- Nombre del edificio: Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), Escuela de Arquitectura, Centro Cultural
- Dirección completa: Calle Hortaleza 63, 28004, Madrid
- Barrio / Distrito / Municipio: Justicia, Centro, Madrid
- Año de construcción: 2004-2012
- Arquitecto / Equipo: Álvarez-Sala / de la Puerta Arquitectos
- Tipología: Arquitectura Cultural, Institucional, Docente, Equipamiento Público
- Etiquetas: SÍNTESIS, FORMA ABIERTA/CERRADA, MASA Y VACÍO, ARTICULACIONES, GEOMETRÍA, DIRECCIONALIDAD · ESTRUCTURA COMO ORDEN · LUZ
- Enlaces de interés: COAM (oficial), Fundación COAM, Información y documentación de la rehabilitación
- Autor de la entrada: Elvira Monteagudo de Arteche
El edificio del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid se concibe como una intervención que transforma una antigua manzana interior mediante la apertura de un espacio público central. El proyecto articula los diferentes cuerpos construidos alrededor de un gran patio lineal que actúa como corazón del conjunto. Esta operación define la forma general: una arquitectura que combina masa y vacío para generar una nueva secuencia urbana.
La forma abierta es un elemento central del proyecto. El edificio no se presenta como un volumen compacto, sino como un sistema de piezas dispuestas en torno a un vacío longitudinal. Este vacío organiza la circulación, enmarca las relaciones visuales y se convierte en un espacio de convivencia entre los distintos usos: escuela, biblioteca, oficinas y áreas culturales. El patio funciona como un espacio público interior, esencial para la identidad del conjunto.
Los volúmenes construidos conservan una forma cerrada hacia el exterior urbano inmediato, manteniendo la alineación de la calle y la lectura tradicional de fachada continua. Sin embargo, hacia el interior del patio se abren mediante superficies acristaladas, balcones, pasarelas y pasillos que conectan visual y funcionalmente los distintos niveles. Esta dualidad entre exterior cerrado e interior abierto estructura la composición general del proyecto.
La estructura tiene un papel fundamental en la lectura del edificio. Las nuevas piezas se apoyan en una organización modular, donde pórticos y vigas definen el ritmo de las plantas y la direccionalidad de los recorridos. La estructura acompaña el orden espacial sin imponerse formalmente, y su regularidad contribuye a la claridad del sistema de circulaciones y a la flexibilidad de los usos interiores.
La direccionalidad del conjunto es claramente longitudinal, marcada por la presencia del patio central y por los corredores que lo bordean. El proyecto genera una secuencia espacial continua donde el visitante avanza en paralelo al vacío, reconociendo el edificio a través de la alternancia entre espacios cerrados y aperturas hacia el patio. Esta direccionalidad refuerza la vocación pública del proyecto, concebido como un pasaje o galería urbana.
La relación entre masa y vacío se trabaja mediante la articulación de plataformas, pasarelas y desniveles que conectan los distintos cuerpos. El vacío no es residual, sino el elemento articulador que define la identidad del edificio. La masa construida se fragmenta en piezas claras que permiten que la luz penetre profundamente en la manzana. El resultado es una arquitectura que sintetiza volumen y espacio, evitando la compacidad y favoreciendo la permeabilidad.
La luz es un componente esencial en la experiencia del edificio. En el patio se introduce desde la cubierta abierta, iluminando las fachadas interiores y generando ambientes cambiantes a lo largo del día. En los interiores, la luz se modula mediante grandes superficies acristaladas y celosías que tamizan las vistas. La iluminación natural refuerza la idea de apertura y convierte el vacío en un espacio activo y habitable.
La materialidad combina elementos nuevos con los restos conservados de la antigua estructura, integrando hormigón, vidrio y acero en un conjunto unificado. Esta mezcla de materiales hace visible el proceso de transformación de la manzana y muestra la arquitectura como una superposición de capas. La continuidad material en las superficies del patio contribuye a dar cohesión a un conjunto que, por programa y origen, podría fragmentarse.