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#hoyleemos: “Cuentos” de Edgar Allan Poe

En el mismo instante, como si la energía sobrehumana de sus palabras hubiese adquirido la potencia de un hechizo, las grandes y antiguas hojas que él señalaba entreabrieron pausadamente sus pesadas mandíbulas de ébano. Era aquello obra de una furiosa ráfaga, pero en el marco de aquella puerta estaba entonces la alta y amortajada figura de lady Madeline de Usher. Había sangre sobre su blanco ropaje, y toda su demacrada persona mostraba las señales evidentes de una enconada lucha. Durante un momento permaneció trémula y vacilante sobre el umbral; luego con un grito apagado y quejumbroso, cayó a plomo hacia delante sobre su hermano, y en su violenta y ahora definitiva agonía le arrastro al suelo, ya cadáver y víctima de sus terrores anticipados.

El hundimiento de la Casa de Usher / Edgar Allan Poe — Austral
Edgar Allan Poe en Wikipedia
Cuentos en las Bibliotecas UPM

#hoyleemos: “El viaje a ninguna parte” de Fernando Fernán-Gómez

Delicioso libro y entrañable película de Fernán-Gómez con una de las escenas más memorables de nuestro cine.
Para tomarse un respiro y disfrutar.

— ¡Bandoleros de hoy! ¡Cientoveintiocho, primera!
— ¡Acción!

Mi padre comenzó a hablar. Yo ya le había oído hablar muchas veces de aquella manera. Sobre todo en los pocos dramas que llevábamos de repertorio. Nunca me había parecido mal, ni siquiera extraño. Pero allí, en la plaza, sin público, delante de la cámara, al oírle empezó a entrarme cierto temor. Aquella voz profunda, cavernosa, alternando con otra muy aguda con la que pronunciaba sólo alguna palabra… Aquella solemnidad, aquel énfasis… No había concluido la primera frase, cuando gritó el director:
— ¡Corten! Le dije a usted antes, en el ensayo, que hablara más bajo, que no lo dijera todo a voces.
— Sí, señor; sí, señor.
— Vamos. Otra. ¡Motor!
— Rueda — repitió su anuncio el de la claqueta y pidió de nuevo acción el director.

José Suárez dijo su frase:
— “Buenos días, Jesús.”

Mi padre le repondió, interpretando su papel casi igual que la vez anterior.
— “Estaba deseando que viniera usted por acá –comenzó con una voz profunda, subterránea, que iba ascendiendo poco a poco para acabar en una especie de chillido histérico al decir: –¡señorito!… para decirle… una cosa un tanto… ¡delicá! — A partir de aquí se desmelenó…– El Blas… ¡¡es una mala persona!! –Atronó la plaza con sus gritos– ¡¡En esta casa no hay sitio!!…–hizo una pausa en la que nos tuvo a todos con el alma en un hilo, y remató sumergiéndose de nuevo en el averno–: ¡para los dos! O él… ¡¡O YO!!”

El director se había levantado de su silla, miraba a un lado y a otro, manoteaba, indignado, rugiendo:
— Pero, ¿¡de dónde habéis sacado a ese monstruo!? ¡Corten!

El ayudante de dirección se acercó a él y le informó en voz  baja:
— Es un actor que estaba trabajando aquí y que…
— ¡Vete a la mierda, joder! — y se volvió hacia mi padre–. ¿No puede usted hablar seguidito?

Aturdido, tembloroso, contestó mi padre:
— Yo pensé que como la situación era dramática…

El viaje a ninguna parte / Fernando Fernán-Gómez
El viaje a ninguna parte en Wikipedia
La escena de la película  en youtube
El viaje a ninguna parte en las Bibliotecas UPM
 

Fallece Miguel Delibes. Gracias Don Miguel por “su palabra”

Éste que  escribe, se levantó hoy temprano y en su rutina diaria conectó  la radio para tratar de acelerar con ello su progresivo despertar. Mal despertar el de este viernes 12 de marzo de 2010, pues la primera noticia que llegó a nuestros oídos fue  la del  fallecimiento del escritor Miguel Delibes.

Un amigo me dijo en su día que todo tiene un por qué. Según él, hasta el simple hecho de salir de  casa y tomar un camino u otro, tiene su motivo. Si a muchos nos encanta leer y nos atraen los libros, es gracias a escritores, a “contadores de historias” como Miguel Delibes. Poco esfuerzo le supuso a nuestro profesor de literatura del colegio o del instituto convencernos de la calidad de la palabra de don Miguel.  Castellano y cazador, pocos autores han descrito como él su maravillosa y dura tierra. Para quienes tenemos la suerte de conocerla,  obras como “El camino”, “Cinco horas con Mario”, “Las ratas”, “El hereje” o la emotiva “Los santos inocentes” nos parecen en muchos de sus párrafos, fotografías de aquellos campos y pueblos, retratos casi perfectos de sus gentes.

La palabra, las palabras de nuestro rico idioma están ahí para que todo aquel que quiera las use, las mezcle, como si de una receta culinaria se tratara, pero permítanme hoy, expresar aquí mi humilde opinión: nadie como don Miguel ha sabido combinarlas mejor.

Gracias Don Miguel por “su palabra”.

Miguel Delibes en las Bibliotecas UPM
Miguel Delibes en Wikipedia