- Nombre del edificio: Galería de las colecciones reales, museo y sala de exposiciones
- Dirección completa: Calle de Bailén, s/n, centro, 28013 Madrid
- Barrio / Distrito / Municipio: Justicia, Centro, Madrid
- Año de construcción: 2006-2016
- Arquitecto / Equipo: Mansilla + Tuñón Arquitectos (Emilio Tuñón y Luis Moreno Mansilla)
- Tipología: Arquitectura Cultural, Museo, Centro Expositivo
- Etiquetas: SÍNTESIS, MASA Y VACÍO, GEOMETRÍA, ARTICULACIONES, FORMA CERRADA/ABIERTA, DIRECCIONALIDAD HORIZONTAL, LUZ
- Enlaces de interés: Metalocus, Ministerio de Cultura, Museo de las Colecciones Reales (oficial)
- Autor de la entrada: Elvira Monteagudo de Arteche
Las Galerías de las Colecciones Reales se plantean como un edificio excavado en la ladera que prolonga el basamento del Palacio Real, integrándose en la topografía mediante una secuencia de plataformas horizontales. Su forma se organiza por estratos, construyendo una arquitectura que se percibe más como parte del terreno que como un volumen añadido. Esta condición topográfica determina la composición general y define el carácter tectónico del proyecto.
Predomina una forma cerrada hacia la ciudad, donde la masa de hormigón se presenta continua y compacta. El edificio se percibe como un volumen estable, casi geológico, que sostiene la plataforma superior. Esta imagen refuerza la relación con el Palacio, ya que actúa como su base contemporánea. La fachada apenas muestra aperturas, de modo que el exterior enfatiza la fuerza y la solidez del conjunto.
Hacia el Campo del Moro, sin embargo, la arquitectura se abre mediante cortes horizontales que recorren la longitud del edificio. Estos vacíos se conciben como incisiones precisas en la masa, y no como perforaciones aisladas. La apertura controlada introduce luz natural y establece vistas continuas hacia el paisaje. La transición entre compacidad y apertura se convierte así en uno de los mecanismos principales de la composición.
La estructura define el orden del proyecto. Un sistema repetitivo de pórticos y vigas organiza los espacios expositivos y genera un ritmo constante perceptible en los recorridos. La modulación se revela en la sección y en la planta, creando una arquitectura basada en la claridad y la repetición. Esta regularidad produce una direccionalidad horizontal muy marcada, que guía el movimiento del visitante y configura el edificio como un gran espacio longitudinal.
El recorrido se construye como una secuencia continua, donde la estructura, la luz y la masa trabajan conjuntamente. El visitante avanza a través de salas largas, serenas y ordenadas, en las que la repetición rítmica de elementos arquitectónicos construye la experiencia espacial. La direccionalidad no solo organiza la circulación, sino que se convierte en parte de la expresión del edificio.
La relación entre masa y vacío se articula mediante operaciones de sustracción que refuerzan la lectura horizontal. Los vacíos se presentan como líneas, no como huecos puntuales, acentuando la profundidad del volumen y evidenciando su espesor tectónico. De esta manera, el vacío no resta peso a la arquitectura, sino que lo hace visible.
La luz tiene un papel estructural en el proyecto. En los niveles superiores entra de manera rasante, acompañando la linealidad del edificio y manteniendo una iluminación homogénea y estable. En los niveles inferiores aparece de forma más puntual, reforzando la idea de excavación y la densidad de los espacios. La luz se utiliza para graduar la atmósfera, no para producir efectos dramáticos, lo que contribuye a una sensación de continuidad y silencio.
La materialidad unifica todo el proyecto. El hormigón visto, con su textura continua y su tono neutro, refuerza la imagen de una arquitectura excavada, sólida y estable. Este material no solo resuelve cuestiones técnicas, sino que forma parte de la identidad del edificio: un volumen tallado que se inserta en el terreno y que construye, más que un objeto, una parte del paisaje construido.