Un buque portacontenedores cruza el océano optimizando su consumo de combustible. Todo parece depender de decisiones técnicas: velocidad, carga, motor. Sin embargo, la realidad es más compleja. Su eficiencia no solo depende de lo que ocurre a bordo, sino también del entorno institucional al que pertenece.
Esta es la idea central de nuestro estudio publicado en Transport Policy, donde analizamos el transporte marítimo como una red interconectada, en la que los resultados de unos buques influyen en otros.
Puedes consultar el artículo completo aquí:
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0967070X26000417
Para entender estas interdependencias, utilizamos una herramienta poco habitual en el ámbito marítimo: el Spatial Durbin Model (SDM). Se trata de un modelo econométrico que permite analizar no solo el efecto directo de ciertas variables (como el consumo de combustible o las emisiones), sino también cómo esos efectos se “propagan” entre unidades conectadas.
En nuestro caso, la conexión no es geográfica, sino institucional. Dos buques están relacionados si comparten bandera o registro. Esto nos permite capturar algo fundamental: que la eficiencia de un barco puede estar influida por la de otros que operan bajo el mismo marco regulatorio.
El modelo incorpora esta lógica a través de una matriz de relaciones entre buques y estima un parámetro clave que mide el grado de interdependencia. Los resultados son claros: existe un efecto positivo y significativo. Es decir, cuando mejora la eficiencia en un grupo de buques, ese efecto tiende a extenderse a otros dentro del mismo entorno institucional.

Este enfoque permite ir más allá del análisis tradicional. Ya no solo observamos qué factores hacen más eficiente a un buque, sino cómo el sistema en su conjunto responde a cambios individuales. En términos prácticos, esto se traduce en un efecto multiplicador: las mejoras no se quedan en un solo barco, sino que generan impactos más amplios.
Además, el modelo se apoya en datos del sistema europeo MRV, que ofrece información detallada sobre consumo de combustible, emisiones y actividad de los buques. Esto permite trabajar a nivel micro (buque a buque) y, al mismo tiempo, identificar patrones globales.
¿Qué implica todo esto? Que la eficiencia energética en el transporte marítimo no es solo una cuestión tecnológica. Es también una cuestión de gobernanza.
Las decisiones regulatorias, la calidad institucional de las banderas o los incentivos que se diseñan a nivel europeo (como el EU ETS) pueden tener efectos que van más allá de su aplicación directa. Pueden propagarse, influir y amplificar resultados.
En definitiva, el transporte marítimo no funciona como una suma de elementos independientes, sino como una red donde las conexiones importan. Y entender esas conexiones es clave para diseñar políticas de descarbonización más eficaces..
En este contexto, la coordinación entre países, la armonización regulatoria o el diseño de incentivos a nivel de registro dejan de ser cuestiones secundarias y pasan a ocupar un papel central.
Quizá la enseñanza más interesante es que el transporte marítimo funciona más como una red que como una suma de elementos independientes. Una red donde los buques están conectados por algo intangible, pero decisivo: la gobernanza.
Y en esa red, cada mejora importa. Pero importa aún más porque no se queda sola.
Dr. Javier Vaca Cabrero
Explotación y Gestión Portuaria
Universidad Politécnica de Madrid
Interesante, gracias.