Cuando hablamos de descarbonización portuaria solemos pensar en grandes inversiones: electrificación de muelles, combustibles alternativos, automatización, digitalización. Sin embargo, hay un elemento silencioso que también consume energía y genera emisiones: los desplazamientos diarios de trabajadores y residentes en el entorno puerto–ciudad.
Son trayectos cortos, repetitivos y muchas veces invisibles en la planificación energética. Pero su impacto acumulado no es menor.
En nuestro reciente estudio analizamos algo que hasta ahora apenas se había cuantificado en contextos portuarios: ¿qué ocurre energéticamente si parte de esos desplazamientos en coche privado se sustituyen por micromovilidad eléctrica?
De la intuición a la cuantificación
El trabajo se basa en tres entornos portuarios españoles y combina:
- Datos reales de movilidad obtenidos mediante encuesta
- Un modelo energético transparente basado en pasajero-kilómetro
- Escenarios progresivos de intervención
- Integración con generación fotovoltaica local
No se trata de una simulación abstracta, sino de una aproximación apoyada en patrones reales de movilidad de acceso.
¿Qué revelan los resultados?
Un cambio modal moderado, en torno al 35% desde el coche privado hacia bicicleta o patinete eléctrico, puede generar:
- Ahorros energéticos agregados de aproximadamente 30 MWh al año
- Reducciones de CO₂ cercanas a 7 toneladas anuales
- Hasta un 95% menos consumo energético por pasajero-kilómetro respecto al coche
Además, si la infraestructura de recarga se acopla a generación fotovoltaica local, entre el 55% y el 85% de la demanda energética podría cubrirse con energía renovable.

¿Por qué es relevante para la gestión portuaria?
Porque introduce tres ideas clave:
- La movilidad de acceso también es parte del sistema energético portuario.
- Las decisiones de planificación urbana influyen directamente en la huella energética del puerto.
- Las soluciones no siempre requieren grandes infraestructuras: a veces empiezan por cambiar patrones de desplazamiento.
La interfaz puerto–ciudad es un espacio híbrido, regulado, complejo. Precisamente por eso, integrar movilidad sostenible en este entorno tiene un valor estratégico adicional: mejora la eficiencia energética, reduce emisiones y refuerza la cohesión territorial.
Más allá de la micromovilidad
El verdadero aporte no es solo demostrar que la micromovilidad consume menos energía , eso ya lo sabíamos, sino proponer un marco cuantitativo replicable que permita a autoridades portuarias y administraciones locales evaluar escenarios con datos, no con intuiciones.
Si queremos puertos más sostenibles, la transición energética debe entenderse de forma sistémica. Y eso incluye también los trayectos de cinco kilómetros que cada mañana conectan ciudad y puerto.
El trabajo completo puede consultarse en:
El artículo ha sido publicado en Applied Sciences (MDPI), revista indexada en Journal Citation Reports (JCR), con Impact Factor 2.5 y posicionada en Q1 en áreas como Engineering: General Engineering y Physics and Astronomy: Instrumentation. La revista cuenta con un CiteScore 5.5 (Scopus) y se encuentra altamente posicionada en el ámbito de investigación en ingeniería y movilidad futura.