Así empieza “Una balsa de piedra…”:

Cuando Joana Carda hizo una raya en el suelo con la vara de negrillo, todos los perros de Cerbère empezaron a ladrar, llevando el pánico y el terror a sus habitantes, pues se creía desde los tiempos más antiguos que, al ladrar allí animales caninos que siempre habían sido mudos, estaría pronto a extinguirse el mundo universal. Sobre cómo se había formado la arraigada superstición, o convicción firme, que es, en muchos casos, la expresión alternativa paralela, nadie hoy recuerda nada, aunque, por obra y fortuna de aquel conocido juego de oír el cuento y repetirlo con aire nuevo, las abuelas francesas solían distraer a sus nietos con la fábula de que, en aquel mismo lugar, comuna de Cerbère, departamento de los Pirineos Orientales, ladró, en eras griegas y mitológica, un can de tres cabezas que al dicho nombre de Cerbero respondía se lo llamaba el barquero Caronte, su contratante. Otra cosa que tampoco se sabe es por qué mutaciones orgáncias habrá pasado el famoso y altisonante cánido hasta llegar a la mudez histórica y comprobada de sus descendientes de una sola cabeza, degenerados. No obstante, y este punto de la historia pocos lo ignoran, sobre todo si pertenecen a la vieja generación, el Cancerbero, que así en nuestra lengua se escribe y debe decirse, guardaba terriblemente la entrada del infierno…”

“Una balsa de piedra” / José Saramago — Ed. Alfaguara y Fundación José Saramago
José Saramago en Wikipedia
Disponible en la sección No Sólo Técnica. Sig. 82N SAR bal

#hoyleemos: “La joven de la perla” de Tracy Chevalier

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“Me gustaba dormir en el desván. No había ninguna escena de la crucifixión colgada al pie de la cama que me inquietase. No había ningún cuadro; tan solo el olor a limpio del aceite de linaza y al azmicle de los pigmentos de tierra. Me gustaba la vista de la iglesia nueva y la tranquilidad del lugar. Nadie subía allí salvo él. Las niñas no me visitaban como hacían a veces en el sótano, ni rebuscaban a escondidas entre mis cosas. Allí me sentía sola, encaramada en lo alto de la bulliciosa casa, capaz de verlo todo desde lejos.

Casi como él.

Sin embargo, lo mejor de todo era que podía pasar más tiempo en el estudio. A veces me envolvía con una manta y bajaba sin hacer ruido a altas horas de la noche cuando la casa estaba en silencio. Contemplaba a la luz de una vela el cuadro en el que él estaba trabajando, o abría un postigo un poco para dejar entrar la luz de la luna. A veces me quedaba sentada en una de las sillas con cabezas de león que había junto a la mesa y apoyaba los codos en el tapete azul y robjo que la cubría. Me imaginaba luciendo el corpiño amarillo y negro y las perlas, sujetando una copa de vino, sentada a la mesa enfrente de él.

No obstante, había una cosa que no me gustaba del desván. No me gustaba estar encerrada por la noche.

Maria Thins había devuelto la llave a su hija, y Cataharina empezó a ocuparse de abrir y cerrar la puerta. Debía de parecerle que ejercía alguna clase de control sobre mí. No le hacía gracia que yo estuviera en el desván: significaba que estaba más cerda de él, de un sitio al que a ella no le permitían entrar y por el que yo podía deambular libremente.

Debía de ser duro para una esposa aceptar un acuerdo como aquel…”

La joven de la perla / Tracy Chevalier — Ed. DeBOLS!LLO
La joven de la perla en Wikipedia
La joven de la perla en las Bibliotecas UPM