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#hoyleemos: “Firmin” de Sam Savage

“Su casa — lo que quedaba de ella — estaba oscura y fría, así que el muchachito se pasaba la mayor parte del tiempo sentado en el bordillo de la acera al abrigo de una pared soleada, donde hacía un poco más de calor. Se pasaba horas, allí sentado, todos los días, soñando con comida. Delante de su casa, una bomba había abierto un enorme agujero. Lo habían rellenado en parte, pero seguí siendo un agujero, y un día llegó por la  calle aquella una camioneta cargada de carbón. El conductor no vio el cráter a tiempo y el vehículo se metió en él, ¡Kerbang! Se produjo un tremendo barquinazo y cayó al suelo mucho carbón. Pero la camioneta no se detuvo. Se perdió en la curva siguiente, y por unos instantes no hubo más que una calle vacía donde el sol alumbraba una alfombra de carbón. Un pedacito había llegado rodando hasta quedar cerca del pie del muchacho. Y de pronto, como si alguien hubiera dado la señal, se abrieron las puertas a todo lo largo de la calle y empezaron a salir hombres y mujeres, más bien mujeres, a todo correr.  El chico se quedó mirando, asombrado, mientras recogían los trozos de carbón en delantales y cestas, peleándose incluso entre ellas. El chico tapó con el pie el pedacito que yacía en el suelo junto a él y, más adelante, cuando todas habían vuelto a meterse en sus casas, se lo guardó en el bolsillo. Del comportamiento de aquellas mujeres había deducido que se trataba de algo muy valioso, aun sin tener ni idea de qué podía ser. Luego volvió la esquina y se lo sacó del bolsillo e intentó comérselo.”

Firmin / Sam Savage — Ed. booket
Firmin en las Bibliotecas UPM
Firmin en Wikipedia

#hoyleemos: “Gomorra” de Roberto Saviano

 

“El contenedor se balanceaba mientras la grúa lo transportaba hacia el barco. Como si estuviera flotando en el aire, el spreader, el mecanismo que engancha el contenedor a la grúa, no lograba controlar el movimiento. Las puertas mal cerradas se abrieron de golpe y empezaron a llover decenas de cuerpos. Parecían maniquíes. Pero en el suelo las cabezas se partían como si fueran cráneos de verdad. Y eran cráneos. Del contenedor salían hombres y mujeres. También algunos niños. Muertos. Congelados, muy juntos, uno sobre otro. En fila, apretujados como sardinas en lata. Eran los chinos que no mueren nunca. Los eternos que se pasan los documentos de uno a otro. Ahí es donde habían acabado. Los cuerpos que las imaginaciones más calenturientas suponían cocinados en los restaurantes…”

Así comienza “Gomorra”, el best seller del  escritor italiano Roberto Saviano y que profundiza en el mundo de la camorra napolitana, el sistema, como llaman ellos, y que  llevó a su autor al éxito literario y a la adaptación cinematográfica de su obra, pero también a vivir oculto y bajo protección policial.

Gomorra / Roberto Saviano. — Ed. Debolsillo
Gomorra en Wikipedia
Gomorra en las Bibliotecas UPM

#hoyleemos: “Cartas clandestinas de un cartero casi enamorado” de Pablo Caballero

No ha ganado el Planeta. Tampoco el Premio Nacional de Narrativa. Su autor no figura en ninguna lista de los más leídos. Un estilo que casi incomoda, pero que logra, y muy bien además,  transmitir, llegar al lector y que el estómago de éste se retuerza. Un lenguaje directo, demasiado quizás; duro, muy duro; con frases muy breves y sin adornos, sin retórica alguna, como la vida de su protagonista, un joven, que podría ser cualquiera de los que habita (que no vive) en una gran ciudad (en este caso Madrid). Un relato en el que lo que se deja entrever tiene tanta o más importancia que lo que está escrito y que más de uno no terminará de leer por ser quizás un espejo demasiado franco y sincero, demasiado aplastante de su propia realidad.

Una historia en la que no hay grandes dramas ni catástrofes, “sólo” el desasosiego de la rutina, de la soledad y de la incesante búsqueda de nuestro sitio.

Cartas clandestinas de un cartero casi enamorado / Pablo Caballero — Ed. Caballo de Troya