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#hoyleemos: “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera

 

“Después de cuatro años pasados en Ginebra, Sabina se fue a vivir a París y no era capaz de recuperarse de la melancolía. Si alguien le hubiera preguntado qué le había pasado, no habría encontrado palabras para explicarlo.

Un drama vital siempre puede expresarse mediante una metáfora referida al peso. Decimos que sobre la persona cae el peso de los acontecimientos. La persona soporta esa carga o no la soporta, cae bajo su peso, gana o pierde. ¿Pero qué le sucedió a Sabina? Nada. Había abandonado a un hombre porque quería abandonarlo. ¿La persiguió él? ¿Se vengó? No. Su drama no era el drama del peso, sino el de la levedad. Lo que había caído sobre Sabina no era una carga, sino la insoportable levedad del ser.

Hasta ahora, los momentos de traición la llenaban de excitación y de alegría, porque ante ella se abría un camino nuevo y, al final de éste, la nueva aventura de una traición. ¿Pero qué sucederá si ese camino se acaba un buen día? Uno puede traicionar a los padres, al marido, al amor, a la patria, pero cuando ya no hay ni padres, ni marido, ni amor, ni patria, ¿qué queda por traicionar?

Sabina sentía a su alrededor el vacío. Pero ¿qué sucedería si ese vacío fuese precisamente el objetivo de todas sus traiciones?

Por supuesto, hasta ahora no había sido consciente de ello: el objetivo hacia el cual se precipita el hombre queda siempre velado. La muchacha que desea casarse, desea algo totalmente desconocido para ella. El joven que persigue la gloria no sabe qué es la gloria. Aquello que otorga sentido a nuestra actuación es siempre algo totalmente desconocido para nosotros. Sabina tampoco sabía qué objetivo se ocultaba tras su deseo de traicionar. ¿Es su objetivo la insoportable levedad del ser? Al abandonar Ginebra se le acercó considerablemente…”

 

La insoportable levedad del ser / Milan Kundera —  Ed. Tusquets
La insorportable levedad del ser en Wikipedia
Disponible en la sección NO Sólo TécnicaSig. 82N KUN ins

#hoyleemos: “Los pilares de la tierra” de Ken Follett

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“Los chiquillos llegaron temprano para el ahorcamiento. Todavía estaba oscuro cuando los tres o cuatro primeros se escurrieron con cautela de las covachas, sigilosos como gatos, con sus botas de fieltro. El pequeño pueblo aparecía cubierto por una ligera capa de nieve reciente, como si le hubiesen dado una nueva mano de pintura y sus huellas fueron las primeras en manchar su inmaculada superficie. Se encaminaron a través de las arracimadas chozas de madera y a lo largo de las calles de barro helado hasta la silenciosa plaza del mercado donde esperaba la horca.

Los muchachos aborrecían todo aquello que sus mayores estimaban. Despreciaban la belleza y se burlaban de la bondad. Se morían de risa a la vista de un lisiado y si topaban con un animal herido lo mataban a pedradas. Alardeaban de heridas y mostraban orgullosos sus cicatrices, reservando una admiración para cuando de una mutilación se trataba. Un chico al que le faltara un dedo podía llegar a ser un rey. Amaban la violencia, podían recorrer kilometros para presenciar demarramientos de sangre y jamás se perdían una ejecución…”

 

Los pilares de la tierra / Ken Follett — Ed. Plaza & Janés
Los pilares de la tierra en Wikipedia
Los pilares de la tierra en las Bibliotecas UPM
 

#hoyleemos: “Bilbao – New York – Bilbao” de Kirmen Uribe

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“Cuando me enseñó la biblioteca, José puso en mis manos su pieza más preciada. Era una carta de Neruda, dirigida al poeta Gabriel Celaya. La carta era muy cariñosa. Para terminar le decía a Celaya que quizás no volverían a verse, pero no importaba. Que se verían cada vez que un chileno y un vasco se encontraran.

En la fiesta nos reunimos unas cuantas personas, la mayoría escritores. Entre ellas el profesor Mark Rudman, los poetas Marie Ponsot y Philis Levin y el director de cine Vojtech Jasny.

Mark me habló de su mujer, que no era del mundo de las letras, sino matemática. “Nos llevamos estupendamente, lo que yo no tengo lo tiene ella y al revés.” Me reí antes de explicarle que Nerea también trabajaba con los números. Trabaja en un banco. Y le conté que un cliente, cada vez que ella lo atiende, le entrega un papelito con palabras antiguas escritas en él. “Hace tiempo que no he oído esta palabra”, le dice, y a continuación le pide a Nerea que la guarde. El marino retirado le lleva palabras, refranes, nombres de peces. En el sitio donde se guarda el dinero él pone a salvo las palabras antiguas.” 

Bilbao – New York – Bilbao / Kirmen Uribe — Ed. Seix Barral
Premio Nacional de Narrativa 2009
Kirmen Uribe en Wikipedia